OK, aviso... Capítulo pasado de rosca...


SIN ALMA

Capítulo XX

"Deseos insatisfechos"

Karen apagó el holocomunicador preocupada. Jane no sólo no había tenido noticias de su hijo sino que le había contado lo que había hecho a Misha. La bella mujer no sabía que pensar. Ella amaba a la mayor, había confiado tanto en ella que Jane Orleans era la parte dominante de su contrato de pareja, era la primera persona que había amado tras la muerte de Jared padre, si alguien le hubiese contado que había maltratado a un "sin alma" nunca lo habría creído.

Pero había sido la misma Jane la que había admitido ese despropósito, y no a cualquier domesticado, ¡a Misha!. Le había dicho que había castigado al muchacho durante horas, brutalmente y sin motivo. El hombre que ambas amaban y que las quería de igual modo había tratado de quitar importancia a lo ocurrido. Pero incluso a través de la pequeña imagen de la holo-pantalla se podían apreciar las señales del castigo en el rostro y el cuello.

Salió pensativa al pasillo. No era necesario encender ninguna luz, las paredes irradiaban una tenue energía plateada que hacía que todo estuviese perfectamente definido. Conectó el avisador portátil de la pequeña Alma y decidió dar un paseo para tranquilizarse.

El gigantesco edificio parecía abandonado. Sabía que no era así, puede que en ese momento no estuviesen las trescientas mil personas que habitualmente pululaban por la monstruosa torre durante el día, pero al menos unas diez mil si que habría entre la guardia personal del líder mundial y los asistentes e invitados de la planta 199.

Su suite de asistente tenía 600 metros cuadrados para ella sola. Estaba junto a la de Alma, de más de mil metros cuadrados. Pasó junto a la puerta de la niña, el avisador estaba estático así que seguiría durmiendo. La puerta estaba abierta, así que la dejó así.

Llegó a las escaleras centrales que subían al salón de recepciones de la última planta. Era el único punto de acceso público en los aposentos de Lázarus Stark que ocupaban el gigantesco ático de la Torre. Algo la impulsó a subir.

Allí la oscuridad era densa, pegajosa, asfixiante. Sintió miedo y quiso dar la vuelta y marchar a su habitación. Chocó contra algo firme y poderos. Alzó la mirada y se encontró con los imposibles ojos plateados del líder mundial.

SA-SA-SA

Nada más subir al helicóptero Jason, escoltado por los otros dos cazadores, el vehículo se elevó doscientos metros en el aire sin que nadie supiese cómo había ocurrido aquello. Todos los sistemas de control de estabilidad automáticos estaban manipulados haciendo que el aparato girase en todos los sentidos imaginables. Sus ocupantes eran incapaces de activar los sistemas de emergencia, bastante tenían con sujetarse dónde pudieran y no caer al vacío.

Jared sonrió al ver el resultado de su pequeño sabotaje, quizás tardaran un poco más de tiempo del que había calculado en poder recuperar el control de la nave. Siguió corriendo tras Jensen dando gracias por que se hubiese puesto el mono, al menos ese color era fácilmente distinguible entre la maleza, no se explicaba cómo podía ser tan rápido. Un par de minutos más tarde lo había perdido de vista.

Tras unos minutos asustado, creyéndose perdido entre la vegetación selvática, se vio rodeado por varios salvajes armados con aturdidoras. Dejó la mochila en el suelo y levantó las manos "Me rindo". Les dijo en el idioma de los bosques.

- ¿Cómo conoces nuestra lengua? - Jensen se había cambiado de ropa y llevaba el espantoso mono naranja en una mano, parecía un salvaje auténtico con aquel tejido rudimentario – sólo los hombres de los bosques la hablan.

- Misha me enseñó – El cazador se volvió lentamente sin bajar las manos disfrutando de la vista que era el rubio "sin alma" - no he venido a capturarte, al contrario, vine a impedirlo.

- ¿Porqué tendría que creerte? - el hombre de los bosques se acercó tanto a él que podía oler su sudor, y algo más que no era capaz de identificar - ¿por qué no debería matarte aquí y ahora?

- Eso es cosa tuya, yo sólo puedo asegurar que no he venido a dañar a nadie.

- Desnúdate y ponte esto – el pecoso le arrojó el mono

- Es pequeño para mi – no se lo pondría, no se iba a poner un mono de esclavo, no se humillaría así. Y sin embargo al ver la mirada del salvaje, al recordar los últimos dos años. El le acababa de hacer eso a Jensen. Obedeció.

- Es cierto que te está pequeño – un brillo de diversión surcó la verde mirada de su oponente. Algunos broches a la altura del pecho le estaban tan apretados que apenas podía respirar. El hombre de los bosques los abrió acariciando disimuladamente la piel expuesta – así podrás respirar hombre de hielo. Síguenos

Ninguno de los presentes trató de atarle, o molestarle o humillarle en modo alguno. Salvo algún empujón cuando se rezagaba y algún seco "Corre" nadie le habló ni tocó para bien o para mal.

SA-SA-SA

Karen temblaba como un pájaro hipnotizado por una serpiente. No era capaz ni imaginar que podía salir de allí por mucho miedo que tuviese. El Primero le quitó el comunicador de las manos y lo dejó suavemente en el suelo.

- Eres realmente bonita – le dijo acariciando su mejilla con el dorso de la mano

- Gracias señor gobernador – él posó un dedo en sus labios, no debía hablar, nada debía salir de sus labios ahora

- Sí, eres muy hermosa, como tu hijo, aunque de una forma distinta – pareciera que la atracción por el atractivo cazador se prolongara en la bella criatura que temblaba en su presencia. Añoraba aquel cuerpo poderoso sometido a sus caprichos, quizás por ello aún no había llevado a cabo sus planes de cambio – tu belleza es más delicada.

El centenario ser la despojó de la bata dejando a la vista el tenue camisón de seda turquesa que apenas ocultaba el cuerpo juvenil haciendo que se excitase con sólo adivinar las formas bajo el tejido. Le quitó el camisón y la dejó desnuda en medio de la enorme sala.

Le colocó ambas manos entrelazadas detrás de la nuca sin parar de repetirle lo bella que era y lo satisfactorio que iba a ser para él probar sus encantos. Karen era incapaz de moverse, de protestar, o de llorar siquiera ¿eso era el condicionamiento? ¿eso es lo que había soportado su hijo durante dos años, lo que ocultaba tras sesiones y sesiones de reprogramación?.

Lázarus comenzó a acariciarla como si estuviese modelando una estatua. Después más febril, se acercó a su sexo, sin que ella pudiese hacer otra cosa que estar allí de pie, quieta, muda. El primero fue más allá introduciendo sus dedos en la abertura vaginal.

- Déjala Lázarus.

El ruido de la silla electrónica de Pegasus Sade sonó a música en los oídos de la aterrada mujer. Sintió que podía moverse, que podía irse, se puso la bata y cogió el comunicador que sin saberlo, la libraba de los deseos insatisfechos del líder mundial.

Los ojos color plata de Lázarus mantenían un duelo con los oscuros ojos del otro primero. "Vete Karen, creo que Alma ha despertado" le dijo el recién llegado bloqueando el condicionamiento de Stark "olvida tu encuentro con Lázarus, no volverá a ocurrir"

La madre de Jared se fue corriendo de la sala de audiencias dejando a los dos primeros inmersos en un intenso duelo de voluntades. Cuando Pegasus consideró que la mujer estaba a salvo, dejó de condicionar a su amigo.

- ¡No me gusta que me condiciones! - gritó el amo del mundo volcando la silla de una patada

- No tenía elección, es la madre de Jared, le prometí que cuidaría de ella – respondió el debilitado Primero desde el suelo, sin alterarse.

- ¿Porqué? ¿Porqué eres el único que es capaz de condicionarme sin esfuerzo? ¿Porqué eres el único al que no puedo condicionar? - lo levantó del suelo, sujeto por las ropas hasta ponerlo de pie, sabiendo que en cuanto lo soltara no sería capaz de sujetarse

- No lo se Lázarus, ¿qué quieres hacer ahora? - respondió tranquilamente, entonces sintió un fuerte pinchazo en la nuca que le hizo ver dolorosas luces ante sus ojos – lo que sea date prisa amigo, no estaré consciente mucho tiempo.

Lázarus lo besó con violencia, con desesperación, alzándolo entre sus brazos y llevándolo al escritorio presidencial ansioso y feliz.

El coma cíclico que aquejaba a los Primeros, atacó a Pegasus de nuevo, esa vez fueron dos semanas. Lázarus Stark no volvió a acercarse a Karen Padalecki y ésta nunca recordó cómo aquella noche se había encontrado consolando a la pequeña Alma cuando estaba dando un paseo por la Torre.