SIN ALMA
Capítulo XXVII
"Tiene tus ojos"
- ¡No! ¡Joder! ¡Pegasus! - Misha miró airado al hombre de la silla electrónica - ¡Lo que pides es una soberana estupidez!
- No, no lo es, es algo perfectamente razonable – pidió el otro Primero mucho más tranquilo que su amigo – Secuestras a Alezeia y a Alma y huyes con ellas, Karen y Jane a los bosques
¿Como no entendía que era absurdo pedirle algo así?No era tan fácil secuestrar a una Primera. ¡A la Gobernadora de Eurasia por Dios!. Y sin embargo, si alguien tan exageradamente ecuánime y paciente como su amigo, era capaz de suplicar algo así, tenía que tener una razón muy poderosa.
- ¿Me vas a decir a qué tienes miedo exactamente?
- Creo que Lázarus quiere hacer daño a Alezeia, creo que... esto te va a parecer una idiotez aún mayor – gimió el enfermo, pero necesitaba que Ángelo le creyese y le ayudara – Tu la quisiste, amigo, por ese cariño, ayúdame a ponerla a salvo
- Alezeia es perfectamente capaz de protegerse a sí misma de Lázarus
- No, no lo es – el Primero sin ECU presenció por primera vez en su vida cómo su amigo perdía los papeles – ya la ha atacado, aprovechó que yo estaba en coma y que no podía impedirlo para hacerlo. Lleva intentándolo años, ¡siglos!
- Escúchame Pegasus – el Primero proscrito le apretó una mano – la vigilaremos, nos quedaremos en la Torre el tiempo que haga falta ¿de acuerdo?
El hombre de ojos negros se quitó las gafas que debía llevar ahora por culpa de su pérdida de visión. "Tienes razón, quizás estoy exagerando ¿no?"
SA-SA-SA
Jared despertó en una cama. La sorpresa lo hizo levantarse bruscamente, asustado. Las nauseas se confundieron con el dolor de su hombro derecho. Al inclinarse a un lado para vomitar se dio cuento de que estaba en la cueva de Jensen. Más que nada, porque el propio pecoso estaba dormido, sentado sobre un taburete y con medio cuerpo echado sobre los pies de la cama.
"Pero qué idiota puede ser" Pensó el cazador conteniendo los gemidos de dolor para no despertarlo porque le pareció que tenía mala cara. No lo consiguió.
El hombre de los bosques se levantó como un resorte. "Quieto Jared" ordenó sujetándolo. Pero no había ninguna brusquedad en sus palabras, ni siquiera en la forma con la que le volvió a acostar en la cama.
Esa era otra, ¿Una cama?. Llevaba casi tres meses allí y Jensen era prácticamente el único de la aldea que no tenía muebles en su cueva. Y ahora tenía una cama enorme, de dos por dos. "Soy grande" pensó el muchacho "pero esto quizás es demasiado". Aunque lo que realmente pensaba era que una cama así, para él solo, era un auténtico desperdicio.
- ¿Cómo estas? - el más bajo tocó su frente con delicadeza comprobando que no tuviera fiebre. Se sentó sobre la cama y examinó el vendaje del hombro lastimado – perdiste bastante sangre y tuviste algo de infección, aunque lo más preocupante era que no despertabas.
No le miraba a los ojos, parecía avergonzado por algo. Aunque seguía allí, sentado a su lado, el "sin alma" parecía a miles de kilómetros de distancia.
- ¿No despertaba? ¿Cuanto he dormido? - sus expresivos e irisados ojos se clavaron en la mueca inconsciente que se dibujaba en los labios del pecoso – ni que me hubiese tirado una semana sin despertar
- Diez días – apenas fue un susurro – los primeros fueron los peores, delirabas por la infección y la fiebre...
La voz del hombre de los bosques era vacilante y sin embargo, su increíble mirada le atravesó interrogante, como si hubiese algo que necesitara saber y no se atreviese a preguntar.
- ¡Diez días! Eso explica el hambre de lobo que tengo – sonrió, y su sonrisa se volvió radiante cuando vio la del otro en respuesta a su razonamiento.
- Estás mejor, no hay duda. Tú no te muevas de aquí que voy a traerte algo de comer.
Salió dejando solo al cazador. Éste volvió a intentar levantarse, aunque ahora mucho más lentamente. Echó un vistazo a la nueva decoración de la cueva. Aparte de la cama, habían algunos cambios más. Un par de sillones, un escritorio, un pequeño mueble de cocina y ¿una holo-pantalla portátil?
El castaño se acercó al aparato que parecía fuera de lugar sobre el rústico escritorio. Era suya, reconocía las marcas de uso, era una de las cosas que había llevado consigo en la misión en la que supuestamente iba a capturar al rubio.
Había un disco en reproducción, lo activó y comprendió un poco mejor la extraña actitud del "sin alma":
Una cría pelirroja jugaba con unos bloques de plástico, fabricando una torre. Se reía. Una mano enorme, en comparación con la pequeña, le alcanzaba más bloques, y la chiquitina, entornando sus preciosos ojos verdes, concentrada, hacía elevarse la estructura más y más hasta que ya no llegaba a seguir poniendo piezas.
Echaba sus bracitos para que alguien la tomara y decía "Upa, upa" y él mismo aparecía en imagen levantando a la pequeña a colocar las últimas piezas. Después la niña, con un adorable tono mandón, le ordenaba en su media lengua que la pusiera sobre la torre. "Tis tán, toy gande, Tis tán" y el cazador reía diciendo "Sí Alma, eres más grande que una torre"
- Más grande que una torre – murmuró el muchacho quitando el holo-disco de la ranura, cómo echaba de menos a esa pequeñaja. ¿Cómo habría sabido Jensen usar ese aparato?
- Karen me enseñó, tengo buena memoria – el hombre de los bosques adivinó su pregunta sin formular - ¿Esa niña es...?
- Es tu hija, se llama Alma – le explicó el castaño
- Alma – dejó la comida de Jared en la mesa – Ya no es mi hija, es de él... y cuando me cojan también me tendrá a mi.
- No digas eso, Pegasus no es un monstruo, créeme, sabe que es tuya, y cuidará de ella para ti Yo le conozco, es un gran tipo, en serio – al ver que el otro no le creía no quiso insistir, quedó embebido en la mirada del salvaje, "Dios, es adorable" - Tiene tus ojos.
