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Cuando Lois conoció a Superman
Interior de un hospital.
Metrópolis. Tiempo mas tarde…
Lois abrió los ojos. Había una figura parada a los pies de su cama. Un hombre, vestido con una gabardina negra… la miraba con cariño.
-¿Clark? – preguntó ella.
-¿Está usted bien?
Estudió el rostro del misterioso sujeto con detenimiento. ¡Era increíble el parecido que aquel tipo tenia con Clark! Pero no llevaba gafas y el acento en su voz, la forma de hablarle, era distinta.
-Superman – Lois se incorporó un poco en la cama. La sonrisa del rostro del hombre no se desvaneció.
-Así es como decidiste llamarme – dijo – Es un buen nombre.
-Dios… ¿Es esto real o estoy soñando?
-Es real. Me he enterado de que me estabas buscando… que querías saber sobre mí.
Lois asintió, asombrada de estar teniendo aquella charla.
Él le tendió una mano.
-Entonces, cambiate de ropa, ven conmigo y no tengas miedo. Te lo contaré todo.
Por supuesto, Clark no le contó todo. Solo algunas cosas, las que creyó convenientes. Lo hizo mientras la cargaba en brazos y volaba con ella despacio por el nocturno cielo de Metrópolis y si bien volar era un poder que le incomodaba usar, mientras llevaba a Lois consigo no se le hizo tan agobiante…
En todo lo que duró el trayecto del hospital hasta la terraza del periódico "El Planeta", le habló de él: que venia de un lejano mundo extinto en el espacio, que llegó en una nave siendo un bebé…
Que creció y se crió en la Tierra, donde surgieron sus poderes.
Que desde hacía un tiempo había decidido usarlos para ayudar a las personas.
Lois escuchó todo con atención, atraída, fascinada ante aquel relato de ese hombre venido de más allá de las estrellas. Era conciente de que luego tendría que reproducir la entrevista apelando a su memoria, pero no le importaba. Ahora tenía la certeza. Ahora estaba convencida.
Tenía entre manos la historia del Siglo.
El viaje acabó en la terraza del Planeta. La depositó con cuidado allí y descendió junto a ella. Suspiró y caminó hacia la cornisa, mientras la brisa nocturna jugaba con su gabardina, haciéndola ondear como una capa.
-Es una ciudad maravillosa – comentó – Cientos y cientos viviendo en ella. Yo puedo escucharlos a todos.
Había una nota triste en su voz. Lois se le acercó. Le apoyó una mano en el hombro.
-Está noche me he enfrentado al Mal – le informó él – Alguien con una impunidad terrible, acostumbrado a manipular las cosas a su antojo.
Le contó sobre Corben y sobre Luthor. Lois escuchó con indignación como las sospechas que tenia (que Lex estaba implicado, de alguna forma u otra, con la muerte del Alcalde) se cumplían. Sintió que su sangre hervía. ¡La atrocidad de ese hombre no tenia limites! Iba a matarla también a ella, durante el atentado al político…
-¡Vamos a denunciar a ese hijo de puta! – exclamó, sin miedo.
-No tengo pruebas – tercio él – Se encargó de borrarlas. Pero puedes estar segura de que lo vigilare de cerca. Cometerá un error… y cuando lo haga…
-…Lo atraparemos – Lois asintió – Puedes contar conmigo para ello.
Clark la miró. Le dedicó una sonrisa dulce.
El cuerpo de Lois se estremeció.
-Debo irme – dijo él – y tú tienes una historia que escribir.
-Si.
-Suerte con eso – le guiñó un ojo y comenzó a flotar en el aire.
-¡Espera! – pidió ella. Clark se detuvo en el aire - ¿Nos volveremos a ver?
-Por supuesto – fue su respuesta – Siempre.
Se marchó volando, perdiéndose entre los rascacielos. Lois se lo quedó mirando, con el corazón latiéndole fuertemente en el pecho.
Nunca antes había estado un hombre así en su vida.
Nunca.
Sentía que su vínculo con este era especial.
…Y aquél solo era el principio…
