"Estrellas De Oriente"

En Contra del Destino

Jordane se ha dado cuenta que Lita no está agonizando y muy molesto termina con ella pues cree que lo engañó ¡Pero Jordane escucha la verdad! Luna ya pasó el catorce de febrero cómo es que vas a tener una cita y con Meteoro… Artemis está muy celoso… Espera ¿Te puedes convertir en humano? Hoy presentamos:

23. Los desamores de Lita

Se dejó caer en la silla, estaba demasiado cansada para si quiera preocuparse por el sin fin de mensajes en su contestadota… ¿Cómo explicarse? Quizá como dijo Jordane era una persona horrible, engañó a Jordane, olvidó por completo a Joshua y… Y ahora estaba sola. No podía negar que Jordane la enloquecía tanto como para haber hasta olvidado a Joshua. Ahora sabía lo que el pobre chico sentía. Los recuerdos vinieron a su mente como punzadas dolorosas que cruzan el espacio para exterminar aquello que por error quedó con vida.

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No entendió Jordane que todo lo que hizo fue por amor. No quiso escuchar que no fue conciente de sus mentiras, ella simplemente permitió que aquella mentira creciera pero al final debía darle un poco de crédito. Y la historia comenzaba así. Ese catorce de febrero Jordane la invitó a salir, tenía planeado una tarde espectacular para la joven desahuciada. Y durante el transcurso de la velada la besó. Como otras veces Lita se quedó paralizada sintiendo el roce de esos labios que pronto se convertían en uno solo con los suyos. Ya había olvidado cuando comenzaron a besarse quizá por el impacto de ver su sueño hecho realidad o porque Jordane la mantenía en la luna muy lejos de la realidad. Entonces el tiempo se detuvo

- Sabes me da mucha tristeza… Y quiero hoy pedirte algo muy especial, sé que será un poco apresurado pero ten en cuenta la vida no es eterna… y menos para ti

- ¿Si?

- Así como el sol necesita a la luna yo te necesito, eres mi motivo para levantarme todos los días, porque veo tu fortaleza y la manera como luchas por un poco de vida ¿Te gustaría ser mi novia?

- ¿? – y Lita no podía contestar nada, estaba tan impactada que solamente reaccionó hasta que Jordane le gritó al oído

- ¿Está todo bien?

- Sí

- Sé que es un poco apresurado y mira no me importa si te mueres mañana el tiempo que vivamos será perfecto para ambos. Te haré la mujer más dichosa sobre la tierra

- ¿Por qué hablas tanto de muerte? Somos jóvenes Jordane y…

- Bueno lo digo porque estás desahuciada

- ¿Cómo? – ahora la perplejidad le permitió hablar. Pero no hubo necesidad de que Jordane explicara algo, cómo no lo vio. Era lógico Jordane nunca se hubiera acercado a ella sino por una mentira – ¿Qué te dijo Mina para que me hablaras?

- Pues que tienes una rara enfermedad y te queda muy poco de vida ¿O no lo sabías? ¡He hecho una estupidez! – gritaba golpeándose la frente con la mano Soy un tonto, no sabía que no te han dicho los médicos… Mira Lita tienes que ser fuerte…

- ¡Para Jordane! No tengo ninguna enfermedad

- ¿Ah no?

- No, Mina te mintió… Queríamos te fijaras en mí…

- ¿Me engañaste?

- No… escúchame – pero el chico no le dio tiempo a nada, se puso en pie tomando su abrigo para salir de la casa de la jovencita – Espera Jordane

Y sus súplicas no fueron escuchadas, de nuevo había pasado a ser la sombra inexistente de algo, alguien a quien Jordane no ve, siente u oye. Cuatro horas después, cuando vio que el muchacho no respondía a sus llamadas y fue conciente que se había ido supo que ya no volvería. Había perdido al amor de su vida. Entonces las preguntas surgieron ¿cómo podía perder algo que nunca tuvo? Odió a Mina ya que todo el enredo era culpa suya. Necesitó una mentira para que un muchacho se fijara en ella y permaneciera a su lado… Sin ella no habría conocido nunca a Jordane… No podía creerlo.

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Sus piernitas quedaban levantadas y parecía terminaría dentro de la enorme caja. Se oyó un pequeño ¡Aja! Y Haruka supo que la pequeña por fin había encontrado algo que la satisficiera. La niña tenía en su manita una fotografía de su madre, miró a Haruka con ternura y melancolía.

- ¿Puedo tenerla?

- Sí – sonrió Haruka intentando mostrarse indiferente

Johan Fox había contratado todo un escuadrón de abogados para recuperar a los niños. Haruka no entendía el motivo de su necedad, hasta por curiosidad le propuso que ella se quedaría con Cristal y entonces el hombre enfureció. ¿Qué había en Cristal tan especial para el millonario Johan? Lo que fuera ella no estaba dispuesta a permitir que las vidas de aquellos pequeños se volvieran miserables.

- ¿Me compras un dulce?

- Al rato

- Bueno… pero no se te olvide

Y la niña se plantó en la ventana para observar la lluvia que caía sobre la ciudad desde la noche pasada. Exhaló un suspiro como si fuera a morir en el intento. Se frotó los ojos y Haruka supo que era hora de llevarla a dormir. Tocaron a la puerta.

- Hola Haruka – saludó Michiru contenta – ¿Y tu niñera?

- Es su día libre

Hubo un segundo en que ambas se quedaron petrificadas. Cada una en su interior se batía en duelo por sentimientos pasados. Primero vino la pregunta crucial ¿Soñaron o lo vivieron? Haruka entreabrió la boca como si quisiera decir algo. Michiru sonrió, a la rubia le pareció estaba en extremo nerviosa.

- ¿Y…?

- ¿Y? – repitió la joven violinista

- ¿Te regresó la memoria? – Michiru no supo con exactitud si preguntaba a lo afirmaba. Rió con un toque entre irónico y enigmático. Meneó la cabeza en negativa – No del todo

A Haruka le pareció Michiru mentía. Tenía la extraña sensación que su joven sirena la engañaba, había algo que sus ojos ocultaban. Exhaló un suspiro, pues aquella noche había bebido tanto que perdió la noción de la realidad. Sonrió afable esperando porque ella misma volviera a confiar

- Dos amantes que se juraron amor ahora enemigos… No hay razones para pelear por un mundo mejor cuando se debe destruir el amor

- ¿Por qué me dices eso?

- ¿Confías en mí?

- Lo hago

Y Haruka dejó de lado sus preguntas, en los ojos de su amante veía pedía por una oportunidad. Era mirar su alma, era sentir y pensar en un instante distante, en un mismo momento, como una magia que trasforma y fusiona. Aceptar, confiar ciegamente, así lo había hecho antes con ella y quizá eso, hoy la salvara de terminar contra la persona que más amaba. Michiru sonrió y una revolución de sentimientos se disiparon, nada quedaba más que confiar… Pues no existía nadie más.

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Amy creyó que de verdad Luna se había equivocado con respecto a Yael. Tenía todo el día con ella y aún no encontraba ese ser extraño que la acompañaba. Debía Luna aceptar que las personas eran diferentes y un grado mayúsculo de excentricidad no significaba ser un ser maligno o algo parecido. Miró de nuevo a sus lados, parecía que todos en el colegio veían a Yael como una especie de Dios, alguien a quien no solamente se le tiene admiración y respeto sino también un cierto grado de veneración. Yael volvió a sonreír y más de uno cayó rendido a sus pies.

- Tienes muchos admiradores

- ¿Te parece? Es solamente que me encuentran extraña es todo…

Claro que Yael no era como Serena, la amistad no parecía existir en su lista, pero nunca resultó fácil encontrar verdaderos amigos. Amy daba gracias de ello. Miró de nuevo a Yael. Sí, había algo mágico y exótico en ella, un encanto que hacía posara sus ojos en ella. Jamás Yael pasaría desapercibida… cerró los ojos, trataba de regresar a esa imagen perdida que su cerebro traía a pasos cortos, una escena tan olvidada que no podía concretar de donde venía.

- Soy cambio… Soy revolución

Ese aroma, el perpetuo ser, la eternidad de la paz, el aroma a inmortalidad, la sensación de todo y nada. Como si su alma evolucionara para tornar a donde se originó… Sensaciones mágicas que atraen un pasado glorioso, invitan a amar con las pasiones encontradas al máximo. Ya no existe bien o mal, ya no existe sendero que seguir sino la verdad de los instintos al descubierto, la oportunidad de ser sin temer… sin represarías. Un súbito haz de luz en su interior vio cuando sus ojos, abrió. Se detuvo en su caminar. Ese as de energía, luz pura y reluciente que tenía el hedor a inmortalidad, a eternidad, como si Yael hubiera sido tocada en ese instante por la mano de los dioses. Era mirar una estrella de cerca. Y el resplandor, era él el recuerdo perdido en su memoria. Ese brillo místico de multicolores que en un instante se volvían blanco para después disiparse. Eso era Yael antagonismos encontrados; como si aquella niña guardara en su interior el secreto de los dioses… El secreto de la naturaleza divina.

- Tengo clase – comentó la niña sacándola de sus cavilaciones – Te veré en dos horas ¿Estás bien?

- Sí… Media hora

- Dos horas

- Eh sí miró sus ojos encontrando la chispa divina…

Ahora entendía, había en Yael más que misticidad. Se albergaba en ella todo aquello que el ser humano intenta dormir y esconder… Como si de alguna manera pudiera despertar lo mejor y lo peor de cada persona. Quizá por eso Luna le temía ¿Qué males podría despertar Yael en Luna… en ella misma? Ya había sido parte de ese hechizo, perdió la cabeza una vez dejando que la amargura residente en su interior saliera a flote y entonces venía el por qué. Sacudió la cabeza. Dejaría de hablar tanto con la gata o terminaría por tenerle tanto o más recelo a la niña.

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Yael dio saltitos de alegría cuidando que de su caja no saliera el regalo que tenía para su hermana mayor… Su nueva hermana mayor. Agitó la mano intentado llamar la atención de su amiguita Kiwa. Apenas la chica la vio y salió corriendo a su encuentro, parecía que tenía años de no verla. Le saltó encima hasta que por fin logró su cometido: quedar montada encima de ella como si fuera su caballito. La sujetó del cuello en su abrazo con fueraza y la pobre Yael seguía poniéndose morada a punto de perder el equilibrio. La caja ya había quedado muy lejos de donde ahora provenía un chillido casi inaudible

- ¿Qué tenías allí?

- Un gato – decía la niña logrando que Kiwa la dejara de ahorcar

- Vaya que lindo – por fin se bajó de ella – Es color tigre – rió animada

- Es color amarillo – la reprendió mientras sacaba al gatito de debajo de la caja – Pobrecito lo has asustado

- Si no se murió al ver tu fea cara menos cuando vio la mía – sacó su lengua en uno de sus tontos juegos

- Como sea debo llevar este gato a su dueña… nueva dueña – y dicho esto lo metió de nuevo a la caja para cargarla.

No había acabado de levantar la caja del suelo cuando Kiwa ya estaba de nuevo sobre de ella lista para su paseo. Yael dio un suspiro de resignación. Haciendo un gran esfuerzo emprendió la marcha con su amiguita a cuestas.

- Arre, arre, arre – gritaba a los cuatro vientos

- Te bajaré si sigues molestando – rió Yael

- Qué rico hueles… Es como a vainilla combinado con chabacano

- Tienes hambre – sonrió animada – Creo mi gato es demasiado chillón – se decía así misma observando que el animal no paraba de maullar

Yael se detuvo en seco. Kiwa levantó la cabeza observando que tres muchachos acaban de cerrarles el paso. Kiwa se bajó de Yael, suponía tendrían problemas. Intentó en vano recordar quienes eran porque la lista de enemigos de su amiga era equitativa al número de admiradores que tenía. Esperaba, como otras tantas veces, los chicos se contentaran con tumbarles sus cosas y llamarlas tontas.

- Yael – le llamó uno de ellos

Pero la niña se siguió de largo como quien no ha escuchado nada. El chico intentó tomarla del brazo para detener su avance. Entonces sucedió lo inexplicable, el muchacho comenzó a palidecer, era como si estuviera en contacto con algo que le robaba vida. Cada segundo perdía más y más color dejando que el blanco se volviera parte de su rostro. Sus gestos se volvieron grotescas muecas de horror, parecía estar muriendo de adentro hacia fuera.

- Qué pasa – masculló con miedo Kiwa

El chico por fin se soltó de Yael cayendo pesadamente al suelo. Los otros dos muchachos se acercaron a ayudarlo, ambos miraban con terror a la niña hasta que uno de ellos se atrevió a hacerle frente. No necesitó decir nada, su mirada revelaba el sin fin de pensamientos que corrían en su mente en ese instante. El viento elevó la basura y un par de chispas comenzaron a surgir del suelo en colores magenta, azul y amarillo, los muchachos salieron corriendo cargando a su compañero.

- Qué fue eso – retrocedió Kiwa aterrada

- Nada – tartamudeó Yael

- Yo lo vi – se decía mientras retrocedía pues sabía que como la última vez la causante se llamaba Yael

- Espera, déjame explícate Kiwa… No me tengas miedo… por favor espera

- Pero… – se alejó lentamente de ella. no apartaba su vista y en su mente buscaba la salida más fácil y segura para huir de Yael.

Yael intento detenerla mas cada vez que ella daba un paso, su amiga daba dos y se aterrorizaba más. Intento decirle que no pasaría nada. Pero su tensión creció tanto que terminó por extender la mano en imperativo para que se detuviera, entonces vino un viento helado que congeló por completo a la niña. Yael intentó solucionarlo, respiró profundamente regresando a la calma pero de nuevo Kiwa solamente intentó huir. Esta vez corrió. Y un grito de Yael creó una especie de escudo invisible.

- Escúchame

- Déjame ir – lloraba la niña

Un intenso dolor de cabeza deshizo el escudo. Cayó de rodillas presa de la agonía mientras Kiwa huía aterrada.

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Darien revisó minuciosamente cada periódico buscando la noticia que le interesaba. Pero tal parecía que no había mucho sobre Sazuke Roternou. Intentaba encontrar una foto así sabría si Sazuke Roternou el padre de la tecnología "Resurrección" era el mismo Sazuke que estaba detrás de los ataques a la ciudad de Tokio. Emitió un suspiro, las delgadas y cálidas manos de Rini rozaron su espalda y él se estremeció. Volteó observando que no venía sola, la acompañaba Minek.

- ¿Podrá ser Sazuke Roternou el mismo que ha creado grandes bestias?

- No lo sé – sonrió Rini tomando asiento al lado de Darien – Podríamos ir a investigarlo… Es la ciudad de Londres ¿no?

- Sí

Se despidió de Rini al medio día para buscar a Serena, marcharía esa misma noche a Londres. Estaba muy preocupado por el futuro Tokio de Cristal, por lo que le pudiera pasar a Serena… iba tan distraído que no se dio cuenta Serena tenía rato observándolo.

- No te vi – contestó a los mimos de la joven rubia

- Ya lo veo – sonrió Serena con cierto pesar – Necesito hablar contigo Darien

- Yo también debo marchara Londres… Creo tener una pista sobre Sazuke

- E…errr… Debo decirte algo

- Me lo dirás después

Serena guardó silencio. Quizá tenía razón. No era tiempo para resolver su vida amorosa cuando Sazuke estaba a un paso de conquistar el mundo. Pero necesitaba decírselo, confesar que amaba en secreto a otra persona, que el amor entre ellos terminó años atrás pero ambos se aferraron por intentar apagar una soledad indescriptible. El amor fue un momento que cubría ciertas necesidades, una forma de no pederse en el laberinto de la soledad…

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Amy estaba encantada con su gatito. No dejaba de abrazarlo y mimarlo. Volvió a dar las gracias sin dejar de preguntarse cómo podría tenerlo en el departamento. Yael sonrió, la cabeza aún le dolía demasiado como para razonar aquello. Cerró los ojos dejando que aquel intenso dolor se apoderara de su ser. Voló en la imaginación, cruzó el cielo para penetrar en la inexistencia del espacio. Era frío, era seco y un hedor a muerte. ¿Soñaba o retornaba a su pasado? Vio el emblema del sol, supo entonces moriría pero no sucedió así, llegó el silencio. La voz lejana de su hermoso conejito la despertó.

- Así que Londres – sonrió Amy – Sazuke Roternou… Se le conoce como el padre de la tecnología "Resurrección"

- ¿Qué es eso? – movía sus deditos Serena inquieta

- Es la tecnología para crear vida… Genética, mutación… Toda vida tiene un mapa y al ser descifrado podemos crear a partir de lo mínimo así como modificar las características de cada ser, es posible hasta alterar el concepto más simple de vida en una complejidad… Pero Roternou tuvo un fatal accidente y estas teorías quedaron sin sustento favorable

- Pues a ese señor irá a investigar Darien

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A pesar de que Mina le explicó a Jordane que la mentira fue idea suya, las cosas entre Lita y él no volvieron a ser las mismas. De nuevo Lita ocupó el espacio en el anonimato. Una desconocida de la que se olvida el nombre por no ser importante, una chica común y corriente que no interesa en la vida propia. Y Lita ya no sabía si sentirse mejor o peor porque Rei tenía razón, Jordane nunca la valoró. Esta noche no importaba, necesitaba olvidar y sentir un poco de juventud corriendo por sus venas.

- Es genial este sitio – decía Mina mostrando al guardia de seguridad su gafete

- Me sorprende nos dejen pasar – miraba Serena desconcertada el sitio y al guardia

- Soy famosa – sonrió Mina tomando sus poses de diva. Tomó la mano de Rei y las condujo hasta la mesa de la parte de arriba – Es un lugar muy exclusivo

- Y caro – decía Lita mirando los precios con terror

- No importa lo cargaremos a la tarjeta – reía Mina con locura

Amy tomó asiento sin desprender su atención de libro. Ryan y Jordane venían detrás hablando aún sobre deportes. Jordane sugirió ir a la playa el fin de semana. Se despidió de las chicas y de nuevo ignoró a Lita, ahora debía ir a buscarse una nueva novia. Lita exhaló un suspiro como si fuera a morir en ese instante. Ryan también se despidió, la noche era larga.

- No te apures – le dijo Serena – Él se arrepentirá de haberte dejado

- Yo no sé – repetía Lita con tristeza

Quizá todas tenían razón, porque al final Jordane estuvo a su lado por un favor que le hizo a Mina y hasta por que su conciencia le remordía. Lita pensó que era verdad, la única forma en que ella conseguía novios o alguien que la quisiera era por lástima

- No digas eso – por fin Amy dejaba su libro – nosotras te queremos y no es por lástima

- Gracias

- ¡Pidamos! – gritó Mina

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Luna se sentía enamorada, hacía tanto tiempo no tenía una cita que casi parecía caminar entre nubes. Le extrañó Meteoro la invitara a salir en lo que parecía una cita pero claro que cierto romance quedó pendiente en el Milenio. Meteoro siempre fue ambicioso, parecía desear demasiado querer ser como los habitantes de Milenio, caminar en dos patas normalmente, ocupar puestos importantes y hasta imponer su voluntad. Fue eso lo que se cruzó en su camino, para Meteoro no había cosa más importante que satisfacer su ego, por lo que la gata pasó a segundo término… Muy lejos de un verdadero amor

- Es una cita – replicaba Artemis furioso

- Calma es como amigos… Además no veo por qué te molestas tanto… Mina sale con Ryan

- Pero Ryan no intenta dominar el universo – chillaba el gato

- Debo irme Artemis llegaré tarde… Otro día discutiremos sobre tus absurdos celos

Y es que Luna no pudo evita que el gato Artemis se enterara. Mina tenía una gran bocota y en cuanto Ryan se lo comentó ella enloqueció creyendo que Artemis había perdido al amor de su vida. Así, en menos de media hora, Artemis hecho una fiera estaba listo para defender lo que creía era suyo.

- No puedes dejarme aquí – gritaba Artemis desde la ventana de la habitación de Serena

- Te veré luego – saltó la gata al otro tejado

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Meteoro ya la espera. Tenía en su hocico una rosa blanca. Luna sonrió. El gato hizo una reverencia y mostró su cuello que se encontraba adornado con un hermoso collar dorado. Luna frunció el ceño y Meteoro se sintió un poco tonto. Con un ademán la invitó a seguirla. Cuando estuvieron en medio de la oscuridad del callejón dejó que la marca de su frente, una luna, brillar iluminando el sitio.

- ¿Te gustaría? – y la miró a los ojos para saber que su respuesta sería sincera

- Es un poco…

- Es una noche nada más

El brillo de su marca se apagó, entonces volvió a ver una centella que parpadeó unos segundos y donde estaban dos gatos ahora había dos humanos. Meteoro tenía el pelo negro e hirsuto, tomó el gel para peinar su cabello de punta como lo usaba Rya. Miró sus ropas, estaban limpias e impecables, se acomodó su corbata y deslizó su mano humana por la sedosa tela de su saco. Luna seguía sintiéndose torpe y ridícula, su cabello era azul intenso con destellos azul claro que le daban un toque de mágico. Meteoro le había escogido un hermoso vestido color blanco y la pobre gata seguía intentado acoplarse a su forma humana

- Será una noche fantástica… He escogido un excelente restaurante

- Es una cita extraña

- Si prefieres Luna podemos tener la cita a la luz del tejado

- No, está bien

El primer sitio sería un hermoso restaurante que Meteoro había encontrado hacía una semana, si los desperdicios estaban exquisitos la comida sería magnífica. No se equivocó. Luna sentía terror de verlo comer como un animal, casi parecía estar viendo a Artemis comer. Rió nerviosamente.

- No te apures – sonreía Meteoro con el rostro aún lleno de comida

- ¿Qué ocultas Meteoro? Vamos esta es tu oportunidad de hacerte cargo de nuevo de los planetas exteriores y simplemente te quedas a la expectativa esperando…

- Es cosa de niños, las Scout lo pueden hacer sin necesidad de ayuda de planetas exteriores…

- No fue lo mismo que dijo Ryan – interrumpió Luna

- Bueno… Lo que piense Ryan no tengo por qué pensarlo yo ¿o sí?

- No digo eso… es sólo que te vez tan confiado que pareciera supieras algo más

- Claro que sé algo más – hizo un ademán al mesero para pedirle la cuenta – Sé que Sazuke no es problema en sí…

- ¿Entonces? – masculló la gata para sí

Ahora darían un paseo por el parque antes que Meteoro la llevara a un lugar especial. Luna seguía pensando en las respuestas de su compañero, estaba segura que el gato sabía algo que ella no había visto… Si Sazuke no era problemas ¿Qué lo era? ¿Descubrir cómo hacer funcionar las Estrellas? Intentó recordar los relatos de Dazael mas resultó en vano; muchos recuerdos del Milenio quedaron sepultados después de la guerra con Beryl

- Sabes Luna, eres muy hermosa

- Gracias adulador – sonrió la gata sonrojada

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Insinuó que se sentía mejor como gato para molestarlo, nunca creyó que tomaría semejantes medidas. Ahora estaban en el tejado cantando con refrescos en manos. Luna casi resbala, tenía sus desventajas tener dos piernas. Meteoro se paró y desde allí gritó que era el Rey del Mundo. Luna sonrió animada.

- Estas loco

- Loco de amor – susurró el gato al oído de la gata

- ¿De amor?

- Por ti – acarició su mejilla y la gata pudo leer esa sensación de romance en eso ojos ensoñados color negro.

- Tonto – volvió a reír y él a gritar que era el rey del mundo

Quizá si Meteoro no hubiera sido tan obsesivo ahora ellos dos estarían juntos. Pero después de un terrible romance en que la gata ocupaba el último sitio en sus prioridades conoció a Artemis… Y conoció el verdadero amor. Sabía que no cambiaría a Artemis por Meteoro, pero no dejaba de sentir cierta fascinación por el gato pinto, pues en gran medida se parecía a ella, o lo más cercano a un ser pensante. Artemis sabía su desventaja, él era un gato tonto y simpaticón que con sus tonterías hacía reír a la gente, llevaba alegría, amor y aunque se esforzara por convertirse en héroe como Meteoro siempre terminaba como un tonto.

En el Próximo Capítulo:

--¡Lita se sacó la lotería! Pero espera no te confíes mucho Lita esto puede ser una trampa

--¿Qué sucede contigo Yael? Michiru ha decidido ayudar a la niña a controlar su don

--Joshua qué haces en casa de Lita…

C O N T I N U A R Á…