SIN ALMA
Capítulo XI
"Todo se precipita"
Pegasus despertó del coma en una de las suites para invitados de la Torre de Cuarzo, la roca que forraba las paredes canalizaba el flujo irregular de su ECU volviéndolo estable. Lázarus estaba allí. El líder mundial sostenía en sus manos a la pequeña Alma y le sonrió con sus imposibles ojos de plata.
- Mira Alma, tu papá ha despertado – se sentó en la cama apartando un mechón azabache de los también azabaches ojos de su amigo - ella quería verte, así que la he traído.
- La has condicionado – protestó el enfermo con voz cansada acariciando la roja cabecita
- Llevaba tres días llorando y ni siquiera Alezeia podía callarla.
- Dámela – su amigo se la puso entre el cuerpo y el brazo izquierdo – es preciosa ¿verdad?
- ¿cuando le vais a poner su implante? - Pegasus miró horrorizado a Lázarus "es muy pequeña" - El cambio está preparado para esta tarde.
- No se va a hacer hasta que hable con él
- Como quieras.
SA-SA-SA
Los miembros del grupo de liberación acogieron con desconfianza al cazador en su reunión. Jared afrontó las miradas de condena y asco de los presentes con entereza. No le importaba lo que pensaran de él, de todos modos no sería peor que lo que pensaba de sí mismo. Si estar allí podía ayudar a salvar a Jensen, ese era su sitio por muy desagradable que fuera.
Ese día no sólo había perdido a Jensen, había descubierto (aunque de algún modo siempre lo supo) que los "sin alma" eran tan animales como cualquier persona, que su madre formaba parte de un desconcertante triángulo amoroso con Jane y Misha. Que Misha era uno de los cabecillas de una organización secreta que pretendía acabar con la hegemonía de Lázarus Stark. Pero lo que más le había impactado haciéndole sentir más miserable si cabe, fue enterarse de que quien agredió a Karen fue Jason.
Durante la reunión se pudo dar cuenta de más cosas, de lo organizados que estaban, de hasta dónde llegaban sus influencias. Habían sabido que el mismo Pegasus había aplazado el cambio. Se rumoreaba que el Primero estaba obsesionado con el "sin alma" y había pospuesto el cambio hasta no verlo y hablar con él.
- Eso da margen para rescatarlo – no pudo evitar decir en voz alta
- No conviene hacer eso – uno de los cabecillas expuso el plan de la mayoría – si su mente es fuerte, el cambio no será efectivo y Pegasus morirá asestándole un fuerte golpe a Lázarus dónde más le duele.
- ¿y qué le pasará a Jensen? - inquirió el chico presintiendo la respuesta – también morirá ¿no? No os importa sacrificarlo en pos de vuestros planes...
Una de los "sin alma" asistentes a la reunión, una mujer de escasos veinte años se encaró con él "¿Sacrificarlo? ¿quieres decir tratarlo como a un animal? ¿crees que eres el más indicado para criticar nuestras decisiones, cazador?. Sin embargo señores y señoras, Padalecki tiene razón, pues todos los indicios apuntaban a la posible conversión de Pegasus Sade a nuestra causa, y ese sí que sería un duro golpe para Lázarus Stark"
Misha apretó el hombro de Jared mostrándole su apoyo, fue un gesto más de cara a los presentes que de consuelo. Con él afirmaba su confianza en el cazador, lo que, aunque no hacía que el muchacho obtuviese simpatías, sí servía para que se relajase la hostilidad hacia él.
- Nadie va a sacrificar a Jensen, vamos a sacarlo de ahí, porque – los ojos del "sin alma" más azules y penetrantes que nunca condicionaron a todos los presentes sin que lo advirtiera nadie salvo el propio Misha – ese muchacho es el que Ángelo eligió para encabezar la rebelión abierta.
SA-SA-SA
Pegasus se sentó en el suelo de la jaula, frente al "sin alma" prisionero, que lo contemplaba inexpresivo con la cabeza apoyada en la pared. El Primero puso una mano sobre las rodillas firmemente sujetas por una banda de presión.
- ¿aún quieres morir? - le preguntó recordando su primer encuentro, no obtuvo respuesta de ningún tipo – Se lo que te han hecho, y por lo que has pasado estos últimos meses. Lo siento, fue idea de Lázarus, cree que si estás domesticado, tu mente no bloqueará el cambio ¿sabes?
Jensen no respondió ni hizo gesto alguno que hiciese suponer que había escuchado algo de lo dicho por el Primero. Éste soltó las bandas de presión de las piernas y dos de los guardas personales de Lázarus entraron de inmediato en la jaula armados con aturdidoras.
- Traedlo – les ordenó, los dos soldados cogieron al salvaje y lo sacaron de la celda en pos del Antiguo, condicionados por su voz – muchas gracias chicos, desatad sus manos y dejadnos a solas.
El "sin alma" permaneció de pie sin moverse, como una estatua de museo. Alezeia entró en la habitación con el bebé en brazos y miró enfadada al hombre inmóvil y a su esposo.
- ¿Para qué querías que viniera aquí con la niña Pegasus?
Pegasus cogió a la pequeña de los brazos de su esposa dándose cuenta de que la pose de indiferencia del prisionero se resquebrajaba por momentos. "Quieres que cambie, ¿no? ¿porqué no echas un vistazo más de cerca al que va a ser mi nuevo cuerpo?" No había nada de ironía ni de diversión en la negra mirada del Primero.
La mano de Alma, de Alezeia, acarició la fina cicatriz que Jensen tenía bajo el pómulo derecho mientras el rubio trataba inútilmente de permanecer impasible al escrutinio. Ella inspeccionó el fino y rubio cabello, titubeantes, sus dedos recorrieron la solitaria lágrima que escapó al control del salvaje.
Cuando tocó sus labios, llenos y suaves el "sin alma" no pudo aguantar un suspiro agónico. "Desnúdate, quiero ver el resto", el muchacho bajó la cabeza derrotado y se quitó el mono naranja que usaban todos los "sin alma" prisioneros. Despacio, como si se arrancase la piel junto con el tejido.
- Vale, no está mal – Alezeia siguió examinando cada rincón del cuerpo del salvaje, sin importarle para nada ni la angustia del espécimen ni la enigmática sonrisa de su esposo mientras acunaba a la niña. Y entonces sucedió lo que esperaba su marido. La Primera sintió curiosidad por cómo sería besar aquellos labios antes de que el alma de Pegasus ocupase aquel cuerpo.
Sintió tantas sensaciones en aquel beso, tantas emociones que no había sentido en siglos. Reacia a separarse se forzó a dar un paso atrás tocándose los labios y mirando al prisionero como si lo viera por primera vez. En sus seiscientos años de vida sólo había sido besada así en otra ocasión, con esa amargura, desolación y a la vez con un amor indestructible e incondicional.
Con el beso aún quemando en sus labios la mujer más poderosa de la Tierra salió de la habitación como una niña asustada. El salvaje la había besado como Ángelo, la noche que lo denunció ante los demás Primeros.
Pegasus ya tenía lo que quería, ya había tomado su decisión. Acarició la cabeza gacha del muchacho "Lo has entendido, ya no es ella" el más joven lo miró derrotado.
- Esta sí es tu hija, y ya nadie podrá hacerle daño – el Primero puso a la pequeña en los brazos desnudos de su padre, sorprendido de que su condicionamiento no funcionara con él.
- Alma – aterrado Pegasus se dio cuenta de que era él mismo el que estaba condicionado por el salvaje
- Alma – Jensen suspiró y devolvió la niña al hombre que tenía frente a él, el que iba a acabar con su vida pero que a cambio protegería a su niña contra todo y contra todos.
- Está bien, al menos ella estará a salvo – suspiró el muchacho.
