"Estrellas De Oriente"
En Contra del Destino
Fue un emocionante catorce de febrero, pero ya han pasado mucho tiempo ¿Qué cosa extraña le está sucediendo a Yael? Vamos Serena anímate se vive solamente una vez… Haruka recibió una notificación Israelí ¿Qué sucede? ¿Qué haces con esos niños? Hoy presentamos:
22. Después de un beso
Mireya observó los juguetones ojos del chico que no dejaban de contemplarla como si supiera que su visita a Michiru se debiera a algo extraordinario y no simplemente a una visita social. Quizá se trataba de su paranoia o de la verdad oculta tras esos ojos en los que no podía entrar. Kael se acercó a ella y en un susurró expresó lo contento que le hacía el que Michiru tuviera amigas. Y Mireya seguía pensando que había algo oculto en ese ser que la aterraba. Definitivamente al volver a casa intentaría leer el futuro del chico. A veces con tocar a las personas podía ver muchas cosas, pero era tal su miedo que ni siquiera se atrevía a levantar la vista en su presencia. Michiru había llegado por fin.
-Siento la tardanza
-No importa – y Mireya la sacó de la casa con rapidez
-Ni siquiera me dejaste despedirme de Kael – replicaba la joven – Bueno y dime qué es eso tan urgente que necesitas decirme
-Ya lo olvidé… sí, los sueños, ahora lo recuerdo
-¿Qué sueños?
-He encontrado tu destino
-¿Mi destino?
Pero así como Mireya podía leer los destinos ajenos podía leer el suyo. Había soñado su propia muerte. Un hedor irreal, un pasillo siniestro y esos gritos de guerra para entonces morir en manos de esa figura siniestra. Miró los ojos de Michiru observando que su mirada había cambiado, se había llenado de magia y encanto como si de la nada hubiera adquirido vida. La luz irradiaba en sus bellos ojos, Dios había con su mano tocado el alma de la joven para darle vida en vida…
-Me alegra tu vida sea dichosa
-¿Por qué dices eso?
-Por el brillo de tus ojitos… ¿Te ha ido bien?
-Algo así – rió – Pero dime qué destino
-Eres la elegida, deberás enfrentar a aquellos que intentan traer oscuridad pero no es tu única alternativa, ya que puedes decidir tomar partido por aquellos que son penumbra entre la humanidad… Defender a tu princesa o defender la luz… al Hijo del Sol
-¿Cómo?
-Que tomarás partido pronto y lo que tu elijas te podrán en contra de Sailor Urano o a su favor
-¿Qué? – su rostro se llenó de asombro
-Dos amantes prohibidos que deben ser enemigos… Dos seres que gimen de dolor mientras desenvainan sus espadas pues deben matar a quien fuera su amante… Porque un destino los conjuró antes de nacer convirtiéndolos en enemigos…
Michiru guardó silencio segura estaba que las cosas no podían suceder de esa forma…
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No era la primera vez que se encontraba con la pobre niña metida en líos. Una energía extraña, algo entre maligno y desconocido la llevó a aquellas calles que poco o nada frecuentaba. Allí la encontró rodeaba por sus compañeros de clase que sin miramientos seguían golpeándola hasta que uno de ellos se dio cuenta de la presencia de Michiru. Entonces la desbandada se dio de inmediato. La joven corrió para ver cómo estaba. La niña apenas pudo levantarse para mirar los ojos de su salvadora
-No deberías meterte – sonrió Yael
-Eso yo lo decido ¿Estás bien? – y aunque la chiquilla lo afirmaba, la abundante sangre que salía de su cabeza le contestaba lo contrario
-Entonces para qué preguntas – masculló la chiquilla cansada de escucharla
-Sí, tienes razón – y sin más la jaló del brazo
Yael estaba muy cansada como para dar explicaciones, o para si quiera quejarse. Michiru decidió permanecer en silencio, había algo en esa niña que le recordaba a ella misma. La dejaría dormir un rato, y después la llevaría a su casa para hablar con la señora Mizuno, dudaba la mujer supiera que la niña era presa de pequeños bravucones escolares. Se fue a la cocina, esperaba tener algo decente para comer.
-Nada – suspiró
Y la misma extraña energía que la atrajo antes volvió a llamarla. Cuando fue a la habitación de la niña descubrió una energía extraña que la rodeaba, era como una espesa bruma que acompañaba los sueños de la chiquilla. Por un momento Michiru tuvo la intención de despertarla pero en cuanto la tocó pudo ver lo que aquella niña guardaba en lo profundo de su subconsciente.
Estaba allí, en aquel salón blanco mirando los candelabros que colgaban del techo. Y la música sonaba ligera y al compás de las mismas luces del gran salón. Un grito sordo de batalla resonaba en su mente pero la imagen perpetua de aquel baile quedaba ante sus ojos. Ya no había para aquella pareja nadie más en el universo, no había más que esa perfección que se unió en su mirada. La muerte dejó de existir, así como la vida; esa mirada la conocía porque era la misma que ella tenía cuando estaba con Haruka. Nada podía detenerlas, no había más mundo que el que ellas crearan y un silencio majestuosos dejó espacio para el amor, para dos amantes prohibidos que en medio de la noche con su irradiante brillo sellaban el pacto que se prometieron en años pasados, cuando aún eran niños.
-Hijo del Sol – oyó gritar a alguien en las lejanías del palacio
Y poco a poco aquella pareja se perdió en la luz, podía ver a cada una de las Sailor. Para perderse entre las tinieblas que lentamente cubrieron el salón al ritmo de ese sollozo que denotaba la tristeza profunda del alma, la soledad por el amor que se ha ido, el mismo que ella entonó alguna vez.
-¡Dime de quién es!
Oyó gritar a un hombre que furibundo arrasaba con todo lo que hallaba a su paso en aquella pequeña casa mientras la mujer sujetaba a su criatura llorando horrorizada de pensar que su marido podría darle muerte a su primogénito. Entonces observó la luna, el brillo majestuoso que iluminaba aquellas tierras dándole una esperanza de vida a la criaturita.
-¿Qué sucede Yael?– pidió Michiru
-Nada, es mi secreto… Nadie jamás podrá entenderlo…
Y las imágenes pasaban como haces de luces perdidos hasta llegar a una época que Michiru supuso se trataba de la actualidad. Oyó las discusiones de dos esposos que se refugiaban en una de las elegantes habitaciones de un departamento. Michiru caminó lentamente hasta llegar a esa habitación, abrió lentamente la puerta y su ser entero quedó frío ante la imagen. El esposo tenía a la mujer sujeta de los brazos sus ojos negros llameaban furiosos mientras su mujer seguía viéndole con un odio infernal que ni en sus peores enemigos había visto la joven violinista. Aquella imagen le pareció se había quedado congelada. Y siguió el sueño, o el recuerdo. El hombre tomó su saco, salió del departamento maldiciendo mientras la mujer lloraba sus fracasos. Haz de luces de recuerdos perdidos y a medias hasta que finalmente estaba en la escena que finalizaba con la vida de la mujer. Allí bellamente dormida, entre sábanas de satín y colchas de telas exóticas, pero el color pálido de la bella dama revelaban ya hacía mucho su alma había dejado de residir en ese cuerpo. Estaba por acercarse a ella cuando oyó un fuerte disparo, volteó la mirada pero temió lo que encontraría. De nuevo ese llanto y esta vez reconoció la voz: Yael
-No deberías estar aquí – susurró una voz detrás de ella
-¿Quién? – su rostro se llenó de asombro y temor
-Son solamente recuerdos perdidos que luchan por aflorar con el dolor y sentimientos que se desencadenaron en su momento o se dejaron de desencadenar… Fantasmas de imágenes que jamás descansan hasta obtener lo que desean
-¿Quién eres? – se puso a la defensiva observando aquella guerrero
Ese traje plateado y dorado. Vestía como marinerito, su falda corta era de color dorado y con los pastelitos correspondientes como si fuera una Sailor, en el término de la falda se encontraban destellos de plata que ante la luz brillaban como si aquella niña fuera un ángel. La parte superior del traje se coronaba con un moño en color plata, en el centro tenía una estrella color Rojo cobre que si no se equivocaba cambiaba de color constantemente, unas pequeñas alitas transparentes que brillaban celestiales amparaban a aquella estrella. Su tiara era color plata y en el centro una gema preciosa en color rojo, la tiara terminaba en cada lado con pequeñas alitas igual de brillantes que las de su estrella. Y hubiera jurado que más que Sailor se trataba de un ángel al ver las alas que amparaban a su persona y se desplegaban a su voluntad. Tuvo miedo de mirar sus ojos, pero la atracción era tal que no lo pudo evitar por mucho tiempo.
-Tú mejor que nadie sabes quién soy… No es asunto tuyo lo que sucederá… ¿Lo recuerdas? Amnesia
-¿Y crees eso me detendrá? – sonrió de forma maliciosa – Revela tu identidad
-Sálvala, por favor – y aquel celestial ángel se hincó para suplicar por quien ahora soñaba y cuando despertara no recordaría nada
Yael despertó perdida en la oscuridad con sus pesadillas dejadas atrás como si al despertar regresara a un mundo del que jamás debió irse. Temía dormir. No lo negaba. Pero como poco o nada recordaba de su agitación o la razón que la tenía así bastaba con simplemente despertar para volver a su verdad, a su realidad. Al mirar a Michiru sintió esa necesidad de llorar, de sentir por primera vez era aún humano.
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Serena no lograba concentrarse, Amy volvió a reír y la joven supo que de nuevo había dicho algo poco acertado. Se rascó la cabeza y finalmente dio un suspiro en espera de que la risa de su amiga cesara. Darien no parecía muy feliz, quizá su tontería lo estaba molestando de sobremanera y qué podía hacer ella cuando su vida entera era una tortura. Luna le golpeó en el brazo señalándole lo que tenía en la mesa.
-Parece que Sazuke trabajó en Inglaterra, sería cuestión de ir y tratar de averiguar sobre él – repitió Darien
-A menos que Serena quiera ir a desplumar pollos
-¿Pollos? – preguntó Serena intrigada a Rei
-Eso dijiste – volvió a reír Amy
-Lo siento – sonrió apenada moviendo sus deditos inquietamente en la mesa – Creo es buena idea investigar a Sazuke porque si es humano quiere decir que…
-Que no es tan peligroso como aparenta – concluyó Mina entrando a la casa. Apenas pudo acomodarse la blusa, había venido corriendo todas las escaleras, pues un grupo de fans la reconocieron – Otro poco y no llego
Serena ya no pudo seguir la conversación. No importaba Sazuke y sus tonterías. Hojeó su cuaderno, allí estaba su calendario donde había marcado cada uno de los días que tenía sin ver a Yael… después… después que la besó. Aún se preguntaba qué le sucedió porque aquello se llamaba locura temporal, algo dentro de su cerebro se enloqueció y sin razón la besó, pero podría ser el pretexto que usara en su defensa cuando Amy o la señora Mizuno le reclamaran algo. Se dio golpecitos leves en la frente, debió aunque sea preguntarle a la jovencita si quería ser su novia… Si la besó era porque la amaba y negarlo ya no podía, podía pasar que hubiera encontrado a su alma gemela en una mujer… en este caso niña.
-Oye Serena
-Mande Amy
-Necesito platicar contigo
-¡No puedo! – grito y salió despavorida atropellando a la pobre Mina que apenas se disponía a tomar asiento
-Vaya – se quedó Rei sorprendida – tenía prisa ¿Mina estas bien? ¿Mina? – pero Mina estaba tirada en el suelo
-¿Tomaron las placas del elefante?
Amy se marchó también. Casi estaba segura de dónde podría encontrar a Serena.
-Serena espera
-Dime – casi lloraba la joven rubia – Deja te cuento Lita tuvo una cita con Jordane ¿Ya te contó?
-Sí… Necesito preguntarte algo
-¿Sobre Lita? – rogaba fuera así
-No, sobre Yael – y Serena palideció completamente ¿Qué explicación daría a su comportamiento? Se aprovechó de la niña pero quién lo iba a suponer quería averiguar qué le sucedía porqué se sentía así y al final descubrió que estaba enamorada de ella. Cómo es que la besó, si era lógica aún en sus peores momentos no habría realizado semejante tontería… Definitivamente el amor resultaba muy complejo, hasta la hacía más tonta – ¿Sucedió algo entre ustedes?
-No – tartamudeó nerviosa
-Luna me dijo que te portaste extraño ese día… Digo han pasado casi tres semanas y ustedes no se hablan y parecen evitar hablar de la otra ¿Sucedió algo? Porque Yael también está como ida sin contar que esa noche llegó muy extraña
-No – masculló con un hilo de voz
-¿Te hizo algo? Si es así dímelo porque no se lo permitiré
-No, ella nunca me ha hecho nada malo, al contrario… Y No sucede nada entre nosotras… De verdad – las excusas se le terminaban, estaba por confesar su delito pero el celular de Amy sonó salvándola por completo
-Es del hospital, mi mamá dice que Yael perdió el conocimiento
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Ya no podía controlarlo, estaba tan fuera de sí que cuando intentó hacer la pirueta con los patines solamente logró caer al suelo. Hubiera querido ir a ver a Sazuke pero no hallaba cómo hacer la dejaran sola. Volvió a dolerle la cabeza intensamente, como si algo dentro de su cerebro intentara salir o estallar. Su nariz comenzó a sangrar y ella tembló de terror pensando que sus días por fin llegaban a término. Se recostó en la camilla pero su nueva mamá pedía entre sollozos no se durmiera de nuevo. Vino la calma y después regresó a esa imagen pedida en su memoria. Llegaba a casa de la escuela, tenía doce años saltaba los escalones contenta mientras cantaba aquella canción que en su mente quedó grabada de la fiesta. Se sentía un poco culpable por no asistir a clases pero así era la vida había que tomar las mejores decisiones. Abrió la puerta y los ruidos fueron más fuertes, eran dos voces que ya conocía. Su madre y su padre discutían de nuevo. Su corazón se detuvo como si aquel momento se hubiera congelado. Miró a su padre estrangulando a su madre adelantó un paso en un intento por acudir a su defensa pero el terror que sentía por su padre era más poderoso. Entonces aquel hombre soltó a su madre, maldijo como siempre y salió de la casa sin siquiera notar que ella estaba allí. Fue al lado de su madre pero la mujer le contestó a sus caricias con una bofetada
-Lárgate
-Pero mami
-Ya te he dicho no me llames así
Sentía su cabeza estallaría. Había demasiado ruido para poder controlar sus pensamientos. La tonada musical que venía tarareando vino de nuevo a su mente y los objetos de la casa comenzaron a moverse al ritmo de la tonada. Su madre la miró con terror, sabía que le decía algo pero no podía entenderla. Intentó detener aquella locura.
-Hijo del Sol – escuchó detrás suyo
¿Estaba en un sueño? Aquel enorme palacio le causaba angustia como si presintiera su propia muerte. Buscó ayuda y sus ojitos aterrados miraban a aquel hombre fiero que en posesión de su espada desenvainada amenazaba a la niña.
-No te atrevas – sonó una voz familiar y ella sintió que su corazón se desbocaba presa de la agitación
Entró a la habitación que fuera de su madre. Vestía de negro, el color del luto pero en su cabeza solamente estaba la idea quimérica de un sonido pedido en la memoria. De nuevo comenzó a dolerle la cabeza, era como si las venas de su cabeza estuvieran a punto de explotar. Miró alrededor y entre imágenes perdidas veía la que pertenecía a su madre. Se sentía enloquecer. Oyó su nombre.
-Despierta Luz – pronunció Sazuke
-¿Dónde estoy? – miraba a su alrededor mientras el dolor en su cerebro aumentaba a velocidades impresionables
-Es tu ficción…Despierta ahora
-No sé de que me hablas
-Si no despiertas morirás… Está aquí
-¿Quién? – un sonido ensordecedor hizo que estallara su tímpano y algo más dentro de su oído porque la sangre comenzó a emanar de ellos.
-Aun no es momento – susurró una dulce y tranquila voz que parecía provenir de su propia cabeza
Lentamente aquel príncipe desenvainaba su espada mientras Yael sentía esa punzada penetrante y dolorosa en su cabeza. Hubiera intentado defenderse pero no hallaba sentido a vivir en ese martirio. La espada rozó su mejilla, un hilo de sangre brotó mientras ella era testigo de una batalla apenas desencadenada. Emitió un grito estridente. De nuevo la calma, abrió los ojos lentamente observando a los doctores yendo de un lado a otro para atenderla
-Presión –pidió un médico
-Lista la sala para la tomografía – anunció una enfermera que entraba
Recobró la conciencia en su habitación. Todavía le dolía la cabeza y estaba confundida por la serie de delirios que tuvo. Miró el techo por largo rato, había otra respiración en la habitación, había creído se trataba de una alucinación pues desde aquel beso Serena y ella no se veían. Muchas noches creyó que la pobre jovencita se arrepentía de semejante tontería y hasta creyó que la había besado porque algo en la cena le hizo daño.
-Me dio miedo – lloró Serena ya sin poderse contener más – Creí te morías – se abrazó al lánguido cuerpecito de la niña
-No conejito llorón, solamente me dio jaqueca
-Pero no despertabas – seguía haciendo pucheritos infantiles mientras la estrangulaba en su efusivo abrazo
-Bueno tengo el sueño pesado – sonrió con melancolía – Debemos hablar
-Este… Creo me llama mi gata – se dio la vuelta para salir huyendo de la habitación. Se detuvo en el umbral de la puerta, la amaba demasiado para dejar que el tiempo empolvara aquel beso pero también tenía miedo de saber que ella no la amaba – Te quiero sabes
-Yo también
-¿De verdad? ¿Me amas? – se acercó a la cama para volver a besarla – ¿Me amas?
-Demasiado – contestó con un delicado y tierno beso en sus labios
-¿Y ahora que haremos?
-No sé – cerró los ojos. No permitiría que las preguntas terminaran con sus sueños – Sé mi novia – susurró entre sueños
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Tomó su mano para sentirse viva, para saber que aquello que soñó hoy era verdad. Serena no pudo evitar sonreír, sus miedos se pedían en los ojos verdes de su compañera. El alma de Yael adquirió un nuevo brío como si una chispa cálida hubiera llegado para posarse sobre ella. El primer sitio en la lista era la Torre de Tokio. Qué trabajo tan espléndido tenía Serena, pasaría todo el día recorriendo la ciudad con Yael, tomarían fotos y por ello le pagarían. Por fin encontraba en qué era buena: amando. Yael la abrazó y sus risas rompieron la quietud de la desolada calle. No había felicidad más allá de ellas.
-Te quiero conejito
-Yo también te quiero
Era difícil de creer que Serena Tsukino se hubiera enamorado de una chiquilla como aquella, pero más difícil lo era afrontar que a pesar de lo que alguna vez creyó y sintió Darien solamente era un amor que llenaba el vacío de su corazón, por lo menos eso fue en los últimos dos años. Yael la jaló hacia una nevería, para ella no importaba si estaban en Liberia o Cuba, un helado jamás se deja pasar por alto
-¿De que sabor?
-Pues no sé, creo hoy lo tomaré de chocolate ¿Y tú conejo chillón?
-¡No me digas así! – fingió enfadarse
Rozó la mejilla de la rubia, sentía esa delicada y suave piel en sus dedos, era como tocar un ángel celestial. Volvió a sonreír observando que Serena cerraba los ojos dejándose llevar por las caricias.
-Conejito si te beso aquí nos linchan
-Y qué
-Ahm bueno pensé querías vivir un poco más para disfrutar del mundo
-Realmente no – rió Serena sacándole la lengua
Inhaló el aroma de su amante, se recostó a su lado dejando que el viento jugara con su cabello. Tendió el brazo para poder sujetarla, tal vez temía que al despertar se diera cuenta aquello fue un sueño o tal vez quería sentir su calor. Serena no podía comprender aún muchas cosas que sucedían en su corazón pero saber que aquella niña de ojos verdes la amaba era suficiente para ella.
-Mira esa nube se parece a un dragón – comentó entusiasmada Yael
-Y esa un chocolate, aquella es una galleta y esa otra un pedazo de pizza… ¡Mira! Un helado gigante…
-Solo piensas en comida – rió animada la niña
-¡No es cierto! – refunfuñó la joven – Las nubes deben ser deliciosas… Como tus besos
En la lista seguía el templo Hikawa. Serena se dedicó a tomar fotos como si quisiera terminarse el espacio en la memoria de la camarita digital. Yael ya había contado trescientas cinco fotos y seguía contando. Pero Serena estaba tan obsesionada en tomar a Rei en su medio que la joven pelinegra ya se sentía acosada.
-Me estoy lavando las manos… Deja de tomarme fotos
-Pero eres la sacerdotisa y no sé porqué te niegas. Si se rompe la cámara no tendrás que pagarla
-Serena – y se lanzó sobre ella para romperle un jarrón por su insinuación.
Ya había terminado con otra memoria y no estaba complacida, en todas las fotos Rei no expresaba toda su belleza y es que si no se equivocaba había algo especial que desde hacía unas semanas daba una belleza singular a la joven. Era como si la magia se hubiera posado en su ser, algo hechizante dio brillo a su negros ojos volviéndola un ser más especial de lo que ya era.
En el Próximo Capítulo:
- - -Jordane se ha dado cuenta que Lita no está agonizando y creyendo que Lita planeó todo ha terminado con ella
- - -Darien ha estado investiga a Sazuke encontrando que él podía haber esta trabajando en la tecnología "Resurrección"
- - -Luna tendrá una cita con Meteoro ¡Cómo! ¿Luna te puedes convertir en humano?
C O N T I N U A R Á…
