"ESTRELLAS DE ORIENTE"

EN CONTRA DEL DESTINO

El duelo de monstruos es un juego muy popular pero para Serena se trata de un juego que la mata de risa… Hotaru se siente muy triste y cuando Lita le regala una baraja de Duelo de Monstruos se propone aprender al lado de una gran duelista Yaél. Pero Yaél busca su amistad, le parece encantadora la niña y cuando Hotaru aprende a jugar el Duelo correctamente se olvida de la chiquilla a tal grado que hasta la menosprecia ¡Hotaru tú no eres así reacciona! Yaél se siente muy triste y en un ataque de Sazuke la chiquilla se dispone a proteger a Hotaru ¡Alto Sazuke! Las Sailor Scouts no permitirán que termines con los jóvenes duelistas que lo único que quieren es divertirse Hoy presentamos:

8. La amistad de Yaél

Amy se levantó muy tarde. Había pasado toda la guardia del hospital esquivando a su madre, la tensión la hizo dormir de más. Suspiró profundamente pensado que esa era la última vez que dejaba sus nervios la devoraran. Salió de inmediato para leer el diario y enterarse de los ganadores de la Beca Fox Corp. Yaél tenía la televisión sin sonido. Le causó gracia tal acto y rió animadamente. Vio en la página para darse cuenta que solamente Rei había podido terminar entre los veinte primeros lugares. Vio a su madre en la cocina, terminaba por preparar el desayuno.

- ¿Te sirvo?

- Uhm – estaba muy ocupada revisando la lista

- Sabes Amy, me hubiera encantado verte en acción casi estas a punto de terminar la carrera y me parece que vas a prácticas a regañadientes…

- Estoy de vacaciones mamá cualquiera iría de mala gana – contestó la joven sin apartar la vista de su periódico

- Pero las prácticas te darán la preparación necesaria ¿Crees que solamente estudiando serás buen médico?

- Sí, claro – contestó lacónicamente

- ¡Deja eso! – se enfadó la mujer de estar hablando con la nada – Estoy molesta Amy, estuviste paseando por el hospital toda la noche haciendo nada, sino te conociera bien diría que escondiéndote de mí

- ¡Déjame en paz! Vine a descansar, si hubiera querido seguir estudiando me hubiera quedado en Canadá… Ni siquiera pude estar apoyando a mis amigas en un día tan importante… Lo único que haces es irritarme y lograrás que me marche para no volver jamás – gritaba sin cesar hasta que se metió a su habitación golpeando la puerta con furia detrás de sí

- ¡Amy!

- Qué majadera – susurró Yaél y un viento abrió las ventanas que hasta estaban con seguro – Qué clima – dijo para sí sonriendo con picardía

Se soltó a llorar, estaba muy aturdida y hasta histérica. No quiso gritarle a su madre solamente no quería saber nada sobre la funesta noche de guardia en el hospital. Se sentía tan atrapada que hubiera dado cualquier cosa por salir huyendo esa misma mañana a cualquier lado del mundo. Sintió el pelaje de Luna que se restregaba en su brazo en una forma dulce de consuelo. La miró pensando que ni con ella podría platicar. Siempre quiso ser ella la que cuidara de Luna pero el vivir en un departamento se lo impedía.

- ¿Qué te pasa Amy?

- Discutí con mi madre es todo

- ¿Quieres que platiquemos?

- Ahora no – se soltó a llorar y Luna supo que la mejor medicina para la jovencita era el silencio. La dejó desahogarse

Amy se quedó profundamente dormida. Luna vigilaba sus sueños, cuando parecía tener pesadillas, la gatita acariciaba su cabecita con su patita, habría dado todo por aliviar su dolor. Un pequeño ruido la alertó, alguien se acercaba a la puerta. Yaél entró a la habitación miraba fijamente a la gata. Con el dedo índice sobre sus labios le indicó guardara silencio, pero a Luna no le gustaba esa mirada así que lanzó un fuerte maullido despertando a Amy

- Dice tu madre que si no quieres algo

- Nada, gracias…Comeré con Lita

- Supongo que es de eruditos ser majadero

- ¿Qué dijiste? – Amy se quedó impactada por el dejo de desdén e ironía en la voz retadora de la chiquilla

- Lo que oíste tonta

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Serena intentaba batear pero simplemente se dedicaba a abanicar. Se enfureció cuando oyó reír a Yaél, lanzó el bat lejos y éste fue a para directo a la cabeza de Rei. Serena al darse cuenta puso pies en polvorosa para salvar su vida, la guerrera del fuego no creería que aquello fue un penoso accidente. Yaél rió animadamente y Mina se destornilló de la risa a más no poder.

- Es muy divertido estar con ustedes – sonrió Hotaru – Gracias por decirle a mi padre que me recogerían de la escuela de verano

Hotaru miró a Yaél, le parecía conocida pero no podía recordar dónde la había visto. La conoció esa mañana antes de entrar a la escuela de verano. Era muy triste que su círculo de amigas estuviera reducido a la nada, las únicas personas con quien su padre le permitían salir eran con las Scouts y a veces con las Inners ni eso. Quizá por lo infantiles que eran o porque su padre se había vuelto demasiado estricto desde que empezó su noviazgo con una prestigiada investigadora. Suspiró al aire y volvió a reí viendo cómo Rei torturaba a Serena.

- Es encantador – rió sentándose al lado de Yaél – ¿Eres de la ciudad? Tienes un acento un poco diferente

- No sé de mi acento pero soy japonesa

- ¿A qué escuela acudes? Sabes, eres la única aquí de mi edad y me gustaría…

- ¿El qué? – sonrió Yaél con una picardía digna de un pequeño pingo

- Ser tu amiga

- Eso estaría muy bien… Anda sigues de batear

La vida para Yále era simple, si se quería algo se luchaba por ello, el esfuerzo rendiría los frutos necesarios, siempre se debía mirar al frente y la actitud sería lo primordial para triunfar. Si no eras capaz de creértela jamás lo lograrías. En fin, esas eran filosofías ajenas. Ahora Hotaru debía volver a casa después de una tarde jugando béisbol en un bello intento por hacer deporte.

- ¡Señor Tomoe! – gritó Serena a todo pulmón

- ¡Cállate! – y Rei la pellizcó

La mirada fría y seca de su padre le indicó que la mujer usurpadora estaba allí. Se trataba de la doctora Marie Konik. Era una mujer de verdad escabrosa, ciertamente era muy bella, demasiado para ser una persona real, aparentaba menos edad de la que tenía y en su voz siempre había cierta dulzura que asustaba a la pobre Hotaru. Por otro lado había algo en el carácter de la mujer que la fastidiaba, quizá se tratara de celos o de que era demasiado mustia para que ella la tolerara. Tenía una hija un poco mayor que Hotaru y un hijo de apenas ocho años. La hija la conocía bien, por desgracia iban en le mismo colegio, Saoli era la chica más encantadora y popular, daba gracias que ella estuviera en otro grado y así solamente la veía cada milenio, al niño no lo conocía hasta donde sabía estudiaba en un internado y esas vacaciones lo habían mandado a un campamento

- Me voy a mi alcoba, con permiso – se disculpó Hotaru, pero a su padre no pareció causarle gracia.

Nunca habló de ello con nadie. Así que cuando las chicas se enteraron se asombraron mucho y creyendo que era bueno el cambio, la animaron. Ahora tendría una madre, pero ella quería solamente tener de regreso a su padre.

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Si esa chica la volvía a tratar mal, la golpearía con la bandeja. Cómo detestaba a la gente presumida. Así era su labor, a veces se topaba con personas groseras y a veces con…Jordane. Ahora entraba el chico parecía inquieto y abrumado, escogió un helado de pistache y siguió calculando datos. Unos minutos después llegó Joshua y sin perder tiempo la saludó haciendo un guiño elegante. Le susurró que la amaba y Lita se sonrojó. Muchas veces pensaba en las noches si Joshua se daba cuenta que su noviazgo era una vil farsa.

- Joshua ¡Tienes el trabajo! – le pidió Jordane

- Sí, claro

- ¡No lo saques! Lo llenarás de chocolate

- Bueno – ahora se dedicaría comer los más exquisitos manjares del mundo

Poco rato después llegó Hotaru, se veía algo preocupada y hasta ausente. No pidió nada, quería estar allí y esperar a que el tiempo pasara. Lita la animó un poco dándole un gran plato de frituras. Recordó algo que en esos tiempos animaba mucho a los chicos de la edad de Hotaru. Volvió atrás y tomó unas cartas que unos chicos olvidaron hacía meses

- Es duelo de monstruos – dijo Lita dándole la baraja

- Gracias, pero yo soy muy torpe en esos juegos – sonrió la joven con mucha tristeza

- Dile a Yaél te enseñe… enseña a Serena que no lo haga contigo

Hotaru agradeció. Observó con cuidado la baraja y sus ojos casi se desorbitaron al ver que en ella estaba una de las cartas de colección más costosas y caras, el famoso dragón verde de ojos chuecos. Si bien no aprendía a utilizar semejante carta para ganar en el duelo de monstruos podía venderla y comprarse una televisión nueva. Dio de saltitos y salió corriendo contentísima. Iría a buscar a Yaél y después el mundo sería suyo.

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Yaél estaba en el parque intentando explicarle qué era una carta de monstruo a Serena, pero la pobre apenas le hablaban de cifras se enredaba tanto que hasta olvidaba cuáles eran sus cartas. Yaél disfrutaba sus tonterías. Hotaru no pudo detenerse de la alegría, tumbó todas las cartas y de paso a la pobre chica rubia. En su largo parloteo inentendible le pidió a Yaél que le ayudara a jugar correctamente duelo de monstruos

- Es estrategia – decía Yaél

- Como sea debe haber un secreto

- Sí, ser inteligente…Es como jugar batalla naval pero con monstruos

- ¡Ayúdame! Y te prometo que te…Te regalo…Te reglo… ¡Mi televisor portátil!

- Si te ayudaré…

- Perfecto – la inquieta Hotaru no dejaba terminar ni una frase a la chiquilla – Empieza – Y Serena seguía en el suelo

Estuvieron cinco horas seguidas practicando estrategias, armando jugadas secretas y tratando de encontrar la manera correcta de jugar al famoso Dragón verde de ojos chuecos. Hotaru era muy inteligente, aprendía pronto, demasiado pronto. Serena se reía mucho con los nombres tan curioso de los monstruos como el de Rayito veloz el invencible, El moco verde, la Lagartija sin dos patas… Yaél se fijó en la hora. Acompañarían a Hotaru a casa y mañana saliendo de curso de verano seguirían estudiando estrategias. Caminaron por callejuelas muy oscuras, un atajo recomendado por al jovencita para llegar antes que su padre. Serena tenía miedo, así que sin pensarlo mucho tomó la mano de Yaél, la apretó fuerte y así estuvo hasta llegar al parque donde siempre se separaban. Miró los ojos de Yaél, se sentía segura con ella, por eso no la había soltado, también sentía un calor especial, el calor que da el amor.

- ¡Serena! – gritó encolerizado Jordane – No quiero verte con esta piltrafa humana – y de jalón la hizo soltarse de Yaél

- ¡Suéltame! Qué te pasa, estás loco… No hacía nada malo…estas loco

- ¡Déjala ya¿Qué problema tienes conmigo? – ya estaba cansad que siempre pasaran cosas así, no seguiría quedándose para observando como el infame le arrebata a su precioso conejito, daría batalla si el chico quería despojarla de su cariño

- ¿Crees que no me doy cuenta? Tú no buscas sólo la amistad de Serena y lo sabes…Ella no es como tú, es una personita con NOVIO. Mocosa, no te quiero volver a ver con ella

- Yo la quiero mucho y no sé de qué me hablas – empezó a enfurecer. Las luces de los faroles cercanos parpadearon conforme sus palabras salían. Parecían de repente querer estallar. Yaél suspiró intentando controlar sus ánimos – No sucede nada malo entre Serena y yo, somos buenas amigas

- Me importa un rábano – dio media vuelta mientras Serena forcejeaba intentando liberarse de su desalmado primo

Ya que estuvo lejos se enfadó lo suficiente. Los faroles estallaron y todo el parque se quedó sumido en tinieblas, un viento helado sopló y ella sintió un gran deseo de arrancarle la cabeza al estúpido. Dirigió sus pasos de regreso a casa, pero sabía que aún estaba muy enojada como para poder presentarse. Se sentó afuera del departamento intentando tranquilizar su alma.

- ¿Sucede algo¿Por qué no entras? – la miró la madre de Amy con ternura

- Nada señora Mizuno, creo que tuve un mal día

- ¿Me lo cuentas? Así podremos ambas tranquilizar nuestros ánimos… Vamos no siempre los días serán hermosos, sería una vida muy aburrida – Yaél sonrió

- Quisiera…Sí aburrida…

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Durante una semana la emoción se apoderó de Hotaru, el duelo de monstruos se volvió una adicción. Lo jugaba comiendo, en el baño, dormida… ya no podía concentrar su atención en nada que no fuera una carta, buscaba secretos, estrategias y finalmente empezó a jugar retando a jovencitas que también estaban inexpertas. Su popularidad se volvió grande después de quince duelos jugados sin perder ninguno. Estaba tan emocionada que olvidó por completo a su padre, su futura madrastra y hasta a Yaél. Las cosas suelen suceder de maneras muy complejas. Cuando Yaél comenzó a ayudarla lo único que quería era demostrarle que quería también su amistad, que un juego simple podían disfrutarlo las dos, por eso enseñaba a Serena a jugarlo, hasta intentó enseñarle a jugar ajedrez. Ciertamente ganaba algo, pero no creía fuera algo malo o que estuviera sacando provecho, si Hotaru nunca le hubiera dicho que pretendía ser su amiga de todas maneras la habría ayudado. Hotaru empezó a escalar peldaños en la fría base de la popularidad, pronto uno de los círculos más exclusivos le pidió se uniera a ellos. Y ella por primera vez en su vida se sintió parte de un verdadero grupo, uno del que ella no era la niña pequeña o quien debía ser vigilada. Allí no lamentaría un brazo fracturado o una sordera temporal, que reprobara matemáticas o… Allí ella era normal, era alguien especial con un talento propio de la naturaleza humana.

- Hola Hotaru – la saludaban en los pasillos de la escuela

A esas alturas todo el que asistía a curso de verano ya la conocía. Era la mejor duelista del verano. Pero el juego poco a poco se apoderó de ella, se volvió tan necesario que olvidó el mundo entero, nada habría más importante que ganar, olvidó la amistad. Un día Yaél se intentó acercar a ella estando platicando con unos de sus nuevos amigos. Las expresiones de solemnidad le hicieron entender que no era bien recibida. Sonrió y se retiró

- No hagas eso – le reprendió en el parque ya a solas – Tengo una reputación qué cuidar

- Pero…Quedamos en algo

- Claro – se enfadó mucho – Toma el televisor – lo sacó de su mochila a toda prisa – y hasta te regalaré unas cartas…Bien, terminado el trato no vuelvas a presentarte en mi escuela, me dejas ver como una idiota

- ¿Idiota?

- Vete ya – se enfadó mucho más

Yaél caminó con su televisor en manos. Estaba muy triste. Se sentó en una banca del parque y dejó que el tiempo como otras veces se deshiciera de su dolor. Pero no sucedió. Guardó el televisor. Ya no pensó, ya no lo hizo con coherencia debida, se sentía menospreciada, utilizada y ridiculizada. Ella solamente quería ser amable. No importaba, daba igual tenía a Serena y si alguien la quería estaba bien y sino había más personas en el mundo…Muchas más…

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Sazuke pelaba con la impresora. Debía entregar el reporte del último lugar donde pretendía encontrar las Estrellas de Oriente. Escuchó el latoso teléfono sonar. Apenas alcanzó a encenderlo y miró la pantalla un poco asombrado de ver a su compañera de equipo después de tantos días desaparecida. Sonrió con malicia e hizo un gesto de desaprobación, pero Luz parecía tener mucha prisa en resolver su problema como para jugar con Sazuke

- Atacaremos un centro de Juego de Duelo de Monstruos

- ¿Y qué es eso?

- Tú preséntate con los nuevos láser y tus bestias, lo demás lo asumo yo

- Perfecto. Eso implica el informe

- Sí, sí

Sazuke tomó su chamarra, sacó los láser del almacén y tomó su flauta de su casillero. A pesar de ser medio día tenía muchísimo frío. Caminó rápidamente entre la multitud con su láser escondidos entre cobijas. Sacó su minicomputadora que media la palma de su mano, verificó el mapa para saber que su instinto no estaba muy errado. Vio de lejos a Luz y sonrió.

- Espero salga muy bien, tantos errores han costado mucho dinero a la compañía y el jefe está muy molesto

Las bestias fueron invocadas, como sería al aire libre sería más fácil no cometer tantas torpezas, revisó a cada animal y de inmediato dictó instrucciones. Cuando estuvieron llenas las mesas, las bestias se lanzaron al ataque. Los chicos corrían aterrorizados pero las bestias los tenían cercados. Aquello se volvió una locura colosal, tenían tanto miedo los jovencitos humanos que no entendía que quedarse quietos era la solución, las bestias imposibilitadas para calmarlos con un susto comenzaron a dar hocicazos pero su fuerza aún no la podían medir y los torpes animales herían a las personitas.

- Que se queden quietos

Ahora fue Sazuke quien perdió la paciencia, comenzó a dispara el láser sin miramiento y las luces de energía empezaron a desprenderse de los cuerpos humanos para dar paso a las estrellas que por desgracia no eran las de Oriente. Siguió disparando y a veces volvía darles a los mismo pero nunca fue bueno con los tiros de objetos en movimiento.

- ¡Rapsodia acuática de mercurio!

- Demonios ¡no! Y ¡NO! – gritaba exasperado

- ¿Qué crees que estás haciendo?

- ¿No ves¡Buscando mis amadas Estrellas de Oriente!

- Beso de Amor y belleza de Sailor Venus… es hora de que detengas esta locura, como siempre escapas te daremos la oportunidad de hacerlo en una forma menos vergonzosa…¡Vete ahora!

Sazuke dejó por la paz su láser. Ahora debía encargarse del tedioso asunto de las Sailor. Sus bestias seguían un poco confundidas, el ruido las alteraba demasiado y tantos gritos de batallas las confundían. Una de las bestias se movía inquieta muy cerca de Hotaru, varias veces estuvo a punto de aplastarle el brazo lo cual significaría hacérselo polvo. Hotaru volvió en sí, por suerte no había daño aún que lamentar. Comenzó a moverse lentamente, se frotaba la nuca adolorida por el impacto y cuando abrió por completo los ojos ya era tarde. La bestia con su gran garra estaba a una milésima de destrozarle el brazo. Cerró los ojos. Hubo un grito aterrador lleno de dolor que paralizó la batalla.

- ¡Hotaru! – gritó Rei volteando

El grito acaba de alterar más a su bestia. Sazuke la elevó por los cielos dejándola lejos de algún humano que pudiera dañar. Sailor Moon y Sailor Mercury corrieron al sitio. El pavimento se tiñó de rojo sangre. En el suelo Yaél se revolcaba del dolor gimiendo con un quejido tan lastimero que Sailor Moon estuvo a punto de llorar. Mercury intento ponerla quieta para ver su herida pero la muchachita no dejaba de moverse como gusano y llorar.

- Sujétala Sailor Moon

- Yaél dime que estás bien – lloraba Sailor Moon

Júpiter la tomó con fuerza y Mercury pudo ver que al herida era muy profunda, había tocado muchos nervios importantes sin contar que algún tipo de "espina" se quedó enterrada en su piel. Estaba tan nerviosa que no podía terminar una oración correctamente. Venus le gritó que la atendiera era médico al fin de cuentas

- No lo soy aún

- Ni que te fuera a demandar – le agredió sin pensarlo

- Lo haré yo – apartó a las Scouts, Marts. Se llenó de valor y como pudo liberó a Yaél de la espina que chorreaba un pequeño líquido morado – Parece veneno

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Amy se sentía muy mal. Si Rei no hubiera actuado de inmediato el veneno hubiera entrado completamente al sistema de la niña. Se suponía estudió medicina para ayudar a los demás, aliviar sus dolores y hasta la fecha parecía convertirse en sinónimo de muerte y tortura. Lita le dio una palmadita en el hombro, no había por qué sentirse mal. Rei siempre tuvo más cabeza fría para actuar que ninguna… incluidas el duetos Uranu – Neptium.

- ¿Estará bien? – interrogó casi con las lágrimas brotando la inquieta rubia

- Sí, no fue mas que una herida – contestó la madre de Amy

Herida o no, Serena se asustó mucho. Aún se preguntaba qué hacía Yaél escondida en aquel absurdo ataque. La chiquilla estaba muy bien, algo asustada todavía, pero quién no lo estaría con semejantes animales a punto de aplastarla. Hasta parecía tener un aire de alegría, como si se sintiera una heroína extraordinaria por su acción. Cuando vio a Serena sonrió, le llamó conejito llorón mientras la joven hacía pucheros intentando controlar sus sentimientos. Suele suceder que solamente cuando estamos a punto de perder algo o lo perdemos definitivamente nos damos cuenta qué tan importante es para nosotros. A veces, la cotidianidad de la vida nos hace que pasemos desapercibido hasta a las personas, y cuando éstas salen de nuestras vidas entonces notamos qué importantes eran. Pero Serena no necesitaba mucho para darse cuenta que Yaél era importante en su vida, sino para darse cuenta en qué forma tan fuerte sentía amor por la niña.

- Oye conejo

- Dime

Siguió el silencio. Una sonrisita encantadora y Serena tomó su mano para decirle con actos cuán importante es en su vida. Amy miró la escena, se sintió muy mal y dio media vuelta dejando a las chicas. Tal vez no había nacido para ser médico. Al salir por poco choca con Hotaru, quien había acumulado valentía para ir a visitar a su salvadora. También Hotaru pensaba que la segunda vez ya era una clara advertencia que ella como Sailor Scout era más que un fiasco.

- Hola

- ¡Hotaru! – le saludó con alegría como si nunca la hubiera humillado

- Quería disculparme – pero Yaél no le dio tiempo. Colocó su dedo índice sobre sus labios y le guiñó el ojo

- No hace falta, suele pasar

- Déjame compensarte – sacó una tarjeta de su baraja – Quiero regalarte el dragón verde de Ojos chuecos

- ¡De vedad! – su carita se iluminó de alegría – No puedo aceptar

- Es un regalo de… Amistad y si no lo aceptas sabré que no quieres dejarme luchar por tu amistad

Ambas niñas sonrieron. Serena se destornillaba de la risa observando que el famoso dragón que en verdad tenía los ojos chuecos y parecía hacer bizcos. Comentó que prefería el ajedrez, en él por lo menos eran menos piezas y mayor probabilidad que no terminara muerta de risa. Hotaru, en un instante de congruencia, se abrazó de Yaél. No sólo le salvó la vida, como fuera podía sobrevivir, se trataba de que a pesar de todo la chiquilla permaneció allí.

- No soy tan buena persona como piensas – susurró Yaél

- No digas nada, suele pasar

Solía pasar y seguiría pasando porque no dejamos de ser seres humanos.

En el Próximo Capítulo:

+Serena tiene mucho miedo.

+Nuestra joven heroína después de un campamento vuelve aterrorizada, nadie entiende qué sucede

+Y como es de esperarse la torpeza de Serena conjugado con el temor hacen que todos los pasatiempos e instrucciones que intenta darle Michiru a la joven terminen en catastróficos o anécdotas cómicas

C O N T I N U A R Á…