Estrellas de Oriente

EN CONTRA DEL DESTINO.

La navidad ha llegado y todo mundo está preparándose para recibirla… ¿Cómo? ¿Quién es la nueva amiguita de Yael? No decían que era antisocial, Serena las castigará en nombre de la luna. Un nuevo plan de Sazuke amenaza con robar los sueños e ilusiones de las personas ¡Detente! ¿Pero y esos zombis? Qué clase de persona posee el poder de controlar las mentes humanas
Hoy presentamos:

17.Zombis por la noche

Kael se sentía extraño dejando que la alegría y espíritu navideño se le contagiara de su hermosa Michiru. Navidad no significaba nada para él, acostumbraba aparentar que las fechas le llenaban de nostalgia y alegría por el bien de Fox Corp pero más allá de eso le parecía una fecha comercial pre fabricada para elevar ventas y dar un poco de entretención a la plebe.

- Pues te oyes como Johan – rió Michiru esa mañana al oír su explicación de navidad

- No lo dudaría – y su mirada se quedó perdida en el cielo, como si intentara robarle esa pureza a las nubes.

- Me parece que eres un aguafiestas – rió la joven – Como sea tengo pensado poner un arbolito de navidad en los doce pisos de Fox Corp y adornaré las ventanas, todas tendrán lucecitas navideñas, luego escarcha y pondremos un enorme Santa a la entrada

- Con el permiso de quién – le riñó de forma juguetona – No recuerdo haber firmado autorización para semejante ridiculez

- Ah claro que lo haz hecho y donaste para ello medio millón de tu cuenta personal – pero la risita burlona de Kael hizo que Michiru enfureciera, sacó de su portafolio unos papeles que mostró a su incrédulo novio

- ¿Qué? ¿A qué hora he firmado esto? ¡Falsificaste mi firma! – gritaba Kael preocupado por el desfalco a su cuenta personal

- Veamos, estabas tan ocupado que no te diste cuenta que me firmaste mi hoja de peticiones… Me donaste medio millón y me diste permiso de decorar Fox Corp

- ¿Hoja de peticiones? – Kael había tenido tanto trabajo en el último mes que le era imposible recordar qué cosas había firmado o cuando había visto a Michiru. Se sentía agobiado frente a tanta responsabilidad y un miserable por no poderle dar la atención que aquella hermosa jovencita merecía.

- Sí, serás mi modelo… A menos que no quieras y consiga a otro

- Pues me apetece la segunda opción – devolvió las hojas, ya nada podía hacer por su respetable edificio, así que dejaría que Michiru hiciera lo que quisiera con su medio millón o con el edificio

- Gracias entonces – sonrió Michiru – Ahora deja tus cuentas raras y acompáñame a comprar los adornos o te juro colgaré duendes navideños por dondequiera que toquen Feliz navidad

Kael sonrió, esa amenaza era suficiente para dejar por la paz su trabajo, prefería pagar a Hacienda por un error en la contabilidad que escuchar durante un mes canciones de navidad tontas y que le dejaban los nervios de punta.

Serena no podía creer que faltara cuarenta y siete horas para abrazar a Darien. Se sentía muy feliz, había dedicado una mañana completa a comprar los regalos de navidad. Aún no encontraba el regalo perfecto para Darien y mucho menos para Yael. Acarició a Luna y se sentó en la cama leyendo de nueva cuenta la carta que Darien le envirara. Suspiró antes de haber terminado de leerla, sintió que el corazón le dolía (Creía era el corazón porque el dolor venía del pecho y no del estómago como otras veces cuando ha comido demasiado)

- Te ves triste Serena – comentó Luna preocupada por el reflejo de melancolía de los ojos de la jovencita

- No sé, ha pasado tanto tiempo que es difícil saber qué encontraré cuando vea de nuevo a Darien

- …l te quiere, no dudes…

- Lo mismo me dijo ella – susurró – pero no es eso… Ni siquiera sé que es…

- ¿Ella?

- Bien vayamos de compras, aun no decido qué le regalaré a Darien y bueno me faltan mis amigas… con mi nuevo empleo puedo comprarles un regalo decente a todas

- Lo importante no es el regalo

- Lo sé Luna bonita – sonrió la joven mientras acariciaba la barbilla de la gata

El centro comercial estaba abarrotado de gente, ofertas, luces navideñas y Santas. Se sentía la navidad, se sentía la nostalgia por el año que se va y los deseos de un mejor año, una nueva oportunidad para hacer tus sueños verdad. Serena tenía pensado regalarle a Lita un recetario que tanto le había gustado, era un poco caro y la gata así lo dejó saber cuando sus ojitos casi salen de las cuencas por el precio. Para Mina había escogido una blusa que sabía a la niña vanidosa encantaría. A Amy sabía un libro sería el mejor obsequio, pero ya que ella sabía nada de libros dejaría Luna la ayudara a escoger. Rei merecía algo especial, a pesar de las constantes riñas y rivalidades entre las jovencitas el amor entre ellas era más fuerte y sólido que con el resto de sus amiguitas. Ella misma no podía negar que sentía un lazo de unión muy fuerte con su pelinegra amiguita, quería darle un regalo hermoso, algo con lo cual Rei supiera que a pesar de sus pequeños pleitos siempre tendría un lugar muy especial en su corazón.

- La tarjeta es un bonito detalle… Se valora mucho lo que tú haces para los tuyos, era un lindo gatito el que dibujaste en ella

- ¡Era un venadito! – gritó Serena al borde del llanto

- Ahm este sí, un venadito hermoso. Si eso, me equivoqué… Mira allá es Yael

- ¡Dónde!

Allá, en lo lejos Yael caminaba despacio cargando en su espalda a una jovencita muy guapa. Serena se quedó quieta observándola, hasta donde sabía se suponía la única persona que tenía como amiga era ella misma. Hasta la niña nueva de su salón ya no le hablaba. Frunció el ceño mientras las interrogantes quedaban en el aire. Se suponía Serena era mala influencia porque Yael evitaba a la gente desde que estaba con ella. Apretó los puños. Por un segundo se quedó paralizada observando la escena. La chica debía tener la misma edad que Yael, sus ojos marrones resaltaban del pálido rostro, el largo cabello rizado ahora estaba recogido en una coleta. Serena volvió a fruncir la naricilla, no podía adivinar qué color era el de su cabello, parecía entre rojo, café y un tono marrón extraño. Ambas niñas vestían sus uniformes escolares.

- Hola Yael – saludó con la alegría que siempre la acompañaba

- Hola Serena – saludó la chiquilla jadeando por la carga que llevaba en la espalda – Qué descortés soy… Mira te presento a Kiwa – y los ojitos de Yael se llenaron de una extraña alegría al pronunciar su nombre

- Mucho gusto – se bajó por fin la feliz niña que gozaba mucho su paseo montada en su amiguita

- Mucho gusto – contestó la rubia con timidez – ¿Saliste temprano del colegio?

- Sí

Era muy bella, una hermosura que quedaba en la simplicidad de rasgos. No había, propiamente dicho, algo que fuera divino en la niña pero en conjunto sus rasgos la hacían una niña muy bella, tanto para igualar a Yael. Serena se sintió un poco tonta, quizá porque ella también se había creído ese absurdo cuento que Yael mantenía un grado de soledad preocupante. Claro, si Serena lo razonaba ella también estaba en un grado muy alto de soledad. Sí, se trataba de ser un poco más simples, era muy difícil encontrar amigos. Se despidió pronto, debía terminar sus compras.

- Ves Luna, estaban equivocadas Yael es muy sociable

- Yael es rara y no me simpatiza… Pero sí, creo te debemos una disculpa, la niña parece ser más normal de lo que pensamos

- ¿Crees? Me debes una sentidísima disculpa… Tanto tiempo viendo a escondidas a Yael porque ustedes creía tonterías sobre ella y ahora resulta que es más normal que todas juntas

- ¿Viendo a escondidas?

- Ah este – tartamudeó la jovencita contrariada.

Por su enfado había dejado escapar su secreto. Desde que las chicas las veían como una amistad dañina. Yael y Serena decidieron omitir de sus pláticas a la otra. Y es que era más sencillo así, era como vivir en un mundo aparte y hasta gozar de la irrealidad de un paraíso perdido. Muchas veces Serena pensó en si de verdad dañaba a Yael con su amistad, si la niña se había vuelto tan apática por sentirse segura a su lado… Ahora sentía que esas noches de tortura no habían valido la pena, Yael tenía amigas, hablaba con las personas y hasta donde ella había visto siempre fue una personita muy normal ¿De dónde había sacado esas ideas Amy? Si lo pensaba bien, la antisocial y de comportamiento extraño era la propia Amy.

Amy se sentía extraña poniendo el arbolito. Era como regresar a su infancia y es que desde que se fue de Tokio dejó de celebrar hasta su cumpleaños, primero lo hizo por la melancolía y después por no encontrarle sentido. Ahora tampoco había uno en particular. Oyó la puerta y sus pensamientos se interrumpieron por los gritos de su madre.

- Me estrangulas Yael – reía la mujer mientras la niña seguía besándole sus mejillas

- Pero te quiero… ¡Te quiero! – y seguía abrazada de su cuello feliz de estar en casa – ¿Iremos a esquiar?

- Ya te dije que si sacas buenas notas te llevaré a donde quieras de vacaciones – contestó la mujer calmando un poco la extrema felicidad de la niña con una caricia – Estas helada pequeña, te haré un chocolate… Anda ve y cámbiate de ropa

- Pondremos el arbolito – gritó al oído de Amy

- Espero no quedarme sorda este invierno – reía Amy contagiada por la excesiva felicidad de la niña – ¿Te ayudo madre?

- Por favor… Por cierto esta noche no podré estar en casa

- Pero es tu día de descanso – y como una ráfaga feroz de viento llegaba Yael a la cocina – no debes trabajar tanto.

- Es importante, además no haremos nada especial y si lo cambio para el viernes… – guardó silencio, algo debió haber olvidado porque los ojitos de Yael se empañaron, una sonrisa triste se plasmo en su rostro en un vano intento por mostrar indiferencia a su olvido

- Sí, mejor el viernes – se dio media vuelta

Amy se limpió las manos. Siguió hasta la habitación que ocupaba la chiquilla. De memoria conocía ese sentimiento. Tantas veces que su madre llegó hasta olvidar su cumpleaños que poco a poco la costumbre ganó borrando de su corazón ese sentimiento de dolor y soledad. Sabía que su mamá no lo hacía a propósito y a veces no era conciente del daño que causaba, para su madre siempre el deber fue primero, no había nada más allá del hospital y eso hería demasiado.

- Siempre ha sido así – dijo en el umbral de la puerta

- No importa, el viernes estará bien… Sea a donde sea que nos piense llevar – rió la chiquilla recordando que no dio oportunidad para que le dijeran a dónde la llevarían – Tengo que cambiarme…

Amy se sentí de verdad feliz al ver el arbolito de navidad con todas sus luces encendidas. Se sentía hermana mayor y el sentimiento era un tanto desagradable, sobretodo por el carácter de Yael. Su madre le había dicho que la madre de Yael fue su amiga, algo así como Serena lo era para Amy y después se fue a vivir a Nueva York. Ella le perdió la pista, hasta hacía algún tiempo. El afecto que sentía por la niña era por el recuerdo de una íntima amiga, y hasta el sentimiento de culpa por aquella mujer a quien nunca ayudó. La jovencita pensaba en ello todas las noches, no quería un día darse cuenta que la lejanía hizo de las suyas evitando que ella pudiera ayudar a quienes amaba…

- Chocolate – y Yael le saltó encima

- Bájate – pedía Amy adolorida – Ya cené

- ¿Qué me regalarás?

- Supongo que un libro de buenos modales – sonrió con ironía

- Malvada, por eso Santa no te traerá nada

- ¿Santa? Bueno la verdad es que ya no escribo cartas para él

- Pues ni te molestes estás en su lista negra – frunció la naricilla – es que de que te da por ser odiosa creo ni tú te soportas… ¿Qué te pasó en Canadá para que te volvieras tan nefasta? Hasta donde he visto Santa siempre te tuvo en la lista de niñas mejor portadas y lindas

- En primera no soy nefasta, en segunda no me pasó NADA

- Sí, claro eres nefasta… Eres muy odiosa y engreída – su ceño se frunció pero Amy había prometido a su madre tratar de ser tolerante con la chiquilla malcriada

Se encerró en la habitación, no importaba lo que Yael dijera ella no era un ser terrible. Se recostó de lado en la cama, estaba muy cansada para permitirse llorar por hechos pasados. Dejó que Morfeo la arrullara. Para cuando despertó el reloj marcaba las dos de la madrugada. Oía la televisión, supuso que a falta de autoridad Yael de nueva cuenta se iría a dormir hasta que quisiera. Se frotó los ojos y cuando dio la vuelta se encontró con un pequeño muñequito.

- Yael – gritó – Vete a dormir, son las dos de la mañana

- ¡Horrible! – contestó la chiquilla pero de inmediato oyó la televisión se apagaba

- Y no creas me comprarás con regalitos – sonrió mirando el simpático animalito que la jovencita le había obsequiado

- ¿Yo? Ah eso, no es para comprarte – hizo una muequita de enfado y se siguió a su habitación

- Lo sé – susurró – Y más vale mañana te levantes temprano… Sueno como mi madre – se sonrojó la joven

Sazuke había empezado a trabajar por su cuenta, si no podía obtener las Estrellas de Oriente faltantes bien podría hacer que las que poseía adquirieran el resplandor necesario para igualar el poder de las seis. Había descubierto que los humanos con sus sueños, esperanzas e ilusiones podían irradiar tantísima energía que figuraban el poder de una Estrella. Su nuevo plan consistía pues, en explotar esta energía dejando así sin esperanzas, ilusiones y sueños a la humanidad y a él con la oportunidad de triunfar.

- Es sencillo Jefe – explicaba

- Pues era sencillo tener las Estrellas y mírate

- Pero es infalible. Cada humano irá conmigo yo haré sus sueños realidad con el pequeño poder de las Estrellas que tenemos y después robaré la energía que los humanos generen

- ¿Dejarás a la población sin deseos e ilusiones?

- Bueno hay un precio por ello

- Adelante entonces… Y espero mejores resultados… Me cuestas mucho Sazuke

Sazuke sonrió, lo que su jefe no sabía era que tenía ya tiempo con su plan en marcha, había acumulado suficiente energía como para empezar a robar en escala mayor. Ya Luz le había platicado de la navidad y sabía que la mejor fecha para acceder a los sueños de las personas era ahora, robaría ilusiones, vendería engaños y hasta quizá encontrara las Estrellas restantes. Salió de la oficina con una sonrisa en rostro.

- ¿De verdad crees que semejante idiota pueda traernos las Estrellas? – preguntó la niña de cabellos rosados

- Princesa tenga paciencia – los ojos de Johan se llenaron de codicia

- Pero el tiempo se termina…

Hotaru frunció la nariz como si hubiera olido algo realmente asqueroso. Una cosa era soportar a la mujer esa y otra muy distinta pasar navidad con ella, no pudo disimular su enfado, se sentía desplazada y de alguna forma sentía que terminaría como su hijo menor enviada a un interno de un olvidado sitio del mundo. Quiso llorar pero su ira le dio fuerzas para reprocharle a su padre todo aquello que su alma de niña guardaba

- Tú sabes que te quiero – decía su padre siguiéndola

- Si me amaras no me cambiarías por esa mujer – y sin miramientos se encerró en su alcoba – Ve tú, yo festejaré navidad en Tokio con mis verdaderos seres queridos

- Entiende Hotaru… ¡Hotaru!

Ahora Tomoe no podría explicarle que aquel viaje había sido preparado para que él pudiera formalizar su compromiso. Era ridículo pensar que ya estaban por fijar fecha para la boda y él todavía no le decía a su hija sus planes. Hotaru nunca conoció a su madre y falsamente pensó que su matrimonio podía ayudar a la jovencita en muchos aspectos. Estaba creciendo, se hacía mujer y él ya no sabía cómo tratarla, ya no encontraba su lugar ni cómo explicarle sobre la vida. Tomoe deseaba sentir amor, deseaba una pareja y una familia completa, no podía Hotaru ser tan egoísta cerrándole el paso a su propia felicidad.

- Hotaru

Pero no hubo respuesta. Seguramente la niña permanecería allí hasta el lunes. Dio un suspiro tal vez Haruka podría ayudarle un poco y hacer que fuera más sencillo decirle a su hija que sus vidas cambiarían, él tendría una esposa y dos hijos más, ella una madre y dos hermanos. Amaba a Mari Konik como no había amado a nadie, ni siquiera a la madre de Hotaru. Tomó las llaves de su auto, quería estar solo para pensar que hacer realidad sus sueños no costaban tan caro.

- Regreso más tarde

Hotaru se asomó por la ventana. Lloraba. Se sentía perdida, sacó de su escritorio el teléfono de Yael, quería saber que todavía contaba con aliados en su batalla.

- Tu papá tiene derecho a rehacer su vida

- Pero no con esa mujer

- ¿No será que estás celosa?

- Esa mujer es mala y en cuanto se case con mi padre me enviará a un orfanato

- No es tan tontilla ¿Te parece si voy a visitarte? Así platicaremos y me invitarás un helado

- Hace frío – renegó la niña todavía llorando

Yael no tardó mucho en llegar, llevaba en las manos un tambo de helado que había sacado del congelador. Hotaru sonrió. Apenas se vieron dentro de la casa y Hotaru comenzó a llorar, refugió su cabecita en el pecho de su amiguita, se aferró a sus brazos como si la vida dependiera de ello. Quería morir antes de vivir para llorar, ya había perdido antes a su padre y repetirlo no lo soportaría. No había razones pero Hotaru lo sabía, esa mujer haría su vida miserable, terminaría para siempre con sus ilusiones y con el cariño que su padre sentía por ella

- No llores – acarició su cabecita – el amor no se termina porque alguien te lo pida o diga

- Es mala… lo sé

- Tienes mucho miedo Hotaru, nada pasará con otra mujer en casa… Hasta podría ser bueno y si no sucede así – tomó el mentón de la niña. Ahora podía mirar esos ojitos rojos por el llanto, ahora veía la angustia, el miedo y el dolor – Y si fuera así siempre estaré para cuidarte y defenderte

- No me dejes

Michiru había visto varias veces el anuncio pero hasta hora le halló poco sentido: "Se hacen verdad sus sueños, esperanzas e ilusiones. Bajos costos por Inauguración." Quizá ahora le llamó la tensión por tanta gente que esperaba formada. Se acercó escuchando los cuchicheos de la gente. Todos opinaban lo mismo, era un ser celestial, un ángel que habitaba entre mortales y traía la felicidad al mundo.

- ¿Y dónde hago fila?

- Allá atrás – señaló el hombre el final de una larga fila

- Vaya creo estaré mucho tiempo formada. Gracias

Pero a Michiru no le gustaba esperar. Recorrió el edificio hasta encontrar la forma de llegar adentro. La salita de espera estaba plagada de gente que ilusionada llevaban consigo todo lo valioso de sus vidas. De sus miserables vidas. Michiru sacó de su carpeta el tesoro más valioso que pudiera existir para ella. Vio salir a algunas personas de una salita contigua. Parecían embelezadas, como si sus cerebros se hubieran dormido presas de la felicidad constantes hasta quedar en un suspiro de eterno gozo.

- Creo me formaré

Tomó su ficha y regresó a la fila. Transcurrieron muchas horas antes que lograra llegar a la salita de espera. Ya era noche. Ella sería de la últimas personitas en ver al gran ángel.

- La siguiente por favor – pidió la regordeta secretaria

- Soy yo

- Nombre

- Michiru Kaioh

- Adelante querida, el ángel de la esperanza te aguarda

Michiru quería estallar en carcajadas, sonaba más ridículo que adornar las afueras de Fox Corp con muñecos inflables navideños. La salita estaba oscura una tenue luz iluminó al famoso ángel y Michiru arqueó la ceja segura de que aquello era una estafa muy bien planeada.

- Michiru ¿Cuál es tu más profundo deseo?

- Me interesa más saber cuánto debo pagar

- No te apures solamente debes darme aquel valioso tesoro para ti, no importa qué sea y éste será sustituido por la luz de un sueño hecho verdad ¿Qué deseas?

- La oportunidad de amar… – tomó entre sus dedos el único tesoro que tenía – pero no pagaré tal precio, así que gracias

- ¡Qué! – saltó de su asiento Sazuke dejando ver su rostro al descubierto en la luz – niña tonta cómo puedes negarte

- Vendes mentiras – retrocedió mientras la mano que protegía su tesoro se mantenía en la espalda lejos del alcance del embustero

- Piénsalo – sonrió y la tranquilidad en su voz regresó lentamente – Yo puedo realizar tu deseo, te mostraré a tu amor verdadero y conocerás la felicidad de amar

Lita se sentía encantada, nada había más precioso que estar con él. Recargó su cabeza en el pecho de Jordane dejando que el ruido monótono de la televisión la arrullara. El tiempo se detenía y la magia existía cuando estaba con él. Sonó el móvil de Jordane y la mano que la abrazaba se esfumó para contestar el latoso aparato.

- Vaya, es para ti… Serena – sonrió Jordane

- ¿Uhm?

- Sí, parece que te busca con urgencia

- ¿Serena? – la llamada fue corta pero lo suficientemente impactante para alterar la tranquilidad del rostro de Lita. Tomó la muñeca del chico para ver en el reloj la hora. Colgó – Parece que Hotaru ha desaparecido

- ¿Hotaru? ¿Quién es Hotaru?

- La niña pequeña del otro día… ¿Me puedes llevar al Hospital? Tal vez esté con Amy

- Sí claro… La encontraremos Lita – tomó sus manos y las besó con ternura – No te preocupes

Era ya media noche. Tomoe había agotado la agenda sin que nadie le diera razones sobre el paradero de su hijita. Le angustiaba el que se hubiera escapado por la pelea que tuvieron en la mañana.

- Puede estar en cualquier lado – decía Tomoe angustiado

- ¡Amy! – las chicas se levantaron de su asiento la verla llegar a la cafetería del hospital

- Lo siento, Yael parece también desapareció. Mi madre no la ha visto desde la mañana… parece ser que salió a visitar a una amiguita

El grupo de separó. La señora Mizuno llamó a la policía mientras Tomoe se ponía de acuerdo con Marie para recorres las calles en busca de las niñas.

Mizuno no esperaría más. Durante todas las horas que estuvieron desaparecidas las niñas ella creyó morir. Sentía que su labor de madre simplemente siempre salía mal. Primero Amy y ahora Yael, en más de un año viviendo con ella la niña no se componía de sus actitudes hostiles y manías. Pensó en lo que pasaría si el departamento familiar se enteraba de lo sucedido. Seguramente le quitarían a la niña antes de si quiera poder dar una explicación coherente.

- Quiero ver a mi niña – exigió a la policía

- Está con servicio social… En cuanto termine la entrevista usted podrá pasar

- Gracias

Allí estaba la razón para que Amy detestara a la chiquilla. Parecía esforzarse como nunca por hacer que su madre pasara muy malos ratos. Siempre estaba angustiada por Yael: Si asistía a la escuela, si le iría bien, si comía sanamente, si tenía suficiente ropa (y para no fallarla se la compraba antes de averiguar si le hacía falta) etc… Amy frunció el ceño disgustada, en cuanto tuviera oportunidad reprendería a la malcriada por sus estupideces.

- Puede pasar – anunció la mujer policía

- Gracias – apenas estuvo adentro cambió su rostro preocupado por un gesto de enojo y disgusto – ¿Quieres matarme de un infarto? No respondas. Me tenías preocupada, pensé que algo malo te había sucedido… Yael ¿Por qué lo hiciste? ¿Estabas enfadada porque olvidé que esa noche te llevaría a cenar como premio?

- No – ni se atrevía levantar la mirada – No fueron así las cosas

- Explícame entonces que sucedió

- No puedo – sonrió con melancolía

- Lo importante es que estás bien… ¡Ah! Y estás castigada hasta que tengas edad para votar

Hotaru por su parte intentó explicarle a su padre lo ocurrido, pero el hombre no le dio oportunidad, solamente quería llevársela a casa.

- Bueno esas niñas nos deben una explicación – sentenció Rei muy cansada

- Hotaru dice que un montón de zombis las atacaron – se oyó la voz furiosa de Mina – Yo sé es verdad…

- ¿Zombis? Pues atacaron a Hotaru porque a quien Yael agredió fue a policías, claro después que intentó entrar en una casa

- ¡Me llamas mentirosa! – gritó encolerizada Mina

- No dije eso – bramó la pelinegra

- Ya basta – paró en seco la pelea Lita – Ha sido una noche muy larga y difícil como para que ustedes la terminen con una pelea

En efecto según el relato increíble de Hotaru Yael llamó al señor Tomoe para pedirle permiso de quedarse a la última función del cine. Tomoe quedó en irlas a recoger pero él nunca llegó, entonces caminaron a la civilización. Entraban a una zona residencial cuando unos ruidos en los arbustos las asustó. De la maleza salieron horribles y tétricos zombis que no dejaban de repetir "Estrellas de Oriente" Hotaru corrió para poder transformarse, pero su pluma le fue arrebatada por uno de ellos. La lucha se extendió hasta que un ruido extraño espantó a la manada de zombis y ella pudo recuperar su pluma. Quizá verlos en la madrugada habían hecho a Yael perder la razón.

- Báñate pequeña – acarició a la niña – Mañana hablaremos ¿estas bien? – y es que su mirada se veía perdida

- Estoy cansada

- ¿Te hago un te?

- No, gracias ¿Puedo irme a la cama sin bañarme?

- Sí cariño – volvió a colmarla de caricias y Yael se quedó dormida en menos de un minuto

- Mamá la concientes demasiado – le reprendió Amy

- ¿Y qué pretendes que haga? Las personitas no escapan de casa porque sí

La jovencita guardó silencio. Ni ella misma sabía qué hacer con la niña. Recordó la primera vez que un demonio la atacó, el miedo que sintió, tal vez Yael sintió tanto miedo que creyó los policías también la querían dañarla. Sonrió para sí.

Se sentía muy confundida, quería marcarle a Sazuke para que investigara qué había ocurrido aquella noche. Por primera vez en mucho tiempo se sentía vulnerable, como si su don especial hoy no sirviera de nada ante el poderoso enemigo. Seguiría viendo el techo hasta que alguna idea mejor iluminara su cabeza.

- Yael… Mi madre llamó, te recuerda que te levantó el castigo y puedes ver la televisión…

- Pero no salir – dijeron al mismo tiempo – Sí gracias

- ¿Te sientes bien? Digo, la noticia era para que corrieras a ver el televisor

- No tengo ganas

- ¿Quieres salir?

- No… Bueno quizá me gustaría dar una vuelta a la cuadra, para desaburrirme

- ¿Si te dejo salir media hora prometes guardar el secreto y regresar a la hora? – la miró con decisión y el presentimiento que para en la noche la estaría reportando como desaparecida

- ¿De verdad? – miró los ojos temerosos de la joven cabellos azules – Que tal que no regrese

- ¿Quieres ir a custodia estatal? Mira si quieres pasar unas noches en las instalaciones de Protección a menores mientras averiguan que la nefasta en esta casa eres tú a mí no me interesa… Media hora y si no te reporto como perdida

- Gracias – rió Yael

No lo dudó mucho, no necesitaba tanto tiempo para ir a ver a Sazuke. Ya en el sótano de los departamentos invocó su poder y una luz blanca cegadora envolvió su cuerpo transformándola en Luz. Chasqueó los dedos y de inmediato se transportó a las instalaciones del Centro de Investigaciones Fox

- Milagro en verte – decía Sazuke volteando sus papeles

- Algo me atacó

- Se llaman Sailor Scouts… Y ya trabajo en ello

- No… Sazuke, ponme atención, alguien quiere que deje de existir… Sí, era una Sailor pero era distinta a las otras que hemos visto… Me atacó cuando yo era humano

- ¿Cómo? – y el chico de inmediato soltó sus papeles para sentarse frente a Luz y escuchar el relato – Las Sailor no atacan a lo que defienden

- Pues ella sí, casi me mata…Fue algo muy extraño poseía la habilidad de controlar las mentes…Mira – se descubrió parte del hombro para que Sazuke observara la herida – Tú sabes que no soy tan vulnerable para que una patética Sailor pueda hacerme esto en el primer intento

- ¡Caramba! De verdad que casi te mata – lentamente dejó sus hombros al desnudo – ¿quién querría matarte cuando eres Yael?

- Alguien que conoce mis habilidades… A menos que la famosa Sailor se dedique a matar humanos al azar

- Ojalá sea la segunda opción, no es divertido… Yo no poseo don especial y si intenta atacarnos seré Sazuke tatemado… No te apures – levantó la mano en la que había atado un pedazo de diamante que guardaba la energía robada – Desaparecerá en un segundo – miró las heridas

- ¡NO! De verdad gracias

- ¿Masoquista?

- No tendré una explicación coherente para heridas que sanaron en menos de media hora… Si de por sí ya tengo problemas, mi sangre está contaminada y los humanos lo detectaron… Tuve que borrarles la memoria y cambiar mi muestra por la de una persona común

- ¿Y para qué vives con humanos que apestan tan feo? Vive aquí… conmigo

- ¿Estás loco? No puedo. Te pido me ayudes, encuentra a esa Sailor… esto no se quedará así

- Dame los datos… Si no está en la red mundial no existe – rió Sazuke tomando asiento frente a su computadora portátil

Luz rió, iba a decirle que él no aparecía en la red pero prefirió guardar silencio, necesitaba mucho el favor.

En el Próximo Capítulo:

Ahora Haruka y Michiru se llevan mejor… Quizá porque Michiru no recuerda nada…
¡La primera nevada! Y miles de recuerdos, significados y nuevos retos

C O N T I N U A R Á…