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Lois & Clark (II)
Redacción de "El Planeta".
Metrópolis. Al atardecer.
Lois y Clark pasaron todo lo que quedó del resto de la tarde recopilando datos. En el transcurso del tiempo que pasó, visitaron y cotejaron los testimonios de las apariciones de Superman (como Lois lo había bautizado) con los testigos de primera mano de los hechos.
Durante las entrevistas, Clark comprobó la efectividad de su "disfraz" al ver que nadie le reconocía como el misterioso salvador superpoderoso. De todas maneras, dejó que Lois llevara la voz cantante en el asunto. Ella hacía las preguntas y él se limitaba a grabarlas junto con las respuestas…
Después de pasarse todo ese tiempo trabajando, la pareja de periodistas regresó al Planeta para comenzar a volcar sus datos por escrito.
Mientras el sol caía en el horizonte de rascacielos, Lois hizo un alto en el incesante teclear de su computadora personal. Tomó de su bolso un cigarrillo y comenzó a fumar…
-El cartel – le recordó Clark, en obvia referencia al cartel del "No Fumar".
Lois chascó la lengua, molesta.
-Acompáñame, Smallville – dijo, dirigiéndose a las escaleras – Vamos a charlar en un sitio que me gusta.
Clark fue tras ella. Subieron a la azotea del edificio, en donde un inmenso globo dorado con las palabras "El Planeta" giraba lentamente sobre su eje, movido por unos motores escondidos.
La vista de la ciudad desde allí era espectacular.
-Es maravilloso – comentó él, mirando hacia donde el sol moría.
-Me alegro de que te guste. Siempre vengo aquí cuando no me dejan fumar allá adentro – le contó ella – Generalmente, casi siempre.
Se produjo el silencio, solo roto por el sonido de la ciudad al comenzar a caer la noche. Clark descubrió a Lois mirándolo atentamente mientras fumaba…
-¿Sabes? Estuve pensando mucho en este tiempo en el misterio de nuestro Superman. Hay algo que no encaja.
-¿Qué cosa?
-Oh, bueno… se me ocurrió la idea de que tiene que, por fuerza, hacer algo mas que andar salvando gente y evitando crímenes… que tiene que tener sí o sí una vida tras él. Y todo eso me condujo al inevitable pensamiento en que si este tipo es tan astuto como parece serlo, seguro que tendrá una identidad secreta.
Clark sintió una pelota de hielo en el estomago. Lois era realmente muy buena en su trabajo. ¿Y si lo descubría?
-Lois… yo… - tartamudeó. Ella le dio la espalda. Miró a las primeras estrellas de la noche.
-Me encantaría conocerlo – dijo, soñadoramente – Imagino que un ser como él debe sentirse muy solo en este mundo.
Clark bajó la vista. Era verdad. Pero ella no se hacía a la idea de cuanto frustrante era no poderse relacionar sentimentalmente con nadie. Al menos, no exitosamente.
-¿Y tú, Smallville? – ella se volvió y lo miró - ¿Qué tienes para contar? ¿Hay alguna mujer en tu vida? ¿O un hombre?
-Hubo alguien… mujer, por supuesto – se apresuró a decir. Lois sonrió – En Smallville. Fue hace mucho.
-¿Cómo se llamaba?
-Lana. Lana Lang.
-Bonito nombre. Cuéntame más. ¿Eran novios?
-Algo así – Clark sonrió nervioso – Salimos una temporada. Intentamos una convivencia, pero no funcionó. Es todo.
Claro que Clark calló gran parte del resto del relato. Lana y él lo habían intentado de a de veras, pero cuando él le reveló sus poderes, las cosas cambiaron.
Ella no lo pudo manejar. La relación naufragó hasta la separación. Lana se marchó de su vida, con la promesa de guardar su secreto hasta la tumba. Hacía mucho que no sabia de ella. ¿Seguiría en Smallville?
Así lo creía. Pese a todo, no le guardaba rencor. La quería y deseaba que fuese feliz… con quien sea.
Lois dio una calada a su cigarrillo, mientras meneaba la cabeza.
-Yo también tuve a alguien – reconoció – Jerry White. El hijo de Perry. Salimos un tiempo pero después cortamos.
-¿Qué sucedió?
-Que lo encontré en la cama con otra mujer y lo mandé al diablo.
-Cielos…
-Teníamos prioridades diferentes, eso se hizo patente. No lo vi más después de eso, pero por lo que me cuentan, Perry tomo muy mal lo que su hijo me hizo.
-¿Ah, si?
-Si. Lo echó de su casa.
-Vaya. Lo lamento.
-Yo no. Los romances son perdida de tiempo. No estoy para esas cosas. Mi prioridad por el momento es mi trabajo… y nuestro Superman está en él.
Clark estudio detenidamente a Lois. A parte de bonita, le parecía alguien extraordinario, dueña de un carácter fuerte, especial.
Ella lo pescó mirándola de aquella manera. Sonrió.
-¿Qué?
-¿Eh?
-Me miras de una forma muy especial.
-¡Oh! ¡Lo lamento! Es que… yo… hum…
Lois rió.
-Calmate ya, Smallville. No pasa nada. Pero te prevengo que no funcionaria conmigo. Tiendo a tener muy mal carácter.
-Yo no quise insinuar… de hecho, no estaba pensando en…
-Y las vacas vuelan – Lois meneó la cabeza – Lo vi en tu mirada, no lo niegues. Soy muy intuitiva para esas cosas.
"Demasiado", pensó él.
-Lo digo en serio. No funcionaria. Te lo aclaro de entrada para que no te ilusiones mucho.
-Claro, claro…
Lois suspiró.
-Eres un buen tipo, Clark. Lo noto también en tus ojos. Es solo que… mejor lo dejamos ahí.
Era la primera vez que ella lo llamaba por su nombre. Estaba embobado, pero intentó disimularlo lo mejor que pudo.
Lois se acabó su cigarrillo y arrojó lo que quedaba por la cornisa. Se encaminó hacia las escaleras.
-Vamos, Kansas Boy. A seguir trabajando. Hay un enigma pendiente de resolución…
