SIN ALMA

Capítulo IV

"Métodos radicales"

Alezeia Verne acarició su prominente vientre de siete meses. Podía sentir la pequeña criatura moverse en su interior, le habían dicho que era una niña, sonrió dulcemente. Hasta sintió la necesidad de buscar a Pegasus y hacer las paces con él.

El riesgo de la transferencia había sido muy alto, aunque el bebé había sobrevivido, la hembra estaba en muerte cerebral, y hasta ese día no se había practicado una transferencia a un cuerpo sin vida, temían que el cerebro hubiese estado dañado, no era así afortunadamente. Y la criatura que crecía en su vientre sería la hija de la última pareja de primeros.

- Toca Pegasus, ¡se está moviendo ahora! - le dijo mostrándole con ilusión infantil lo que ella consideraba un maravilloso milagro.

El Primero no dijo nada, sonrió amargamente mirándola a los ojos tan negros como los suyos propios y posó su mano derecha sobre el vientre de la mujer. "Eres un aguafiestas" le dijo haciendo un mohín de disgusto con sus labios perfectos (con los labios perfectos, de la muchacha perfecta, de la pareja perfecta)

- No pasa nada mi amor, sólo estoy cansado – acarició dulcemente la mejilla de diecinueve años que ocultaba a la Primera (de más de seiscientos) – será una niña tan preciosa como su madre.

La mujer cogió la blanca y delicada mano de su esposo y la besó. Lo miró con sus nuevos ojos cargados de felicidad y esperanza "A veces te pareces al hombre del que me enamoré", le besó dejando en sus labios un rastro de color y calidez y marchó a su pabellón en el ala sur del gigantesco castillo de mármol verde.

- Tú ya no te pareces demasiado a la mujer de la que me enamoré, pero mi maldición es amarte a pesar de todo – respondió cuando ella ya no podía oírlo

Estudió su imagen en el espejo, sabía que los "sin alma" a los que usaría esa noche, lo encontrarían irresistible, es más, quien estuviese a su lado más de unos segundos, lo encontraría irresistible con sólo decirles una palabra, pero ella no. Porque Pegasus no era el hombre del que Alezeia se enamoró, y Ángelo ya nunca volvería.

SA-SA-SA

- Pero esto... ¡es inhumano! - protestó Jared al desconectar el memo-mind – no puedo hacerlo Jason, iré a pedir a Lázarus Stark que se busque a otro

- Ya lo hiciste, ¿recuerdas?

- Pero... - si ya había sido terrible ayer el sólo obligarlo a bañarse y a comer algo, el método de domesticación estándar era...

- Tristán, si desobedeces se acaban los contratos con el gobierno ¿cómo piensas mantener tu empresa y tu nivel de vida? - su amigo colocó su firme mano sobre el hombro del confundido joven – te voy a ayudar, sabes que no tengo reparos en usar "sin alma" si crees que no podrás realizar esa parte, yo me encargaré ¿te parece bien?

- Es que es tan brutal, someterlo de esa manera...

- Es un animal, Tristán, un "sin alma" y si no se le condiciona a obedecer es peligroso, además ¿te obedece? ¿crees que no necesita adiestramiento?

- Mierda no – reconoció el más alto – tuve que atarlo para lavarlo y le hice tomar un poco de leche con una jeringa a través de la mordaza para que no me mordiera.

- Pues entonces...

- Cuanto antes empecemos antes terminaremos esta fase, ¿cuanto? ¿Diez días? - suspiró Jared aún sin gustarle el tema

- Mínimo, el memo decía que los casos más difíciles podían llegar a las tres semanas.

- A lo mejor mamá quiere encargarse del desayuno, es la parte menos fuerte, aunque con la repulsión que le dan los salvajes... no se. Tú me ayudarás con "lo otro" ¿verdad?

- ¿a sodomizarlo? Desde luego – al ver el gesto compungido de su amigo rió – no pongas esa cara Tristán, esa parte te va a gustar, te lo aseguro.

El adiestramiento no fue bien, nada bien. Después del primer día tuvo que mantener atado y amordazado al salvaje todo el tiempo, pues se volvió mucho más agresivo. Los ocho días siguientes no fueron mejor.

Aquella mañana se acercó titubeante a la jaula a ver cómo reaccionaba al condicionamiento, miró crítico la chichonera que le tuvo que colocar el día anterior cuando se abrió una brecha en la cabeza golpeándose contra el suelo. Bufó, esa mirada con la que le recibió no presagiaba nada bueno.

- Tranquilo chico, tranquilo – se acercó con cuidado con la aturdidora firmemente empuñada – hora de desayunar, siéntate

El espécimen rubio le ignoró dándole la espalda. Se agachó junto a él y le quitó la mordaza. "Dame cuartelillo chico, si obedeces todo será más fácil, tanto para ti como para mi". Lo cogió por los hombros y lo sentó, lo notó más delgado.

- Ahora a desayunar, abre la boca.

- No – y apretó los labios en un gesto obstinado

- Ya empezamos – Jared rodó los ojos y cogió con una de sus enormes manos la cara del salvaje forzándole a abrir la boca e introduciendo una cucharada de avena dentro – así me gusta

En cuanto retiró la mano el "sin alma" escupió la cucharada. Según el manual ahora tendría que usar la aturdidora, pero intentó como cinco veces más antes de recurrir a ella. Al final tuvo que volver a amordazarlo y darle de comer con una jeringa. Y sólo eran las nueve de la mañana.

Decidió darle un respiro antes de la evaluación de obediencia, aunque quien realmente necesitaba el respiro era él. A veces olvidaba que se trataba de un simple animal, tenía gestos y reacciones tan humanas que le angustiaba demasiado tener que hacer ese trabajo.