Estrellas de Oriente

EN CONTRA DEL DESTINO.

Capítulo Especial de Navidad.
Hoy presentamos:

15. Serena y Yael salvan la navidad

Serena por fin había conseguido un buen empleo. De acuerdo solamente había conseguido un empleo, que aparte de mal pagado era desquiciante. La pobre jovencita la hacía de ayudante de un fotógrafo, cargaba todo su "cachivachero", le llevaba café, almuerzos, comidas y hasta le tocaba recogerle la ropa de la lavandería, como fuera tenía un empleo y hasta un pretexto perfecto para desaparecer de la vista de su primo o cualquier otro.

- Tengo trabajo – contestó a su padre

- ¿No crees que te explotan? – opinó su hermano un poco contrariado

- No, está bien – sonrió de nuevo – Vayan ustedes al balneario, yo aquí estaré bien...

- Me agrada seas tan responsable y trabajadora – la felicitó su madre y Serena comenzó a tartamudear nerviosamente

Pero sus razones ese día se debían a Yael. Claro que no existía un motivo real para que Serena mintiera. Con Jordane era lógico de esperarse, el chico odiaba a la pobre niña y hasta donde sabía más de una ocasión se había dado a la tarea de seguirlas para cuidar que la loca niña no la asesinara, pero a esas alturas el único psicópata demostrado era su primo, hacía unos días se había topado a solas y de frente con Yael, sin miramientos le quitó su mochila, tiró sus libros a media calle y de un empujón la mandó contra el aparador de una panadería. Ni el mismo Jordane entendió por qué realizó aquel acto salvaje, accedió a declararse culpable y pidió una atenta disculpa a la niña. Claro, que ello ocurrió cuando Serena lo acusó con su padre

- Papá la chica siniestra y psicópata apenas está en secundaria y el mastodonte la golpeó

- ¡Jordane! – gritó el hombre furioso

Lita y Mina se mantenían imparciales aunque no dejaban de darle la razón a Jordane, el amor platónico y el aura magnética del chico cegaba a sus amiguitas. Serena temía tanto que un día le dijeran por error al chico que ella estaba con Yael y el muy loco saliera disparado a matarla que prefirió omitir de sus relatos el nombre de la niña o cualquier cosa que la relacionara con ella. Rei y Amy creía firmemente que Yael estaba mal de la cabeza, era muy extraña, solitaria y hasta algo inadaptada, ambas creían que la amistad de Serena la estaba dañando, desde que la rubia se convirtió en su mejor amiga la niña se volvió más problemática y hasta sociópata

- ¿Y qué es eso?

- ¿Sociopata? Bueno en realidad no lo es pero le ha dado por ser muy mentirosa y bueno – pero Amy no quería dar muchas explicaciones porque su sensatez estaba muy nublada por sus propios problemas.

- Mira Serena ella debe tratar gente de su edad física – contestó Rei con arrogancia

- ¡Qué! – gritó muy ofendida

- Ya oíste

Si era o no verdad nadie le daba razones válidas para alejarse de la chiquilla. Así que decidió olvidarse de preguntas, evitaría que cualquiera supiera cuánto amaba a Yael, aun quedaba mucho por inventar y mucho por crear, y en esos momentos ambas querían vivir no cuestionarse ni ser cuestionadas. Serena tampoco cuestionó a Yael de sus razones para mentirle a Amy o a la señora Mizuno sobre con quién y dónde estaba. La primera vez que lo hizo Serena abrió desmesuradamente los ojos. Oyó claramente cómo le decía a la señora Mitzuno que estaba en la biblioteca terminando su informe sobre la segunda guerra mundial, que aún le faltaba mucho... Pero temió preguntar y después... después el mundo ya no importaba.

Sazuke se sentía absurdo acostado en la azota en espera de que su cuerpo adquiriera un poco de calor. Ya lo había intentado todo aquella mañana, hasta había intentado crear un microondas gigante para meterse en él. Miró al cielo y por lo bajo soltó un par de largas injurias para el sol que ahora a pesar de su luz no irradiaba nada de calor. Guardó silencio cuando sintió la presencia de Luz. Hizo la cabeza hacia atrás observando a su hermosa compañera vestida con su uniforme escolar. Sonrió.

- ¿Has encontrado las Estrellas?

- He encontrado el remedio a mi frío... Tokio arderá... arderá – después vino una risa macabra que erizó a Luz

- Pídele un calentón a Santa

- ¿El hombre barbudo y barrigón vestido de rojo del centro comercial?

- Sí... si has sido un buen niño él te traerá un regalo

- Vaya... pues quisiera las Estrellas de Oriente

- …l puede traerlas – acarició su barbilla en un coqueteo habitual entre ellos – ¿Qué no sabes nada de la humanidad? Pues dónde has vivido todo este tiempo ¿De dónde eres?

- ¿Me creerías si te digo que no lo recuerdo? Es como si antes de esa noche no hubiera existido... era una noche fría, como esta... bueno mi vida en sí siempre tiene climas fríos... y luego salía de una zanja, estaba mi rostro lleno de tierra y mis manos congeladas... había ruidos extraños, como de sirenas... Oía voces siniestras y perros ladrando, corrí y corrí hasta que ya no pude más... vi una barda y luego cuando desperté estaba en un hospital de una extraña ciudad...

- Y luego conociste al jefe

- Sí... Y fuera de ello no logro recordar nada bien... es como si mi vida antes de esa noche hubiera sido un vago sueño del que solamente tienes conciencia existió pero no puedes recordar

- He tenido de esos sueños...

Fue un grave error, Yael lo reconocía, pero ella cómo iba adivinar que el pobre Sazuke no tuviera nociones de lo que era realidad y ficción. Estaba apunto de intervenir cuando reconoció entre la multitud a Serena, ahora debía evitar a escondidas que Sazuke matara a todos los hombres que con su traje de santa color rojo aguardaban para la entrevista de trabajo.

- Señor no somos Santas... nos contratan para fingirlo – decía el pobre hombre

- No mienta –decía Sazuke seguro de que todo mundo le estaba engañando

- Santa vive en el Polo Norte y allí lo puede localizar

- ¡De verdad! – gritó contento

Sazuke haría todo por exterminar a Santa, así tomaría su lugar para después apoderarse de la navidad, las ilusiones y sueños de la humanidad... Después, después simplemente podría otorgase sus sueños, deseos e ilusiones más puras y ocultas. Quizá Sazuke había enloquecido, quizá su ingenuidad ante lo que era humano y real había dado cabida a semejante idea o lo que era peor su desesperanza había dado por fin frutos, había permitido que ideas quiméricas y risorias se apoderaran de su mente para mantener una vaga ilusión de vida verdadera antes de enloquecer. Y quién no se sentiría sin esperanza, quién no perdería las razones lógicas cuando un frío mortal se apodera de nuestro cuerpo, cuando para lo único que se vive nunca se logra. …l solamente quería unos minutos de calor, daría cualquier cosa para por un instante sentir aquella calidez que vagamente recordaba, por hacer que ese bello destello de lo que parecía un sueño se perpetra en su mente quedándose allí por unos minutos.

- Te ves mal – le había dicho la semana pasada

- Es que no he dormido bien, tuve pesadillas...

- Eso debe ser espantoso – sonrió Sazuke regresando su vista a la pantalla

Sazuke no dormía, ni siquiera ocupaba comer y mucho menos ir al baño. Desde que conoció a Luz se había dedicado a aparentar más humanidad, acostumbraba tomar un alimento por día pero como Luz siempre estaba tragando porquerías él pronto tomó la costumbre de comer a todas horas, aún cuando la comida no le sabía a nada. Después empezó a tomar siestas para fingir un poco humanidad. Cerraba los ojos procurando no pensar en nada ni moverse por espacio de una hora, era aburrido y de vez en cuando relajante. En uno de esos momentos un destello, que parecía un recuerdo, vino a su mente. Veía a una hermosa y joven mujer, jugaba con un pequeñito de hermosos cabellos rubios castaños, después la mujer volteaba a verlo, y él podía observar sus hermosos ojos grises. Fue algo tan hermoso que pronto alargaba las horas de su siesta en espera que aquel destello de un recuerdo durara más de cinco segundos. Fue en ese momento que su cuerpo sintió cierta calidez y algo tan extraño que nunca pudo comprender

- Bueno quizá fuera algo como amor... es inexplicable pero se siente muy bien... O era felicidad

- ¿Felicidad? Pues no sé pero era algo muy extraño, como una explosión cálida, como una emoción... como si algo dentro de mí se expandiera, algo muy hermoso

- Supongo que era un buen sueño o un recuerdo bonito

- ¿Cómo haces para tener hermosos sueños Luz? ¿Cómo haces para soñar?

- No sé – rió nerviosamente Luz. Odiaba cuando Sazuke se empeñaba en saberlo todo, era como un niño pequeño preguntón

Serena lo escuchó, acaba de amenazar a Santa Claus y la navidad entera. Pensó en detenerlo en aquel momento, corrió para transformarse y justo cuando daba la vuelta a la calle chocó contra Yael. Ambas niñas se vieron nerviosamente, Yael inquieta guardaba entre sus bolsillos algo y Serena por su parte hacía lo propio con su transformador. Hubo un profundo silencio que pronto fue roto al ver pasar como ráfaga de luz a Sazuke con sus armas mortales y su mochila al hombro para su osada expedición

- Secuestrará a Santa – chilló Yael sin ser conciente de ello

- Bueno, pero es que...

- Tenemos que detenerlo, está loco

- Bueno y qué podemos hacer nosotras, además tú sabes que Santa, bueno, tú sabes lo de Santa ¿no?

- ¿Qué?

- Pues que Santa no... bueno Santa es como el ratón de los dientes – tartamudeaba la pobre rubia

- ¿Mágico?

- Este no... como los héroes de caricaturas o los animales parlantes

- ¡Mágico! – sonreía Yael también nerviosamente – Conoceremos el país de los dulces – volvió a reír presa del pánico

- ¡El país de los dulces! – Serena se puso en pie como si un resorte la hubiera empujado. Saltó de un lado a otro mientras su hiperactiva imaginación hacía de las suyas. Primero pensó en el trineo de Santa que estaría forrado de caramelo, luego en los renos que quizá fuera de chocolate con ojos de gomita. Imaginó las casitas, muñequitos de dulce caminando y tejados de galleta de algún rico sabor, imaginó un rico río que bien podía ser de chocolate o de algún rico caramelo que pintaba la lengua de azul

- Serena estás babeando

La jovencita seguía soñando con aquel hermoso país. Tantos años imaginándolo, tantos años que había escuchado de él, sí, sabía no era mentira ni una falsa ilusión como lo era el ratón de los dientes, las hadas, santa... ¡Era real! Y pronto ella estaría paseándose por deliciosas calles, se comería un reno y muy probablemente lamería el trineo de Santa (De ambos lados para que no quedara disparejo) de cualquier manera Santa ya estaría muy enojado por comerse a uno que otro de sus gnomos y tomar prestados sus ojitos de gomita. Un golpe la hizo volver a su realidad, Yael la miraba con preocupación y quién no lo estaría cuando había babeado tanto, lo suficiente para hacer un enorme charco a sus pies.

Para cuando Serena reaccionó ya estaba en el aeropuerto preguntando precios para el vuelo más cercano al polo norte. Tampoco Yael supo exactamente cómo sucedió aquello. Quizá se debió a sus ánimos encendidos e ideas quiméricas. Para el anochecer ambas ya tenían una idea certera de cómo llegar con Santa. Sin más discusiones decidieron ir a casa para preparar sus maletas y juntar los ahorros de toda su vida.

- Nos veremos en una hora – dijo Serena – En mi casa

La rubia jovencita llegó a su casa buscando a su gata, pero por desdicha el animal parecía haber desaparecido. Así pues, tomó el teléfono. Marcó a Amy, no se encontraba, estaría en el hospital hasta las once de la noche. Marcó a Lita, tampoco la encontró y como no estaba en la cafetería supuso que estaría con Jordane. Marcó a Mina. Nada. Marcó a su última opción, Rei. Pero tal parecía que esa mañana a todas se las había tragado la tierra. No podía esperar, ella tendría que ir sola al país de los dulces y comerse sola a los venaditos de santa y los ojos de gomita de todos los gnomos. De nuevo babeo. Esta vez fue su hermano quien le llamó la atención.

- Déjame en paz o no te raeré nada del país de los dulces

- ¡Cómo! – volteó Sami verla – Eso no existe Serena boba

- Sí, es una tierra hermosa, donde el pasto es de chicle y las casitas son de dulce, con tejados de galleta y los cristales son de azúcar glas y...

- Serena... Serena ¡Estás babeando de nuevo!

Yael ni siquiera se molestó en dejar una nota para la señora Mitzuno, regresaría antes que alguien notara su ausencia. Sacó de debajo de su cama su mochila, la única posesión que quedó de su vida pasada. De una bolsa lateral calló un pequeño sobrecito. Yael ya no recordaba aquel paquetito que ella misma de niña había sellado. Lo tomó entre sus dedos como si presagiara que abrirlo significaría remover un pasado olvidado. Lentamente sacó del sobre cada uno de los papeles. Cartas en papeles de colores, papeles legales, unas fotos maltratadas y una cadena de oro con un hermoso dije de corazón. Sonrió, hacía tanto tiempo que anhelaba encontrar a la persona ideal, a quien entregaría una mitad del corazón mostrándole cuánto la amaba y la amaría eternamente sin importar destinos, sin importar futuros... miró las fotos y sus recuerdos volvieron en ráfagas centellantes de dolor. Allí estaba la prueba fehaciente de que alguna vez tuvo familia. En aquella fotografía se veía a dos personas adultas, un hombre serio con su bigote canoso y sus ojos sin vida mirando fijamente, una bella mujer que con aura celestial abrazaba a su esposo, una joven muy bella de piel blanca y rizos hermosos. En medio una pequeña niña, con sus hermosos ojos vivarachos, su morena piel contrastando con la de su familia, su cabello negro alaciado que le hacía verse muy tierna.

- Ya no lo recordaba – sonrió con pesar

Ya no lo hacía. Debía darse prisa o Sazuke terminaría por cumplir su cometido y terminar accidentalmente con la navidad. Después pensaría en lo que se llevó el tiempo, después pensaría en su hermana...

- Regresa temprano a cenar – le dijo la señora Mitzuno al verla salir

- No puedo – contestó ya fuera del departamento

- Yael – pero sus gritos fueron en vano, la niña ya estaba muy lejos para escucharla

Una piedrita pequeña golpeó la ventana de Serena y la jovencita rubia se apresuró a bajar con Yael. Todo estaba listo. Hora de salvar a Santa Claus, hora de vivir la magia de una navidad anticipada… Hora de descubrir que el destino siempre tiene una carta extra bajo la manga pues caprichoso es y desea todo se haga de acuerdo a lo escrito…

Si la geografía de Yael no estaba equivocada (Y Serena esperaba fuera no) estaban en Siberia a un pequeño paso para el polo Norte. Serena tiritaba de frío, casi no podía moverse y sus labios que una vez fueron rosados hoy eran morados. Apenas estuvieron fuera del aeropuerto y Serena se dio cuenta que había abandonado su país, sus amigas y el lenguaje que ella entendía.

- ¿Qué dijo? – movía inquieta la cabeza pensando

- Es ruso – contestó Yael también preocupada – Creo en nuestro salvamento hemos olvidado el diminuto detalle del lenguaje – su voz sonaba cada vez más preocupada – Pero recordemos que Santa Claus sabe todos los idiomas – rió a carcajada suelta

- Pero Santa no existe – musitó la rubia moviendo inquietamente sus deditos

- ??????? – dijo el chico ruso en un tono coqueto

- ??????? – contestó Yael al ruso

- ¡Hablas ruso! – gritaba Serena espantada de ser ahora la única en no entender a esa gente palidita

- Un intento – susurró la niña cuando vio que el ruso sonreía como quien siente pena por la estupidez ajena – Chance y le dije lo correcto… o pedí un plátano… No sé intenté decirle que queremos ir a la fábrica

- La fábrica de dulces y juguetes de Santa Claus – decía encantada mientras el muchachito ruso seguía observándolas con gracia.

Como fuera. Después de mucho batallar consiguió por fin hacerse de un trineo y un par de perros más flacos que el hombre, cosa que ya espantaba. Serena moría de frío pero la alegre idea de comerse los ojitos de gomita de los gnomos o lamer el carruaje de Santa la enloquecía lo suficiente para que volviera a saltar animada. Trepó al trineo mientras Yael intentaba despegar sus pies del suelo. La chica rubia saltaba alegremente y con las riendas en mano gritaba emocionada para que sus grandes y flacos perros la arrastrar rumbo a la fábrica de Santa Claus

El recorrido había iniciado hacía cinco horas, los perros jadeaban como si de un momento a otro fueran a desplomarse sin sentido y Serena empezaba a dejar de sentir los deditos que ya el frío tenía de color morado debajo de tres pares de guantes. Yael por su parte había conseguido unos prismáticos nocturnos con los cuales buscaba en los alrededores al torpe pero peligroso Sazuke. Según el señor de los perritos, un hombre de similares características a las de Sazuke había llevado hacía muchas horas a todos sus perros.

- Sazuke debió sentir compasión por los animales – se decía mientras el recorrido seguía de forma monótona – sino cómo explicar que los rentara todos, él sabe que de nada valdría llevara más perros de los que se necesitan

- ¡Muero de hambre! – gritó Serena al punto del desmayo

- Yo también ¿Ves la casa dulce de Santa?

- No – y la pobre de nuestra heroína seguía buscando la forma de explicarle a su amiguita que Santa Claus no existía. Trató de pensar como Lita, pues creía que de todas era la que mejor podía dar una noticia tan cruel sin mucho daño

- Dulces… Santa… Dulces…Santa… Galletas – canturreaba feliz mientras Serena se torturaba buscando cómo explicarle la verdad

Y recordar era vivir. Se veían en los almacenes o en los mercados, entre más gente hubiera más fácil encontrarse. Se paraba a escoger ropa de barata mientras observaba cómo Serena hacía lo propio. Parecía un extraño juego de Romeo y Julieta que ni ellas entendían. Sus manos tomaban la misma prenda, Serena comentaba una tontería y luego Yael le decía que no era su talla, lo demás era fácil: Salir de allí. Moría de ganas, pero no sabía de qué o quizá ni siquiera quería averiguarlo. Yael estaba enloquecida por la nieve y las fechas. Andaba casi todo el día en la nieve y jugaba tanto que Serena terminaba rendida. A veces se tiraban cerca de la ventana para observar la estrella que supuestamente guiaba a Santa. Serena la ignoraba, creía que jugaba pues tenía 15 años y a esa edad era imposible seguir creyendo que Santa Claus de verdad existiera… era más fácil creer en el país de los dulces. Si hoy fallaba en intentar decirle la vedad no era la única… Amy también lo intentó. Estaba poniendo la mesa cuando escuchó como la niña le decía a su madre que Santa le compraría todo lo que pidió porque fue buena niña.

- ¿Puedes llevar mi carta al correo? Quiero le llegue pronto… le enviaré un e mail y también iré al almacén para hablar en persona con él

- Sí, supongo – reía la señora Mizuno

- ¿Mamá? – interrogó dubitativamente Amy. Si a ella le robó el sueño a la edad de siete años porqué a Yaél le permitía aún esas niñerías

- Juro que lo odio – explicaba la mujer – Pero intenta explicarle a Yaél sin herirla que santa no existe… ¡Tiene explicaciones para todo! – se dejó caer en el sillón, con la carta aún en mano – Juro que esa niña tiene fe ciega en Santa

- Yaél – se fue a la cocina

- Mande

- Debemos hablar sobre… Santa

Y como su madre lo dijo, la chiquilla tenía una explicación para cada teoría. Le habló de cómo podía matemáticamente repartir tantos regalos en una noche pero sus cuentas fueron refutadas por una teoría absurda de tiempo y espacio que modificó de Einsten, y aunque la teoría era extraña era tan factible como la idea de una cuarta dimensión. Intentó explicarle que eran gente disfrazada y ella alegó que Santa no tenía tiempo para acudir en persona

- Pero en verano puedes verlo en persona

- Nunca está en un almacén en verano – refunfuñó la joven

- Claro que sí pero a ver dime cómo podía estar en todos los almacenes todos los días – le guiñó el ojo – Y si sigues dudando te traerá un pedazo de carbón… ¡Fe!

- Eres una necia – gritó enfada al ver que había perdido hora y media con un crío malcriado

Pero Amy tampoco fue la única. Lita al enterarse lo intentó, pero Yaél cansada del tema evadió cada una de las peguntas. Rei también quiso mostrarle que Santa era para niños pequeños y ella debía dejar de creer solamente que no halló el valor necesario para confesarle la verdad. A Minako le negaron el derecho de convencerla pues como era lo único que lograría era arruinarle su navidad. Entonces, hoy, Serena no podía sentirse tan culpable todas lo intentaron sin el menor logro.

- Veremos a Santa en persona qué emoción

- Sí – sonrió con pesar

Pero Serna no estaba muy lejos de las razones que la habían llevado a Sibera. Mientras Yael intentaba salvar a Santa Serena protegería con su vida el país de los dulces que claro, después se comería como recompensa

La noche había llegado. Debería acampar y Serena sentía un terror de quedarse a oscuras en medio de aquel sitio aterrante en el que lo único que se veía era nieve y se oían lobos. Miró a Yael al escuchar a ese temible lobo, pero la niña estaba muy ocupada levantando el campamento como para darse cuenta del temor de la jovencita rubia. Encendieron el fuego que amenazaba a cada segundo con apagarse. De nuevo un agudo aullido y ambas se abrazaron pensando que de todas sus ideas aquella había sido la más loca y terrible.

- Lo siento – se soltó Serena de Yael

- No importa

Y de verdad no importaba tanto como parecía, importaba la dejara de abrazar. Observó sus labios moraduzcos y sintió un extraño deseo, algo que no lograba explicar era una sensación de vértigo confundida con miedo y hambre. Serena también se acercó peligrosamente a ella, como si quisiera decir algo en secreto. Por un segundo se quedaron allí, observándose en silencio sin decir nada pues sus miradas reflejaban ya la confusión en sus mentes.

- ¡De nuevo ese lobo! – gritó Serena trepándose en Yael

- Au – chillaba la niña

Ninguna de las dos podía dormirse. Temía que mientras lo hiciera la otra se convirtiera en la cena de los lobos. Así que en cuanto vieron un poco de luz o creyeron amaneció levantaron el campamento para seguir al norte. Yael habló todo el camino sobre el país de los dulces y hasta aquí Serena estaba muy feliz, pero cuando empezó a hablar de Santa la chica creyó morir.

- Santa no existe – murmuraba

El viaje se prolongó lo bastante para que las esperanzas se murieran, hasta el país de los dulces dejó de tener importancia alguna. El frío helaba los huesos, sus mejillas siempre estaban llenas de nieve y sus párpados en un milagro se mantenían abiertos. Serena oía a Yael con sus historias sobre Santa y cuando de niña lo conoció por error, pronto se cansó del relato y es que cada vez que lo contaba cambiaba o agregaba algo nuevo a la historia, ni siquiera sabía mentir.

- Santa no existe – gritó por fin con lo que le quedaba de energía

- Claro que sí

- ¡No! Es falso, un cuento de niños para que se porten bien y para que la navidad sea más comercial, Santa no existe, tu papás dejan bajo el árbol cada regalo y cuando amanece saben que han hecho un trabajo maravilloso porque te oyen gritar "Santa llegó" pero No existe…

- Entonces tampoco el país de los dulces – le sacó la lengua

- No tampoco – gritó encolerizada – Y esto es estúpido porque Sazuke no puede raptar algo que no existe…

Iba a darse media vuelta para volver a Japón cuando Yael la detuvo. Su dedo congelado señaló el norte donde la aurora boreal brillaba en todo su esplendor. Aquellas casitas brillaban, quizá efecto de la aurora o porque de verdad eran de dulce. Serena gritó encantada y sin más apuró a los perros, quizá, si se apresuraban, esa misma noche llegaran al país de los dulces y ella se cenara a Rodolfo el reno y los gnomos de ojos de gomita

Estaba ya por anochecer. Serena miró a Yael, se veía un poco desilusionada y es que su torpeza hizo que le dijera las cosas así, sin pensarlas ni meditarlas, como se las hubiera dicho la malvada de Rei con tal que la dejara en paz. Debía entender que Yael aún era una niña. A pesar de sus años seguía ilusa como un pequeño y hasta en parte sabía que eran los sueños, esperanzas e ilusiones que se depositan de chico lo que hoy mantenía con vida a su amiguita. Apretó su mano para darle un poco de calor y esperanza. Bajó la vista

- Santa existe si así lo piensas

- No lo pienso existe Serena tonta – renegó Yael – Y no te regalará nada si sigues dudando de su existencia

- ¡!

Pero ya no pudo decir nada porque la leve luz se hizo más fuerte anunciando que acaba de llegar al País de los Dulces. Serena se bajó del trineo para ir a morder una de las casitas. Solamente que le falló porque las casitas eran de madera y ladrillo común y corriente. Casi se queda sin dientes. Yael reía encantada. Tocó en la primera casa, pero al igual que en las quince siguientes nadie salió.

- Esto es raro

- Sí – no acaba de decirlo cuando vio un montón de antorchitas diminutas acercarse a ellas

- ¡Duendes!

- Con ojos de gomita – corrió Serena para comerse uno. Pero al igual que las casitas los duendes eran de carne y hueso y estaban lo suficientemente molestos como para no querer escuchar las razones que tenían allí a las desconocidas

- Raptaron a Santa – decía un duende – Son cómplices del gigante

- Debe ser Sazuke… Creo llegamos un poco tarde

Por largo rato intentaron explicarles que ellas estaba a su favor pero alguien que se comía sus casa e intentaba sacarles sus ojitos no tenía mucha credibilidad. Por fin apareció Rodolfo el reno, molesto porque faltaban pocos días para navidad y Santa había desaparecido. Miró a las niñas con furia sin igual. Serena creyó se trataba de Rodolfo, el reno maldito…

- ¿Yael? – pregunto el animalito asombrado

- ¡Rodolfo! ¿Te acuerdas de mí?

- Cómo olvidarte – se abrazó a la niña – Si eras tan pequeña cuando estuviste aquí… cuanto tiempo ha pasado… Pero por qué traes gente tan rara… Se intentó comer a un duende – señaló a nuestra heroína

- Cree que tiene ojitos de gomita – reía la niña saliendo de la jaulita donde la habían puesto

- Sí, los duendes de dulce tiene ojitos de gomita ¡No nosotros!

- ¿Me das uno por favor? – pidió Serena

- No – gritó Rodolfo

- Anda, no seas enojón, iremos a rescatar a Santa…

Y la brigada se organizó. Serna nunca había montado un reno, se sentía especial y mágica. El animalito empezó a cabalga hasta que sus patitas dejaron de pisar el suelo para volar por los aires. La jovencita gritaba emocionada, hoy estaba en el país de los dulces… Yael subió en Rodolfo que con su gran nariz roja iluminaba el camino oscuro e incierto. La chiquilla casi sabía a dónde había llevado Sazuke a Santa…

No muy lejos de allí, había unas cuevas y detrás de ellas un antiguo laboratorio de Fox Corp que después de la guerra fría entre la entonces Unión Soviética y USA fue abandonado. Entraron con precaución, Sazuke podía hacer muy difícil recuperar a Santa. Serena pensó en transformare revelando su identidad a Yael pero el reno se lo impidió. Negó con la cabeza para decirle al oído que había batallas que no necesitaba de fuerza física ni de ser ganadas… sino entendidas

- Oh – fue la contestación de la joven – Sonó muy bonito lástima no entendí nada

- ¡Sazuke devuelve a Santa! – gritó Yael

- Es mío… ahora pediré las Estrellas de Oriente y el mundo entero…

- ¿Qué no lo entiendes? Santa solamente trae regalos a los niños que han sido buenos – frunció el ceño – No creo lo entiendas

- ¡Déjalo ya! – gritó Rodolfo

- Oh no te apures Rodolfo – reía el barrigón vestido de rojo – Me he divertido mucho con Sazuke… Está un poco confundido ¿Verdad amiguito? Pero con el tiempo entenderás… y verás la verdad

- ¡Quiero mis Estrellas de Oriente!

Y sin más Yael le dio un certero puñetazo que lo dejó inconsciente. Se disculpó con Santa por los problemas que le pudo ocasionar aquel chico extraño. Intentó explicárselo pero Sazuke no entendía mucho de magia, sueños y esperanzas… como no entendía nada sobre maldad. Santa sonrió.

- Y tú también has olvidado el poder de lo sueños

- A veces uno debe crecer – sonrió la niña arrastrando a Sazuke a un rincón pues no quería que Serena lo viera

- Crecer no significa peder la capacidad de soñar… son los sueños lo que nos han llevado a forjar la hermosa realidad…

- A veces Santa… el mundo de ensueño se rompe como un castillo de espejos y lo que te queda son pedazos de sueños rotos que alguna vez significaron todo para ti…

Santa negó con la cabeza, con el tiempo esperaba también ella se diera cuenta que los sueños eran más que simples invenciones destinadas a los niños pequeños

El país de los dulces victoreaba a sus heroínas. Serena solamente esperaba por su gran recompensa: una bolsa llena de gnomos de gomita. Se los comería todos a mordiditas. Hubo grandes bailes y un desfile donde todo el país, el pequeño país, conoció a las heroínas que salvaron la navidad… Pero Santa sabía que esas dos niñas estaban destinadas a un futuro más incierto y una misión en la que el destino del Universo estaría en sus manos… Estaban destinadas a la grandeza, destinadas a amar…

- Son riquísimos – decía Serena mordiendo uno de sus duendes de gomita

- Dame – le quitó la bolsa Yael – Duendes con ojos de gomita – enloquecía por tanta azúcar

Sus vistas se encontraron. El cielo se cubría de oscuridad mientras la aurora boreal hacía que los ojos de ambas parecieran un mar de ensueño. Yael susurró algo que Serena entendió como un quiero mis duendes de gomita. Una caricia, eternidad en sus miradas y después el tiempo dejó de existir. Estaban en el punto donde los sueños se pueden tocar y las estrellas se alcanzan con solo levantar la mano.

- Salvamos la navidad

- Sí – contestó Yael

¿Qué era esa sensación? ¿Qué pasaba en su ser? Cómo explicarlo, como entenderlo, cómo saber qué era cuando en lo único que pensaba era en… Entonces recordó algo que había guardado durante tanto tiempo. Sí, había encontrado la persona especial a quien darle la mitad del corazón. Sacó de sus bolsillos la joya, sacó la mitad y la colocó en su cadenita correspondiente.

- Es para ti – sonrió

- ¿Mi regalo de navidad? – miraba la mitad de corazón Serena

- Eres mi mejor amiga… Lo mejor que ha llegado a mi vida – susurró. Pero Serena ya no alcanzó a escuchar nada. Los grandes fuegos artificiales habían iniciado y la estruendosas risas de Santa invadían el ambiente

- Jojojojo

- ¡Santa! – y Serena se abrazó a Yael

En el Próximo Capítulo:

¿Mina Aino le has declarado la guerra a Rei?
Las mejores amigas siempre se apoyan ¿Cómo crees Mina que ha sido Rei quien alejó a Haruka de ti?
Esta es la leyenda del Hijo del Sol, parece que hay muchas pasiones encontradas y un mundo del que nada conocemos

C O N T I N U A R Á…