Nem mi niña ¿no te cansas de tu regalo? Por cierto que deberías ir pensando algo para el próximo, ya no queda muy lejos y con las pocas ideas que me surgen últimamente voy a necesitar un poco de tiempo.
Ey, Eva ¿puedo llamarte así?, gracias por pasarte pero quiero que sepas que no pongo advertencias por poner, y que tengo cierta debilidad por... digamos fastidiar "un poco" al rubito.
Los que me conozcan del foro no necesito decir nada, los que no, bueno, el rating es M por algo... aunque ahora mismo no lo parezca.
SIN ALMA
Capítulo II
"Una orden de Lázarus Stark"
- ¿sigues queriendo ese cuerpo Pegasus? - el andar elástico e hipnótico del líder, atrajo las miradas de todos menos del aludido.
- ¿qué dice Alezeia?
- ¿aparte del enfado monumental por ver sus planes contrariados? - sonrió escalofriantemente el hombre más anciano sobre la tierra – que hagas lo que te parezca, pero que no tocará un rostro con una cicatriz tan repulsiva.
- Siempre tan dulce – el cabello negro del "primero" cubrió sus ojos, ocultando sus pensamientos a Lázarus – puedo aguardar por otro cuerpo, puedes quedártelo.
- Para que tampoco me toque a mi, muy agudo Pegasus – le dijo dulcemente retirando el flequillo que le ocultaba la mirada del único primero sin poder. Pasó delicadamente la yema de sus dedos fuertes y bronceados por la bella faz del único al que podía llamar amigo – deberías cambiar, si esperas más quizás mueras con ese cuerpo
- Nunca me ha querido Lázarus, y sin embargo yo no puedo dejar de quererla, incluso estaba dispuesto a esta estupidez de tener un hijo. A veces deseo haber seguido a Ángelo...
- No menciones a ese traidor.
- ¿Habrá muerto?
- La tecnología que nos mantiene con vida no está disponible en los bosques Pegasus, hace más de cien años que debe estar muerto.
- Quizás él tenía razón, quizás no merece la pena vivir así, robando las vidas de otros sin poder vivir la tuya plenamente – una tristeza infinita golpeó a Lázarus, no podía perderle a él también – Tú no viste sus ojos en las vigilancias ¿verdad? Esas criaturas eran felices, y ahora...
- Son sólo animales sin alma – lamentó haber dicho eso porque Pegasus no era como Alezeia, o Sabine o ninguno de los Primeros que habían sucumbido al paso de los siglos
- Sabes que los auténticos "sin alma" somos nosotros Lázarus. Tengo que tratar de convencer a Alezeia de que lo que quiere puede destruirla.
- No podrás
- Lo se, pero tengo que intentarlo.
Pegasus Sade abandonó a pie la torre de cuarzo que era la residencia del líder mundial. Nada más salir a la calle, cientos de transeúntes le siguieron a distancia admirándole con reverencia. Antes de volver a su hogar, sintió el deseo de ver por última vez a la criatura que hubiese sido su cuerpo si no tuviese la cara surcada por una pequeña cicatriz. El Centro de Inmunización y Control no estaba lejos, las puertas se le abrieron sin ninguna exigencia por los propietarios, honrados con la presencia del Antiguo.
Allí estaba el cazador que había contrariado los planes de su esposa. El chico, más alto que la media y con un atractivo casi animal, se disculpó rápidamente sin saber siquiera de qué se estaba disculpando.
- Quiero ver el espécimen defectuoso – informó al joven
- Sí señor, ¿nos dará instrucciones sobre lo que hay que hacer con él? - Jared estaba cansado, aún no había podido ir a casa pues había tenido que solucionar todo el papeleo administrativo de la "extracción" fracasada.
- Antes veré al "sin alma"
Ambos hombres entraron en el almacén. De las sesenta cajas transparentes, de metro cúbico de capacidad, sólo nueve estaban ocupadas por gimoteantes y llorosas criaturas. Sólo uno de los especímenes permanecía en silencio, encogido como los demás en el reducido espacio.
Era la primera vez que Jared veía al dichoso salvaje después de su "desinfección" y tuvo que disimular la fascinación que despertó en él. Al higienizarlo lo habían afeitado, cortándole el pelo dejando a la vista unos labios de los que no podía apartar los ojos.
- Pobre pequeño – Pegasus había abierto la puerta de la caja sentándose en el reducido espacio y sujetando con ternura al salvaje que no pudo hacer nada por evitarlo, inmovilizado como estaba con bandas de presión – pobre pequeño
El cazador estaba fascinado con la escena. Ni pensó en alejarse de allí, no podía imaginar algo mejor que hacer que estar allí, de pie, mirando.
- Mátame, por favor – la voz insegura, quebrada por la desesperación sorprendió a los dos ECUs
- ¡Sabe hablar! - aunque ya lo escuchó durante el asalto, pensó que eran las palabras sueltas que logran aprender algunos "sin alma" a base de repetírselas, pero ésto era una frase consciente.
- Pobre pequeño – repitió el Primero una vez más acariciando la cabeza del salvaje como la de un animal herido – Llora tu pérdida pequeño, desahoga tu alma.
Jensen se tensó, intentó inútilmente alejarse de aquel hombre de aspecto débil y turbadoramente bello al no lograrlo su mirada se volvió fría, su expresión se endureció afilando sus facciones y confiriéndole un aire realmente salvaje e indomable que fascinó al Antiguo. "Ya no tengo alma, me la habéis arrancado".
Pegasus Sade se inclinó sobre el joven atrapado, le dijo algo al oído y le besó en la frente. "Nunca" susurró el salvaje cerrando los ojos agotado. "Ya lo verás, pequeño" aseguró el Primero suavemente.
SA-SA-SA
Karen Padalecki gritó, pataleó, abofeteó a su hijo y montó tan lamentable espectáculo que Jason Burton se preguntó cómo era posible que siguiese enamorado de ella. Pero su madre no consiguió que el joven sacase "aquello" de su casa.
- Es una orden que viene de Lázarus Stark, madre – el joven ni se inmutó por el gesto horrorizado del juvenil rostro de su progenitora.
La señora Padalecki era una mujer bellísima, habían rumores en las altas esferas que aseguraban que si hubiese sido una "sin alma" habría provocado una crisis para decidir quien tenía derecho de extracción. Había cortado su envejecimiento el día que trajeron el cuerpo de su marido del funesto "Control de Plaga" que le costó la vida. Si no, quizás lo hubiese dejado madurar un poco más para poder tener una niña.
Los mozos del almacén "sin alma" domesticados, sacaron al salvaje del transporte y lo encerraron en la jaula metálica que se preparó al efecto en el patio de la casa. Después, el técnico del Almacén, amigo de Jared desde la Mind-School, se los llevó para alivio de la mujer.
- A tu padre lo mató un salvaje como ese Tristán – ella nunca lo llamaba Jared, porque Jared era su padre.
- Lo sé mamá, ya te dije que no pude negarme...
- Sí, Lázarus. Pero no lo metas dentro de la casa, es repulsivo.
Jason rodó los ojos haciendo sonreír a su amigo "¿Una cerveza?", el más alto asintió pensando en cómo seguir las órdenes del Líder mundial.
