¡¡¡FELIZ CUMPLEAÑOS GEMA!!!

Este capítulo es para ti por tu cumple, y por las muchísimas veces que me lo has pedido (¿la última vez que me has pedido que actualice cuando ha sido? ¿hace tres horas?), tiene partes que se me ocurrieron pensando en que te gustarían y espero de todo corazón que así sea.

Y para todos los demás espero que también sea de vuestro agrado.

RETO 48: ASTUCIA

Era un domingo común en la madriguera, aunque ese día Harry y Ginny habían faltado a la comida semanal porque se encontraban de vacaciones en la playa, aprovechando los días libres del moreno en la academia de aurores.

Los chicos recogieron la mesa y la trasladaron debajo de un gran árbol para jugar a las cartas disfrutando de la sombra en un día tan caluroso. Arthur y Percy aprovecharon esos momentos de tranquilidad para subir a trabajar en unos asuntos del ministerio.

Las chicas acabaron de ayudar a Molly con la cocina, y ésta se retiró a descansar a su habitación. No dejando que la convencieran de lo contrario.

Bill, Charlie, Fred, George y Ron estaban repantingados en las sillas jugando al póker (su nuevo descubrimiento muggle) cuando Hermione, Fleur, Angelina y Katie se unieron a ellos.

-Ésta seguro que la gano –Refunfuñó Ron, con su montón de fichas bastante más menguado que el de los demás.

-Antes de que tu ganes una partida las Holyhead Harpies dejaran entrar a un hombre en su equipo –Ron fulminó a Fred con la mirada, mientras todos reían.

-En las Holyhead Harpies ya han jugado hombres –Se giraron asombrados ante el comentario de Hermione.

-Hermione, es un equipo de mujeres.

-Ya lo sé, Ronald. No me hables como si fuera tonta –Fred negó divertido -¿Tienes algo que decir?

-No deberías hablar de lo que no sabes.

-¿Qué quieres decir con eso? –Angelina salió en defensa de la castaña.

-Que nadie duda que sea muy inteligente, pero de quidditch no tiene ni idea –Angelina se enfureció ante el comentario de su novio.

-No me puedo creer que digas eso, si lo dice será porque lo sabe ¿no?

-En las Holyhead Harpies siempre han jugado sólo mujeres –Apuntó George.

-De 1203 a 1208, los primeros 5 años del equipo, los bateadores fueron hombres –Los tres hermanos sonrieron de lado, incrédulos, enfureciendo a sus novias.

-Hermione, creo que te confundiste de libro –La castaña miró a George boquiabierta mientras Katie se añadía a la discusión.

-No le hables así, si está tan segura apostaría que es cierto.

-¿Sí? ¿Estáis dispuestas a apostar? –Ron se levantó delante de su novia, mirándola socarronamente.

Charlie abrió la boca para decir que Hermione estaba en lo cierto. Tonks era una fanática del equipo y le había contado esa curiosidad cuando aún estaban en el colegio, seguramente fuera la propia metamorfomaga la que se lo hubiera comentado a Hermione.

Pero una patada en el tobillo le hizo callarse y mirar asombrado a Bill, quien le hizo un gesto para que se callara, esperando a ver hasta dónde eran capaces de llegar sus hermanos.

-Por supuesto que estoy dispuesta a apostar –Hermione le miró desafiante -¿Qué quieres apostar?

Ron sonrió de lado y apoyó las dos manos en la mesa inclinándose hacia ella.

-Serás mi esclava durante el fin de semana y harás todo lo que yo te diga –Hermione se puso colorada, avergonzada de que le hubiera pedido eso delante de sus hermanos, pero no se iba a dejar amilanar tan fácilmente.

-Bien. Pero si gano yo, el que será mi esclavo serás tú –Ron volvió a sonreír socarronamente.

-Trato hecho –Se dieron la mano para cerrarlo.

-¿Mismos términos? –Fred y George se levantaron, extendiendo la mano hacia sus novias.

Angelina aceptó, desafiante. Pero Katie dudó, ella siempre había creído que en las Holyhead Harpies sólo habían jugado mujeres. Aunque, viendo la seguridad que tenían sus compañeras, terminó cerrando el trato, intentando aparentar la misma seguridad que ellas.

-El viernes a las 8 nos vemos en Sortilegios Weasley, llevaremos pruebas para demostrar que tenemos razón.

-Si las encontráis –Hermione fulminó a Fred con la mirada pero siguió hablando.

-La apuesta empieza el sábado por la mañana y termina el domingo cuando nos reunamos aquí –Todos asintieron conformes.

-Igé a hablag con Molly paga cambiag la comida pog la cena, así segá un fin de semana completo –Fleur se levantó y caminó hacia el interior de la casa.

Los seis se sentaron alrededor de la mesa, mirándose desafiantes. Demasiado ocupados para fijarse en Bill y Charlie, quienes intentaban por todos los medios aguantar la risa.

Dos días después, Hermione estaba en su mesa en el ministerio, lugar dónde estaba haciendo sus prácticas universitarias. Seguía dándole vueltas a lo de la apuesta, odiaba apostar pero realmente la habían sacado de quicio con su socarronería.

Aún y así, tenía muchísimas ganas de verlo, el domingo se habían despedido en la madriguera medio tensos y la verdad es que ella no estaba enfadada con él, sólo le había respondido a la provocación.

Así que una sonrisa llenó su rostro cuando vio a Ron aparecer en su despacho caminando con un paquete de regalo directo hacia ella. Se levantó y se lanzó a sus brazos, besándolo con ganas mientras el pelirrojo la estrechaba contra él.

-Si siempre me vas a recibir así voy a venir muchas más veces de visita –Hermione se separó riendo.

-¿Qué te trae por aquí?

-Quería darte un regalo –Hermione sonrió feliz, su chico era un cielo, ya sabía ella que todo el rollo de la apuesta sólo había sido por el calentón del momento. Y, pensándolo bien, el premio era pasar un fin de semana juntos, ganara quien ganara (aunque ella estaba segura de que tenía razón) no iba a ser muy diferente el uno del otro. Los gemelos eran mucho más peligrosos en ese aspecto.

Ron le entregó el paquete y ella lo abrió emocionada. Le miró confundida al ver que era un mullido cojín, Ron la miraba sonriendo de lado con gesto prepotente.

-¿Y esto…?

-Sabes que no quiero que sufras ningún daño. Esto es para que no te lastimes las piernas… porque pienso tenerte todo el fin de semana de rodillas.

Hermione le miró con la boca abierta, sintiendo como la furia se abría paso en su interior rápidamente. Y ella que había pensado que venía a arreglar las cosas, no sabía con quien se estaba metiendo.

Al día siguiente por la noche, los chicos Weasley habían quedado en el piso de los gemelos para tomarse una cerveza. Habían adquirido esa costumbre cuando ya fueron todos suficientemente mayores para poder beber y hablar de mujeres sin cortarse. Esa semana Percy se marchó temprano porque tenía una reunión importante a primera hora de la mañana, pero parecía que ninguno de los otros tenía ganas de volver a casa, por mucho que tuvieran que ir a trabajar al día siguiente.

-¿Habéis pensado ya que vais a hacer con las chicas cuando ganéis la apuesta? –Preguntó Bill, intentando aparentar inocencia.

-Yo le he comprado a Hermione un cojín porque la voy a tener todo el fin de semana de rodillas –Ron respondió muy ufano aunque a sus hermanos no le pareció una proeza, como él esperaba.

-Yo compré unas esposas, a Katie le duró una hora el sonrojo cuando las vio- Rió George-

-Pues yo le mandé a Angelina un disfraz de asistenta, que tapa poco más que un delantal. Estoy deseando vérselo puesto.

-Me parece un desperdicio, todo eso acabarían haciéndolo si se lo pidierais. Si yo tuviera a Fleur de esclava le pediría algo que no me fuera a dar de otra manera.

-¿Cómo qué? –Preguntaron interesados, pero el que respondió fue Charlie.

-Una fusta, para atizarla bien el culo.

Los gemelos sonrieron al momento, de forma idéntica, encantados con la idea.

-Yo no quiero pegarle a Hermione –Ron fue el único que no se vio convencido con la propuesta.

-Hombre, no es como si le fueras a pegar una paliza. Le escocerá más que otra cosa, aunque se tirará un par de días acordándose de ti cada vez que se siente –Ron seguía dudando, aún y con las explicaciones de Bill.

-Venga, Ron. No me dirás que no te gustaría ver a tu chica a cuatro patas en el suelo y con el culo colorado –Ron acabó asintiendo, la imagen que Charlie había puesto en su cabeza era excesivamente sugerente –Pues piensa en cuando tendrás otra oportunidad como ésta para hacerlo.

Los tres pequeños empezaron a planear dónde podrían ir a comprar las fustas mientras Charlie y Bill se miraban cómplices.

El jueves por la tarde, Hermione recibió un paquete alargado en su apartamento. Leyó la nota antes de abrirlo.

"No pierdas de vista el cojín, puede que tengas que llevarlo al trabajo la semana que viene"

Abrió la caja rápidamente, quedándose anonadada al encontrar una fusta dentro, envuelta con un lazo. Ron Weasley no imaginaba hasta dónde era capaz de llegar, pero estaba a punto de descubrirlo.

El viernes a las ocho menos diez Hermione entró por la puerta de Sortilegios Weasley. Los gemelos le pidieron que subiera a su apartamento que las chicas ya se encontraban allí, ellos esperarían a Ron y cerrarían la tienda antes de subir.

Las dos chicas estaban en la cocina, Katie sentada en la mesa con las manos en la cara y Angelina dando vueltas alrededor, refunfuñando por lo bajo.

-¡Un disfraz de asistenta!, ¿te lo puedes creer? ¡Y qué disfraz! Si fuera en pelotas llamaría menos la atención –Angelina saludó a Hermione con la mano mientras seguía su recorrido.

-Peor son las esposas… o la fusta… -Katie gimió por lo bajo mientras se escurría más en la silla, Hermione se sentó a su lado.

-¡La fusta! Lo hubiera matado cuando la vi –Katie gimió de nuevo.

-Eso se ve que fue idea de todos –Contestó Hermione tranquilamente, Angelina se giró hacía ella al verla tan relajada.

-Joder, Hermione. Parece como si no te importara.

-Realmente creo que los regalos fueron una idea maravillosa.

-¿Quieres que te azoten el culo? –Preguntó Angelina anonadada –Porque yo no.

-¿Y quién te ha dicho que vayamos a perder la apuesta? –La morena se paró en seco y sonrió comprendiendo su tranquilidad.

-¿Qué quieres decir? –Katie había levantado, por fin, la cabeza de entre sus brazos.

-Que los chicos fueron muy amables al regalarnos esas cosas, a mí jamás se me hubiera ocurrido comprarlas –Angelina rió sentándose al lado de la castaña mientras a Katie le volvía todo el color que había perdido a la cara.

-Hermione, eres la mejor –La castaña le sonrió en respuesta.

Un rato después subieron los tres hermanos, con idénticas sonrisas en el rostro y se sentaron cada uno enfrente de su chica, quedando Ron en medio.

-¿Listas para admitir vuestra derrota? –Hermione sonrió a su chico girándose hacía el bolso, de dónde sacó un gran libro antiguo. Lo abrió por la página marcada y se lo pasó a Ron, señalándole un párrafo.

Al pelirrojo se le heló la sonrisa y sus hermanos se acercaron para leer, quedándose con la misma cara que el pequeño.

-Bueno, ya sabéis cuales eran los términos de la apuesta, sólo quedan ultimar detalles.

Cada una cogió a su chico y se lo llevó a un rincón de la habitación.

-He alquilado una casa apartada para que nadie nos moleste, ésta es la dirección –Le dio un papel con los datos apuntados –Mañana quiero que estés ahí a las diez en punto, y te aseguro que no te conviene llegar tarde. De todo lo demás ya me ocupo yo.

Ron asintió quedamente mientras ella le sonreía de manera maliciosa.

Y ahora, yo me voy a celebrarlo con las chicas. Tú deberías descansar, vas a necesitarlo –Las tres ganadoras salieron riendo por la puerta.

Los hermanos se derrumbaron cada uno en una silla, quedándose en silencio sin saber qué decir.

-No puede ser tan malo ¿no? –Los gemelos se giraron incrédulos hacia Ron –Digo… a fin de cuentas, ¿qué nos pueden hacer? ¿Tenernos todo el fin de semana follándolas? Tampoco parece tan horrible.

Aunque quería aparentar seguridad el tono de voz le fallaba, Fred y George asintieron a su teoría queriendo creer que sería así.

-Ojalá tengas razón –Los tres tragaron en seco, dudándolo.

Ron se apareció en la dirección que le había marcado cinco minutos antes de la hora, procurando no tentar a su suerte desde el primer momento. La casa estaba bordeada por altos setos que hacían imposible que se viera algo desde el exterior y se encontraba perdida en mitad de la montaña. Hermione tenía razón al decir que allí no les molestarían pero se estremeció al pensar que tampoco tendría a quien pedir ayuda.

Cruzó la verja y cerró a su espalda, los nervios no le permitieron apreciar el bonito jardín por el que andaba. Suspiró pesadamente y llamó a la puerta.

Hermione le abrió al momento, con una sonrisa enorme en su rostro. Llevaba un ligero vestido veraniego e iba descalza. Ron tardó apenas unos segundos en darse cuenta de que no llevaba sujetador y se preguntó si tampoco llevaría el resto de su ropa interior, en el vestido no se veían marcas que indicaran que sí. Ya no le pareció tan mala la apuesta.

Hermione le dejó pasar y le guió por toda la casa. Una habitación con una gran cama, un baño, cocina y un salón comedor. No constaba de muchas habitaciones pero todas eran muy amplias.

-Este es tu uniforme –Le dio una pequeña bolsa que cogió no muy convencido –Será lo único que podrás llevar puesto. Puedes cambiarte en la habitación, tu ropa déjala en el armario, no vas a necesitarla.

La sonrisa que le dedicó su novia le hizo perder la poca seguridad que tenía. Entró en la habitación, se desnudó completamente y guardó su ropa. Cogió la bolsa temeroso y miró en su interior, en ese momento quiso matar a Fred por la maravillosa idea que había tenido.

Hermione tuvo que morderse el labio cuando lo vio salir para evitar la carcajada. El resultado era mucho mejor de lo que imaginaba. El pelirrojo sólo llevaba una pajarita y un pequeño delantal que apenas le cubría ahora, no quería ni imaginar el efecto cuando tuviera una erección.

-Vale, ya has tenido tu venganza. ¿Podemos dejarlo ya?

-De eso nada, y no me gusta tu tono. A partir de ahora me llamarás ama y harás todo lo que yo te diga.

-Hermione…

-¿¡No me has oído!? Si tu hubieras ganado yo habría cumplido los términos así que ahora tú también vas a hacerlo –Ron asintió quedamente, sorprendido.

-Sí, ¿qué?

-Sí, ama.

-Bien. Así está mejor. Ahora sígueme.

Lo guió hasta el salón y se sentó en uno de los sillones, rebuscando en la bolsa que había dejado al lado. Con una gran sonrisa sacó el cojín que él le había regalado y lo colocó delante del sillón. Ron la miró enfurruñado, pero se puso de rodillas en él.

-Ya sabes lo que tienes que hacer –Hermione se abrió de piernas, dejándole comprobar que había tenido razón cuando pensó que no llevaba ropa interior.

Se relamió los labios y se acercó gustoso, ésta parte del castigo era la que no le disgustaba. Besó en su centro suavemente, notando como ya estaba humedeciéndose y comenzó a darle pequeños lametones, muy lentamente. Disfrutando con los suspiros de placer que poco a poco iban aumentando.

Lamió durante varios minutos, por toda su intimidad. Ya estaba más que duro, pero se masturbó suavemente para terminar de prepararse para entrar en ella. Se incorporó para penetrarla pero Hermione se lo impidió.

-¿Qué crees que estás haciendo? –Ron le miró confundido.

-Follarte…

-Yo no te he dicho que lo hicieras.

-Venga Hermione. Déjate de tonterías.

-Se acabó, estoy harta –Hermione le miró cabreadísima –Tú pusiste las reglas así que ahora vas a cumplirlas. Yo doy las órdenes aquí y tú vas a acatarlas. ¿Entendido?

Ron asintió arrepentido, no quería que se enfadara y más cuando sabía que ella tenía toda la razón.

-Y ahora, como castigo, no te vas a correr hasta que yo lo diga.

-¿¿Qué??

-Que no te correrás hasta que yo quiera, y pobre de ti como no me hagas caso o vuelvas a cuestionarme. No quieres saber de qué más formas puedo castigarte.

-Sí, ama –Ron aceptó de nuevo, dispuesto a dejar de cuestionarla y hacer todo lo que ella quisiera. No sería él quien le estropearía su fantasía.

-Bien, y ahora termina con lo que estabas, aún no había acabado –Se abrió de nuevo y apoyó la cabeza en el respaldo.

Gritó sorprendida cuando Ron colocó las piernas en sus hombros y hundió su lengua en ella. Si se había convertido en su esclavo, iba a ser el mejor. Siguió hasta que ella acabó fuertemente en su boca, quedando derrumbada sin fuerzas en el sillón.

El pelirrojo la miró sonriente esperando su aprobación para continuar pero cuando Hermione pudo abrir los ojos le negó con la cabeza, dejándole en claro que su castigo no había terminado.

Ron le miró enfurruñado, con una tienda de campaña más que notable marcada en su delantal, tal y como Hermione había imaginado que sería.

Lo tuvo el resto de la mañana moviendo muebles de un lado a otro de la casa sólo por el placer de verlo trabajar, para al final dejarlos todos tal y como estaban.

Después, Hermione se sentó en la mesa de la cocina viendo como Ron preparaba la comida. Molly había enseñado a cocinar a todos sus hijos así que sabía que no tenía que preocuparse por que saliera bien y podía disfrutar de la vista que le ofrecía su sudoroso novio después de haberlo hecho trabajar tanto.

Cuando sirvió los platos lo hizo sentarse en la silla y ella se sentó en su regazo. Notando, durante toda la comida, como su miembro palpitaba dolorosamente contra su baja espalda, sólo interponiéndose entre ellos la fina tela del vestido y el delantal.

Se moría de ganas de darse la vuelta y montarlo pero el placer de torturarle con la espera se imponía, todavía quedaba mucho tiempo para jugar con él.

Cuando Ron terminó de recoger, Hermione le guió hasta el patio trasero dónde había una piscina y hamacas para tomar el sol.

-Tú siéntate aquí –Le señaló una silla protegida del sol por una sombrilla, no quería que se quemara –Yo voy a tomar el sol, no te muevas a no ser que yo te lo pida.

Ron le obedeció y se sentó en la silla, la única que no estaba orientada a la piscina como todas las demás si no a otra hamaca apenas a un par de metros de distancia.

Precisamente la hamaca a la que se dirigía Hermione. La castaña se paró de espaldas a él y fue subiendo muy despacio el vestido, a la misma velocidad que iba subiendo de nuevo la erección del pelirrojo, se lo sacó por la cabeza y se lo lanzó para que lo plegara aunque Ron no acertó a cogerlo por lo ensimismado que estaba hipnotizado por su cuerpo desnudo.

Hermione se tumbó en la hamaca y sacó un bote de crema protectora para esparcírsela poco a poco por todo el cuerpo. Poniéndole especial mimo y cuidado a llenar bien sus pechos, dedicándoles varios minutos. Sonrió complacida cuando vio a Ron a punto de babear. El delantal ya no podía hacer nada por cubrir lo excitadísimo que se encontraba.

-Esclavo… esclavo… ¡Esclavo! –Hasta que no le gritó Ron no salió de su ensimismamiento y le prestó atención –Esclavo, quiero que mis pezones estén siempre duros, no dejes que se ablanden.

Ron se relamió y se levantó tan rápido que la silla se tambaleó, se arrodilló a su lado y las manos se apropiaron de sus pechos. Sin embargo, al momento lo pensó mejor y las apartó, se metió un pezón en la boca y succionó fuertemente.

Hermione cerró los ojos y gimió, la tortura a la que intentaba someterlo también estaba acabando con ella. Ron disfrutaba pasando de un pezón a otro, había estado todo el día esperando a que ella le diera permiso para que se lanzara a por ellos. Cuando más entusiasmado estaba, Hermione le apartó de ella, dejándolo confundido.

-Ya están duros –Ron abrió la boca por la sorpresa.

-Pero...

-Cuando dejen de estarlo podrás volver a ponerlos, pero ahora ya están bien –Ron asintió y se dirigió cabizbajo hasta la silla.

A Hermione le había costado horrores apartarlo de ella, estaba muy excitada. Lo cual desesperaba a Ron, porque su excitación le mantenía los pezones endurecidos por sí solos. Y cuando dejaban de estarlo y se lanzaba volvían a endurecerse en cuanto su boca hacía contacto con ellos.

Hermione estaba mojadísima, tanto que sus jugos habían empapado sus muslos. Para mayor desesperación de Ron, que los veía brillar bajo el sol y se desesperaba por poder enterrar su erección en ellos, sabiendo que resbalaría con muchísima facilidad.

Hermione se dedicó durante toda la tarde a tomar el sol cambiando una y otra vez de postura, para que Ron pudiera apreciarla desde todos los ángulos. Cuando empezó a anochecer se metió en la piscina para refrescarse.

Ron no pudo sofocar un gemido cuando la vio salir de ella, mojada y desnuda. Sintiendo el pulso desbocado en su erección, que llevaba palpitando dolorosamente toda la tarde, sin haber tenido ni un momento de descanso.

Cenaron de la misma manera que habían comido, sólo separados por el delantal y el vestido, suponiendo una auténtica tortura para los dos. Cuando terminaron, Ron se quedó recogiendo y Hermione se marchó hacía la habitación.

Ron recorrió el mismo camino minutos después, pero al abrir la puerta se quedó paralizado en el borde por la imagen que se encontró encima de la cama.

Hermione estaba tumbada desnuda, con el pelo formando un manto en la almohada, las piernas abiertas con los pies apoyados planos en la cama. Con la mano izquierda se acariciaba un pecho, pellizcándose el endurecido pezón; con la otra mano bombeaba suavemente un dedo en su interior.

Gimió cuando lo vio en la puerta, lentamente sacó el dedo empapado por sus jugos y lo subió paseándose por todo su cuerpo hasta llevarlo a su boca dónde lo lamió con deleite y volvió a gemir quedamente. Ron estuvo a punto de tener un orgasmo sólo con esa imagen. Hermione abrió los ojos, que había cerrado por el placer, y los clavó fijamente en los orbes azules de su chico.

-Esclavo… fóllame.

No tuvo que repetírselo, apenas acabó de decirlo Ron se arrancó de un estirón el delantal y la pajarita y se lanzó hacia ella, penetrándola hasta el fondo antes de que su boca llegara a lamerle los labios manchados de su propia esencia.

Salía y entraba de su interior a una velocidad descomunal, embistiéndola hasta el fondo cada vez. Tenían suerte de estar aislados en la montaña porque si no se hubiera enterado todo el vecindario por sus gritos, más fuertes que nunca, aún y que ellos no se caracterizaban precisamente por ser silenciosos.

Hermione le rodeaba la cintura con las piernas muy apretadas, mientras jadeaba en su oído, notando como un orgasmo que se anticipaba brutal se aproximaba a velocidad de vértigo.

-Ron… no puedes… ahh… no puedes correrte.

-Hermione… no me jodas… lo necesito…

-No… no puedes.

-Mierda Ron tuvo que poner toda su fuerza de voluntad para obedecerla cuando ella gritó y se corrió apretando fuertemente su polla en su interior, bañándolo de ella.

Ron se separó y se tumbó a su lado con los ojos cerrados, intentando pensar en cualquier otra cosa que no fuera su erección palpitando dolorida. Tardaron varios minutos para que sus respiraciones volvieran al ritmo normal. El pelirrojo se dio la vuelta e intentó abrazarla.

-Los esclavos no duermen en la cama de su ama –Ron la miró perplejo.

-¿Ah, no? ¿Y dónde duermen?

-En el suelo, por supuesto –Hermione le señaló un colchón hinchable que había colocado en una de las esquinas de la habitación.

El chico se levantó enfurruñado y se tumbó allí, despotricando por lo bajo, consiguiendo sacarle una sonrisa a la castaña. Ron se acomodó de lado e intentó dormir, pero el intento sólo le duró 10 minutos.

-Esclavo, tráeme agua –Ron refunfuñó de nuevo pero se levantó a por un vaso de agua de la cocina. Hermione sonreía divertida de verlo pasearse desnudo y enfadado por la casa.

Media hora después, cuando Ron ya estaba a punto de caer dormido, Hermione volvió a llamarlo.

-Esclavo, necesito ir al baño.

-¿Y qué quieres que haga? No puedo mear por ti –Su voz tenía un tono de irritación.

-Pero puedes llevarme hasta allí.

Ron se levantó molesto pero el enfado se le fue cuando la vio de rodillas en la cama, todavía desnuda, mordiéndose el labio inferior. La cargó en su espalda y la llevó hasta la puerta del baño. El roce de sus pechos contra su espalda habían vuelto a enervarlo, para regocijo de la castaña que disfrutó torturándolo dándole besos en el cuello y suaves roces en su pecho cuando la llevaba de vuelta a la cama.

-Esclavo –Había pasado otra media hora y Ron decidió hacerse el dormido –Esclavo, hace frío, ven aquí para calentarme.

Ron no tardó un segundo en subirse a la cama y abrazarla contra él, sacándole una risita a Hermione que se acomodó dándole la espalda y pegando su trasero a su miembro duro. Se durmió enseguida, aunque a Ron le costó más coger el sueño por la posición en la que estaban.

A la mañana siguiente, se despertó con Hermione besándole el pecho y restregándose contra él. Sonrió cuando lo vio despierto y se alzó para besarle en la boca, Ron la recibió gustoso y la abrazó contra él.

La castaña le puso los brazos por encima de la cabeza y se los sujetó con sus manos, se restregó por toda su erección demostrándole que estaba lista para recibirlo. No había problema, él estaba durísimo y desesperado por entrar en ella.

-Recuerda que no puedes correrte –Ron asintió, decepcionado porque había pensado que ya le dejaría. Pero todo eso se olvidó cuando Hermione se alzó y se clavó de un golpe en él, rompiendo el silencio de la mañana con sus gemidos.

La castaña pronto alcanzó un ritmo vertiginoso bombeando fuertemente teniéndolo aún sujeto por las muñecas. Los pechos le botaban a la altura de la cara y Ron, desesperado, alzaba la cabeza para lamerlos.

-Hermione… no puedo más… voy a…

-No… no puedes… ahhh… y no me llames Hermione.

-Ama… oh, joder… ama, por favor…

-He dicho que no –Ron cerró los ojos intentando controlarse, pero Hermione aumentó el ritmo y ese fue su final.

Un grito ronco resonó en las paredes cuando se descargó abundantemente en ella, teniendo uno de los orgasmos más brutales que había tenido en su vida. Hermione le siguió en el momento en el que le oyó gritar y vaciarse en su interior, satisfecha por haber conseguido aguantar hasta sentirlo llenarla con su simiente.

Se derrumbó encima de él, los dos agotados después del intenso orgasmo, tardando varios minutos en poder recuperar el habla.

-Te has corrido sin permiso, ahora tendré que darte otro castigo –Ron asintió conforme, sabía que ella lo había hecho a propósito, pero hiciera lo que le hiciera habría merecido la pena.

Durmieron otro rato para recuperar fuerzas y después se levantaron a desayunar. Hermione tuvo que hacerle un hechizo al delantal para arreglarlo y que Ron pudiera seguir usándolo. No se sentó en sus rodillas durando el desayuno, cosa que puso muy nervioso al pelirrojo porque sabía que estaba maquinando algo y que no sería bueno para él.

Recogió la cocina y fue a reunirse con ella al salón, le estaba esperando de pie con un vestido que dejaba aún menos a la imaginación que el del día anterior y más cuando sabía que no llevaba nada debajo.

-No sabía con qué castigarte –Algo le dijo al pelirrojo que eso no era del todo cierto –Pero he pensado que sería una lástima no usar todos tus regalos.

Ron maldijo a sus hermanos por haberlo convencido cuando vio como Hermione sacaba la fusta y le miraba de forma perversa.

-Quítate el delantal y pon las manos en la pared –Ron le obedeció despacio, sin perderla de vista, cuando se colocó en la pared estaba notablemente nervioso.

-Hermione, esto no… -¡Zas!, el primero de los azotes le cruzó el trasero, dejando una marca roja en los dos cachetes.

-¿Te he dicho que podías hablar?

-Tampoco me habías dicho que no pudiera.

¡Zas! ¡Zas!

-No puedes, ahora ya lo sabes –Ron asintió, manteniendo cerrada la boca.

-Esto es por el cojín…

¡Zas!

-Por el uniforme…

¡Zas!

-Por la fusta…, seguro que no pensabas en esto cuando la compraste.

¡Zas!

-Y, sobretodo, por reírte de mí con tus hermanos diciendo que no sabía de quidditch.

¡Zas! ¡Zas!

-Así aprenderás a no apostar en mi contra.

¡Zas!

Ron tenía todo el culo marcado aunque más que dolor era un gran escozor lo que sentía.

Hermione se situó a su lado, dónde pudiera verla y se desató el nudo del vestido, dejándolo que cayera al suelo. Ron se terminó de endurecer al verla, aunque después lo negara la verdad es que le ponía muchísimo verla con esa actitud dominante.

-Vaya, parece que después de todo no te está resultando tan desagradable tu castigo –Lo cogió con la mano y le masturbó suave, haciéndolo gemir quedamente.

¡Zas!

-¿Te gusta que te azote mientras te toco? –Incrementó el ritmo de su mano –Contesta.

¡Zas!

Ron gimió de nuevo y asintió con la cabeza. Hermione aumentó al máximo el ritmo, sabiendo que le faltaba muy poco y le atizó el último azote en el momento cumbre haciéndole descargarse en su mano.

Le dejó recomponerse con la cabeza apoyada contra la pared y fue a lavarse las manos.

-Ven, el agua te hará bien –Le cogió de la mano y le guió hasta la piscina. Se metieron y nadaron un rato, Ron notando como el escozor se le iba calmando poco a poco hasta que fue poco más que una pulsación.

-Esclavo –Hermione se había sujetado de espaldas al borde de la piscina, sus pechos asomando por encima del agua –Ya no estás castigado, ahora puedes correrte cuando quieras.

Ron sonrió de lado entendiendo la indirecta, nadó hasta ella y la besó en los labios restregando su cuerpo contra el suyo. Resbalando suavemente uno contra el otro en el agua.

Se besaron sin prisas, deleitándose con suaves caricias. Le penetró despacio, agarrándose él al borde mientras la mantenía sujeta a su cuerpo entre sus brazos. Le lamió con dulzura el cuello mientras ella gemía suavemente en su oído, terminando los dos a la vez en los brazos del otro.

Salieron a hacer la comida, echándole Hermione una mano con los preparativos. Se sentó a comer en sus rodillas, igual que el día anterior, aunque ahora no pararon de hacerse mimos. Cuando terminaron Hermione se levantó a por el postre, trayendo frutas y chocolate caliente. Se sentó a horcajadas y se restregó contra él, notando como se endurecía.

Le dio de comer varias frutas, hasta que Ron no pudo aguantar más y bañó sus pechos con el chocolate, devorándolos con ansia para deleite de la castaña. Hermione le cogió por la barbilla y le besó con ganas, dándole una mirada significativa a la mesa.

Ron lo pilló al instante y, levantándola con una mano, utilizó la otra para tirar todo lo que había encima de la mesa. La tumbó en ella y la penetró de nuevo, olvidando toda la suavidad y volviendo a la pasión desenfrenada que les había guiado durante todo el fin de semana.

Hermione se agarraba al borde por encima de su cabeza mientras Ron la embestía brutalmente, mordiéndole y succionándole fuertemente los pechos, arrancándole los restos de chocolate que quedaban en ellos.

La castaña se retorció gritando de placer y Ron sólo necesitó un par de estocadas más antes de vaciarse en ella, notando como le exprimía.

-Vas a hacer que me seque –Hermione rió y le miró sonriente antes de besarle en los labios.

-¿Prefieres que te castigue?

-No, ni hablar. Pero a este ritmo ya no me tiene que quedar ni una gota dentro –Le besó divertida y se levantó de la mesa, colocándose el vestido y obligándole a ponerse de nuevo el delantal. Tenía que aprovechar para verlo mientras recogían el desastre antes de abandonar la casa, no sabía si tendría otra oportunidad.

Dejaron la casa lista y se sentaron cansados en el sofá, aunque la castaña apenas duró unos 15 minutos descansando.

-Voy a darme una ducha, ¿vienes? –Ron sonrió con los ojos cerrados y negó con la cabeza.

-No creo que pueda.

-Vaya, es una lástima. Tendré que buscarme otro esclavo que tenga un poco más de resistencia –Se dio la vuelta y salió contoneando suavemente las caderas, quitándose el vestido por la cabeza y dejándolo caer en el umbral de la puerta.

Apenas el agua caliente había empezado a recorrer su cuerpo cuando Ron apartó la cortina y entró detrás de ella.

-¿No te había dejado seco? –El pelirrojo la cogió por la cintura y la pegó a él, clavándole su dureza en la espalda.

Hermione rió divertida y giró la cara para besarle mientras Ron se apoderaba de sus pechos.

Esa noche en la madriguera habían varios grupos claros. Las tres chicas reían mientras hablaban con Fleur, al otro lado cuchicheaban Ron y los gemelos. Bill y Charlie se acercaron a ellos.

-¿Qué tal la vida de esclavo? –Los tres fulminaron a Bill con la mirada.

-Vosotros lo sabíais y no dijisteis nada –Bill y Charlie rieron al ver su enfado.

-Así era más divertido –Los pequeños bufaron molestos –O diréis que no lo habéis pasado bien.

Estaban a punto de asentir cuando oyeron nuevas risas de parte de las chicas, los miraron enfadados y se fueron hacía la mesa.

Se colocaron para cenar, todavía por grupos, para desconcierto de Molly que estaba acostumbrada a verlos siempre por parejas y no sabía lo que pasaba. Desde la semana anterior estaban muy raros. Aunque Percy, Arthur, Harry y Ginny (que ya habían vuelto de sus vacaciones) no daban ninguna muestra de que pasara algo anormal.

Fred, George y Ron se sentaron juntos y un gemido lastimero se les escapó a cada uno en el momento que lo hicieron. Provocando más risas de parte de las chicas y que Bill y Charlie tuvieran que agarrarse a la mesa para no caer al suelo por las carcajadas. Dejando a todos los demás mirándolos alucinados.

N. de A:

Muchísimas gracias a La Comadreja(doblemente), Copia Pirata con todas su personalidades (yo tampoco tengo pito, sigo sin pito, aún sigo sin pito, re-esposada y Drogariswe) más que nunca esta capítulo va dedicado a ti, manu-moony-lupin-cullen, sk8girl59, Susy Snape, Rosie Lovegood, maryL (doblemente), Anilec, Lupe, Ella_Hermione, Jos WeasleyC, Kyte, Meletea, icecreammanrupert, Gelen(doblemente), Alemar107( cinco veces, una por cada capítulo que me dejaste), Yaveth, Esther, LovetaH (dieciséis veces, una por cada uno de los capítulos), Virgrin y a V-Weasley.

Siento mucho haber tardado en actualizar y pido que me perdonéis por no haber contestado la mayoría de los reviews, voy a hacerlo, si puedo todos en esta semana. Pero he acabado esta mañana el capítulo y he estado toda la tarde pasándolo al ordenador para poder tenerlo hoy y si contesto los reviews no me daría tiempo a subirlo. Los anónimos los contestaré también en el próximo capítulo.

Muchísimas gracias por leer y espero que os haya gustado.