SIN ALMA

Capítulo XXIX

"Cinco palabras"

Si antes de ser atacado por aquel cerdo, Jensen había sido considerado con él, ahora esa consideración rallaba en la exageración. Aunque había algo más, algo que hacía que el salvaje no fuese capaz de mirarle directamente a los ojos o que no le tocase más que lo preciso cuando le cambiaba el vendaje. Y aquella indecisión, a Jared le parecía que iba a preguntar algo y de repente se arrepentía y no decía nada.

Estaban comiendo y volvió a ver esa duda en los ojos del otro. "¿Me vas a decir que te ocurre Jensen?". Su nada no le convenció. Y de repente el muchacho lo tuvo claro. Musitó "Deliré... durante días" y una rabia irracional hizo que sus ojos se llenasen de lágrimas contenidas al ver al otro asentir sin mirarle a los ojos "hablé en sueños"

Y él sabía lo que podía haber salido de sus labios, él había escuchado las pesadillas del otro y ahora Jensen conocía las suyas. Se levantó de la mesa tirando el taburete con el impulso "Se me ha quitado el hambre".

Se metió en la cama, ¿no se la había traído para él? ¿para que? ¿para hacer lo que no se había atrevido en esos meses? Porque ya qué respeto le podía tener, había hablado, ¡Jensen sabía lo que había hecho! Ahora ya no era sólo el que había destrozado su vida, ahora también era el que se había dejado usar por un primero como si fuese un puto "sin alma" domesticado. Ahora sabía que no era más que un cobarde, un vendido, un desgraciado que solo servía para...

- Jared

- Si quieres que me vaya lo haré, es normal que te de asco que esté aquí.

- ¿que bicho te ha picado?

El pecoso se sentó en la cama y lo obligó a mirarle a los ojos, el más joven forcejeó inútilmente para darse la vuelta pero los diez días enfermo le pasaron factura.

- Jared, dime ahora mismo qué te ocurre – su rostro estaba a escasos centímetros del rostro congestionado de Jared que sólo quería que lo tragase la tierra.

- Deliré, ¿no es cierto? Sabes lo que dejé que Lázarus Stark y Pegasus hicieran conmigo durante dos malditos años – gimió aún - ¿qué quieres saber? ¿si luché? ¿si me resistí? ¿si me gustó ser el juguete sexual de un Primero despreciable? - su voz fue subiendo de tono llegando al histerismo – pues no, ¡y no! ¡Y NO TAMPOCO!

El chico lloraba a lágrima viva y el hombre de los bosques no sabía cómo llegar a él. Trató de calmarlo pero no había manera así que le gritó.

- ¡BASTA JAY! - la furia bailaba en sus tremendos ojos, la furia y algo más - ¡Me importa una mierda lo que te hicieran! - al ver el intenso dolor reflejado en la mirada del más joven se explicó – Bueno, sí, si me importa, pero el tal Lázarus y yo ya arreglaremos cuentas cuando llegue el momento.

Sus palabras actuaron como un calmante de efecto inmediato, el chico, aún con el dolor dibujado en su expresión se esforzaba por comprender el sentido de lo que estaba oyendo ¿Jensen no lo odiaba? ¿No lo despreciaba?. Las cálidas manos de su compañero de cueva secaban las lágrimas de sus mejillas y le apartaban el flequillo de los ojos. ¿Porqué le miraba de aquella forma tan turbadora?

- Cuando delirabas, me pedías perdón – Jared intentó replicar, pero un dedo del "sin alma" en sus labios le instó a callar y escuchar – por lo que sucedió cuando me capturasteis Ya te he dicho alguna vez, que si no hubieses sido tú habría sido otro, y lo más seguro es que ahora estaría muerto. Pero dijiste algo más, dijiste que me amabas...

Jared Tristán Padalecki no tenía ni idea de a dónde quería llegar Jensen. El pecoso sonrió, aquel muchacho le había hecho sentir muchas cosas en esos meses, tenía que hacérselo entender de alguna manera.

- Sabes lo que me hicisteis... entonces si hubiese podido te habría arrancado el corazón del pecho con mis propias manos – ambos recordaban demasiado bien aquellos días – Fue una pesadilla y no mejoró...

- Creía que habías abusado de mi madre...

- Lo se. Decidiste encargarte de mi personalmente. Yo había... - aún le dolía recordar, si ese muchacho no comprendía cómo podía perdonarlo, cuando recordaba lo ocurrido, no es que el lo entendiese muy bien – perdí cualquier tipo de esperanza Jay, y tú volviste a cambiar y empezaste a tratarme como si te importase algo. Me gustó ese cambio.

- No lo demostraste – el salvaje había sido salvaje hasta el último momento, lo recordaba muy bien y casi era otro motivo por el que estaba tan enamorado de él – eras de un arisco que no era capaz de imaginar de dónde venía aquella fuerza de voluntad.

- Tenía motivos ¿no? - gruñó el rubio – déjame seguir que no es fácil. Llegué a creer que te importaba algo, que quizás me ayudarías a huir, estaba desesperado por huir ¿sabes? - No se detuvo al ver de nuevo llorar al chico, con la culpabilidad asomando a sus misteriosos ojos cambiantes, ahora de un gris-azulado acuoso – tu madre me ayudó mucho, es increíble, pero tú, tú me diste algo más Jay, algo que no esperaba. Me he pasado dos años intentando odiarte y odiándome a mi mismo por no conseguirlo, por ser un estúpido y un débil. Creyendo... no se qué creía. Estos días, estabas tan mal, y yo me sentía tan mal, tenía tanto miedo que... ¡joder! ¿por qué es tan difícil? ¡Repetías que me amabas, que me querías! ¿Es cierto?

- Si, sólo que no te amaba: te amo.

- ¿Por qué? - y era una queja asombrada, y no una pregunta

- No lo se, no lo planeé – intentó justificarse – se qué te hice, se el daño que te hice y que no merezco tu perdón, mucho menos que me correspondas – el rubio lo miró como si quisiera golpearlo – adelante, hazlo

Jensen lo cogió por la pechera de la camiseta juntando su frente con la del herido "Debo estar como una puta cabra" susurró. Podía sentir el aliento entrecortado del muchacho en sus labios y sintió la necesidad de sentir algo más, sus labios suaves que correspondían entregados a un beso que no esperaba. El chico se sujetó a él, entrelazando sus enormes dedos en su cabello, contraatacando, introduciendo su lengua en su boca en un juego que les hacía reír a ambos. Se separaron jadeantes, los ojos brillantes de deseo y entendimiento porque no era necesario decir nada más. Porque todo estaba claro entre ellos.

- Tenemos un detalle que aclarar Jay – jadeó el rubio tragándose las ganas de ir más lejos

- ¿Cuál? - jadeó el castaño temiendo haber creído algo que no era

- No te voy a dejar volver a follarme – sonrió maliciosamente – pienso vengarme primero muy concienzudamente.

- Está bien, es justo – aceptó el más joven aliviado - ¿cuando quieres empezar?

- Ahora no, estás muy débil, lo dejaremos para cuando descanses algo – le dijo revolviéndole el pelo y acomodándole las mantas.

- Jen – tanteó, si el pecoso se había inventado un diminutivo ¿por qué no iba a hacer él otro tanto? - Jen, ¿Me dejarás amarte aunque tú no me ames?

- No

- ¿porqué? - el rubio le retiró el flequillo de aquellos adorables ojos de cachorro apaleado.

Le acomodó la almohada. Le dio un beso en la frente y le dijo cinco palabras al oído. Jared, primero sorprendido y después sintiéndose la criatura más feliz del planeta, se quedó dormido. Habían sido unas horas demasiado intensas para alguien que se había tirado más de una semana inconsciente.