¿Entonces hice bien advirtiendo? Aunque lo pueda parecer Eva, Jared es un buen chico... Ya verás
SIN ALMA
Capítulo VIII
"El infierno dentro"
La niña de seis años y hermoso pelo rojo, corrió a arrojarse en los brazos del chico que según la tradición de la aldea, acababa de convertirse en hombre matando un lobo con las manos desnudas.
- ¡Jensen!, ¡lo hiciste! - El hombre de trece años la cogió en sus brazos sin atender a los arañazos que marcaban su hombro - ¡ahora me podrás llevar contigo!
- Ahora yo cuidaré de ti, porque tú eres mi Alma
SA-SA-SA
Hacían diez días desde que Jared se encargó por completo de la domesticación del salvaje. Incluso echó a Jason, no permitiría que nadie se encargase de su trabajo. El "sin alma" como si quisiera apaciguarle hacía importantes esfuerzos por no enfurecerlo.
Jared estaba fuera de control, para él cualquier excusa era buena para endurecer el adiestramiento que ya en sí era brutal. Ya no tenía reparos en forzarlo, incluso había aprendido a disfrutar del dolor y la humillación del salvaje.
Karen se fue de casa, se fue a vivir con Jane para desconcierto de Jason y de su hijo. Porque aunque la mujer creía que había sido el "sin alma" quien la agredió, no podía soportar como el joven cazador se había implicado en el trabajo encomendado por Lázarus Stark.
El día que llegó la transferencia con la indemnización de Karen, Jared tuvo una pelea con la veterinaria, ésta acostumbraba a llevar a su esclavo para ayudarla con las curas, no le gustó cómo el "sin alma" de Jane tocaba a su salvaje. Le prohibió a Jane que volviera a traerlo, y no la echó a ella también pues era el único contacto que tenía con su madre en ese momento.
Los días se fueron sucediendo, lentos y dolorosos, sin apenas variaciones en la rutina, hoy un par de palizas, mañana... Jensen dejó de hablar o resistirse después de dos semanas, después de un mes dejó de comer. Nada podía frenar la furia de su torturador.
El cambio de actitud sobrevino a los dos meses de esa situación. El día antes Jane lo mandó a la mierda tras examinar por última vez al prisionero y su madre vino a casa a verlo.
Todos los años, desde que Jared tenía uso de razón, en el aniversario de su padre, viajaban a su pueblo natal, en Europa central. Ese año las cosas no iban a ser como siempre. "Cuando veas a mi auténtico hijo" le dijo la mujer "Le dices que aún sigo esperando que se comporte como un ser humano". Y la mujer volvió con su amante, dejando a su hijo solo con todo el dolor de su corazón.
Así que cuando se fue su madre, decidió desquitarse con el que consideraba el responsable de todos sus males.
- Tú tienes la culpa – el salvaje ni reaccionó, siguió tirado en el suelo, tal como lo había dejado unas horas antes, lo tocó con el pie – ni respondes ya, pedazo de mierda.
Sus mismas palabras le sorprendieron, ¿porqué hacía eso?. Se agachó junto al salvaje que se encogió como si temiera otra paliza. Había adelgazado, muchísimo, y Jared se maldijo por no haberse dado cuenta antes. Lo levantó del suelo y se asustó al comprobar que el rubio estaba tan débil que no se mantenía en pie por sí mismo.
Lo llevó al baño, lo metió en la bañera llena de agua tibia y comenzó a lavarlo con cuidado, como si el prisionero se hubiese vuelto de cristal. El "sin alma" se dejaba hacer, sin moverse, sin abrir los ojos. Sabía que estaba vivo porque respiraba, y por el estremecimiento de terror que sacudía el cuerpo del salvaje cuando sus manos se acercaban a zonas especialmente maltratadas.
Jared no comprendía cómo en menos de un minuto había pasado de torturar sin piedad a sentirse un auténtico monstruo. Él no era así, él no hacía lo que esos dos meses había hecho. Sacó al muchacho destrozado del agua y lo envolvió en una enorme toalla sin acabar de entender cómo había pasado todo eso.
Lo secó con delicadeza, con suavidad. Sintiendo el terror que inspiraba a su prisionero y se le partió el alma al comprender que nunca podría hacer nada para arreglar lo que le había hecho.
- Lo siento – dijo roncamente abrazándolo con cuidado y apoyando su cabeza en el cuello del salvaje - Lo siento
Comenzó a llorar, él no era un monstruo, él no disfrutaba torturando sin piedad a los "sin alma". ¡El salvaje no era responsable de sus actos! ¡Era sólo una criatura sin conciencia que se movía por instinto! No podía inculparlo por atacar a su madre o por ser tan hermoso que un Primero lo eligiera como receptor o por ser tan terco que se había enamorado sin remedio sabiendo que lo único que podía esperar a cambio era miedo y odio a partes iguales.
- Las cosas van a cambiar – consiguió decir cuando se recuperó un poco, lo llevó a la cocina y sintió el pánico con el que el rubio se encogió en el suelo alejándose de la mesa – se ha terminado, no volveré a hacerte daño, tranquilo.
Durante un rato estuvo preparando unas verduras para hacer puré seguido por la intensa mirada del salvaje. "Jane me dijo que tu nombre es Jensen" Charlaba sin parar, nervioso, acelerado, cada vez que daba un paso que se acercaba al "sin alma" porque tenía que coger algún utensilio o algún ingrediente, notaba cómo el otro se encogía esperando un golpe o algo peor. "Jensen es un nombre interesante para alguien tan cabezota como tú, Uf , el puré está hirviendo, vamos a vestirte mientras se enfría un poco".
Lo puso sobre la cama, mientras buscaba algo que ponerle que no le estuviera exagerado de grande "No" protestó aterrado cuando le puso una camiseta.
- Voy a vestirte y tú no tienes fuerzas para oponerte, así que no seas cabezón – le dijo revolviéndole el pelo con fingida alegría.
El otro suspiró agotado y se dejó hacer. "Hoy ya no te ataré" le dijo cuando al vestirle, Jensen colocó los brazos a la espalda para que lo atara. Pensó que darle de comer no sería tan complicado, pero se equivocaba.
Por tres veces trató de darle una cucharada de puré, y por tres veces le dio un manotazo a la cuchara echándole el contenido de la misma a la cara. Jared se puso colorado, a punto de estallar, el salvaje lo miraba como esperando que se liase a golpes con él pero en lugar de parecer asustado era como si lo retara a hacerlo. Suspiró, volvió a llenar la cuchara y se volvió a encontrar todo el contenido chorreando cara abajo. Jared se echó a reír.
- Está bien, Jensen, seguro que ésto es menos de lo que merezco.
El rubio estaba desconcertado. No sólo no lo machacaba a golpes por lo que había hecho sino que lo trataba con cierto ¿cariño?. Al verlo reír a carcajadas con la cara llena de puré, al "sin alma" se le escapó su primera sonrisa en lo que parecía una eternidad. Cogió titubeante la cuchara, y muy despacio, como si se acostumbrase de nuevo a tragar, comió él solo.
