SIN ALMA

Capítulo XXVI

"Mira que dejarse morder por un cerdo"

Jared se apostó junto a Omar en un montículo. Habían descubierto a la piara de cerdos salvajes a unos metros, y no podían avisar a los demás o los animales huirían dificultando la caza.

- ¿Estás seguro de que aquí no nos huelen? - Preguntó el salvaje en un susurro

- Tú los hueles ¿verdad? - respondió en el mismo tono el cazador – eso es porque el aire viene en nuestra dirección, así les cuesta más olernos e incluso oírnos

El grupo de animales estaba formado por una hembra y unos siete u ocho cachorros casi tan grandes como ella. Uno parecía cojear. Era el que habían elegido. Con el grupo de cazadores diseminado, lo mejor era que ellos dos solos, sólo cazasen un animal. Omar se arrodilló y cogió su arco tensándolo y apuntando al objetivo. Cuando creyó tener el blanco asegurado disparó. Fue un disparo limpio, el animal se desplomó muerto al instante mientras el resto de la piara se dispersaba entre chillidos. Los dos hombres corrieron hacia la pieza llamando, ahora sí, al resto de los cazadores con el silbido acordado.

- Es enorme, debe pesar lo menos cien kilos – dijo Jared alucinando con el bicho, nunca había visto un animal de esos tan de cerca – tío, quiero aprender a usar el arco así.

Mientras esperaban a los demás comenzaron a despiezar el animal para poder transportarlo mejor. Los dos cerdos de mayor tamaño de la piara habían vuelto y los atacaron mientras estaban arrodillados desollando la pieza cobrada. Omar logró llamar la atención de los animales evitando que les mordieran, pero tropezó con una raíz y cayó al suelo entre las pezuñas corriendo el riesgo de ser pisoteado.

Jared, sin pensárselo dos veces se metió en medio haciendo huir uno de los animales a patadas, el otro le mordió una pierna haciéndole caer y una vez en el suelo le mordió el hombro haciéndole sangrar abundantemente.

Los demás llegaron cuando el "sin alma" negro tiraba del rabo al cerdo tratando de separarlo del cazador que se sujetaba el hombro herido, taponando una herida de la que brotaba la sangre alarmantemente.

Al verlo, Jensen, saltó sobre el cerdo y lo descabelló insertando su machete con un golpe seco entre el pescuezo y la espina dorsal del animal. Se abalanzó sobre Jared justo a tiempo para evitar que inconsciente, el muchacho se golpeara con el suelo.

- hay que llevarlo con el hombre de pelo blanco – dijo reduciendo a tiras su camisa para taponar la herida - ¿cuanto crees que podrá aguantar Omar?

- No lo se, no mucho, media hora quizás

- ¿solo? - sonó más desesperado de lo que pretendía. No podrían llegar en ese tiempo a la aldea – Tienes que aguantar, ¿me oyes Jared?, maldito cazador, tienes que vivir condenado hombre de hielo.

- No podemos moverle, si lo hacemos no tendrá muchas posibilidades – otro miembro de la partida de caza, un retornado al que el pecoso rescatara hacía más de un año de un centro de domesticación se agachó junto a ellos – si realmente quieres salvarlo lo mejor es mantenerlo aquí y traer al hombre de pelo blanco.

- No para de salir sangre Sean – respondió el hombre de los bosques sin dejar de observar el rostro del herido ni de taponar la herida con los jirones de su camisa, se manchó la cara de sangre al frotarse los ojos con desesperación – Está bien, me quedo con él, los demás volved a la aldea y traed al curandero.

- Hemos venido a cazar Jensen, ¿y lo que hemos cazado qué? - el "retornado" intentó hacer entrar en razón a su jefe

Jensen miró al muchacho a los ojos "Corre como si fuese tu vida la que está en juego y tráeme al hombre de pelo blanco. No tardes". El chico echó a correr como alma que lleva el diablo sin plantearse siquiera el porqué, sólo que tenía que hacer lo que el hombre de los bosques le había dicho.

- ¿qué pasa aquí Jensen? - Omar sentía que algo extraño había sucedido, pero no sabía lo que era

- Volved a la aldea – respondió roncamente el rubio

El resto de la partida de caza recogió los animales y se fueron sin que el pecoso levantase la mirada del cazador herido. Estaba muy pálido, se estaba quedando helado. Respiraba aún, aunque muy débilmente "No voy a dejar que te mueras hombre de hielo, no te vas a librar de mi tan fácilmente"

Aliviado levemente constató que la hemorragia había parado. Pero había perdido mucha sangre. Jensen dejó de apretar la herida, sus manos temblaban mientras dejaba con cuidado al castaño en el suelo y recogía unas ramas para encender un fuego. Estaba oscureciendo. Según sus cálculos aún tardaría en llegar el curandero un par de horas más.

Jared tosió con el humo de la fogata, despertando con un quejido de dolor.

- Si no querías venir podías haberlo dicho en lugar de montar este numerito – musitó el hombre de los bosques enfadado

- Bah – tosió el herido – si querías lucir tu cuerpo serrano frente a mi, no necesitabas romperte la camisa, ya se que estás como un queso.

El hombre de los bosques se puso rojo como un tomate haciendo reír al herido que se quejó al instante por el dolor de su hombro "Estate quieto idiota" gruñó el salvaje preocupado.

- Si muero aquí ¿me perdonarás? - preguntó el más joven cerrando los ojos

- ¿los hombres de hielo siempre decís tantas estupideces? - Jensen se dio cuenta de que el muchacho estaba temblando - ¿Tienes frío?

- No es una estupidez, te destrocé la vida – sí, tenía frío, pero ni con los labios morados ni temblando como estaba, lo iba a admitir.

- Si no hubieses sido tú habrían contratado a otro. Creo que te prefiero a ti – lo incorporó un poco y lo puso entre sus piernas, apoyándolo en su cuerpo, tratando de darle calor – ya no sangras.

- Eso es bueno, y ésto también es bueno – dijo apoyando la cabeza en su pecho

Jensen sonrió un poco aliviado. "Eres un idiota, mira que dejarse morder por un cerdo, menos mal que Omar pudo apartarlo de ti"

- Conozco a Alma, es una niña preciosa, me quiere mucho. Cuando voy a la Torre de Cuarzo sólo quiere jugar conmigo. Me llama Tis-tán. Es lo único que merece la pena allí, ella y mamá. Las echo de menos – Estaba empezando a delirar – lo demás es una pesadilla, no sabes que es real o si lo que sientes es real. Pero el dolor es real, las vejaciones son reales. Sé lo que te hice Jen, yo... Pegasus sabe. Es un monstruo pero no es malo, tú, no puedo dejar que te cojan. No quiero odiarle. Lo odiaré si hace el cambio.

Sean llegó al borde del colapso, cayó de rodillas junto a la fogata intentando llenar de aires sus pulmones. Mirando con rencor al rubio. El hombre de pelo blanco no dijo nada, quitó los trozos de tela que cubrían la herida del chico nuevamente inconsciente. Al ver la angustia en el rostro del hombre de los bosques lo tranquilizó.

- Vivirá.