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Némesis
Edificio de LexCorp.
Al otro día…
Luthor se servia un vaso de Brandy de su mini-bar. Sentado delante de su escritorio, Corben apoyaba indolentemente las piernas sobre la mesa, estirándose en su silla.
-Aclaremos algo – dijo Lex, arrojando dos cubitos de hielo en su vaso – Tenias que matar al Alcalde, si, pero también a ese justiciero súper poderoso. Te contraté para eso, Corben. ¿Qué paso?
-Que tu chico de leyenda urbana superó mis expectativas… Tuve que medir su fuerza y habilidad, ante todo.
-¿Y bien? – Luthor esperó con el vaso en la mano, mientras el criminal hacia una larga pausa antes de continuar hablando.
-Formidable. Como yo, es más que lo que la vista puede mostrar. Si es humano, no me imagino cómo adquirió esos poderes.
Luthor se quedó pensativo. Tomó un trago de Brandy.
-Entonces es un verdadero problema – dijo – Quiero que dejes de perder el tiempo y lo elimines. Totalmente. ¿Entendido?
-Dalo por hecho – Corben sonrió – Estoy esperando por la revancha.
Cementerio de Metrópolis.
Al caer la tarde.
El cielo sobre la ciudad se había encapotado. Gruesos nubarrones de lluvia se derramaban sobre la multitud de personas que asistían al cortejo fúnebre.
A la cita se habían hecho presentes no solo amigos y familiares del difunto, sino toda la Prensa local: radio, TV, medios gráficos, etc.
Clark se encontraba allí. Cubriéndose con su gabardina negra, se mojaba bajo la lluvia algo apartado del resto. Contemplaba todo con angustia en su interior. El féretro fue depositado en la tumba. Un sacerdote bajo un paraguas leyó algo de la Biblia y dijo algunas palabras…
Tristeza, angustia y perplejidad eran las caras que mas se veían en el funeral del Alcalde.
Una chica rubia se separó del grupo reunido, en un momento dado, y depositó un ramo de rosas sobre el cajón. Lloraba sin consuelo.
-…Chloe Sullivan, la hija del Alcalde – dijo un periodista de TV a las cámaras – acaba de dejar un tributo a la amada memoria de su padre, el hombre que mas ha hecho por esta ciudad en estos últimos años. La gente se pregunta: ahora que él no está, ¿Quién nos cuidara?
Clark se apartó aun más del funeral. Caminó por el cementerio mojandose. Se sentía en parte responsable de esa muerte… Si hubiera sido mas rápido, si no se hubiera distraído… quizás el Alcalde estaría con vida… no habría muerto.
¿Quién era ese hombre, ese cyborg? ¿Quién lo mandó? ¿Qué buscaba?
No tenía respuestas, pero sospechaba que se volverían a ver las caras.
Lo alejó de su mente un momento. Pensó en Lois. Estaba internada en un hospital cercano. Fuera de peligro, pero seguramente shockeada por lo que había visto.
Se resolvió a ir a visitarla. Pese a todo y a que se arriesgaba mucho si ella lo había reconocido, quería verla a toda costa.
Fue hasta allá.
Lois se encontraba internada en una habitación, sola. Estaba acostada en una cama donde descansaba. Tenía algunas vendas en sus brazos y piernas…
Cuando Clark entró, abrió los ojos y lo miró largamente en silencio. Él hizo lo mismo.
Por espacio de un largo minuto, permanecieron así… hasta que ella se decidió a hablarle.
-Superman – dijo.
Clark tragó saliva. Aguardó, con una pelota de hielo en su estomago.
-Superman – repitió ella. Él asintió.
-Si.
-Lo vi.
Clark alzó una ceja.
-¿Qué?
-Lo vi, Smallville – Lois sonrió levemente – Anoche. Cuando ese psicópata nos atacó y mató al Alcalde. Superman apareció. Lo vi. Fue impresionante.
Él se relajó visiblemente. No lo recordaba. No lo había reconocido… y si lo hizo, su mente en confusión borró el episodio.
Vaya suerte que tenia.
Demasiada, para ser cierta.
-¿Te encuentras bien? – le preguntó.
-Sobreviviré – Lois miró a sus ropas – Estas empapado. ¿Llueve afuera?
-Si. Vengo del funeral del Alcalde.
-Dios… De solo pensar que estuvimos hablando minutos antes de que ese loco nos atacara… - cerró sus ojos - ¿Alguna idea de quien es ese tipo?
-Ninguna. La policía lo busca… y creo que tu Superman también lo está haciendo.
-¿Tú crees?
-Estoy seguro. Es decir… Está claro que es una especie de justiciero, de superhéroe de alguna clase. Seguramente ira tras él.
-Más le vale… Clark, esto no puede quedar así.
Hombre y mujer se miraron por un segundo otra vez. Ella sonrió.
-¿Qué tal siguió la fiesta después de que me fui? – preguntó.
-Pues… me aburrí y me fui – se excusó él – Sucede que no era lo mismo… sin ti.
Otra sonrisa en los labios de Lois. Clark se acercó tímidamente a la cama. Le depositó un beso en la frente.
-Descansa – le pidió – Tengo que ir a trabajar.
-Perry va a matarme… y Taylor también.
-Ninguno de los dos hará eso. Se preocuparon mucho por tu salud.
-Seguramente. Si no estoy yo, ese periódico se va a pique. Puedes creerlo.
-Cuídate – dijo Clark y la dejó.
Ella lo vio irse y suspiró. Con cuidado, se dio vuelta en la cama y trató de seguir descansando.
Su mente volvía una y otra vez a la figura vestida de negro, con aquella gabardina ondeando a su espalda, como una capa.
-Superman – murmuró y al rato, se quedó dormida.
Metrópolis. Distrito Suicida.
Esa noche…
Clark, con su oscuro traje de superhéroe, patrullaba la noche desde la cima de un edificio. Sus pesquisas para encontrar al ser mitad hombre, mitad maquina lo habían llevado una vez mas al Distrito Suicida, el barrio mas peligroso de Metrópolis.
Con la ayuda de sus poderes escudriñaba los alrededores. Una combinación de visión de rayos X, súper-oído y visión telescópica le servían para su propósito. Ninguna casa estaba cerrada para él. Ningún acceso le era infranqueable.
Encontraría a ese cyborg, así tuviese que peinar la ciudad entera.
No hizo falta llegar a tanto. Corben acudió a la cita no concertada.
-¿Me buscabas? – dijo una voz a sus espaldas. Clark se volvió solo para recibir el impacto de un poderoso puño en su cara. Cayó hacia atrás, pero se recuperó rápidamente.
-Creo que no me presenté correctamente en nuestro anterior encuentro. Mi nombre es John Corben. ¡Mucho gusto! – el cyborg le tiró una patada.
Clark la recibió, pero con agilidad y moviéndose súper velozmente, se colocó detrás del gran hombre. Le hizo una llave de lucha en el cuello.
-Peleas como una niña – se burló Corben, sacándoselo de encima de un empujón. Se volvió hacia él y lo aferró de las solapas de su traje, revoleándolo por el aire…
Clark cayó en dirección al edificio vecino: una iglesia abandonada. Atravesó un vitral y aterrizó en el piso dándose un golpazo. Por la fuerza del impacto, el suelo de ladrillo se hundió un poco.
Corben no tardó en estar con él. De un salto, traspasó una pared lateral y cayó ante el altar. Se enderezó, miró al Cristo en la cruz, se persignó y sonrió, burlonamente.
-Que conveniente – dijo – Morir en la casa de Dios. Una deliciosa ironía, ¿no te parece?
-No – Clark se incorporó tomando envión. Pegó un salto hacia él. El cyborg lo recibió con los brazos abiertos. Los dos cayeron contra una pared del fondo de la iglesia, la que se vino abajo por el impacto producido.
Los dos surgieron de una montaña de cascotes y ladrillos, un momento después, como enfurecidos titanes. Corben empujó a Clark, trenzándose con él.
Se debatieron sin lograr moverse por un rato. Después, el criminal consiguió empujarlo contra una columna…
El asesino sonrió maniáticamente. Lo tenía atrapado. O eso creía.
Clark decidió dejar de refrenarse. Dio rienda suelta a otro poder suyo para vencerlo: la visión calorífica.
Dos rayos rojos potentes salieron disparados de sus ojos hacia la cara de Corben. El cyborg gritó, sorprendido, mientras la mitad de su rostro se derretía dejando al descubierto un ojo biónico y parte del cráneo de metal.
-¡Hijo de puta! – insultó.
Aquella si que era una revelación inesperada. Podía sentir dolor, pese a ser en parte maquina. Solo quería decir una cosa…
Que podía derrotarlo.
Corben largó un puñetazo hacia delante. Clark le atajó la mano y la aferró como una tenaza.
-¿Quién te manda? – preguntó.
-¡Vete a la mierda!
Respuesta incorrecta. Clark apretó la mano y se la aplastó, la machucó. Los dedos se rompieron, liberando chispas. Corben volvió a exclamar de dolor.
-¿Quién es tu jefe?
-¡Hijo de puta! ¡Vete a la mierda! ¡No te lo diré!
-Muy bien. Como gustes.
Clark hundió su mano derecha en el pecho del cyborg. Apretó con fuerza y extrajo su corazón: una batería central rodeada de cables, unida a él.
-Ultima oportunidad. ¿Quién te envió?
Corben cayó de rodillas en el piso, jadeando.
-No… te… lo diré.
-Lo harás.
Los dedos de Clark comenzaron a cerrarse, triturando la batería. El indicador interno de Corben le avisó de que si la fuente de poder central era destruida, su cuerpo no tendría sustento. Por ende, su cerebro moriría y él estaría aniquilado…
-¡Habla ya o la destruiré! – dijo Clark - ¿Quién es tu jefe?
-¡Lex Luthor!
Luthor. De modo que era él.
-¿Qué vas a hacer… conmigo? – jadeó el cyborg.
-Debería matarte – declaró Clark – Pero creo que la justicia estará interesada en tu declaración. Hay muchos que desearan oír tu historia.
Soltó la batería maltrecha. Se la entregó a Corben, quien la sostuvo con la única mano que le quedaba intacta.
Lo dejó varado en mitad de la iglesia abandonada, seguro de que no iría a ningún lado. Se ocuparía de que la policía se hiciera cargo de él, mas tarde.
…Ahora iba tras el pez mayor…
Lex Luthor permanecía solo en su oficina, con los dedos cruzados y sentado en un sillón, esperando. Cuando Clark entró al edificio de LexCorp como un vendaval a supervelocidad, ni se inmutó.
-Creo que te debo las gracias, "Superman" – dijo – Con lo inútil que es ese idiota de Corben… sobre todo, porque deja trabajos sin terminar. Oh, bien, que remedios… me parece que me ahorrare dos millones de dólares en esta ocasión.
-Luthor… ya mismo te entregaras a la policía.
-Y si no lo hago, ¿Qué? – el empresario enarcó una ceja - ¿Iras y les contaras en persona que yo mandé a matar al Alcalde? ¿Qué quise matarte a ti, un fenómeno de la naturaleza? ¿Qué si no lo hago? ¿Me obligaras?
Clark endureció la mirada. Dio un paso al frente. Luthor levantó una mano. Llevaba una pistola.
Disparó.
La bala rebotó en el pecho del héroe, sin causar daño.
-¡Estupendo! – exclamó Lex - ¡Totalmente invulnerable a las armas comunes! Me pregunto qué podría realmente matarte, Hombre de Acero…
Los ojos de Clark brillaron, rojos. La pistola en la mano de Luthor se calentó tanto que el empresario tuvo que soltarla. En ese momento, como una atronadora bala de cañón, el superhéroe se lanzó contra el hombre calvo y lo aferró de su traje, levantándolo del suelo varios centímetros.
-¡Estas acabado, Luthor! ¡La justicia dará cuenta de ti!
-¡No, no lo hará! ¡No tienes pruebas contra mí! ¡Nada que me ligue al asesinato del Alcalde!
-Tengo a tu asesino metálico… Corben.
-¿Estas seguro? – Lex sonrió.
Clark no comprendió la sonrisa en su rostro. Bajó a Luthor. Despreocupado, Lex tomó un celular, marcó un número y habló…
-¿Tess? – preguntó. Conectó el altavoz, de modo que su acompañante pudiera oír la charla.
-Aquí estoy.
-¿Hiciste lo que te pedí?
-Afirmativo. Corben está muerto.
Tess se encontraba sentada en un banco de la iglesia abandonada. La batería que alimentaba a Corben estaba a su lado, desconectada.
Mientras hablaba por celular con su jefe, miró como un equipo de limpieza de LexCorp encerraba en una bolsa negra al cuerpo del cyborg muerto.
-Todo bajo control – sonrió, satisfecha.
Luthor colgó. Se acomodó el traje y la corbata que llevaba puestas.
-Así que, como iba diciendo, no tienes ninguna prueba con la que inculparme, de modo que lo mas seguro es que te marches, antes de que sea yo quien llame a la policía y te haga arrestar por violación de domicilio, amenaza a un ciudadano inocente y demás cargos que con gusto, podría inventar para ti.
Clark apretó los puños con fuerza, pero se contuvo. Sabia cuando era momento de abandonar la pista.
-Te estaré vigilando – dijo – Volveremos a vernos.
-Cuento con ello. Eres un desafío formidable.
Un viento huracanado. Una puerta que se abrió y cerró de golpe. Un segundo después, el empresario se quedó solo de nuevo en su oficina.
-Oh, si… Será muy interesante – comentó, mirando por un ventanal a la ciudad.
