Hala, aviso de nuevo: CAPÍTULO PASADO DE VUELTAS
O eso dice mi gemela, en fin, avisada quedas alma sensible, allá tu si lo lees...
SIN ALMA
Capítulo XXV
"Acción y Decisión"
- Te prohíbo que vuelvas a tocarle Lázarus – Alezeia sirvió una taza de café al líder mundial - si lo vuelves a hacer, me lo llevaré a casa, me da igual que seas el amo del mundo a todos los efectos, me lo entregaste, me obligaste a aceptarle como parte de mi vida, es mío.
- Tú no lo quieres Alezeia.
- ¿Y tú si? ¿Llamas amor a lo que le haces? - los negros ojos de la primera sostuvieron con inconsciente valentía la terrible mirada plateada de Stark.
- ¿qué te importa? Pegasus me admite, me deja que lo use a mi antojo, se deja usar. Le gusta que lo haga
- No, no le gusta
- Si no le gustara me pediría que no lo hiciera – El Antiguo más poderoso dejó el café en la mesa y se levantó dispuesto a irse, no tenía por qué hacerlo pero prometió a la mujer – Si Pegasus me dice que no quiere que vuelva a tocarle, no lo haré.
- Te lo digo yo, que soy su mujer y su pareja dominante. Él no tiene derecho a cederte su cuerpo, es mío. ¿Tengo que recordarte que la Ley es también para ti? - La arrogancia de la gobernadora de Eurasia irritó al líder mundial.
- Desnúdate – Ordenó con suavidad, decidido a demostrarle su lugar en el mundo.
El vestido de seda multicolor cayó al suelo dejando a la vista del Primero el juvenil cuerpo de la antigua. "Pegasus es el único capaz de rechazarme, de oponerse a mis deseos. No lo hace. Tú no puedes negarte aunque quieras" cogió sus muñecas sujetándoselas a la espalda con una mano y con la otra acarició sus pechos, llenos y firmes, pellizcando dolorosamente sus pezones, sin que la que se creía poderosa pudiese protestar, o quejarse o hacer algo para evitarlo.
- ¿Sabes Alezeia? Lo único que te había evitado este momento hasta ahora era Pegasus. Lo único que puede protegerte de mi, es él – fue más allá demostrándoselo introduciendo sus dedos en ano y vagina al mismo tiempo.
La pelirroja sólo pudo arquearse mientras el primero la preparaba para penetrarla repetidas veces. Cuando se aburrió de usarla la obligó a masturbarse frente a él, hasta que sus piernas no la sostuvieron y cayó sentada sobre su magnífico y caro vestido con el rostro congestionado de excitación y vergüenza, consciente de que la había condicionado a hacer aquello y de que nadie podía oponerse a la voluntad de Lázarus.
- Adiós Alezeia – se inclinó sobre ella levantándole delicadamente la barbilla – me ha gustado mucho tu advertencia, pero como a Pegasus no le va a gustar, mejor no se lo cuentas, ¿de acuerdo?
La mujer asintió y Lázarus Stark se marchó tranquilo y satisfecho dejando atrás a la poderosa gobernadora de Eurasia, desnuda y temblando de terror sobre su propio vestido. Después de un rato se repuso, se levantó y se puso otro vestido, quemando el que había sido hasta ese día uno de sus favoritos. Por primera vez en más de ciento cincuenta años su visión de su esposo había cambiado, y aunque no podía contarle lo ocurrido sí podía consolarse con su presencia.
Entró en la alcoba dónde aún tenía que guardar reposo por el último coma sufrido y se metió con él bajo las sábanas abrazándose al frágil cuerpo que había querido proteger cuando era exactamente lo contrario. No pudo evitar sollozar sobre el pecho del hombre que la amaba.
Si alguien hubiese visto la expresión de Pegasus Sade en ese momento, no habría creído que era débil o cobarde. Si hubiesen sabido el motivo, no habrían dado un pimiento por la vida de Lázarus Stark.
Hasta ese día el antiguo había rehuido los enfrentamientos, aborreciendo como aborrecía el poder. No había intervenido jamás en intrigas ni luchas entre primeros. No mientras la persona a la que había amado durante sus más de seiscientos años de vida, había estado a salvo de una forma u otra. Esa noche, la decisión que maduraba en su mente, desde que conociera al salvaje que iba a ser su nuevo cuerpo, se hizo definitiva.
- Tranquila mi amor, no le dejaré que vuelva a hacerte daño – besó el cabello rojo que contenía la esencia de todo lo que había amado nunca – no volverá a tocarte
- ¿Cómo sabes...? - los ojos azabaches brillaban efecto de las lágrimas y el miedo
- Porque nadie salvo él, puede hacerte daño.
_._
La hermosa muchacha de cabello castaño corría entre los árboles seguida del chico de cabello oscuro. Riendo ambos, como niños. Los azules ojos del muchacho (pues siempre elegía el mismo tipo en los cambios) chispeaban de felicidad cuando la enlazó por la cintura y la besó siendo correspondido alegremente.
"Tortolitos" gruñó un Lázarus enfadado y envidioso, sin saber que ni uno ni otro sentimiento le pertenecían a él realmente. "Contrólate amigo, eres el líder del mundo, no tienes porqué envidiarles". Respondió el que sí sentía aquello realmente.
Pegasus tenía la misma manía que Ángelo respecto a los cambios. Siempre elegía el mismo cuerpo: alto, moreno, atlético y de ojos y cabello negros. No así Lázarus, el líder del mundo, en aquel primer siglo de mandato, aún no había convertido los ojos grises de su nuevo cuerpo en el plateado imposible que lucirían siglos más tarde.
- Quiero que te cases con Pandora, Pegasus
Lo sabía, llevaba temiéndolo las dos últimas décadas. El apreciaba a la Hija de Lázarus Stark, era una mujer inteligente y más valiente de lo que muchos se imaginaban. Pero no la amaba, y le constaba por la amistad que los unía que ella tampoco lo amaba a él, que nunca amaría a hombre alguno. Si era preciso se casarían, pero sólo en el supuesto de no encontrar algo más efectivo para alejarla de las garras de su padre.
- Si me caso con Pandora, tendré que marcharme de aquí, ir a Nueva Camberra con ella, y no me apetece nada alejarme de... aquí – Todos sabían que Pegasus era el Primero más débil, el único incapaz de gobernar, lo que no sabían era que era el único capaz de manipular las emociones del líder mundial y el único al que Lázarus importaba realmente – te echaría de menos
Lázarus Stark observó a su amigo, su sonrisa confiada, su cuerpo impresionante seleccionado por ingeniería genética (o eso creía ingenuamente Pegasus) para parecerse al original, su ingenuidad... Lo acorraló junto a un muro y susurró ansioso en su oído mientras sus nerviosas manos se introducían bajo el jersey "¿Puedo?". Sin esperar respuesta lo besó violentamente, ávidamente. Olvidándose de los planes que tenía para Pandora. Volcando toda su ansia de poder en poseer el cuerpo de su amigo. Tomando posesión del hombre que amaba y que a pesar de entregarse a él, nunca le correspondería.
_._
"Desde cuando". Karen, con la ayuda de un domesticado, sentó a Pegasus en su silla eléctrica. Era alarmante la pérdida de fuerzas tras el último coma.
- Necesito ampliar tus servicios Karen – musitó el Primero agotado por el simple esfuerzo de abandonar el lecho – necesito que aceptes el contrato de interna
Ella clavó su mirada de estupefacción en el antiguo "Yo no puedo firmar legalmente ningún contrato de ese tipo" se escudó tras su relación "Tendría que consultarlo con mi pareja, señor Sade"
- Suele ocurrir así ¿no? ¿sabes que yo también soy la parte dependiente en mi pareja? - sonrió el Primero – Alezeia es la dominante, es lo lógico, el que está más enamorado es el que sacrifica su voluntad por el otro, sobre todo si tu pareja no te necesita tanto como tú a ella.
- Yo no, yo... - aclaró su garganta, no estaba de acuerdo, Jane la amaba y la necesitaba tanto como ella o más – yo sólo, siempre fui la dependiente, pero Jane me dio a elegir podría haber sido al contrario perfectamente, nunca haría un mal uso de su poder legal sobre mi, nunca se aprovecharía de ello...
- No te exaltes pequeña, no quería confundirte – sonrió el Primero al percibir cómo las convicciones de la mujer se resquebrajaban por culpa de sus insinuaciones – hablaré con tu pareja. Ella es veterinaria ¿no? Puede que tenga un trabajo acorde para ella. ¿Por qué no le dices que venga a verme?
- Porque no me está diciendo lo que realmente quiere señor – respondió la guapa mujer con franqueza
La expresión de leve indignación y curiosidad de la madre del cazador le recordó al muchacho. Aquel chico le caía genial. Solo esperaba no destruir su vida con la decisión que había tomado, pues era consciente del amor que el chico sentía por el hombre de los bosques. "Tienes razón pequeña, realmente con quien necesito tener una conversación es con Misha, vuestro "sin alma" y no voy a decirte respecto a qué, pues es algo que sólo nos concierne a nosotros"
