SIN ALMA
Capítulo XIV
"El hombre de los bosques"
El grito de Jensen era apenas un gemido gutural que hizo sonreír al rubio cazador que lo provocaba. La gravilla del patio se clavaba en sus pies desnudos, pero el "sin alma" ni la sentía. Jared, sentado en el suelo observaba cómo su subalterno introducía sus dedos en el ano del que creía el violador de su madre.
El "apártate Jason" no presagiaba precisamente el fin de la tortura. El gigantesco cazador cogió a su presa y la arrojó sobre el suelo. El hombre atado, con la boca forzada a permanecer abierta con un utensilio que además le impedía emitir ningún sonido articulado le miró a los ojos enfureciéndolo aún mas.
Jared lo cogió del pelo con una mano y con la otra se abrió la bragueta y sacó su enorme miembro introduciéndolo en la boca del "sin alma"
Jensen abrió los ojos en la oscuridad, su corazón estaba acelerado y su cuerpo había reaccionado a la pesadilla como si fuese un sueño húmedo. Se levantó del catre y salió de la cueva. Aún no había amanecido pero el cielo mostraba los primeros colores del alba.
Bajó por el sendero que bordeaba la montaña hasta la fuente que abastecía a su gente de agua. Se desnudó y lavó bajo el chorro helado de la pequeña cascada que alimentaba una charca dónde los críos de la aldea se bañaban cuando hacía buen tiempo. Dejó que el agua gélida golpease sus hombros y su espalda, queriendo borrar así el rastro de su pesadilla.
Hacía dos años que Misha lo sacó in-extremis de aquel quirófano. Ya no era la criatura asustadiza y vapuleada que llegó a los bosques. Ahora dirigía a los que, huyendo de extracciones y de las ciudades de hielo, se escondían en las montañas. Era algo así como el jefe de los bosques, de hecho era así como se le llamaba entre su gente, y entre las aldeas a dónde su fama había llegado. Jensen era ahora el hombre de los bosques.
Aunque ni su título, ni la guerra de guerrillas que había emprendido contra cazadores y puestos rurales de las ciudades de hielo, impedían que cada mañana se despertara bañado en sudor, lágrimas y vergüenza. Sobre todo vergüenza, por no poder odiar al gigante que lo había torturado durante meses como odiaba a Jason o al tipo que mató a Alma. Vergüenza porque cuando soñaba que era Jared quien le sometía se excitaba sin pretenderlo y añoraba aquellas manos enormes que le acariciaban en el agua tibia de una bañera.
"Soy un imbécil" Aún hacía frío, algunas placas de hielo bordeaban todavía la pequeña laguna. Se vistió mientras veía su reflejo en las grises aguas de aquel amanecer. Ahora llevaba el pelo largo y barba como el resto de los hombres libres. Él nunca volvería a sentirse libre.
SA-SA-SA
¿Cuantas incursiones en los últimos dos años? ¿Treinta, cuarenta? Los hombres de Padalecki estaban frustrados, querían dejar su trabajo, no habían completado con éxito ni una sola extracción en la que faltara su jefe, y en esos dos años Jared sólo había acudido a cinco.
Su cuadrilla se burlaba de su trato con los superjefes del mundo. Incluso su nombre empezaba a hacerse conocido en las altas esferas. El "Asistente Personal" de Pegasus Sade, adulado de frente, vilipendiado a sus espaldas. El joven entró en las oficinas de su empresa, había cambiado, más de lo que él mismo se pensaba.
Jason se reunió con él en su despacho. El rubio cazador había borrado de su mente el ataque a Karen cuando creyó estar seguro de que nadie lo descubriría ya. Era una forma de estar en paz consigo mismo, de no alterarse con la presencia del que aún creía su amigo. Aún así podía percibir la frialdad con la que el más joven le hablaba, pero era exactamente la misma con la que hablaba a todos desde que empezara a frecuentar la compañía de los Primeros.
- Tristán, los chicos están preocupados, creen que están malditos o algo así, y si tampoco vienes a ésta no van a querer hacer el trabajo.
- Voy a ésta – hacía mucho tiempo que el rostro del que había sido su mejor amigo no sonreía ni siquiera levemente, Jason no se alegró de esa respuesta.
- Está bien amigo, comunicaré tu decisión a la cuadrilla – salió del despacho.
Jared insertó una memo-mind en la pantalla holográfica de su despacho. Por supuesto que iba a ir a ésta, no había pasado dos años de su vida borrando el rastro de Jensen, soportando la presencia de Lázarus Stark para que su propia cuadrilla volviese a capturarlo. La imagen captada por un insecto rastreador mostraba al líder de los "sin alma", al que entre ellos llamaban "el hombre de los bosques", y podía llevar el cabello largo, barba, haber engordado recuperando el peso normal de su cuerpo. El cazador lo reconocería siempre, se le escapó una tenue sonrisa cuando, justo antes de terminarse el memo, el rubio pareció mirarle fijamente a los ojos destruyendo la cámara de una pedrada.
- ¡Tis! ¡tán! - La pequeña de intenso pelo rojo y risueños ojos verdes se sujetó a la enorme pierna del cazador, su cabecita de suave y ondulado cabello rojo apenas llegaba más arriba de su rodilla.
- Hola chiquitina – la levantó del suelo en lo que a la niña debía parecer un emocionante vuelo pues gritó entusiasmada, se abrazó a su cuello y le plantó un beso en la cara.
- Ar-celo – dijo señalando el suelo dónde fue depositada con cuidado antes de salir corriendo torpemente – ¡papi!, ¡papi!, ¡tistán!
Hacía dos años que aquel monstruo, aquel Antiguo, era su amigo. Hacía dos años que tenía que haber cambiado de cuerpo y no lo había hecho. Y aunque su rostro y su turbadora mirada negra seguían siendo los mismos, las fuerzas del agotado cuerpo que ocupaba ya sólo le permitían desplazarse en silla eléctrónica.
- ¿Entonces es él? Siéntate que me va a dar tortícolis – Jared tomó asiento frente al Primero, observando un semioculto moratón junto al cuello
- Nuestro gran Líder te ha hecho una visita
- Me ha ordenado cambiar – sonrió divertido el anciano – cuando los médicos le explicaron que estoy tan débil que sin mi consentimiento y el del otro cuerpo no puede haber cambio, necesitó desahogarse un poco.
- Lamentaré que mueras, como lamentaría que cambiaras.
- Lo se pequeño, pero yo no lo lamentaré. Vamos, cuéntame ¿Entonces el salvaje que ha evitado cientos de extracciones, y que los "sin alma" consideran su líder, es nuestro chico?
- Sí
- Vas a ir en la extracción, ¿no?
- Sí
- ¿no tienes miedo?
- No permitiré que lo capturen, y que...
- Deberías estar tranquilo Tristán, el cambio no es viable ya aunque todos crean lo contrario – pero eso no era lo que entristecía al muchacho, lo que le dolía era que si capturaban a Jensen, aquel viejo que le había mostrado la realidad del mundo en el que vivía, moriría sin saber que su traición había sido perdonada.
- No es Jensen el único que me preocupa.
