Estrellas de Oriente
EN CONTRA DEL DESTINO.
Mina
Aino le has declarado la guerra a Rei? Las mejores amigas siempre se
apoyan ¿Cómo crees Mina que ha sido Rei quien alejó
a Haruka de ti? Esta es la leyenda del Hijo del Sol, parece que hay
muchas pasiones encontradas y un mundo del que nada conocemos
Hoy
presentamos:
16.Enemistades
Mina sonrió coquetamente, parecía que la conquista se le daba mejor que el modelaje. Miró con sensualidad a aquel guapo muchacho, Ryan. …l contestó con coqueto ademán que la invitaba a sentarse a su lado. …sta sería su primera cita y Mina se sentía joven y llena de vida. Lo mejor para hacer que el alma se sintiera un poco más viva era un nuevo amor. No había olvidado a Haruka, simplemente dejado que la pobre rubia tuviera tiempo de hacerse a la idea que para olvidarse de Mina Aino no bastaba la distancia. Rei por su parte miró al chico con suspicacia a esas alturas ya estaba segura la pobre Mina se había golpeado tan fuerte el cerebro que ya no pensaba, sin contar que su vanidad ya no cabía en tan pequeño cuerpecito. Suspiraron al mismo tiempo y Mina la pellizcó no sin antes amenazarla, para ella sería Ryan.
- Es un país libre – enfureció la morena
- Bueno, allá tú – y volvió a pellizcarla sonriendo afablemente, como quien sabe ganará sin problema alguno
Muy cerca de allí también Serena y Yael tenía una especie de cita. Y eso lo apostó la inquisitiva gata. Aquella mañana Serena estuvo arreglándose como si fuera a salir con un muchacho, por un momento Luna se sintió feliz, cualquiera menos Yael aún si ello significaba serle infiel a Darien. Serena se levantó muy temprano, se metió a bañar y talló su cuerpo con una fragancia especial que una sola vez usó, una cita muy especial con Darien. Se tardó horas en peinar y arreglarse, ni se diga de la ropa que terminó por toda a la habitación mientras la pobre chica no se decidía con cuál se vería mejor.
- Me da gusto conozcas gente
- ¿Sí? – parecía desconcertada
- Es bueno tengas amigos
- Claro
Pero en cuanto vio que su cita no era otra persona que Yael la gata negra enfureció, estuvo a punto de arañar a la niña pero Sami, el hermanito de Serena, se atravesó en el camino. Para las jovencitas fue muy cómico. De la nada la gata le saltó al rostro y el chiquillo acabó en el suelo gritando como loco. Y finalmente las vio partir mientras ella moría de rabia. Quizá por el altercado lo notó hasta después, Yael había llevado un ramo de rosas a la jovencita, al igual que una cajita de bombones y una tarjetita que Luna ahora se encargaría de leer.
- ¡Odio a esa niña! – gritaba sin tomar en cuenta que cerca de allí estaba Sami
Serena por su parte se encontraba feliz y es que hacía tanto tiempo no tenía una cita que casi había olvidado qué se sentía ser amada. También ella tenía un pequeño detalle para su amiguita sólo que todavía no encontraba un momento propicio para dárselo. Tomó de la mano a la chiquilla para cruzar la calle, aquella fuerza mágica que experimentó fue inexplicable, pero tan fuerte y hermosa que ya no quiso soltarla.
- Yo no sabía que Lita supiera patinar – decía Serena
- Tú eres su amiga – se reía Yael
- Bueno, me refiero a de forma profesional… Sería maravilloso ganara… Ha estado un poco distraída y tal vez eso la ayude
- Pero está distraída por tu primo – sonrió la niña – Y eso es ventaja
Acaba de instalarse la Feria de Hielo, aquel año sería el primero de la competencia de patinaje sobre hielo. Lita en medio de la expectación de las chicas y más animada por Jordane que por sus propios deseos había decidido concursar. Todas decidieron irla a animar, patinara o no bien ya era de alabanza ir a un concurso de tan alto calibre.
- Te quiero – dijo sin más interrumpiendo la conversación (o monólogo) que sostenía Yael
- Gracias, yo también…
- De verdad te quiero – y se detuvo a media calle observando sus ojos verdes.
Yael se quedó paralizada, poco a poco sus sentidos se perdieron en aquellos ojos azules hasta que su rostro cobró un color pálido que semejaba a un muerto. Serena se acercó más a ella mientras el corazón de la niña se desataba en un latido inverosímil. Un auto sonó su claxon y ambas se dieron cuenta que la luz estaba ya en rojo mientras ellas seguían en media calle. Rieron animadas.
- Eres un peligro – Susurró Yael
- ¿Lo soy?
Lita estaba muy nerviosa, aún se preguntaba cómo se dejó convencer por Jordane. Ciertamente patinaba muy bien y su sueño dorado estaba por volverse verdad pero ella no tenía la preparación de las demás patinadoras que allí se encontraban. Respiró hondo recordando que todas eran aficionadas como ella. Jordane la estrechó entre sus brazos para infundirle un poco de valor y calor. Le sonrió amablemente antes de besarla en la mejilla
- Suerte – le susurró al oído – Te irá bien
- Gracias – se sonrojó la chica
Jordane ocupó su lugar en las tribunas, miró a lo alto observando que en la tercera final se encontraba Amy entretenida en uno de sus tantos libros, en primera fila Rei, Ryan y Mina, ambas parecían pelear por el chico y él dio gracias de no estar allí. Faltaba su prima, pero conociéndola seguramente se habría quedado dormida y con suerte llegaría a la premiación.
- Bienvenidos a la feria del Hielo – dijo el presentador
La primera participante salió a la pista. La mirada de Jordane se volvió tensa conforme los números de participantes avanzaban. Lita fue la número cinco. Su participación fue extraordinaria, el público la ovacionó mientras la voz chillona de Mina enloquecía a sus acompañantes y rompía las barreras del sonido. Ya no había más, diez participantes y Jordane sabía que aquel trofeo sería para Lita, entonces se nombró a una más: Michiru Kaioh y las cejitas del chico se contrajeron en una mueca de verdadera tensión.
- Perfecto salto…
- ¡Qué le pasa! – chilló el muchacho sabiendo que aquella jovencita se llevaría el premio por ser la novia de uno de los patrocinadores.
Se dieron el nombre de las finalistas. Y Lita saltó de alegría, tenía muchas oportunidades, demasiadas para ser verdad. Vio a Jordane, estaba muy tenso y hasta exasperado.
- ¿Qué pasa? – preguntó Mina quien acaba de llegar a los vestidores
- Como qué – renegó el muchacho
- ¿Kaioh? – contestó dubitativo Ryan
- Sí, ella ganará
- Pero si Lita es tan buena como ella – bramó Mina muy molesta
- Es la novia de uno de los patrocinadores, por eso ganará… son diez participantes y a ella le hicieron un favor especial
- Vamos, Michiru no es… – pero no podía asegurarlo desde que perdió la memoria Michiru era todo menos Michiru en el sentido amplio de la palabra, o sea una chica impredecible y que jamás pudieron entender…
- ¡Felicidades Lita! – por fin aparecía Serena. Estrechó las manos de todos sin tomar encuentra sus expresiones de pocos amigos – Eres fantástica
- Michiru también compite – susurró un poco deprimida y al punto del llanto
- ¿Sí? – se rascó un poco la cabeza sin saber qué decir – Tú lo harás mejor
Serena tenía razón ¿Por qué se preocupaba por tonterías? Aunque Michiru nunca fue alguien a quien pudo entender ella siempre fue honesta y leal y dudaba empezara ahora a ganar de manera ilegal. Michiru y Haruka siempre vivieron en sus mundo, fueron dos personitas muy ajenas para ellas y que sabían sus vidas a veces eran caóticas y dolorosas. No era momento para pensar tonterías, ella ganaría, era mejor que Michiru Kaioh
- A ver Serena ¿No viste a Michiru? – interrogó Rei molesta
- Pues creo no – movía inquietos sus deditos sin saber a quién recurrir
- ¿Dónde estabas? – ahora fue Amy quien la atosigaba con preguntas
- Arriba – tartamudeaba como si estuviera mintiendo o escondiendo algo – Es que se me hizo tarde… muy tarde y luego
- ¡Te quedaste dormida! – gritó Rei tronándole los tímpano
- ¡NO! – y sus ojitos inquietos se movieron buscando salidas en su pensamiento – Sí, lo siento chicas, de verdad, pero sí vi a Lita
- No importa ya , vamos a celebrar – invitó Jordane
- No puedo – le susurró a Amy – Debo ir a recoger un trabajo, pero después los alcanzo
- Sí, vete o también a eso llegarás tarde
Serena abrazó a la chiquilla, parecía se habían separado por años. Yael sonrió mientras su corazón le indicaba las sin razones que hacían su vida más dulce y llena de alegría. Le susurró un mal chiste mientras Serena acariciaba su espalda. No había preguntas, no había tiempo, espacio o una realidad. Silenciosamente se escabulleron de sus mundos para formar uno. ¿Por qué mentir? Como si querer tanto a Yael se convirtiera lentamente en un secreto sellado en almas solitarias. Pensó en Darien y un recuerdo se disipó ante aquella hermosa sonrisa. Y cómo no iluminar su rostro, cómo no pensar en un mundo habitable en que las utopías existen y los enemigos no existen, cosas de niños, cuestiones de sueños e ilusiones que a pesar de tanto tiempo en sus ojos verdes se reviven con el candor de antaño.
Y Haruka había decidido rendirse, era tanto como entregarse a aquel rudo destino que se empeñó en robarle a su preciosa sirena. Su consuelo eterno sería saber que dentro de aquel barullo de confusión tenía la plena seguridad de haberla dejado en manos de quien la amara. Jamás creyó que llegaría ese día y contra lo que dijera Rei o su mismo destino había decidido por primera vez hacer algo para ella misma. Se marcharía, viajaría por el mundo, ya no lloraría, ya no sentiría, ni pensaría con la razón del corazón. Se prometía desaparecería de la vida de Michiru por completo. Oraba a los dioses, lloraba, solitaria su alma desencadenaba en lágrimas las pasiones que corrompieron un bello amor. Celos, pasiones encontradas, odios, rencores, destinos obligados, el dolor de la humillación, de ser parte del grupo marginado y poco a poco su alma se llenó de la amargura. Se quedó dormida. Soñaría con lo que pudo ser. Pero ni su sueño ya era velado por los dioses, un ruido extraño la despertó abruptamente con la sensación de haber perdido tiempo espacio en cuestión de segundos. Miró el reloj percatándose que ya era noche. Evocó un suspiro para la nada, tal vez una vuelta a la ciudad le tranquilizaría el alma y devolvería su sueño quieto.
Caminó lentamente, en espera quizá de ese algo que se esfumó lentamente en el tiempo. Y es que si lo pensaba bien, ya ni siquiera hablaba con Michiru en esos últimos meses, dos seres silenciosos se volvieron indiferentes en una forma que no se puede explicar, estaba allí para ella, la escuchaba, la abrazaba y hasta le hablaba pero algo distinto estaba en ella como lo estaba en su amante. El dolor las consumió. Se sentó en una banca del parque, esperaría lentamente a que la luna regresara a iluminar el mundo. Cerró sus ojos y el sueño que había olvidado hacía un rato regresaba lentamente a su memoria causándole un espantoso dolor en el cerebro. Era como una aguja que lentamente se introducía llevando en su punta cada recuerdo perdido.
Había sido una tarde tan hermosa que se dejó de cuidar de su molesto y celoso primo, pero no fue lo único que olvido, también el tiempo escapó a su cuidado disolviéndose con rapidez. Entonces llegó la noche y Serena no quería dejar aquel parque ni mucho menos a quien alegría daba en su vida. Yael cortó una rosa, hermosa y divina, era un híbrido extraño de los jardines. Le susurró al oído el exquisito poema que había hecho clases para los pasteles. Serena reía y babeaba imaginando aquellos manjares de los dioses y cuando cerró los ojos, su cerebro la forzó a imaginar que aquel anhelo y deseo no era para un pastel sino para ella. Como fuera debía mandar a casa ya a la niña. Se despidieron y Serena ya iba a casa cuando recordó que la chiquilla se había quedado con sus llaves. Por un momento pensó en tocar y decir que las había perdido pero por la hora prefirió alcanzar a la niña y evitar que alguien en su casa notara lo tarde que regresaba.
Y gritó su nombre, esa sensación que venía consumiéndole y no lograba comprender, se encendió de nuevo. Miró atenta sus ojos verdes, después esa sonrisa mágica que la devolvía a la vida. Solamente eran dos, nadie podría detenerlas ni abría testigos de lo que sus almas dejaran al descubierto. Serena quiso decirle algo pero las palabras se perdían en esos hermosos ojos verdes. Solamente eran ellas dos, solamente un segundo para amar y después cada una escaparía con la sensación de haber vivido una eternidad. Dijo algo sobre sus llaves y la rubia chica asintió con la cabeza perdida aún en sus sueños de pubertad. Serena sonrió, era tarde. Era libertad.
Michiru adjudicó su malestar a la falta de alimento, y es que tanto ajetreo la tenía sin apetito. Intentaba pensar aún cuando dormía, quería recordar y reconstruir los huecos que su cerebro todavía tenía. Por alguna extraña razón no confiaba en Kael y parecía que en nadie. Detuvo el auto y salió de él presa de un fuerte dolor en el estomago como la sensación de querer vomitar. Sudaba. Su estómago volvió a hacer un ruido extraño, parecía reclamarle la falta de alimento y hasta el desvelo por pensamientos perdidos. Iba subir de nuevo al auto sin embargo se sentía indispuesta para manejar, sacó su celular intentó márcale a Kael. Estaba apagado, seguramente el hombre seguía en esa fiesta macabra y aburrida. Recargó la cabeza en la pared en espera de alguna idea.
- ¿Le puedo ayudar? – oyó una voz masculina
- Pues – y al salir de la oscuridad se dio cuenta que aquella persona se trataba del muchachito de mirada triste del otro día – ¿Haruka? – interrogó con nerviosismo
- ¡Michiru! – la sorpresa fue más mayúscula para la rubia – Vi el auto y creo no lo reconocí – claro que no lo iba a reconocer, era un auto de la compañía Fox Corp por lo que era natural no lo hubiera relacionado mucho a Michiru
- ¿Me puedes llevar a casa?
- Sí – sonrió Haruka con melancolía
Se sentía extraña, era como los viejos tiempos pero faltaba esa aura de encanto de Michiru y que de verdad tenían razón las chicas, su sirena se había vuelto un poco más vanidosa, engreída y hasta algo antipática. Haruka tenía que voltear a verla para estar segura era con Michiru con quien estaba hablando y no con una de las tantas niñas ricas que la pretendían. Sonrió cuando vio que Michiru se apresuraba a poner algo de música, parecía incomodarle los gestos que ella hacía a las pláticas mudas.
- ¿Te gusta la música?
- Algo – contestó risueña Haruka mientras la jovencita parecía disgustarse más por su actitud burlesca – Te rugen las tripitas – rió muy animada
- Bueno – y sus mejillas se colorearon mientras sus ojitos apenados no hallaban a donde mirar
- ¿Te invito a comer?
- Con una condición ¡Deja de reírte de mí! – sonrió con cierta timidez
No sabía exactamente dónde llevarla así que se paró en el primer restaurante que agradó a su vista. Michiru se veía muy diferente, era tan desconcertante la situación que casi estuvo a punto de gritarle volviera a ser ella. Después de una larga espera y una comida muy buena Haruka la incitó a pedir otro postre. Deseaba con fervor que por fin se acordara de ella. Ahora hubiera dado cualquier cosa por una de esas tantas pláticas que la rubia evitaba, por oír sus reclamos por abandonarla, por dejarla de amar, por fallarle, por... pero no habría ya nada. Hasta sentía deseos de platicarle sobre sus razones para abandonarla en casa de sus padres.
- Me gustan tus ojos – comentó Michiru
- ¿Mande?
Michiru comenzó a platicarle sobre su vida, lo triste que se sentía porque algo faltaba, algo que tal vez sus recuerdos perdidos tenían escondido. Empezó con el desagrado que sentía de vivir en casa de sus padres, ese trato seco que recibía y hasta parecía que era un objeto desagradable en la mansión. La hacía infeliz pensar que sin deberla ni temerla era ella lo peor que había cruzado por la vida de sus progenitores. A veces su madre le gritaba incoherencias y otras veces se enfada mucho cuando la veía haciendo algo diferente como ver televisión o leer algún cómic. Con su novio la situación era un poco más distinta pero seguía faltándole algo, no lograba entenderlo mucho, se aburría horrores esperándolo y para colmo de males a su madre no le gustaba estuviera a solas con él.
- Tu madre siempre te ha cuidado mucho, supongo que con tu amnesia te protege más – le contestó Haruka
- Quisiera... Quisiera tener un amigo – susurró para sí – Creo tienes razón – le dijo a Haruka esta vez – Debería ser más paciente y menos quisquillosa. Y dime ¿Te vas de viaje? He visto el auto lleno de maletas
- Algo así
- ¿Regresarás pronto? Quisiera pagarte la cena de esta noche y tus atenciones
- No es necesario, lo hago con gusto, alguna vez fuimos uno – sonrió – y es lo menos que puedo hacer por quien amo
- ¿Me amas? ¿De verdad? – sonrió sin poder disimular su gusto
- Eh, sí
- No te vayas entonces... Me gusta estar contigo... No te vayas
- Lo siento, es importante
- Bueno – sus ojitos bajaron la mirada – Te deseo buen viaje – Haruka creyó por un instante que la joven se soltaría a llorar. Michiru debía sentirse muy desconcertada aún y hasta quizá sola y desamparada
- Aun es temprano para mi vuelo, podemos ir a algún sitio y platicamos o...
- ¡De verdad! Me gustaría me llevaras a la playa...
"No me dejes" le susurraba en cuanto tenía oportunidad. Y es que en aquellos ojos azules marino se leía la ansiedad por su partida. Pues la vida de Michiru se desvanecía lentamente en la tristeza y soledad, no entendía a su familia ni por qué de su actuar, se sentía vacía aun cuando Kael estaba a su lado y poco a poco la soledad se volvió su mejor aliado. Pero era de tontos imaginar que Michiru podría acatar una vida común y normal, cuando sabemos es verdad que la naturaleza más secreta de los seres es incapaz de ser negada.
Rei no supo cómo la discusión que empezó por un triste pastel terminó en Ryan. Primero Lita habló de hacerles un pastel y encantadas todas empezaron a sugerir el sabor, color y hasta dónde se lo comería. Amy opinó que podrían hacer un día de campo y para variar disfrutar del clima. De todas las ideas como fue la más coherente quedó Pactado, no sin antes una leve rencilla entre Rei y Mina por qué lugar sería mejor para un día de campo. Pero Rei seguía pensando que la culpa de aquel pleito colosal la tenía nada menos que Mina, parecía que todo lo que ella decía, como Ley, debía contradecirlo. Y cuando el sabor de pastel fue puesto a discusión aquello tomó proporciones inimaginables.
- Me robaste a Haruka – gritó Mina cuando el alegato había perdido sentido
- Yo no te robé a nadie – gritó histérica la pelinegra – Tú sola asustas a cualquiera
- Calma chicas – decía Lita intentado apaciguarlas – Haré dos pasteles
- Y ahora quieres quitarme a Ryan ¿No te basta con hacer que Haruka se largara de Tokio?
- Mina Aino tú espantaste a Haruka, la ahogabas con tus estupideces ¡Por eso no tienes novio!
- Bueno yo los espanto pero tú ni eso Creo el único hombre que se fijó en ti fue Nicolás y eso porque el pobre estaba cegatón
Y la riña creció al punto que ya no importaba si Lita hacía dos pasteles o le daba gusto a alguna de las dos. Mina dio media vuelta marchándose a casa con su gato no sin antes amenazar con no volver a verlas si Rei no se disculpa. Pero Rei, orgullosa como era prometió primero morirse antes que disculparse o volver a hablarle a una chica engreída como Mina
- Esto no puede ser – gemía Lita
- Y por un pastel – decía Amy sin saber si reír o llorar
Fue así como Mina le declaró la guerra a Rei, ya no volverían a ser amigas, ya ni siquiera se dignaría a hablarle puesto que Rei se había empeñado en destruir aquello para lo que Mina vivía. Sus miradas se cruzaron, frívolas y llenas de un enojo nunca visto terminaron en silenciosos años de amistad. Y todo por un pastel.
Verificó sus papeles. Abandonaría todo, ya no habría vuelta atrás, no habría más pasado ni futuro, no destinos. Se agarró la cabeza como si un intenso dolor la estuviera consumiendo, pero la realidad era que su conciencia hacía de las suyas. Ella no quería estar en una batalla que enfrentaría a los amantes prohibidos, dos seres que nacieron para ser enemigos y por las circunstancias juguetonas del destino terminaron amándose. No podían pedirle ser parte de la destrucción del amor, no podían pedirle terminar con el lazo que mantenía con vida a las personas. Ella ya no defendería el bien si éste significaba destruir lo que se amaba, tal era egoísmo o tontería pero cómo defender aquello que no se ama, cómo salir adelante cuando el ser por quien se vive es a quien se destruye. No podía, era demasiado para su alma contrita. Respiró profundo. Y a su mente vino la imagen celestial de su ángel: Michiru Kaioh. Por unos segundos le había parecido que ella la recordaba.
- Lo siento Michiru – tantas veces lo había dicho que hoy le parecía vano e insulso
A veces creía que de verdad Michiru no sabía el por qué la abandonó y otras tantas como hoy pensaba la chica se aferraba un capricho de niña mimada. Ya no importaba, hora de partir, hora de morir en vida.
- Lo siento cabeza de bombón
Y qué importaba si lo sentía. Ya no importaban sus acciones. No podía pelear, no contra el destino. Como lo dijo Rei antes que nacieran sus historias fueron escritas y hora solamente restaba ocupar el lugar correcto en esta obra teatral. Hoy le quedaba elegir a quién defendería en la batalla final, le quedaba enfrentar a aquellos que fueron amantes y que solamente se unirían en la muerte por un mundo indiferente a su pasión... a su amor
- Lo siento – repitió abordando el auto
Mireya Katsumi era una joven sacerdotisa, ella, al igual que Rei era vidente. Muchos sueños perturbadores habían traído consigo la nueva luna, entonces supo que el momento había llegado. Solamente restaba esperar, esperar por aquella persona a quien debía guiar para que la gloria y omnipotencia de los dioses se blandiera en batalla, para que de nuevo la luz surgiera mostrándose ante el cielo, mostrándose y haciendo postrar a una humanidad que sigilosa e imperativa exterminaba al mundo y de seguir así exterminaría cuanto los dioses había dado vida.
- No es fácil – susurró Mireya observando que los ojitos de Michiru expresaban la incredulidad
- Pero ni siquiera sé cómo reconoceré a esa persona, no me has dicho nada
- La historia se escribió hace mucho tiempo y lo único que nos resta es tomar nuestros lugares correspondientes en el mundo, ocuparás tu lugar para la batalla final y de esta forma protegerás a uno de los amantes
- Si te explicaras mejor créeme que evitarías mis jaquecas – sonrió con picardía infantil
- ¿Me pones atención o finges hacerlo?
- Fingir es una cualidad digna de príncipes – contestó con esa soltura orgullosa y misteriosa que desde su amnesia había adquirido – Es sólo que no entiendo, es todo y quisiera tanto que... Bueno
- ¿Un amigo?
- No – rió – Solamente deseo encontrar mi destino
Pero si Michiru hubiera sabido su destino, entonces hubiera deseado morir antes de alcanzarlo, o hasta permanecer en la ignorancia. Mireya miró el fuego mientras una de sus manos se posaba encima de unos antiguos escritos que había guardado tan celosamente su familia, secretos ocultos que ni ella misma lograba comprender.
Pero las leyendas son difíciles de creer y difíciles de olvidar. Cuentos míticos que intentan a su forma explicar un fenómeno para el cual no se tiene explicación y esos pergaminos relataban la historia del Hijo del Sol, el último en la estirpe de los Guerreros de La oscuridad. Y era irónico pensar que al Hijo del sol se le llamara el señor de la Oscuridad y tal vez se debía a su cegadora luz que irradiaba marcando siempre el liderato a su paso. Tiempos de Dazael habían quedado muy lejos del recuerdo de los habitantes del Milenio de Plata, el nombre de aquel gobernante había sido olvidado como el del Imperio Sol, hoy solamente restaba un imponente Milenio de Plata que majestuoso se erguía desde la luna. Un Milenio que encontraría en el tercer planeta del sistema solar el mundo perfecto para salvar lo que restaba de su Milenio de Plata. Pero esta historia comenzó antes que la reina Beryl amenazara al reino.
Por aquella hermosa época cada planeta había dado al Milenio una princesa, una hermosa guerrera. La leyenda se centraba en los planetas exteriores, en especial el último planeta. La entonces guerrera Neptuno había acudido a las fronteras del Milenio con el fin de hacer su informe anual, había llevado consigo a su pequeña hijita quien apenas contaba con cuatro años de edad. Neptuno era feliz, estaba satisfecha de su vida y hasta daba gracias a los dioses con un fervor poco visto en un ser. Jamás hubiera cambiado nada de lo que tenía. Sin embargo suele el destino y el amor conjugarse para destrozar vidas perfectas. Fue lo que sucedió. En la frontera conoció a una bella mujer que en esos momentos pidió ayuda a los guerreros del Milenio. Una horda salvaje la perseguían. Aquella hermosa dama quedó fascinada por la belleza y sensualidad de Neptuno, fue un amor a primera vista que lentamente la consumía. Era un ángel, era un dios atrapado en un cuerpo perfecto mientras ella era un simple mortal.
- Mi nombre es Eterna
- Bello como la dueña – contestó la princesa Neptuno sin prestarle mucha atención a la dama
Así como el amor logra lo mejor de nosotros también puede crear lo peor y hasta volverse obsesivo. Eterna por un año intentó desesperada lograr enamorar a Neptuno. Una tarde en que los soles irradiantes de belleza iluminaban la atmósfera de Neptuno, Eterna despertó dándose cuenta que Neptuno seguía perdidamente enamorada de su esposo a pesar de que dormían bajo el mismo lecho
- Ahora estas conmigo – susurró molesta obligándola a terminar su tele llamada con su esposo
- Es mi marido – vociferó molesta – No puede sospechar que tengo un amante
- Y qué más da... Te he dicho que podemos largarnos y vivir para siempre en el paraíso
- ¿No lo entiendes? Tú para mí significas una aventura, yo no te amo tonta – y sin miramiento en cómo destrozaba las esperanzas e ilusiones ajenas repitió aquellas dolientes frases, explicó que la aburrición le ganaba terreno, más ahora que su esposo debía viajar tanto. Daba igual con quién ocupara la cama, daba igual su compañía o la de un perro, ella solamente vivía para su marido
- Eres muy cruel – lloraba Eterna
- Yo nunca te mentí, eres tú quien has vivido en falsas ilusiones... Jamás existirás en mi corazón de otra forma... Jamás – salió entonces de la habitación, harta de que su amante fortuita pensara idioteces como era el amor.
Eterna volvió a su planeta con el corazón destrozado y sus sueños aniquilados. Volvió a seguir su burda y pesada vida que parecía ensañarse con ella como un recordatorio constante que para aquellos que vivían en los sistemas lejanos no había más que tristeza, soledad, amargura y dolor. Y es increíble darse cuenta que los errores de los padres serán facturados para los hijos. Triste es darse cuenta que de aquellos que dieron vida a la leyenda del Hijo del Sol ninguno supo qué era de verdad amar. Mientras para unos se trataba de placer, instinto, supremacía y hasta una obligación para otros significaba evitar dolor y soledad. Eterna invocó durante muchos días al dios Sol, pidió clemencia pues ella no decidió nacer tan lejos de su favor, pidió por que Neptuno la amara tanto o más de lo que ella la amaba. Y entonces sus plegarias fueron escuchadas
- Neptuno, será tuya a cambio te pido me des un Hijo
- Pero ¡Oh gran Dios de la Luz y vida yo no tengo hijos para darte!
- Pero tendrás uno, el cual ofrecerás para mí... Y yo te daré el corazón de esa mujer a quien tanto amas, entiende que ese amor no se puede llamar así cuando tú lo estás forzando
- No importa mi Señor Sol lo único que deseo es oír de sus labios el amor que profesa por mí... Quiero me diga lo que yo deseo escuchar
Y Eterna quien hacía tiempo ya estaba casada tuvo un hijo, conforme lo acordado con su Dios lo bautizó y nombró como el Dios Sol pidió. Aquel bebé fue dado en cuerpo y alma al señor de la luz. Dos semanas después de su nacimiento apareció a las puertas de su casa Neptuno implorando por una oportunidad pues se había dado cuenta que de verdad la ama. Los sueños de Eterna se hicieron verdad. Sin embargo Eterna no sabía que su hijo ya tenía establecido su destino antes de nacer.
- Ese hijo no es mío – gritaba el esposo de Eterna
- ¿Y de quién más puede ser? – decía sin importancia alguna, al final ella tampoco quería al bebé
- Llévalo a quien su padre es... Llévalo a tu amante, el elegante príncipe de Neptuno
Eterna rió encantada de saber que la estupidez de su marido era tal que ni con tanta evidencia había atinado quién era su amante.
En el Próximo Capítulo:
La navidad ha llegado y todo mundo está preparándose
para recibirla
¿Cómo? ¿Quién es la
nueva amiguita de Yael? No decían que era antisocial, Serena
las castigará en nombre de la luna
Un nuevo plan de
Sazuke amenaza con robar los sueños e ilusiones de las
personas
¡Detente! ¿Pero y esos zombis? Qué
clase de persona posee el poder de controlar las mentes humanas
C O N T I N U A R Á…
