SIN ALMA

Capítulo XXII

"Contrato de servidumbre"

Los cinco cazadores, con el torso desnudo y arrodillados en el suelo mantenían el brazo derecho extendido para pronunciar el juramento de servidumbre. Sus futuros "amos" se situaron frente a ellos hincando una rodilla en tierra y sujetando con la mano izquierda la muñeca del brazo extendido.

Jared miró a los ojos al hombre que había decidido ser el suyo. No se había atrevido a esperar que Jensen lo tomara a su servicio, y sin embargo allí estaba, esperando a unir su sangre a la del cazador para firmar el contrato. A sus otros compañeros los habían reclamado parte de la partida que ellos mismos habían atacado.

Hasta ese momento nadie les había causado ningún daño, ahora tendrían que soportar el rito del contrato pues al parecer era un poco sangriento. El Hombre de Pelo Blanco, como guía espiritual de los bosques inició el ritual. Jensen susurró "Dolerá un poco Hombre de Hielo, pero es necesario", con la punta de su machete grabó su nombre en el antebrazo del cazador que mordía un trozo de madera para aguantar el dolor. Después el rubio se rajó la palma de la mano derecha y cubrió con su sangre la herida de Jared.

- Estáis junto al extraño que es ahora vuestro servidor. Vuestro deber como Amos es cuidarlo, educarlo y protegerlo hasta que los bosques decidan su destino y tengan a bien acogerlo como uno más. - Exhortó a los salvajes que asumían el rol de Amo. Después se dirigió a los siervos – El que está frente a ti es tu amo, le debes obediencia, confianza y lealtad. De ti depende ser uno de los nuestros. El castigo a la desobediencia lo decidirá tu amo, el castigo a la agresión lo decidirá el agredido, el castigo a la fuga o al asesinato es la muerte a manos de tu amo.

- Ahora me perteneces hombre de hielo – pronunció cada amo como parte del ritual – demuestra que puedes ser uno de los nuestros y te devolveré tu libertad.

La ceremonia había acabado, el pecoso salvaje se vendó la mano con un trozo de tela limpia ofreciendo el resto a su nuevo siervo. "¿Y ahora que se espera de mi?" preguntó el castaño vendando el nombre escrito a cuchillo en su brazo "¿qué les espera a mis hombres?"

- Ya no son tus hombres, no tienes esa responsabilidad, sígueme siervo – gruñó el hombre de los bosques como si le molestase usar esa palabra.

Jared se puso muy tenso, Jensen no le había golpeado, no le había gritado, pero no podía olvidar que ahora era prácticamente un esclavo y que había puesto en esa misma situación a sus hombres. Entró en la cueva de su amo, si las demás eran como aquella, casi hubiese preferido quedarse en la de retención, al menos había camas. Allí sólo había una chimenea, una tosca mesa rodeada de banquetas y una hamaca. Así vivía el hombre que más quebraderos de cabeza había dado a Lázarus Stark desde la traición de Ángelo.

- Y yo ¿donde voy a dormir? - esperaba un "en el suelo" pero el otro le ignoró mientras encendía fuego en la chimenea - ¿qué hago?

- Cállate

- Pero...

- Tú dormirás ahí – señaló la hamaca

- ¿y tú?

- No te importa, deja de molestar – era una orden, si Jared volvía a preguntar, Jensen se vería obligado a hacer valer su autoridad. ¿quería descubrir cómo?

- Tendrás que dormir en algún sitio ¿no? - sonrió retando a su nuevo amo

Puede que el hombre de los bosques fuese unos centímetros más bajo que el cazador, pero esos dos años de libertad le habían devuelto la fuerza y la arrogancia, el rubio se encaró con su siervo y repitió en un tono helado: "No te importa, cállate"

- ¿y si no lo hago?

Nadie replicaba a Jensen, el salvaje se había acostumbrado a ese hecho. Cuando el único superviviente de la aldea Ackles daba una orden directa, nadie, ni siquiera los prisioneros que hubiesen podido hacer, lo contradecían. Y aquel irritante mastodonte lo había hecho en dos ocasiones.

- Si no lo haces tendré que hacer valer las leyes de la servidumbre, ¿es lo que quieres? - le preguntó

- ¿Me golpearás? ¿me violarás? ¿me harás pagar lo que te hice? - respondió el castaño retándole - ¿te desquitarás en mi por lo que te hizo Jason?

El nombre del otro cazador tuvo la virtud de hacer perder la paciencia al salvaje "¿Crees que te debo algo Hombre de Hielo?" le dijo agarrándole por las solapas del ridículamente pequeño mono naranja y estampándolo contra la pared de la cueva "¿Crees que porque me quitaste de encima a ese desgraciado te debo gratitud eterna?"

- No amo – Jared comprendió que había ido demasiado lejos.

- No me llamo "amo" hombre de hielo, compórtate y con el tiempo te aceptarán en los bosques – masculló soltándole y saliendo de la cueva

- No me llamo "hombre de hielo" - murmuró en la soledad del refugio en dirección a una puerta vacía – y el único que me interesa que me acepte eres tú.