SIN ALMA

Capítulo XXXII

"Atrapados"

La aldea de la montaña bullía de actividad. En el sabotaje a una red de transporte de prisioneros "sin alma" habían perdido a Omar. Había sido capturado.

Jensen ordenó la evacuación de las cuevas temiendo lo peor. Y aunque todos trataron de hacerle comprender que el hombre capturado era leal y que no los traicionaría, el hombre de los bosques no dio su brazo a torcer.

El caso era que él era el primero que no quería irse. Mientras recogía sus pocas pertenencias en compañía de Jared permanecía en silencio, agobiado. Tanto que el muchacho acariciando su nuca le dijo que no se preocupara, que estarían bien en cualquier sitio.

El rubio se volvió y acarició el antebrazo del otro, donde se leía perfectamente su nombre sin mirarle a los ojos. El castaño le levantó la barbilla y lo besó suavemente, abrazándolo, haciéndole saber, sin palabras, que podía contar con él.

- Nos están esperando Jen, ¿nos vamos ya? - el rubio asintió ausente – cuando nos instalemos lo encontraremos y lo rescataremos ¿vale?

- Si no lo han matado

- No hacen eso Jensen, no...

- Omar tiene más de treinta años, para ellos es viejo e inútil.

Organizaron los grupos, el jefe de la aldea iría con Sean y otros guerreros hacia el valle en primer lugar, el segundo grupo los seguiría con un margen de una hora junto al hombre de pelo blanco y el tercer grupo, en el que estaban Jared y él, limpiarían las huellas antes de seguirlos, en el caso de que Omar hubiese confesado la ubicación de las cuevas.

El pequeño éxodo comenzó de inmediato, la montaña se fue vaciando de sus habitantes con rapidez y eficacia. Sólo quedaba el último grupo, apenas cinco hombres y ellos dos, borrando el rastro de las familias que durante los últimos años habían vivido en las cuevas.

Se produjo una explosión, un fuerte olor a una sustancia desconocida inundó la aldea. Los guerreros de la aldea de la montaña corrieron ladera abajo intentando huir del gas cayendo en una emboscada dónde fueron rodeados por más de cincuenta cazadores, a los que bastó, debido a la sorpresa y la superioridad numérica, menos de un minuto para reducir a casi todos.

Porque se habían contado muchas historias del hombre de los bosques entre las partidas de extracción, o porque todos conocían la orden del líder mundial sobre dañar irremediablemente a aquel salvaje. El caso es que no había manera de dominarle No hasta que a uno de los cazadores se le ocurrió usar a uno de los salvajes retenidos para obligarlo a rendirse.

Los subieron al helicóptero de combate y los encerraron en jaulas. A Jared incluido. El capitán de la nave dio aviso a la Torre de Cuarzo, partiendo en su dirección en el acto. No correrían riesgos con la presa tan importante que llevaban.

SA-SA-SA

La reunión en el departamento de Pegasus no iba todo lo bien que le hubiera gustado a Misha. Karen se había quedado tras el debilitado primero como si buscase inconscientemente su protección alejándose tanto de Jane como de él. Y la veterinaria, dolida por la arisca actitud de su pareja no había reaccionado muy bien, así que su enfado no era la mejor presencia de ánimo para enterarse de que su esclavo "sin alma" era en realidad un Primero.

- Complicado ¿no amigo? - el enfermo le miró sonriendo, comprendía la situación mejor que él.

- Y que lo digas.

Pegasus hizo lo que su viejo amigo no podía hacer, condicionando a los tres visitantes, relajando el ambiente e interfiriendo en la voluntad de discutir por lo menos hasta que Ángelo no hiciese su confesión.

- ¿Cómo lo suelto Pegasus? - suplicó aterrado el de ojos azules

- Hazlo ya

- Jane, Karen. Sabéis que os amo. No he amado a nadie como a vosotras en siglos – ambas mujeres creyeron que no habían oído bien la última palabra – En realidad mi nombre no es Misha. Cuando huí de "Nueva Washington" fui capturado por salvajes. Su jefe me hizo su siervo y según las leyes de su pueblo grabó su nombre en mi brazo, se llamaba Misha. Yo entonces no conocía su lengua, me enseñaron y me convirtieron en uno de ellos sin extrañarse de que no envejeciera. A su muerte comenzaron a llamarme así.

- ¿quién eres? - preguntó Jane presintiendo la respuesta

- Soy Ángelo, Jane. Soy el primero que se rebeló.

La revelación rompió el control mental que Pegasus mantenía sobre las mujeres. La fuerza de los sentimientos que provocó a ambas era desmesurada para la extrema debilidad del Primero. La veterinaria increpó al hombre que acababa de hacer tan increíble confesión.

- ¿Todo lo que hemos sentido por ti, lo has condicionado? ¿Mi amor, ha sido solo una ilusión?

- El amor no se condiciona Jane, es imposible – fue Pegasus quien le respondió – Nadie puede condicionar a nadie para que lo ame, sí para que lo desee o para que le obedezca, pero el amor es algo imposible de condicionar. Es más, si un Primero ama, nunca podrá condicionar a la persona amada en ninguna forma. El sentimiento interferiría en esa capacidad.

- Pero él – Jane señaló a Ángelo furiosa – me ha estado condicionando hace un momento

- No, era yo, intentando que lo escuchaseis antes de juzgarle

Karen aún no había dicho nada. Pensaba, pensaba que si Misha era realmente un Primero, realmente no la amaba o si no... Lo mismo tampoco amaba a Jane y la había condicionado para divertirse a costa de ellas. La ira la desbordó, tan brutal, tan desesperada que escapó al control mental de Pegasus.

Se lanzó contra el supuesto "sin alma" aporreando su pecho con todas sus fuerzas, con todo su dolor, con toda la angustia de esos días de incomprensión. El hombre la abrazó sujetándola contra su pecho y mirándola con tanto amor que ya no supo que pensar. Y lo que tenía que haber sido evidente para los tres amantes, lo fue para el Primero que asistía como espectador al drama que se desarrollaba ante él.

- Suéltala Ángelo – pidió suavemente

La joven, perdida, temblando y desorientada, se acercó a la silla y se arrodilló colocando su cabeza en el regazo del enfermo, dejando que éste la consolase acariciando el rizado y castaño cabello.

- Jane, no te enfades conmigo, pero tienes que desnudarla y examinarla

- ¡¿QUEEEE? - Exclamaron al mismo tiempo el Primero y la veterinaria

- Desnúdala y examínala, busca signos de violencia – Karen, ni siquiera parecía saber dónde estaba o lo que decían.

Misha comprendió, fue él quien la desnudó sosteniéndola para que su compañera descubriese lo que el Antiguo enfermo había presentido que encontrarían. Los signos de violación eran tan evidentes que el Primero oculto bajo el disfraz de un "sin alma" sintió la furia crecer en él, tanto que Pegasus le tuvo que pedir calma.

- No se trataba de ningún virus – gimió Ángelo sintiéndose un soberano estúpido – Ese miserable doctor...

- No fue el doctor amigo mío – comentó tristemente el otro antiguo – fue Lázarus.