SIN ALMA
Capítulo XXX
"Cambios y promesas"
- El general Dover ha muerto señor – uno de los soldados de la guardia gubernamental de Lázarus, ya recuperado, informó al gobernador de América – su corazón no ha resistido.
Pegasus miró inexpresivo al hombre que yacía muerto a pocos metros de él. Alma lo abrazaba sin querer soltarlo, con su cabecita roja enterrada entre el hombro y el cuello de su padre.
- Karen, por favor, quédese aquí, en esta habitación, con ellos – ordenó el amo del mundo pensando que quizás el viejo general no fuese la única víctima del desastre – señores, esto es una tragedia sin precedentes de la que aún no conocemos todas las consecuencias, llévense al general a la enfermería, si su ECU no ha sido dañado aún quizás puedan recuperarlo. Les espero en mi despacho en diez minutos.
Cuando todos marcharon, el Primero se sentó en la cama ofreciendo consuelo a su amigo "Siento haberte golpeado, Pegasus, no sabía cómo llegar a ti" dijo intentando peinarse y mirando quejoso a la cuidadora de la niña. "Te aseguro que me arrepiento mucho, muchísimo de haberte dado una bofetada" confesó todo compungido. Consiguió arrancar una mueca al enfermo. Se dio por satisfecho.
- Así que feo y tonto ¿no jovencita? - en realidad era con Alma y no con Karen con quien iba su queja, pero la mujer no pudo evitar enrojecer como una amapola – Así me gusta , que defiendas a tu papi – se levantó para irse – Entonces ¿te quedas con ellos Karen?
- Sí señor, pero...
- Quieres llamar a tu familia y decirles que estás bien ¿no? - la mujer asintió – llámalos, y si quieren que se queden aquí en la torre contigo, creo que tus aposentos son lo suficientemente amplios para ellos , dejaré acreditaciones encargadas en recepción por si aparecen.
- Gracias señor.
El Primero marchó, su expresión comprensiva y casi cariñosa se transformó en una mueca fría y dura acentuada por el brillo plateado de sus ojos. Su plan había estado a punto de costarle muy caro. Aunque había conseguido apartar el mayor estorbo de su camino, las cosas no habían salido exactamente como había pensado.
Había sido una sorpresa descubrir que la pequeña salvaje era capaz de condicionar. Más bien, de condicionarle a él y no a su padre. Hacía que su cabeza bullera en absurdas y románticas teorías sobre el amor y el condicionamiento.
El vacío de poder en Eurasia era su prioridad en esos momentos, Sabine comenzaría a mover ficha si no tenía cuidado. Pero no podía permitir que la Leona africana se hiciese con el gobierno de Eurasia, sería darle demasiado poder a alguien que mantenía su territorio con una brutalidad sólo comparable a las repúblicas que sangraron el continente durante los siglos XX y XXI.
Tendría que convencer a Pandora. Iba pensando que podía decir a una hija a la que no había visto en dos años y con la que no había hablado de verdad en más de tres siglos. El cazador rubio se unió a él en dirección a su despacho. "Hecho señor" musitó servil "Nadie podrá sospechar que ha sido un ataque dirigido en lugar de un lamentable accidente"
- Gracias Burton – Ambos hombres entraron en el despacho donde militares del Estado Mayor miraron con sorpresa al chico sin oreja que acompañaba al gobernador – Señores veo que no conocen a Jason Burton, acabo de nombrarle nuevo Coordinador Mundial de Extracciones.
SA-SA-SA
Jane despertó. El peso de su corazón se había diluido, pero la sensación de tristeza no la abandonaba del todo. Misha la abrazaba, con sus hermosos ojos aún empañados por el dolor. No se habían separado desde que Karen les explicó lo ocurrido cuando los llamó para asegurarse de que estaban bien.
El "sin alma" sintió la culpa corroerle por dentro. Pegasus no se había equivocado, ¿cómo pudo no tomarle en serio?, ahora, la mujer que una vez creyó que jamás olvidaría, estaba muerta.
El primero oculto decidió que no podía retrasar más su confesión a Jane y a Karen. Pidió a la veterinaria que aceptara la oferta de Lázarus. Porque necesitaría que Pegasus estuviese presente y le ayudase a contar la verdad. Y después, si su amigo aún quería, se llevaría a Alma a los bosques.
SA-SA-SA
Omar se sentó junto a Sean en la última fila de la escuela de los mayores. Jared, con el brazo aún en cabestrillo, medio indicando, medio ayudando, mostraba a los chicos como fabricar una placa solar para conseguir agua caliente sin tener que gastar leña.
El día anterior, el retornado, había ayudado al cazador a montar una noria en el arroyo con la que llevar el agua a un depósito de los tiempos antiguos, que habían restaurado en la cima de la montaña. El joven "sin alma" a pesar de su amarga experiencia con otros cazadores, había llegado a sentir amistad hacia el gigantesco hombre de hielo que sonreía como un niño. Algo parecido había pasado con Omar, a fin de cuentas, ese muchacho le había salvado la vida.
El hombre de los bosques se sentó tras ellos dos. Saludando tímidamente al castaño que lo había saludado efusivamente al darse cuenta de su presencia, haciendo que todos repitieran el alegre "hola Jen" del gigante.
- ¿Jeeen? - se volvió Omar burlón
- ¿Me vais a perder el respeto por culpa de ese crío? - gruñó el pecoso
- Eres su amo, puedes prohibirle que te llame así – replicó el hombre de color
El comentario no gustó a Jensen. Jared no le pertenecía, debía ser uno de ellos, ya, y no un siervo. "¿Alguno de los cazadores ha pedido pertenecer al bosque?" Preguntó.
- Todos – dijo Sean – todos menos Jared
- Creo que están preparados Jensen – remachó Omar – ha sido mucho más rápido que otras veces y creo que tu chico tiene bastante que ver en ello. Hay otros dos que también ayudan en las clases y que tienen a los chiquillos como locos con las cosas que están aprendiendo, y los otros tres es cómo si hubiesen descubierto que su misión en la vida es ser agricultores.
- Tres meses no es mucho tiempo, podrían estar fingiendo – musitó el jefe
Los muchachos de la clase cogieron la placa solar y subieron al depósito a montarla con otro de los cazadores en servidumbre y el profesor. Jared se reunió con los tres hombres al final de la clase.
Una sonrisa contagiosa se dibujó en sus labios al acercarse al hombre de los bosques. Últimamente sonreía a todas horas. Los otros dos "sin alma" se despidieron. Tenían cosas que hacer. El más joven se sintió libre para picar al rubio "Me estás decepcionando Jen" le dijo casi al oído "¿Realmente lo de anoche era parte de tu revancha?... flojito, flojito"
- Tira para la cueva – le ordenó el hombre de los bosques con fingida dureza – decepcionándote ¿no?
Jensen se retrasó mirando descaradamente el apetecible cuerpo de su siervo. Sonrió pensando en la noche anterior y en la tarde que tenían por delante "Vale, es posible que tengas razón" pensó entrando en la cueva "Vamos a ponerle remedio"
