7
Metallo
Vestíbulo de "El Planeta".
Dos días más tarde. Noche.
Una amplia multitud concurría a la fiesta de beneficencia organizada por el periódico dos días después. El objetivo de aquella iniciativa, tomada por el Editor del diario y el Alcalde de la ciudad, era juntar de la gente más rica e influyente de Metrópolis una buena cantidad de dinero, el cual seria donado al Hospital Infantil, a Hogares para Ancianos y comedores para los desamparados.
Lois y Clark se encontraban entre los presentes, ambos vestidos para la ocasión. La reportera había elegido un bonito vestido blanco bien ceñido a su cuerpo, en tanto él usaba un pulcro traje de etiqueta…
-Te sienta bien el negro, Clark – comentó ella, cuando se habían encontrado.
-Gracias. Tú estas preciosa – dijo él. Como toda respuesta, su compañera solo sonrió.
Decidió que la prefería así, contenta, a la otra Lois Lane, la malhumorada. Lo cierto era que, pese a la diferencia de caracteres, se estaban llevando muy bien entre los dos.
Hacían muy buen equipo periodístico.
Clark soñaba con que fueran mas que eso, pero por el momento, tenia que contentarse. Todo serena y armoniosamente, como solía decir su madre.
-Han venido todos los peces gordos de Metrópolis – dijo Lois – Incluido el mas influyente de todos – frunció el ceño - ¿Ves a aquel tipo calvo vestido de traje blanco, acompañado por esa pelirroja?
-Si. ¿Quiénes son?
-Lex Luthor y su asistente privada, Tess Mercer – Lois hizo un gesto con la cara – Luthor es dueño de una corporación multinacional asentada en Metrópolis, LexCorp. Está bañado en dinero por todos lados y siempre se muestra como un caritativo millonario… pero yo sé que esconde otra cara. Una que no muestra al público.
Lois hablaba bajo. En su tono se mostraba recelo hacia la figura de Luthor.
Clark miró detenidamente al hombre, que conversaba animado con el Alcalde de la ciudad y otras personas. Se lo veía común y simple, pero si Lois guardaba ciertas dudas o sospechas para con él, lo tendría en cuenta.
De repente, Luthor se fijó en ellos. Habló algo con Tess y ambos se acercaron a saludar a la pareja…
-¡Pero miren nada mas! ¡Si es la señorita Lane en persona! – exclamó Lex, con fingida sorpresa - ¡La misma personita agradable y graciosa que escribió una delirante nota sobre mí, acusándome injustamente de liderar todo el crimen organizado de Metrópolis! Que bueno ver que pese a ese traspié en tu excelente carrera, Taylor todavía decide conservarte en tu puesto. Odiaría que por culpa de un error te quedaras sin trabajo…
-Ahorrate las idioteces, Lex. No estoy de humor esta noche para oír tus tonterías – dijo Lois, enfrentándolo – Para eso, la tienes a Tess a tu lado – se dirigió a la asistente – Te compadezco, creeme. Hay que aguantar a este ególatra adinerado.
Luthor rió. Tess le acompañó, haciendo coro.
-Lois, Lois… Me mata tu sentido del humor – Luthor meneó la cabeza – pero recuerda que solo gracias a George Taylor no te hice una demanda. Me convenció cuando dijo que estabas muy apenada por tu error. Dejémoslo ahí – se volvió hacia Clark – Y, ¿Quién es tu acompañante esta noche? Debes ser nuevo. No tengo tu rostro en mi memoria…
-Clark Kent. Vengo de Smallville, Kansas – se presentó, serio. Luthor comenzó a caerle bastante mal desde que lo había escuchado. El empresario se quedó pensando un momento.
-Smallville – murmuró. Miró a Tess - ¿No tenemos una fabrica agrícola allí?
-Dos – le corrigió ella.
-Pues mira nada más. Bueno, bienvenido a la gran ciudad, Kent. Y cuidado con Lois. Yo sé por qué te lo digo – le guiñó un ojo, mientras se marchaba con su asistente, a seguir disfrutando de la fiesta.
-¡Idiota, arrogante y presumido! – estalló Lois - ¿Quién se cree que es? ¡Como si le debiera algo!
-¿Qué era toda esa historia de que lo acusaste de capomafia de Metrópolis? – quiso saber Clark.
Lois resopló ante la pregunta. Le resumió el asunto.
-Tenía ciertos datos. Todos lo sindicaban como el hombre detrás de los peores crímenes en esta ciudad. Subvencionaba actos ilícitos y hasta se llegó a hablar de tráfico de armas, drogas y mucho más. Me animé y lo denuncié públicamente… pero de la noche a la mañana me quedé sin pruebas. Desaparecieron los testigos que tenia y quede expuesta. Luthor mantiene bien su imagen pública… bastante bien. Amenazó con demandarme, a mí y al periódico. El señor Taylor pudo frenarlo. Lo convenció de que todo había sido un error y me obligó a pedirle disculpas en público. Luthor se dio por satisfecho y abandonó la idea de la querella judicial, pero es evidente que él sabe que yo sé la verdad sobre sus asuntos. Llegará el momento en que cometa un error, y entonces…
Lois calló. Tomó una copa de champagne de la bandeja de un camarero que pasaba. Bebió un sorbo.
-Dejemos de hablar de esto, Smallville – le pidió – Está noche solo quiero divertirme – miró a la multitud y entonces sonrió – Hey, allá están Jimmy y su pareja, Ronald. ¡Vamos para que lo conozcas!
-Bueno.
Clark se dejó llevar por Lois hacia un rincón de la sala. Mientras caminaba abriéndose paso entre la gente hacia Olsen y su acompañante, no pudo dejar de pensar en Lex Luthor.
No le gustaba nada.
Luthor se apartó unos instantes del evento social para hablar en privado con Tess.
-¿Está Corben listo? – le preguntó.
-Listo y esperando para entrar en acción – le confirmó ella - ¿Será ahora, durante la fiesta?
Lex lo pensó. Miró al Alcalde de la ciudad y a su comitiva de seguridad personal que estaban a punto de marcharse. Se le ocurrió un plan.
-Creo que es hora, de paso, de que vayamos pensando en el futuro de Metrópolis – dijo. Tomó un canapé de una bandeja – Avisa a Corben de que el Alcalde se va. Esto es lo que quiero que haga…
Luthor explicó su plan. Tess agarró su celular y lo ejecutó.
Lois observó que el Alcalde se marchaba. Hacía tiempo que venia deseando una entrevista exclusiva con él, pero por una u otra razón, el político se excusaba anteponiendo su apretada agenda.
Ella era una mujer de armas tomar. Vio una oportunidad de abordarlo ahora, que parecía de muy buen humor y relajado, y la aprovechó.
-¿Dónde vas, Lois? – le preguntó Clark, sorprendido.
-Lo siento, chicos. El trabajo llama – le dio un beso en la mejilla apresurado a Clark a modo de despedida y se marchó. Él quedo un rato en las nubes. La pareja de Olsen, Ronald, lo sacó de ahí al comentar que Lois y él parecían entenderse muy bien mutuamente.
-Llegaste al alma de Lois – afirmó – De otro modo, no creo que te hubiera dado ese beso.
-¡Pero si solo fue un beso de despedida, Ron! – se quejó Jimmy – No lo escuche, señor Kent. A Ron le encantan las historias románticas. Es el único que vio dos veces "Titanic" y las dos veces salió llorando del cine.
-…Será por no poder tener a un Leonardo Dicaprio en mi vida y en cambio, tener que conformarme contigo, pelirrojo.
-¡Ay! ¡Por favor! – Jimmy resopló – No hagas que me arrepienta de haberte invitado a la fiesta.
Ronald sonrió, indolentemente. Clark puso los ojos en blanco.
-Alcalde Sullivan. ¿Tiene un momento?
Un fornido hombre de seguridad la detuvo. El Alcalde se volvió hacia ella.
-Lane. Justo estaba por irme.
-Señor, por favor… es por esa entrevista que quería hacerle.
-Tendrá que ser en otro momento. Lo siento. Me tengo que ir.
-Solo será un momentito. Por favor. ¡La gente de la ciudad quiere oírlo! ¿Qué mejor ocasión que esta?
-¿Lo molesta mucho, señor? – inquirió el guardaespaldas. El Alcalde miró a Lois a la cara y lo pensó un momento.
-¡Rayos! ¡Es insistente como una nube de moscas, Lane! Muy bien. Pero tendrá que ser de camino al Ayuntamiento. Tengo cosas de última hora que hacer…
El rostro de Lois se iluminó. El seguridad la dejó pasar y siguió al político hasta su coche: una limusina negra. Subió después de él y el auto arrancó.
Otro vehículo también se puso en marcha: una motocicleta Harley Davidson.
Corben iba en ella.
Pertrechado con lentes oscuros y una escopeta de doble caño en una mano, los siguió de cerca varias calles hasta colocarse a su lado.
Mientras Lois charlaba con el Alcalde en el asiento trasero, Corben apuntó y disparó a través del vidrio. Mató al custodio y al conductor del auto al instante.
-¡Cuidado! – gritó el custodio que viajaba con la reportera y el político atrás, pero para cuando todos se dieron cuenta, la limusina derrapó y se estrelló contra un camión estacionado cerca.
Clark supo que algo no iba bien. Enfocó un instante su súper-oído fuera del edificio donde estaba, ignorando la apabullante charla que lo rodeaba y tuvo confirmación del hecho: un estruendo fuerte, no muy lejano.
Un choque en la calle.
Con el corazón sobresaltado, se excusó con Olsen y salió apresuradamente del vestíbulo. Fuera del edificio, corrió hacia un callejón mientras se desabrochaba la chaqueta y la camisa, revelando una "S" blanca en su pecho…
Corben se acercó al lugar del accidente con la moto. Se bajó de ella y caminó hacia el coche volcado. Se estaba prendiendo fuego.
Un custodio salió arrastrándose de su interior, herido. Corben le apuntó con la escopeta y totalmente inexpresivo, le descerrajó un tiro en la cabeza.
Otra figura se movía dentro del coche, herida pero viva.
Lois Lane.
Corben se disponía a volarle los sesos cuando un vendaval salido de la nada lo cubrió. Una figura vestida de negro, con gabardina y una "S" blanca en el pecho había llegado a supervelocidad delante de él. Lo miraba severamente.
-¿Superman? – dijo Lois, intentando salir del coche por sus propios medios.
Clark se volvió hacia aquella dirección y sopló. Un viento fuerte apagó las llamas, parando el incendio.
-Así que existes – comentó Corben – Una pena. Me encargaron que te buscara y te borrara de la faz de la Tierra, después de matar al Alcalde. Yo siempre cumplo con mi trabajo – le apuntó con la escopeta – Hasta la vista… baby.
Disparó.
Las balas rebotaron sin hacerle efecto.
Dando uso otra vez a su supervelocidad, Clark se acercó al asesino y le arrebató la escopeta de las manos. La dobló por la mitad como si fuera manteca.
-Impresionante. Pero tengo mis recursos.
Corben intentó darle un puñetazo. Clark lo atajó y con su fuerza le propinó uno propio al criminal en la cara…
Corben salió disparado por el aire, aterrizando contra una pared. El impacto debería haberlo matado, pero no fue así.
-Buen golpe – dijo, mientras se componía – pero necesitaras más que eso.
Clark no lo entendía. ¿Quién era ese sujeto? Parecía tener una fuerza que rivalizaría con la suya. ¿Acaso…?
Usó otro de sus poderes para examinarlo: la visión de rayos X.
Lo que vio, lo dejó atónito.
Cables, engranajes, relees… circuitos y metal.
¡Un robot!
¡Corben era un robot!
¡Bajo la ropa y la imitación de piel humana, había un organismo artificial!
-¡Eres una maquina! – exclamó.
Corben sonrió fríamente. Se sacó los lentes oscuros y se señaló a la cabeza.
-No del todo. Lo único que queda biológico en mí está aquí.
Decía la verdad. La visión de rayos X lo confirmó. Un cerebro palpitante y vivo se encontraba, resguardado en un cráneo de acero.
-¿Qué eres?
-Cyborg – Corben extrajo una pistola y disparó.
La bala pasó zumbando en el aire al lado de Clark. "¡Lois!", pensó y se volvió para ver. No. No era hacia ella a quien dirigió el disparo. Ella estaba allí, herida pero viva y miraba la escena atónita.
"Entonces… ¿Quién…?"
La respuesta se hizo evidente mediante un grito.
¡El Alcalde!
Estaba saliendo del coche destrozado cuando Corben le disparó al corazón. Cayó muerto en el acto.
-Te veo luego, para la revancha – el criminal se subió a su moto y huyó de la escena de los hechos. El primer impulso de Clark fue el de seguirlo y atraparlo, pero ya no tenia tiempo.
Se volvió hacia Lois.
-¿Se encuentra bien, señorita Lane?
La reportera estaba en shock.
-¿Clark? – preguntó. Él se quedó helado - ¿Clark?
Iba a decir algo más pero se derrumbó en el piso, inconsciente. Estaba extenuada.
Clark quería ayudarla, asistirla, pero la policía estaba llegando por la calle.
A supervelocidad, abandonó el lugar, con pesar en su corazón…
