10

Un desencanto en el trabajo

Edificio del diario "El Planeta".

Al otro día.

El señor Taylor terminó de leer el artículo redactado por Lois. A su lado, Perry White aguardaba.

La reportera esperaba, sentada delante de ambos, el veredicto final del Editor…

-Bien… esto es… singular – dijo Taylor, dejando los papeles sobre su escritorio y mirándola – Hablando con franqueza, la conclusión de tus investigaciones es…

Enmudeció. Buscó la palabra. White lo ayudó.

-Fantasiosa.

-No es exactamente lo que iba a decir, pero si, es muy… extravagante.

-Un justiciero superheroico alienígena. ¡Vamos, Lois! ¡Parece argumento de una mala película de Ciencia Ficción! – puntualizó White - ¡Somos un diario serio! ¡No podemos publicar eso!

Lois se puso de pie.

-Entonces, consideren mi renuncia.

-¡Lois, por favor!

-No pienso cambiar ni una coma de ese articulo que escribí. Todo es la verdad. De principio a fin.

White se agarró la cabeza. Taylor llamó a la cordura y a la razón. Analizó la situación fríamente.

-Cuentas muchas cosas que no tienen base sólida – dijo – o cosas que no se pueden probar.

-¿Por ejemplo?

-El origen de este "Superman"; la naturaleza de sus poderes y… ah, por supuesto, la denuncia que el misterioso personaje hace contra Luthor…

-Jefe, lo coteje bien antes de terminar la redacción. John Corben existe. Resultó ser un asesino a sueldo buscado intensamente por el FBI.

-…Que tú dices que es un cyborg – Taylor se cruzó de brazos – Pero no me cambies de tema. Creo que con respecto a Luthor ya habíamos arreglado las cosas.

Lois resopló. Intentó guardar la calma, pese al infierno que latía en su corazón.

-Consideren mi renuncia – volvió a decir – No voy a cambiar nada del articulo.

-Haremos esto – Taylor hizo una pausa. Continuo – Dejaremos todo este asunto en suspenso… y NO vamos a despedirte – al ver que Lois iba a replicar, la atajó deprisa – Entiende que es demasiado fuera de lo normal lo que cuentas. Lois… a lo mejor estas cansada. Recuerda que sales de un hecho muy terrible como un atentado criminal. ¿Por qué no te tomas unos días de vacaciones en el exterior? Por ahí te venga bien.

-Los gastos corren por cuenta de la empresa – agregó White.

-Ve, viaja, descansa… y luego vuelves y retomas tus actividades, como siempre. ¿Qué te parece?

Lois bajó la vista, vencida.

-Está bien.


Al volver a su escritorio, se encontró con Clark. Al verla, le sonrió.

-¡Lois! ¿Cómo estas?

-¿Qué hay, Smallville? – dijo ella, mientras comenzaba a guardar sus cosas. Su semblante expresaba tristeza.

-¿Sucede algo?

-El jefe me manda de vacaciones. Mi historia sobre Superman no los convenció.

-Oh… - Clark pestañeó – Lo siento mucho. De veras, Lois.

-¿Sabes? No me importa lo que ellos digan – Lois frunció el ceño, desafiante – Superman existe y lo voy a probar. En algún momento lo haré y será para la primera plana.

-Lois, si alguien puede lograrlo, esa eres tú – aseguró Clark, sonriendo – Estoy cien por cien seguro.

-Gracias, Smallville. Sé que puedo confiar en ti – la tristeza de su rostro dio paso a una sonrisa pequeña.

-Piensalo de esta forma: a lo mejor Superman decide hacer en algún momento un acto heroico de forma más pública. Algo grande. Y ahí tendrás tu primera plana.

-Dios te oiga, Clark.

-Ya veras. Como decía mi padre: "Ten Fe".


Epilogo

El avión de pasajeros atravesaba el cielo, entrando en territorio norteamericano. Lois se reclinaba en su asiento; sus vacaciones en el exterior habían llegado a su fin. Era hora de volver a su vida y su trabajo.

De repente, se produce un tumulto. Dos sujetos armados irrumpen en la sección del avión donde estaba. Hablan primero en árabe y luego, en inglés…

-¡Todos al suelo! ¡YA! – gritó uno de ellos - ¡Nadie intente nada o lo lamentara!

La sangre de Lois se enfrió. Estaban en mitad de un ataque terrorista. ¡Estaban tomando al avión y sus pasajeros de rehenes!

Con sigilo, se agachó en el piso. Rebuscó su teléfono móvil y lo extrajo. Marcó a prisa el primer número de su lista de contactos.

-¿Clark? – susurró – Soy yo.

-¡Lois! ¡Hola! ¡Que bueno oírte de nuevo! ¿Dónde estas?

-Escucha, no tengo mucho tiempo… Estoy en el avión de regreso a Metrópolis. Nos acaban de tomar de rehenes.

-¿Qué?

-¡Terroristas! – Lois miró entre los asientos hacia donde los dos sujetos armados estaban – Veo dos… supongo que son mas. Están tomando el control del avión…

-Por Dios…

-¡Van a estrellarlo! ¡Como hicieron el 11 de septiembre! Escucha, avisa a…

Un gritó a sus espaldas la asustó. Un tercer terrorista la descubrió con el teléfono en la mano. Se lo sacó de golpe y lo destruyó de un pisotón. Le apuntó con una metralleta…

-¡Este avión pertenece desde este momento a la Sagrada Causa Islámica! – anunció una voz por los altavoces. Venia directamente desde la cabina del piloto - ¡En el nombre de Alá, somos guerreros de Dios en una cruzada contra los infieles! ¡Moriremos en esta causa sagrada para asestar a los impuros un golpe directo a otro de sus símbolos de pecado! ¡Alabado sea Dios!

Lois no lo podía creer. Estaba en mitad de la primera plana de los periódicos del día de mañana… y, estaba segura, ella no la podría leer.

El avión fue desviado de su curso a Metrópolis. Enfiló directo sobre la ciudad de Nueva York, en dirección al edificio del Empire State. ¡Allí, esos locos fundamentalistas planeaban estrellarlo!

…Pero eso no sucedió…

Una figura surgió de las nubes. Volaba a velocidades supersónicas hacia el avión. Cuando llegó a su lado, se colocó delante de su trompa y lo atajó.

En el interior de la aeronave, todo se sacudió. Los terroristas cayeron al suelo, sin entender qué estaba pasando. Lois se sostuvo en su asiento.

Algo pasaba afuera.

El avión se detuvo.

Suspendido en el aire, lo jalaron despacio hacia un estadio de fútbol cercano. En aquellos momentos de la mañana, no había casi nadie en las inmediaciones, por lo que fue depositado en pleno campo de entrenamiento con suavidad. Los pocos testigos que por el lugar pasaban se llevaron la sorpresa de sus vidas…

Lois se acercó a la ventanilla más próxima. Echó un vistazo al exterior.

Una figura azul y roja flotaba hacia la puerta del avión. Un sonoro "¡CRAC!" se produjo. Los pasajeros, ubicados en sus lugares, se miraron con extrañeza. Los terroristas se gritaron órdenes en árabe; hubo disparos y ruidos de golpes.

Todo duró unos segundos. Cuando acabó, un hombre vestido con un traje azul y una capa roja, con una "S" en el pecho se asomó a ver. Pese al cambio de traje, Lois lo reconoció. Salió a su encuentro…

-¡Superman!

Él asintió. Miró a los demás pasajeros. Todos los ojos estaban contemplándolo, atónitos.

-¿Todos están bien? – preguntó.

-¡Muere, perro infiel! – gritó un terrorista árabe, apareciendo con una metralleta en las manos. Disparó una salva de mortíferas balas.

La gente gritó. Las balas rebotaron como si nada en el pecho del superhéroe. Cuando el arma del terrorista se quedó sin munición, su cara fue un canto a la desolación.

Superman le propinó un golpe. No fue tan demoledor como para matarlo, pero si con el suficiente impacto para dejarlo inconsciente. Una algarabía general estalló en el avión. ¡Los terroristas estaban vencidos!

Alguien sacó una foto con cámara digital. Cientos de teléfonos celulares se alzaron en el aire. La gente comenzó a filmar lo que estaban viendo… otro los usaban para comunicarse con sus familias y conocidos, para contarles lo que había pasado.

Ignorando todo el movimiento a su alrededor, Lois se acercó a Superman.

-Gracias – le dijo – Esto es nuevo. ¿A que se debe el cambio?

-Reflexioné un poco. El negro estaba bien, pero era muy deprimente. Decidí que el azul y el rojo no estaban tan mal, después de todo… ¿Estás bien, verdad? – le preguntó.

-Hoy, gracias a ti, fantástica. Pero, ¿Cómo supiste lo que pasaba?

Como toda respuesta, Superman se llevó un dedo a la boca, haciendo el gesto de "silencio".

-Secreto de profesión – dijo y se volvió para irse.

-¡Espera! – Lois lo detuvo. Sin darle tiempo a nada, le estampó un beso en los labios.

Cuando se separaron, él la miró. Ella le sonrió, feliz.

-Cuento con volverte a ver otra vez – dijo – No desaparezcas mucho tiempo.

Con una sonrisa de oreja a oreja, la dejó. Salió flotando por la puerta del avión. La observó por un momento. Después despegó, elevándose a alta velocidad, hacia el cielo.


El titular del diario "El Planeta" rezaba:

"SUPERMAN SALVA N.Y DE ATENTADO TERRORISTA"

De modo que ya era oficial. Su nuevo nombre estaba en la primera plana de los diarios de todo el mundo.

Su vida había cambiado. Nada volvería a ser igual.

Suspiró y sonrió. Era la segunda vez en que disfrutaba del poder de volar. La primera fue cuando llevó a Lois a la cima del edificio del Planeta.

Atravesó el cielo. Planeó por la orbita de la Tierra, hacia el sol naciente. Una sonrisa de satisfacción se dibujaba en sus labios…

¡Fin!