Estrellas de Oriente
EN CONTRA DEL DESTINO.
¿Un
nuevo aliado ha aparecido? Muy bien ahora Sazuke tendrá que
pensarlo dos veces antes de enfrentarse con las Sailor Scouts. Luna y
Artemis verán a viejos amigos ¡Mina no es hora de
coquetear! La historia de Dazael esconde un misterio que revelará
a un poderoso enemigo: El Hijo del Sol.
Hoy
presentamos:
11. La Leyenda de las Estrellas
Luna miró al cielo, aquella extraña neblina que de repente había oscurecido el firmamento no podía significar nada bueno. Miró atenta por la ventana mientras sus orejitas se ponían alerta como si fueran censores. Empezaba a chispear, vio que Serena, llegaba acompañada de Yael. Frunció el ceño. Descendió rápido por las escaleras y en cuanto Serena abriera la puerta recibirla, solamente que no contó con la fuerza y torpeza de la joven rubia quien abrió la puerta de un golpe dándole en el rostro a la gatita para finalmente dejarla embarrada en la pared.
- Qué clima tan raro – comentó Yael cerrando la puerta detrás de sí – ¿No es esta tu gata?
- ¡Luna! ¿Qué haces dormida detrás de la puerta? alguien podría golpearte o machucarte
- Miau
La tomó en brazos y subieron a la habitación de la jovencita. Prepararon un par de películas de terror junto con las palomitas. Luna se entretenía en el espejo mirándose el enorme chichón que la torpe Serena ni cuenta se daba le había causado. Por el espejo miró a Yaél acurrucarse muy cerca de Serena y a su joven pupila atarragarse la boca de palomitas
- ¡Es horrible! – gritó Serena tapándose el rostro con la manta y refugiándose en brazos de Yaél
- Qué susto – suspiró la chica apoyando su cabeza en el hombro de la rubia.
Luna frunció el ceño. Se encaminó lentamente para hacer su labor de protectora. Lentamente se escurrió entre las piernas de Serena. Y cuando la jovencita la sintió gritó aterrada, se levantó con brusquedad corriendo por toda la habitación mientras afuera la tormenta se hacía más fuerte.
- Es tu gato – reía Yaél divertida
- ¡Monstruo! ¡Monstruo!
La película terminó. Luna hacía media hora se había quedado dormida. Serena no quería irse a dormir estaba demasiado asustada sobretodo porque la tormenta actuaba como escenario perfecto para atraer almas errantes y malignas. Yaél sonrió. La tomó de la mano y con un ademán la invitó a hacerle compañía a un lado suyo en la cama.
- Yo también tengo miedo – le susurró – Pero somos dos
- Si verdad – suspiró un poco contenta
- Y además estás conmigo…
- ¿Te doy valor? – preguntó Serena sorprendidísima e ilusionada
- Bueno, no exactamente, tú te ves más apetitosa así que te comerán primero y no creo le quede espacio para mí
- ¡Qué! – y una guerra de almohadas se desató.
Había sido una noche muy agitada. Luna dormía en su camita plácidamente y Yaél también dormía profundamente cansada por la guerra de almohadas y cosquillas. Serena miró de reojo a la ventana, un enorme trueno la había despertado. Ahora no podía dormir. Se levantó sigilosamente, cobijó a su gata. Miró por un momento a Yaél, sentía la conocía de hacía tiempo, como si en otra vida hubieran estado juntas o por lo menos de una u otra forma sus almas enlazadas. Un rayo cayó muy cerca, su mirada se desvió a la ventana. Volvió a la cama para acostarse. Yaél parecía tener pesadillas, estaba un poco agitada y balbuceaba palabras inaudibles. Acarició su frente retirando lentamente los mechones húmedos de su rostro. Yaél se giró lentamente, hizo un movimiento de cabeza como si no pudiese respirar y nuevamente volvió a quedarse quieta.
- ¿No puedes dormir? – susurró Luna
- Me despertó la tormenta… Pero no hables, puede escucharte Yaél
- Miau – afirmó con la cabeza
De nuevo Yaél hizo un movimiento brusco, como si no pudiera respirar, se movió con más fuerza hasta que se levantó de la cama. Se frotó los ojos un poco perdida, parecía aún estar medio dormida. Luna temió que la hubiera escuchado así que sumió su cabecita entre la colchita que serena le había hecho y ahora le servía para abrigarse.
- ¿Ya amaneció?
- No… ¿Tenías pesadillas?
- Tengo sed – contestó la chiquilla aún dormida
- Te traeré agua, espera un poco
Para cuando Serena regresó con el agua, Yaél había vuelto a quedarse dormida profundamente. La jovencita rubia dejó el agua muy cerca quizá volviera a despertar o quizá solamente soñaba. Pero a Luna le pareció percibir una leve energía, una naturaleza distinta a la humana, como si dos fuerzas se conflictuaran cuando esa niña entraba en profundo sueño. Decidió permanecer alerta toda la noche temerosa que algo malo le ocurriera a su Serena.
Michiru abrió los ojos para un nuevo día en la vida de Haruka. Se estiró perezosamente y decidió darse un largo baño para así relajarse. El día estaba frío, demasiado para las fechas. Rei ya estaba despierta, paseaba de un lado a otro realizando las faenas del día ya retrazadas. Ella se convidó para ayudarla. Pero nunca pensó que Rei le pediría cosas para Haruka y no para ella.
- El techo ¿Barrerlo?
- Sí
- ¿Y si mejor te ayudo con el desayuno o lavar trastes?
- Creí que no te gustaba
- Bueno…
Pero quería despistar, así que se encaminó afuera para trepar al techo. Miró la altura, no era tanta como imaginó. Valiéndose de la ayuda de unos tambos comenzó a subir, poco faltó para que se cayera, pero se sujetó al instante con fuerza al techo que por fin logró alcanzar. Suspiró, ya estaba arribas y sintió vértigo ya no le parecía estar tan abajo.
- ¿Segura que puedes?
- Sí
Sin embargo, Michiru no era la única que tenía dificultades. Haruka por su parte no encontraba ropa para vestirse, todo le parecía tan complejo y desgastante que de buena gana se hubiera regresado a la cama a seguir durmiendo, pero ya después de advertencias no podía arriesgarse a problemas así que saldría esa mañana a comer con Kael. Bueno qué tenía de malo el chico, casi nada, solamente que había enamorado a su Michiru.
- Prima ¿Estas lista?
- No y no me molestes intento vestirme
Tendría que tomar de la mano a Kael, ser cortés y hasta aparentar tenerle un poco de aprecio o si no Michiru se vengaría de ella. Rechinó los dientes y sin más volvió a la cama, desde allí pensaría bien cómo vestirse.
Por fin Haruka se había deshecho de Kael, se sentía ahogada a su lado, evitando que se empalagara como un gato mimado. Bueno, debía admitir que Kael no era tan mal candidato para su preciosa sirena: era amable, cálido, cariñoso, acomedido, caballeroso, generoso… ¡Su rival! Sí, Michiru podía ser más feliz en manos de otra persona y sin embargo se sentía mal por pensar que ellas estaban destinadas a estar juntas, mas fue la propia Michiru quien se avergonzaba de su relación, quien en oscuros laberintos guardaba su romance y lo que a ella le daba sentido a su vida.
- Necesito regresar a mi cuerpo – susurró
- ¿Me decías Michiru? – respondió su madre
- Nada
Michiru había terminado sus tareas, se sentía mucho mejor y tan fatigada que solamente pensaba en sentarse a tocar el violín o escuchar música. Se metió a la casa sigilosamente, las pequeñas Inner parecían haber abandonado su guarida. Rió contenta. Extrañaba mucho a Haruka, la añoraba con toda el alma y buscaba la forma de que la perdonara, de regresar y volver a ser felices. Se sentó cerca de la puerta observando al abuelo de Rei y las personitas que acudían al templo a hacer sus oraciones y ofrendas. Cuantas veces no acudió a rezar por un poco de esperanza, por un segundo su corazón se purificara y así ver qué era lo mejor para su hermosa dama del viento… levantó la vista observando cómo una muchachita rezaba y pedía con tanta fuerza como ella lo había hecho, la conocía de lejos: Yaél
- ¿Cómo estas? – la saludó cuando ya se marchaba
- Bien – la miró extrañada y Michiru supo que hasta a la pobre chiquilla llegaban los fulminantes ojos de su amante
- ¿Un amor imposible?
- Algo así… Mas bien deseo que esa persona sea muy feliz, porque su sola sonrisa me basta para iluminar mi vida… creo
- Eso es muy tierno de tu parte… Aunque no hay nada de malo en esforzarte porque esa persona permanezca a tu lado y esas sonrisas sean la felicidad que ella siente de estar contigo ¿No lo crees?
- No sé – contestó Yaél reflejando en su rostro una media sonrisa – ¿Y a qué debo el honor que no me trates mal?
- Supongo que amanecí de buenas, además dormí muy bien y no tengo deseos de enfadarme contigo (cualquiera que sea la razón por la que me enfade contigo)
La muchachita por fin tomó asiento a su lado, sacó de su bolsillo unos dulces que le regaló a Michiru. La joven observó su sonrisa, tenía una hermosa sonrisa, una extraña chispa de dulzura y melancolía en su mirar, como un contagio de felicidad difícil de explicar. Su mirada reflejaba esperanza y la ilusión de los sueños que se lucha por hacerlos realidad. Sonrió casi por reflejo, por hacerle compañía al eco de su rostro.
- ¿Te hago mucho la vida imposible?
- No lo creo – esta vez rió nerviosa
- Que raro, eres muy bonita, debía estar coqueteando contigo
- ¿Te parece soy bonita?
- ¿A ti no te parece que eres bella?
Y Yaél se encogió de hombros riendo. Miró al horizonte, allí donde el cielo y la tierra se confundían para siempre. Volteó a ver a Haruka, sentía algo extraño en ella, como si de un día a otro aquella obstinada joven se hubiera transformado en pasividad, pensó que se trataban de ideas suyas, nadie cambia de un día a otro tan drásticamente. Pero Yaél como Serena nunca se quedaría con la duda, le preguntó si su felicidad se debía a algún romance o que por fin la personita que tanto amaba la amaba como ella quería.
- ¿Crees que estoy amargada? – dijo como contestación muy sorprendida
- Pues… este… que te puedo decir yo – sentía pánico de admitir lo que pensaba de ella ¿Y si la golpeaba? – Yo creí que eras hombre, pareces un chico y uno muy popular y guapo
- Pues sí soy un gran chico, ninguna mujer se me resiste, soy guapo, tierno, delicado, detallista, tan…
- ¿Estas enamorada de ti o me describes a quien amas?
- ¡Estoy jugando! – se ruborizó Michiru. Sí describía a quien alguna vez tuvo su corazón – Me voy a meter donde nadie me llama pero ¿Por qué crees que te odio?
- Pues ni idea – rió retirándose un poco de la joven rubia y es que temía tanto de un momento a otro volviera a ser Haruka Tenoh y la golpeara o le hiciera algo que prefería guardar suficiente distancia
Artemis acaba de pelear con Luna y todo por unos simples dulces. Resultó que Artemis en lugar de hacer su trabajo se tomó un receso para comer unos caramelos que unos niños le obsequiaron y entonces se preguntaba ahora qué tenía de malo descansar después de un arduo día. Pero Luna furiosa se dio la media vuelta dejándolo. Para Artemis Luna a veces se tomaba demasiado en serio su labor de guardián, al final Serena ya era bastante grandecita y con experiencia. Claro que Yaél era una chica extraña pero aún con pruebas en mano y así fuera el mismo Lucifer Serena no la abandonaría, comprobadísimo ¿O abandonó a Hotaru a pesar que todos se interpusieron? ¿O a Seya? Bueno podía pasarse la noche nombrando mil personas que ella jamás dejó. Esa era Serena un corazón limpio y puro que lo daba todo por la felicidad ajena.
- ¡Y ahora cómo la contento!
Pero ya no podía pensar en ello, frente a él Sazuke intentaba domar a su bestia para ponerle su collar. Artemis se escondió detrás de unas malvas y se apuró a llamar a las chicas.
- Vamos tranquila.
Y fue una lenta transición hasta que los ojos de la bestia se transformaron en fuegos ardientes color azul metálico que parecieron quedarse perpetuados hasta que aquel color se volvió un azul puro. Caminó lentamente con paso firme que destruía el concreto.
- ¡Vamos bestia!
- No llegarán – murmuró Artemis observando que la bestia estaba por emprender la marcha
No importaban los riesgos, ahora debía defender a su ciudad, a su planeta. Sin más se lanzó sobre la bestia para arañar su hocico, pero el enorme animal de un manotazo se deshizo del gato. Sailor Venus penas alcanzó a llegar a tiempo para rescatar a su gato. Enfurecida lanzó su ataque pero aquella bestia era ya indestructible. Sailor Venus se quedó acorralada con su cadena de Venus atada a una de las patas de la bestia que poco o nada servía para controlarla. Tal vez sería su fin.
La música del piano la adormeció lentamente, como un hipnótico sonido olvidado en el tiempo. Escuchaba ese susurro que no entendía y todas esas ideas, sentimientos y pensamientos escondidos escapaban lentamente para apoderarse de su alma, sentía miedo y se sentía sola porque ya no existía nadie a su lado. Cada paso fuerte marcaba su fin y recordaba escenas de vidas pasadas que tal vez no existieron. Su respiración se volvió lenta, tan pausada que era insuficiente para su cuerpo mortal, sacudió la cabeza buscando más aire. Sabía soñaba. Tal vez habían pasado miles de años en un segundo, terminaba su tortura para en cuarto cuartos iniciar otra agonía más tormentosa.
- Despierta – le sacudió Haruka
- Tengo sed – susurró sin lograr despertar del todo
- ¿Estás bien?
- Sí, soñaba, creo me quedé dormida… Hace días tengo pesadillas, creo – sonrió amablemente a la joven rubia
- Cuando platicamos nuestras pesadillas éstas dejan de ser tan aterrantes
- No es nada… son solamente sueños
Pero Michiru no creía fuera así. La despertó porque sintió alguna especie de magnetismo y choque de fuerzas. Casi estaba segura que aquella niña poseía el poder para ver el pasado y el futuro. Quizá igual que ella, el fin del mundo se le reflejaba en terribles sueños que confundían su mente. Michiru sabía cómo debía sentirse, pues cuando ella empezó a tener premoniciones tenía más o menos su edad. Y su vida la sobrellevó gracias a su alma gemela. Tomó su mano en un gesto de fraternidad y Yaél solamente la observó, quizá todavía temía que hubiera enloquecido. Pero debía ser cautelosa porque no siempre estaría en el cuerpo de Haruka y cuando volvieran a sus respectivos cuerpos, no podría explicarle a Yaél por qué cambiaba de nuevo su actitud
- Serena y las chicas ya se tardaron mucho, yo creo ya no viene ¿Te llevo a casa?
- Te lo agradecería
Mina se tapó el rostro con las manos por un reflejo de supervivencia, aquel disparo jamás sería detenido. La luz de la boca de la bestia salió a toda prisa directo a matarla. Sazuke cerró los ojos cegado por el resplandor, cuando volvió a abrirlos su sorpresa fue mayúscula al ver todavía a Sailor Venus. Observó a los lados buscando quién con semejante poder podría contra su Estrella de Oriente. Sailor Venus también abrió los ojos dándose cuenta que nada había pasado. Suspiró aliviada y vio cómo el pobre Sazuke era derribado de un golpe. Aquel guapo chico la dejó anonada. Sus viriles pechos, sus languiduchos bracitos y esas piernas largas y fuertes. Allí estaba el maravilloso muchacho saltando de nuevo para de un golpe derribar a la temible bestia. Vestía con un traje extraño, una hermosa armadura principesca color dorado y una capa roja que el viento ondeaba. En la cabeza tenía algún tipo de tiara, en el centro un pequeño diamante que brillaba como el sol, la tiara se extendía hasta sus orejas donde tomaba forma de orejas de gato. Su cabello azul era realmente hermoso al igual que el resto de su persona.
- ¡Otro bicho! – chilló Sazuke tirado en el suelo
- Lo siento pero las Estrellas de Dazael me pertenecen
- ¡No pronuncies ese nombre! ¡Nunca! – gritó enfurecido
Aquel guapo muchacho estaba por arrancar del cuello la Estrella cuando Sazuke sacó de sus ropas un pequeño control, apretó un botón y tanto él como su bestia desaparecieron. Así el chico perdió la oportunidad de tener la Estrella. Gruñó furioso.
- Ryan – le gritó Luna cuando el chico estaba por retirarse
- ¡Luna! – gritó eufórico el chico abrazando a la gata – Sigues tan hermosa como antes
- ¡Somos las Sailor! ¿Llegamos tarde?
- ¡Tú que crees Sailor Moon! – gritó Marts furiosa
- ¿Quién? – tartamudearon al unísono y como si lo hubieran practicado Venus y Júpiter
- ¡Ryan! – gritó el gato Artemis lleno de rabia
- ¡Hola! – gritó Serena – Alguien me puede decir quién es él
- Yo soy Ryan, antiguo guardián de las Outer Senshi
- Ex – agregó Artemis furioso
- ¿? – y los ojitos de Serena seguían perdiéndose entre tanta gente que hablaba al mismo tiempo porque nadie hablaba con ella para aclararle qué sucedía.
Setsuna por fin tenía la forma de regresar a sus dos amigas a la normalidad. Esperó por que la Luna dejara de esconderse entre las nubes para recitar el poema que liberaría sus almas regresándolas a su lugar correcto. Al terminar la invocación dijo las palabras de cierre y dos luces se desprendieron de ambos cuerpos, se elevaron por los cielos con rapidez para volver a sus sitios correctos. Michiru fue la primera en abrir los ojos, sonrió al ver que de nuevo era ella. Haruka siguió, se mostró menos contenta por lo logrado por Setsuna y simplemente se limitó a dar las gracias.
- Es todo… Por eso es tan importante recuperar cada una de las Estrellas, el poder que poseen es ilimitado y esto fue solo una muestra de lo que pueden hacer
- No solamente debemos temer a las Estrellas, sino lo que viene con ellas… La furia del reino perdido del Sol… el antiguo reino de las cenizas – agregó Michiru mirando el cielo como si alguna respuesta pudiera darle en esos momentos.
La historia de Dazael retornaba a una época mucho más lejana que el mismo Dazael, mucho antes que el Cristal de Plata fuera la pieza clave del Milenio de Plata. Cuando Dazael era pequeño. En ese tiempo el imperio floreciente se trataba del Milenio del Sol, la tierra iluminada por la luz de las mismas Estrellas. Al contrario que el Milenio de Plata, el Milenio del Sol no necesitaba ningún tipo de energía y sus seres luminosos nunca sufrieron de desabastimientos de energía. Su misma tierra, las Estrellas, los llenaba de luz y fueras para hacer de su Milenio un pueblo floreciente. Aquellas tierras eran divididas en seis regiones que se extendían más allá del sistema solar o la Vía Láctea. Aquel que lo gobernaba todo era llamado el Príncipe Sol quien durante algunos periodos de guerra fue conocido como el Guerrero de la Oscuridad. Cuando Dazael era un niño había escuchado las leyendas de esas tierras de fantasía, muchas veces soñó con ir al Milenio de la Luz para montar uno de los tantos peludos animales gigantescos alados. O beber agua de la cascada de colores. Cuando creció se dio cuenta que el Milenio de Luz se veía algunos años opacado y vulnerable. Se trataba que después de morir el Príncipe Sol el reino quedaba sin heredero porque a diferencia del Milenio de Plata en el Milenio de Sol se esperaba cinco largos años para la reencarnación del Príncipe, entonces pasaban otros quince años antes que se diera a conocer el nombre del Príncipe. Poco a poco el nombre de Príncipe fue dejado para el descendiente de sangre del Rey Sol que pasaba de generación en generación como en el Milenio para evitar el periodo de anarquía y aquel que era el elegido para cargar con el legado de miles de años de sabiduría y vidas pasadas como el Guerrero de la Oscuridad.
- Dos fuerzas contrarias que podrían causar guerra
- No exactamente Marts – comentó con una sonrisa Setsuna – A diferencia nuestra los habitantes del Milenio de Sol respetaban mucho la vida y las leyes naturales
Cuando Dazael comenzó a tener problemas internos de rebeliones más las guerras externas tomó la decisión sabia de pedir ayuda al Reino del Sol quién se la negó. Ellos no intercederían en guerras que no eran suyas, ni mucho menos irían contra el orden natural. Dazael se dio cuenta que la realidad era que el mismo reino del Sol no era mas que una absurda leyenda, pues ni siquiera tenía guerreros para defenderse a sí mismo.
- ¿Y entonces qué nos interesa? – interrumpió Hotaru aburrida del relato. Claro que no era la única
- Nada, que tu vida depende de lo siguiente – una mirada fulminante calló a la niña
Dazael robó cada una de las Estrellas que estaban en las zonas de las tierras del Milenio del Sol. La guerra pronto fue detenida y él se disponía a regresarlas cuando uno de los viejos sabios Sol le habló del por qué su tierra se negaba a utilizar de nueva cuenta las Estrellas. Tenían miedo, miedo del gran señor Guerrero de la Oscuridad. Miedo de su poder y que lograra destronar al Príncipe y señor Sol
- Y entonces ser aliaron para destruir al Guerrero Sol – concluyó Hotaru ya más interesada
- Exacto
- Lo cierto – comentó Ryan – es que las pequeñas y sufridas Outer opinaron siempre que el Guerrero Sol no era el peligro sino el propio Dazael, mientras los buenos sabemos que Dazael reinventó las Estrellas… Historia que imagino les contó ya Setsuna
- Yo quiero oír la otra versión – levantó la mano Sailor Moon
- Yo te voy a completar la versión de los bueno – volvió a decir Ryan
Y Dazael derrotó al Guerrero de la Oscuridad, esperó durante largos años por su reencarnación mientras el poderoso Reino del Sol lentamente se fusionaba con otros reinos como el Milenio de Plata, Némesis y el propio Cat Moon hasta que los sabios anunciaron que el Guerrero de la Oscuridad había nacido, diez años después de su muerte, Dazael bueno y generoso dejó con vida al niño y durante siete años los monjes de un Templo Sol custodiaron a la criatura, pero uno de ellos comenzó a ver que sin enseñanza el niño mostraba talentos especiales, pidió permiso a Dazael para adiestrarlo en las artes de la magia y así el niño pudiera servirlo. Solamente que aquel niño conservaba la maldad de sus antecesores, cuando Dazael tuvo que enfrentarlo casi muere, por suerte aquel niño aún no controlaba la magia de las Estrellas y fue fácil encerrarlo por toda la eternidad en una de las Estrellas, dándole un florecimiento nuevo al Pueblo del Sol
- ¿Cuál pueblo? – refunfuñó Haruka – Si Dazael lo destruyó
- No, lo hizo mejorcito – renegó Ryan
- ¿Y la otra versión? – volvió a preguntar Sailor Moon
- La otra versión habla que la tiranía de Dazael destruyó el Milenio del Sol, el anciano Guerrero de la Oscuridad fue muerto en guerra por las Scouts, Dazael ciertamente esperó por su reencarnación pero ésta parecía nunca llegar, y cuando encontró al niño éste ya tenía siete años, al ver el peligro que corría su reino decidió encerrarlo en una de las Estrellas y es así como las Estrellas permanecieron dormidas hasta ahora
- Lo importante – comenzó Setsuna – Es que el poder de la Estrella Dorada fue abierta, es allí donde residía el alma del Guerrero Sol y debemos localizarlo antes que Sazuke encuentre cómo hacer funcionar las Estrellas
- Lo cierto niña – fue ahora Ryan quien habló – Es que despertar ese niño fue lo peor que le pasó a la tierra, su alma está ennegrecida, fue encerrado muchas otras veces y muerto por su propio pueblo, es tal su poder que aún siendo un aliado de los buenos es un peligro
- ¿Y tú de donde vienes? – se le pegó Venus al brazo contenta de poder abrazarlo
- Pues yo… ¡Yo! Yo era un Guardián o por lo menos en eso iba a convertirme y al final me quedé en nada, he vivido durante mucho tiempo en la tierra sin mucho qué hacer y cuando despertaron las Estrellas he venido a ayudarles y ¡También tengo un gato! Aunque más bonito que el tuyo… sin ofender Artemis
- ¡Me lo muestras!
- ¡Claro!
- ¡No es una reunión para sociabilizar!
Todas las chicas estaban encantadas con Ryan. Era un chico muy alegre, despreocupado y bastante adulador, sabía cómo ganarse a al gente y eso Serena lo notó de inmediato, pues hasta Jordane le pareció era un chico simpático. Después de mucho platicar en casa de Serena decidieron llevarlo por la ciudad para que la conociera. Ryan siempre había vivido en Nueva Zelanda por lo que poco o nada conocía de Japón aún cuando sus padres habían sido japoneses. Había llegado apenas la semana pasada pero no esperaba intervenir mucho ya que veía la situación la tenían controlada… O por lo menos eso decía
- Es un manipulador – decía Artemis – Mina no le creas nada, mentiroso es su apellido
- Cállate Artemis – le dio un suave golpecito en la cabecita cansada de oírlo quejarse
Por fin llegaba al departamento que Ryan estaba rentando. Al abrir la puerta las recibió su gato Meteoro, era un precioso gato pinto que tenía unos ojos azules brillosos y celestiales. Luna se enamoró de nuevo de inmediato. Lo saludó con la fraternidad que le daba conocerlo del Milenio de plata, se abrazaron y una caricia leve con le hocico le hizo el gato y Artemis salió de inmediato de la bolsa donde Mina lo cargaba y se colocó en medio de la feliz pareja
- Artemis – sonrió Meteoro
- ¡Es muy hermoso! – sonreía Mina acariciando al gato
- Sí lo es – contestó Amy también fascinada por el gato
- Ahm yo ya me tengo que ir – y antes que alguien la notara Serena se escabulló lejos de allí.
Lita y Rei acapararon al chico, para escuchar todas las aventuras que tenía por contarles del Milenio, de su vida en Nueva Zelanda y otras que estaban segura se inventaba, como fuera era el momento para "pescar novio"
- Tú ya tienes – la reprendía Rei
- Y qué – decía Lita sin soltarlo del brazo
Serena apenas tenía aliento para contestar. Llegaba tarde con Yaél de nuevo. La abrazó para callar sus reclamos infantiles y sacó de su bolsillo un hermoso osito que le había comprado. Yaél le devolvió la sonrisa, le preguntó por su novio pero Serena no tenía ganas de hablar de cosas tristes y hasta sentía enfado de él, después de una breve llamada en que no le dijo nada y sí la trató como una perfecta desconocida solamente deseaba divertirse.
- El cine estará bien
- Sí – para Yaél cualquier lado estaba bien siempre y cuando estuviera Serena con ella.
En el Próximo Capítulo:
Serena ¿estás
celosa? Yael ahora tiene una nueva amiga y parece que a todas les
agrada la idea de verla muy lejos de Serena
¡Qué!
Jordane está enamorado de Lita… Pero Lita, espera en este
romance hay mano de Mina Aino ¡Mina cómo te atreves a
usar mentiras en nombre del amor!
C O N T I N U A R Á…
