SIN ALMA
Capítulo XXVIII
"Corazón roto"
Misha subió a Jane sobre él rodando sobre la moqueta del dormitorio. La abundante cabellera negra de la mujer cubrió su pecho haciéndole cosquillas.
Estaban solos. Karen tenía turno en la Torre de Cuarzo. Aunque se había negado a ser interna sí había accedido a permanecer allí durante el tiempo que permaneciera Alezeia Verne en Eurasia solucionando asuntos de estado.
Preferían el sexo en trío, era más salvaje y más excitante, aunque si tenían ocasión también aprovechaban para hacer el amor en pareja.
Él se sujetó a sus caderas, guiando su movimiento sobre su miembro. Ella se inclinó sobre él bebiéndose sus labios con urgencia. "¿estás lista?" Ella aceleró el ritmo sobre él como respuesta, sintiéndolo a punto de estallar dentro de ella.
Ya no la veía, sólo sentía su cuerpo, su urgencia, su sabor... Jane se arqueó mirándole con tanto amor que su corazón se aceleró sólo con oír su "Córrete cari, terminemos juntos". La sujetó con fuerza contra su pecho, como si pudiera absorberla por la piel.
La veterinaria se aferró a él cómo si fuese a separarse, como si no lo tuviera tan cerca del corazón, que más, sería compartir la piel y la carne. Gimió con la cabeza enterrada en su cuello dándoselo todo, recibiéndolo todo. "Ya corazón, para ya" suplicó Misha.
Jane se relajó sobre él. Sin dejarle salir, besando su cuello. Durante unos minutos más permanecieron así, tranquilos, apaciguando sus corazones, sin prisas.
- sólo ha faltado Karen – suspiraron a la vez.
Se hacía tarde para la veterinaria, que tenía una cita de trabajo. Misha la llevó en brazos a la ducha aún juguetón "Vamos cari, que llego tarde" protestó ella cuando vio que el "sin alma" comenzaba a excitarse otra vez mientras la enjabonaba.
Entonces sintió como si algo agarrase su corazón tan fuerte que quisiera arrancárselo del pecho, boqueó por el dolor y buscó la mirada de su amante buscando ayuda. Él no estaba mejor, había caído de rodillas sujetándose el pecho y la miraba horrorizado, sin verla. Después, todo se volvió negro.
SA-SA-SA
Alma saltaba sobre una esterilla de goma con animalitos grabados. Cada vez que pisaba uno de ellos se oía el sonido que emitía el animal. Una vaca, una oveja, un pato, un perro...
- Pa to – decía saltando sobre el pato riendo con el "cuak-cuak" que sonaba al pisarlo – pato Kaden
Karen no miraba a la niña , estaba en el suelo, sentada sobre sus talones, con la vista perdida y sujetándose el pecho. La niña paró de saltar, y repentinamente seria se acercó a su cuidadora y acarició su cara con su mano gordezuela.
- Kaden – llamó – papi, Kaden
La bella mujer reaccionó, dolorida y triste, sin saber porqué. Se levantó, y con la pequeña de la mano, se dirigió a la habitación del Primero, obedeciendo la orden de una niña que no tenía tres años.
No le sorprendió que cuantas personas se encontrara por el camino, guardias de Lázarus, empleados de la Torre, estuvieran en el suelo, sufriendo un dolor horrendo en el pecho, algunos incluso habían perdido el sentido.
Al entrar en la alcoba el panorama no era mejor. El Antiguo la miró sin verla, demudado, con una mano sobre el corazón. Los que lo rodeaban habían caído desvanecidos sin poder soportar aquel dolor sordo, infinito. Mientras Alma la cogía de la mano, Karen comprendió. El holo-disco roto en el suelo sólo retomaba una y otra vez la palabra accidente, y una explosión se reproducía cada medio segundo en un bucle sin fin.
La cuidadora miró a la niña pequeña que estaba comenzando a hacer pucheros. Ella también sintió unas ganas enormes de llorar, pero tenía que ser fuerte y cuidar de papi. A pesar de hacer exactamente lo que la pequeña quería, identificó la sensación. La estaba condicionando. Lo agradeció pues tenía el presentimiento de que aquellas ganas inmensas de llorar eran mucho mejor que lo que parecía brotar de su padre.
Cogió a Alma en brazos y se sentó en la cama donde la pequeña abrazó al Primero. "Te tero, papi, te tero" como si supiera que algo horrible le ocurría a Pegasus, colmándolo de caricias y de besos. Karen comenzó a sollozar como si se le escapara la vida con cada lágrima, pero pudo darse cuenta de que alguno de los que había en la habitación habían despertado también y lloraban a lágrima viva sentados en el suelo.
A través de sus propias lágrimas pudo comprobar que el primero seguía sin reaccionar a pesar del "Papi, papi" de Alma.
Lázarus llegó a la carrera, él también lloraba. Supo lo que ocurría al echar un rápido vistazo a la habitación. Su mirada, mezcla de dolor y asombro se clavó en la pequeña "¿Cómo es posible?"
Acarició el rostro transido de dolor del otro Primero, volviendo a sentir dentro toda la angustia y la desolación, aunque ahora ya sabía de dónde venía y podía luchar contra ello. "Pegasus" susurró. La niña lo miró con odio, rompiendo su conexión con Karen y con todos los que habían recibido su condicionamiento. No se había equivocado, esa mocosa lo había condicionado, y al parecer a su cuidadora también, si no hubiese ocurrido así, cualquiera sabría cuánto tiempo habría permanecido en la máquina inductora, condicionando a toda la ciudad con el dolor de Pegasus, sin poder hacer nada al respecto.
- ¿Pegasus? - llamó más fuerte. Le dio una bofetada sin conseguir que reaccionara y Alma saltó sobre él dándole un mordisco en la cara con toda la rabia de sus dos años. No le costó separarla de un empujón pero se encontró con la cuidadora subida a su espalda tirándole del pelo y llamándolo "Feo, tonto y feo"
- Basta – murmuró Pegasus por fin, reaccionando casi sin energía. El ambiente en la habitación se relajó, la desesperación opresiva que aún se insinuaba en el corazón de Lázarus y de la mujer (que sobre su espalda le estaba arrancando el cabello a puñados), desapareció – Alma, ven
La niña dejó de dar patadas al líder mundial y Karen, sin llegar a creer lo que estaba haciendo se bajó confundida y avergonzada de la espalda del Gobernador. "Yo, señor, lo siento tanto..."
- No importa Karen – contestó éste - ¿Estás aquí amigo?
- Eso parece – respondió con una voz desconocida, sin inflexiones, ronca, vacía – Alezeia ha muerto.
