Disclaimer: Nurarihyon No Mago no me pertenece.

-Dialogo de los personajes-

Énfasis

Pensamientos de los Personajes y Sueños

Cap.6: El San Valentín de Yuki Onna

― ¡Una orden de Café Expreso y dos mediterráneos en camino! ―respondió la joven animada, dejando una nota sobre la barra. El joven camarero la tomó y la pasó rápido a los cocineros detrás él. La señorita Oikawa relucía de felicidad en su traje de camarera. Aunque al principio no le gustara la idea todo resulto mejor de lo que esperaba.

― ¡Oikawa-chan! ¡Ven aquí! ―llamó un grupo de chicos desde una mesa. La ojimorada resopló y fingió una sonrisa. Ese pequeño grupo llevaba todo el día allí pidiendo postres y demás, comiendo y volviendo a pedir para que en cada oportunidad que tenían poder preguntarle sobre su vida privada.

A su lado Ayumi le miró divertida, su amiga estaba bellísima en su traje, pero lo bueno era que ella no notaba las perversas miradas de decenas de estudiantes que venían únicamente a verla. Por otro lado, ambas chicas tenían a un guardia de armas tomar, Miyuki se había cargado sola a dos tipos gigantescos del equipo de box cuando estos intentaron tocar el inmaculado cuerpo de la Yuki Onna. Maya la seguía, dándole todos los implementos necesarios para la golpiza. Como Miyuki decía "El castigo divino para pervertidos".

― ¡Ese grupito ya me sacó de quicio! ―exclamó frustrada Miyuki, Ayumi se acercó para tratar de calmarla.

― Miyu-chan tranquila, están consumiendo, así que no podemos hacer nada ―le dijo tomándola por los hombros para que retrocediera de su intento de asesinato.

― Pero Ayumi… esos capullos llevan aquí más de tres horas ―refutó la rubia mirando de forma asesina a los chicos que hacían su pedido a la guardiana.

― Trata de entender Miyu-chan ―insistió la joven. Unas chicas alzaron la mano y Ayumi miró a su amiga―. No mates a nadie por favor, no quiero que sepan que tengo una amiga psicópata ―bromeó mirando a la Kitsu que seguía leyendo al lado de Miyuki.

― Está bien ― dijo vencida, Ayumi se fue y Miyuki tomó una silla, se sentó y sacó unos binoculares para mirar en dirección a la mesa "llena de pervertidos" que atendía Tsurara―. ¡Tenemos que proteger a Yuki-chan! ¿Verdad, Maya-chan? ―preguntó. A su lado la peliazul alzó la mirada y asintió.

― Oikawa-chan, ¿cuándo es tu cumpleaños? ―se aventuró a decir uno de los cuatro muchachos.

― ¿Eh? Disculpa, pero no creo que eso sea importante ―se limitó a contestar la fémina, apuntando rápido los pedidos. Los chicos eran agradables pero no le gustaba el hecho de que la llamaran de manera tan cercana cuando apenas y los conoció hace unas horas.

― Anda. ¿Cuál es tu actividad favorita? ―preguntó otro. El chico tomó de la mano rápido a la chica para impedirle que se fuera.

― ¿Po-Podrías soltarme? Tengo que pedir las ordenes –explicó la chica tratando de irse. El ambiente de interrogatorio no le gustaba, menos que alguien la tocara.

― ¡Pervertido detectado! ―dijo Maya con voz mecánica, enfocando con los binoculares el objetivo― ¿Cuáles son las órdenes, Miyu-sama? ―preguntó con una seña de comando, viendo los ojos furiosos de la rubia.

― ¡Castigo! ―respondió ella, moviendo las manos de manera maquiavélica.

― Ayumi-chan, ¿podrías calmar un poco a tu amiga? Si mira a los clientes así se marcharan ―pidió el presidente a la estudiante mientras ella dejaba unos platillos. La peliverde giró a ver a su amiga, quien en compañía de Maya, con cascos de militares camuflados, se escondían tras la barra.

― Claro ―respondió. Suspiró y caminó hacia el par de chicas. Al llegar, ambas miraban con los binoculares a la mesa que atendía la Yuki Onna–. Muchachas dejen de hacer eso, asustan a los clientes.

― ¡Shh! ¡Ayumi-chan, mira! ―le indicó Miyuki prestándole los binoculares. Un aura oscura y terrorífica escapaba de su cuerpo, con las letras gigantescas de asesina sobre su cabeza.

― ¿Eh? ¿Qué cosa?

Ayumi miró los binoculares en la dirección que le indicó la sicópata de su amiga y vio que uno de los chicos sostenía la mano de su amiga Yuki-chan y ella tenía una cara de incomodidad total.

― ¡Yuki-chan está en problemas! ―exclamó, juntándose en círculo con las otras dos. Las tres chicas comenzaron a murmuran, obviando que un grupo de estudiantes entraba al café.

― ¡Oh! Así que este es el café ¡Impresionante! ―exclamó Kiyotsugu mirando al grupo de meseras y la gran clientela del lugar– Muy apropiado para San Valentín ―dijo.

Detrás de él Kana, Torii y Maki miraban los trajes y la carta para decidir que pedir. Mientras los ojos de dos chicos se perdían en la silueta de la ojimorada. Shima y Rikuo se quedaron mirando, deleitándose con el traje que traía la Oikawa, deteniéndose en cada curva de su cuerpo y la blancura de la piel expuesta de sus piernas.

Tsurara llevaba el traje de sirvienta a juego con unos lazos negros y blancos en sus muñecas, unas largas medias negras en las piernas y unos cortos tacones blancos. Rikuo no despegó la mirada de su guardiana, recordando la noche anterior y las palabras que le susurró. Pensándolo bien, la idea sonaba "demasiado" tentadora. Se percató entonces del rostro incomodo que tenia, y de la "inocente" mano que mantenía un chico sobre la de ella.

Miyuki estaba lista y en posición para ir en contra del "pervertido mal nacido" que retenía a su querida amiga, mas se detuvo cuando vio a un chico de la mesa, justo al lado derecho de su amiga, fingir caerse de la silla y abrir bien los ojos en dirección a la falda de la Yuki Onna.

Un sensor se prendió en la mente de Ayumi y Miyuki. ¡Aquel condenado adolescente intentaba verle la ropa interior a su compañera!

― ¡Qué castigo! ¡A este lo castro!― gritó Miyuki furiosa como un demonio corriendo a toda velocidad para detener la malicia contra su amiga.

― ¿Eh?

Tsurara volteó al sentir algo caer a su costado y vio al chico caer al suelo con los ojos abiertos en dirección al interior de su falda. Intentó cubrirse pero el chico que tenía su mano sujeta la jaló un poco para que no se moviera y el tercero tomó su otra mano.

¡Me va a ver!

― ¡Vict-! ― exclamó el muchacho, enfocando su mirada sobre la piel blanca de las piernas de la Oikawa, cuando dos zapatillas se estallaron en su cara dejándolo K.O. Los dientes del chico volaron junto a un ligero rastro de sangre, antes de estrecharse con la pared, llevándose una mesa de paso.

― ¿Alguien más quiere probar? ―preguntaron dos voces con tono maléfico, en dirección a los dos chicos restantes de la mesa que soltaron rápido a la Oikawa. Ambos chicos comenzaron a sudar y tras dejar dinero sobre la mesa, intentaron huir.

Rikuo y Miyuki atraparon al par en el aire cuando ambos saltaron la mesa para correr a la salida. La rubia miró divertida al Nura, este sólo rió por lo bajo.

― Yo me encargo Nura-kun ―dijo Ayumi tomando al pervertido de las manos del castaño. Lo alzó junto a su amiga con una mano y tras ellas Maya las seguía.

― Maya-chan ―llamaron ambas, con los ojos de un demonio y sonrisas sádicas. La Kytsu asintió–. El bate ―dijeron ambas, la peli azul extendió rápido dos bates de metal a sus amigas, los chicos atrapados comenzaron a sudar.

Tsurara sonrió nerviosa, sus amigas podían ser… un "poco" radicales y sobreprotectoras. Volteó a ver a su Joven Amo algo inquieta, más este sólo le sonrió.

― Te ves hermosa, Tsurara ―le alagó, causando un fuerte sonrojo en ella. La guardiana bajó la mirada avergonzada, el castaño sonrió, le tomó de la barbilla y vio su rostro sonrosado–. Luego tenemos algo de qué hablar, sobre lo de anoche ―susurró por lo bajo.

Tsurara asintió despacio y el joven soltó su barbilla al ver a sus amigos acercarse. Ienaga Kana venia algo nerviosa junto a sus dos amigas; Kiyotsugu y Shima se detuvieron a ver a la ojimorada.

― Ese traje te sienta muy bien Oikawa-san ―dijo el muchacho, mirando meticulosamente la silueta de la guardiana.

― ¿Eh? Gracias ―respondió.

― Oikawa-san podría ser modelo ―dijo Shima con un sonrojo en su rostro. La Yuki Onna se sonrojó y rio nerviosa. Pero el comentario a Rikuo no le había gustado para nada.

¿Modelo? Tsurara puede ser modelo, es muy bonita y tiene buen cuerpo… ¡Espera! ¡Qué estoy diciendo!

"¿Para qué medio mundo la vea? ¡Estás loco!"―refutó su lado youkai.

― ¿Rikuo-kun? ―preguntó Kana al ver a su amigo con una mirada inquieta. El castaño reaccionó y vió a su amiga sostenerlo del brazo― ¿Te pasa algo?

― No... No es nada ―respondió.

―Bueno, les tomaré las ordenes en un rato, esperen aquí ―dijo Tsurara recogiendo el dinero que dejaron los muchachos al irse. Una amplia sonrisa se expandió en su rostro, su Joven Amo le dijo que se veía hermosa, que se veía linda… ¡y eso la hacía estar muy feliz!

A sus espaldas, Rikuo se sentaba en compañía de sus amigos, con la mirada de Kana fija en él, sin que este se percatase. La castaña seguía la mirada de su mejor amigo, que estaba abstracto en mirar el contorno de la guardiana de arriba abajo, desordenándose el cabello cada tanto. Desde que llegaron al café él se quedó prendado de la silueta de la Oikawa, incluso le escuchó decirle "hermosa". ¡Rikuo jamás le dijo algo más allá de linda!

Suspiró e intento distraerse, mirando la carta para ver que pedir. Era media tarde por lo que un té no estaría mal. Regresó su mirada al Nura que veía a la ojimorada venir con un pequeño cuadernillo de apuntes y bolígrafo, lista para recibir su orden. Incluso ella no pudo evitar sentir un poco de envidia, la Oikawa se veía radiante en el traje de mesera, más aun con la sonrisa dulce que traía en el rostro.

¡No te desanimes! ¡Tengo que entregarle mi obsequio como sea!

― Rikuo-kun ¿Qué vas a pedir? ―preguntó captando al Nura distraído en un par de chicos que interceptaron a la guardiana en su camino a la mesa. El castaño giró a mirar la carta sin mucho interés, mirando de reojo a los chicos que le hacían unas preguntas a la pelinegra― ¿Te parece si compartimos este? Es muy grande para uno solo y se ve delicioso ―dijo, viendo que su compañero no prestaba mucha atención.

Esa era una buena oportunidad.

―Sí, claro ―se limitó a responder Rikuo sin mirar el dibujo o la descripción del pedido de su amiga.

― ¡Oikawa-san! ―llamó Shima emocionado. La ojimorada miró a los dos muchachos y tras hacer una pequeña reverencia fue con la patrulla– Quiero el número tres, por favor ―pidió viendo la sonrisa y el ligero sonrojo de la youkai.

― Maki y yo compartiremos el especial #5 ―explicó Torii señalando el menú.

― Yo quiero este de aquí ―pidió Kiyotsugu, indicándole. La ojimorada anotó rápido y volteo hacia los castaños, sentados uno al lado del otro. Rikuo volteó hacia Kana para que hiciera el pedido, la Ienaga sonrió.

― Quiero el especial de hoy ―aclaró Tsurara se sorprendió un poco y apunto.

― ¿Rikuo-kun que vas a pedir? ―preguntó risueña, el castaño iba a responder mas Kana se le adelantó.

― Rikuo-kun y yo vamos a compartirlo, ¿verdad? ―preguntó a su amigo, quien asintió. Por otro lado, la Yuki Onna tembló ante la afirmación de su Amo, si ambos comían juntos… bueno, eso era que… ¿Acaso ellos estaban… saliendo?

― E-Entendido, enseguida vuelvo ―contestó rápido, girando y corriendo hacia la barra. Rikuo la miró preocupado, más cuando ella chocó contra un mesero y por suerte no hizo que botara la bandeja llena de platos.

― Pedido para la mesa ocho, por favor ―anunció el delegado de clase por detrás de la cortina que separaba la simulada cocina y leyó los pedidos, llamando uno su atención.

― Oikawa-san, ¿quién pidió el especial? ―preguntó.

― Eh… Ienaga-san y Rikuo-kun ―respondió algo cabizbaja. El delegado sólo miró por sobre su compañera hacia la mesa y sonrió.

― Vaya, no creí que Nura-kun fuera tan directo ―dijo, ganándose una mirada fría por parte de su compañera–. I-Iré por los pedidos ―respondió, entrando a la cocina.

Tsurara se sentó en una silla cerca de la barra agotada, dejó su cabeza caer entre sus manos con los codos apoyados en la madera del servidor y suspiró. No podía estar pasando eso justo cuando creyó tener una mísera esperanza. ¿Cómo iba a entregar su regalo ahora? Si estaba claro que su Joven Amo tenía interés por su amiga de la infancia. Un suspiro más largo le siguió a otro y con cuidado se dirigió a una esquina, detrás de un vestidor improvisado, un paquete envuelto purpura con un lazo color crema pastel relucía al lado de su ropa.

― ¿Qué hago ahora contigo? ―dijo desanimada levantando el paquete.

― ¡Orden lista! ¡Mesa ocho! ―se escuchó, la guardiana resopló y dejó el paquete en el suelo; regresó por la orden y tras poner los pedidos en la bandeja los llevas hacia sus amigos. El castaño conversaba con Kana, de una manera animosa, logrando bajarle el humor. Dejo el té con tostadas para Shima, la tortilla de Kiyotsugu y los pasteles de Maki y Torii; dejando el de Kana y Rikuo para el final. En su bandeja relucía una copa de helado grade, con bolas de helado de fresa haciendo una pequeña montaña giratoria, con un chocolate en forma de corazón en la punta, rodeado por pedazos de sandia y manzana, todo cubierto de chispas de dulce. A un lado, un mensaje sobre una galleta decía "Feliz San Valentín para la pareja".

Rikuo se impresionó por el postre, no esperaba "eso" precisamente. Sintió una ligera brisa helada y al voltear vio a su guardiana inclinándose levemente para poner los cubiertos en la mesa, por su mirada fría y neutral supo que estaba enojada, molesta e incómoda.

― El Café les desea un Feliz San Valentín, Ienaga-san… Rikuo-kun ―saludó haciendo una reverencia y marchándose rápido hasta detrás de la barra.

¡Por qué tenía que pedir el especial de San Valentín! ¡Por qué con ella! ¡Estúpido postre…! ¡Estúpido Rikuo-sama!

― ¡Oikawa-san! ―llamó una pelinegra de cabello corto, compañera de clases de la guardiana. La ojimorada volteó agotada y algo irritada por el "bendito" postre que su Amo compartía con la humana Ienaga– Gracias por tu duro trabajo ―alagó extendiéndole un papel amarillo–. Es el monto de tu paga, el café ha sido un éxito y el presidente dijo que los excedentes pueden repartirse entre nosotros, este es tuyo, ten el de Miyuki, Ayumi y Maya. No he podido encontrarlas desde hace rato ―dijo, entregándole otros papeles con una suma escrita en ellos.

― Gracias, Gozamuri-san ―respondió la guardiana, guardando los papeles dentro de su mochila escolar. Un sonido le llamó la atención y reconoció el timbre de teléfono, era el de Ayumi que estaba guardado dentro de un bolso gris al lado de sus cosas. Ambas chicas se miraron cómo dudando en responder, Tsurara presentir que debía ser importante y sacó el celular para contestar.

En la pantalla el nombre de Makoto-sensei brillaba entre corazones.

― ¿Alo? ¡Ayumi-chan! ¡Necesito tu ayuda, los niños quieren que vengas de nuevo a la escuela y sé que estas ocupada pero podrías venir más tarde! ―pidió con urgencia la voz de un joven.

― ¿Eh? Disculpe… soy amiga de Ayumi-chan y ella no está aquí ahora ―respondió Tsurara.

― ¿Oikawa-san? ¡Oikawa-san! ¡Por favor dile a Ayumi-chan que venga! ¡Hemos intentado de todo para distraer a los niños y nada, no me gusta verlos llorar! ¡Te lo pido! ― dijo con voz angustiada.

―… Makoto-sensei… ―susurró con una gotita en la cabeza ante la actitud del maestro. No se suponía que debía ser mas… ¿maduro?

― ¡Cuento contigo! ―dijo rápido el hombre cortando la llamada. Tsurara no sabía qué hacer, ella quería irse de una vez de la escuela y poder ocultar su obsequio en algún lugar recóndito para que nunca fuera hallado. La compañera le miró con una sonrisa y la guardiana sólo bajo la cabeza. ¡Era su amiga y debía ayudarla! Ayumi le mataría sino le decía que Makoto-sensei la necesitaba.

― Gozamuri-san, ¿podrías? ―preguntó dando un vistazo a sus pertenencias.

― Claro Oikawa-san ―contestó amable. La Oikawa sólo atinó a tomar su celular, el de Ayumi y salir como alma que lleva el diablo a buscar a sus compañeras.

Rikuo la vio salir apresurada aún en su traje de camarera, la prisa de su guardiana le dio mala espina e intentó levantarse de su asiento.

― ¿Vas a algún lado, Rikuo-kun? ―preguntó la castaña, comiendo el dichoso helado de fresa.

― Eh, al baño. ¡Eso! Voy al baño ―respondió presuroso. No obstante, Kana se percató de la salida de la Oikawa del salón. ¿Quién no lo notaría? Sí buena parte de la cola de varones que esperaban por su mesa suspiraron tristes al verla marcharse. El Nura se levantó rápido, se disculpó y salió fuera del aula.

― Kana, ¿también te vas? ―preguntó Torii mientras comía su pastel.

― Voy a buscar algo a mi casillero ―respondió levantándose y dejando el helado a medio comer.

Kana no era tonta, sabía que el ojimarron corrió a ver a la Oikawa y aprovecharía el momento para ir en busca de su obsequio y casualmente encontrarlo en el camino. Por otro lado la guardiana subía presurosa las escaleras hacia la azotea. Al llegar abrió la puerta de golpe, viendo con sorpresa a lo que simulaban ser los jóvenes que la estuvieron molestando en el café antes, pero llenos de golpes, con el rostro hinchado y completamente magullados.

― ¡Maya, no trancaste la puerta! ―replico Miyuki al ver entra a la Oikawa.

― Se me olvido ―se limitó a responder la peli azul, picando con un palito a ambos estudiantes varones tirados en el suelo.

― ¡Chicas! ¿Qué les hicieron? ―preguntó alarmada, aunque por dentro quería contener la risa de ver a Maya picarlos con el dichoso palito cómo si estuvieran muertos. Su preocupación pudo más y se acerco a los chicos― ¿Están bien? ―preguntó asustada, mirando el rostro semi desfigurado por los golpes de uno de ellos.

― Están bien, todavía respiran, sólo son golpes Yuki-chan ―le dijo Ayumi, sin mostrar importancia. La Oikawa volteó al sentir algo hacer click en su cabeza y tomó a su amiga por los hombros rápido, remeciéndola en el proceso debido a los nervios.

― ¡Makoto-sensei! ¡Llamada! ¡Ayumi! ―dijo lo más rápido que sus labios pudieron pronunciar. Maya y Miyuki se hicieron hacia atrás por reflejo, cuando en los ojos de Ayumi aparecieron dos gigantescos corazones y fue Ayumi la que tomó a Tsurara en hombros, remeciéndola con fuerza.

― ¡Qué te dijo! ―preguntó rápido. Pero la ojimorada estaba mareada por el fuerte remesón que su amiga seguía dándole, por lo cual, sólo atino a elevar su celular. La peliverde lo tomó rápido y salió corriendo escaleras abajo.

―Uff… ¿Estás bien Yuki-chan? ―preguntó Miyuki al ver los remolinos en los ojos morados, signos de su mareo. La Kytsu ayudó a su amiga a recuperar el equilibrio y rió por lo bajo– Me alegro por Ayumi, así podrá darle su obsequio a Makoto-sensei. Y hablando de eso… ¡Ya le diste el tuyo! ¿Verdad? ―preguntó tenaz la rubia, al ver que Tsurara estaba más tranquila.

―Ah… claro… bueno sabes, creo que mejor lo hago luego ―respondió la pelinegra, tanto Miyuki como Maya la miraron algo preocupadas, la guardiana alzó la mirada con una sonrisa, intentando ocultar su tristeza―. Tengan, el delegado dijo que podíamos quedarnos esto ―dijo rápido, desviando el tema, les extendió los papeles a sus amigas y las hizo girarse en dirección a la puerta.

― ¿Yuki-chan? ―preguntaron ambas, sorprendidas por su inusual estado de ánimo. Tsurara las empujó levemente.

― Vamos a comprar algo para comer, ¿sí? ―dijo animosa, empujando a sus amigas por las escaleras. Un zumbido se sintió en uno de los bolsillos de su traje y sacó el teléfono rápido. Por la pantalla decía "Kuromaru". Sus dos amigas la miraron para esperarla y la guardiana solo atino a decir– Ya las alcanzo, es mamá… así que vayan avanzando ―dijo, regresando a la azotea.

Las estudiantes se miraron y bajaron las escaleras, encontrándose más alejadas de las escaleras con un preocupado Nura. El castaño las divisó a lo lejos y esperó a que ambas se marcharan, ocultando así que buscaba a su guardiana. Tras no verlas por un rato siguió su camino hacia el único lugar que le faltaba buscar, la azotea.

― Diga –respondió a la llamada. Por el otro lado de la línea una voz masculina contestó.

― Yuki Onna, soy Kuromaru. Parece que hay algunos ayakashi cerca a la escuela del Joven Amo, iré a ver qué ocurre en unos minutos, tendrás que venir conmigo ― dijo serio, la guardiana resopló―. ¿Dónde te encuentro? ―preguntó el Tengu.

― Estoy en la azotea ahora, será mejor que vengas aquí así nadie te ve ―respondió.

―Entendido.

La llamada se cortó y la guardiana permaneció de pie un segundo. Escuchó pasos acercarse y entendió que lo mejor sería cambiarse primero de ropa. Los escuchó más cerca, y una voz familiar le llamó la atención.

― ¿Rikuo-kun?

¿Qué hace Ienaga-san a solas con Rikuo-sama?

El castaño volteó, Kana estaba de pie con las manos detrás de su espalda, como ocultando algo. Giro de reojo hacia la puerta semi abierta de la azotea y la pequeña sombra que creyo ver ya no estaba. Quizás Tsurara tampoco estaba allí.

― Kana-chan… creí que te habías quedado en el restaurante… ―dijo algo nervioso, su amiga lo había pillado.

― Te estaba buscando porque… bueno, yo… quería darte algo ―dijo nerviosa, apretando el pequeño paquete que tenia detrás suyo.

― ¿A mí? ¿Qué cosa? ―preguntó inocente Rikuo. Kana tartamudeó un poco y respondió.

― Bueno… como somos amigos desde hace mucho, creo que… bueno… como hoy es San Valentín… ―tartamudeó. Rikuo presintió de que iba la conversación con su amiga, y entendió entonces el por qué ella escondía algo en su espalda. Un sonrojo apareció en su rostro y sólo pudo pasar su brazo por su nuca para tratar de calmarse.

―… yo quería darte algo, espero te guste ―dijo Kana, extendiendo rápido una caja rosada con un gran lazo rojo en medio. Rikuo sólo atino a recibir el obsequio entre sus manos y mirar de reojo a su compañera.

En la pared al lado de la puerta Tsurara se mantenía de pie con la cabeza gacha, tenía la boca cubierta por su mano para ahogar los ligeros sollozos que querían salir, pequeñas lagrimas caían de sus ojos y se mantenía de pie a duras penas para no despertar sospechas sobre su presencia.

Ienaga-san… va a confesarse…

Una sombra cubrió la figura de la Yuki Onna, pasando también por la ranura de la puerta de la azotea. Rikuo escuchó un sonido bajo de algo tocar el suelo.

―Rikuo-kun… yo… tú me…

La puerta se abrió de golpe y Tsurara saltó frente a la humana cubriéndola con su cuerpo, y una explosión las empujó a ambas contra la pared, recibiendo la guardiana el impacto. Rikuo se vio cubierto por las alas negras del hijo de Karasu, Kuromaru.

― ¡Carne humana! ―exclamó un youkai de gran cabeza y piel gris, con los ojos vacios en negro y una sonrisa de dientes filosos.

― ¡Joven Amo, retroceda! ―alertó el tengu evadiendo un ataque del youkai enemigo y tomando a su Amo en brazos para salir hacia la azotea.

― ¡Espera Kuromaru! ―le alertó el Nura al ver que las dos chicas seguían a merced del youkai enemigo.

― Delicioso ―exclamó el youkai acercándose a Tsurara y Kana, la castaña gritó horrorizada y se mantuvo detrás de la Oikawa. El traje de camarera de la youkai estaba roto, producto del golpe contra la pared que recibió por defender a la humana. Levantó la vista al oír el grito de la humana y vio a un youkai repugnante acercarse. Los ojos morados de la guardiana se volvieron dorados y se mantuvo quieta, aparentando estar inmóvil ante su enemigo.

Por mucho que quiera que tomes a esta humana, ella es alguien especial para mi maestro y… no puedo dejarte hacerle daño, porque estarías dañando a mi maestro.

―Ienaga-san ―le llamó jalando su mano y llevándola escaleras abajo. La castaña se fijó en el cambio del color de sus ojos pero por el temor sólo atinó a dejarse guiar, al bajar pudo ver las heridas en la espalda de su compañera, cerrando poco a poco.

¡Tengo que protegerla porque es alguien especial para Rikuo-sama!

― ¡Kyahh! ―gritó Kana al ver al youkai saltar por encima de ella, impidiéndoles escapar.

― ¿A dónde van? ―preguntó sinuoso el ser.

― Ienaga-san, disculpa ―dijo la guardiana volteando hacia ella. La castaña abrió los ojos y su compañera sopló fuerte sobre su rostro, dejándola inconsciente. La guardiana tomó a la humana en sus brazos y la depositó con cuidado en el suelo, giró y miró molesta al youkai–. Interrumpiste algo muy importante para mi maestro, y eso no te lo perdono ―dijo seria, formando su lanza de hielo en sus manos.

En la azotea Rikuo y Kuromaru destruían a un par de enemigos parecidos a grandes insectos. Un sonido les llamó la atención y voltearon a ver a la Yuki Onna saliendo por la puerta, con el traje hecho jirones en la parte de la espalda.

― ¡Tsurara! ¿Estás bien? ―preguntó el líder acercándose a ella. Tsurara no contestó y señalo hacia las escaleras, donde Kana estaba dormida– Kana-chan.

― Está bien, sólo se encuentra dormida ―explicó simple, caminando directo hacia Kuromaru. El Tengu la miró extrañado y con un ligero sonrojo por la ropa que llevaba, la guardiana no se percató de ello y se detuvo algunos pasos cerca, volviendo a su forma youkai–. Debería llevarla a la enfermería y decirle una excusa Rikuo-sama —aconsejó poniendo la mejor sonrisa que pudo.

Rikuo se sorprendió al verla, había un ligero rastro de lágrimas en sus ojos, también sabía que ella estuvo escuchando toda su conversación y de cierta forma, sentía que la había herido; incluso más que cuando estuvo compartiendo el postre con Kana.

― Tsurara ―le llamó, más la ojidorada no volteó y miró al Tengu.

― Aún quedan más enemigos, vamos –le indicó a Kuromaru, este la tomó entre sus brazos y se la llevo volando, viendo el rostro preocupado de su líder al dejar la azotea.

― ¿Segura que estas bien, Yuki Onna? ―preguntó el varón al sentir que ella escondía su rostro en su pecho.

― Sólo estoy cansada, no importa ―mintió.

No podía decir nada, sólo tenía que cumplir con su deber, tenía que mantenerse callada y observar que su Joven Amo fuese feliz. Es lo único que podía hacer, eso y nada más. Kuromaru la observaba extrañado, la Yuki Onna no se caracterizaba, no al menos ella, por ser alguien callada o fría.

Al llegar cerca a una plaza pudo ver a sus hermanos, deteniendo a un grupo revoltoso con algunas dificultades. Descendió y bajó a la Yuki Onna de sus brazos, apoyando a sus hermanos en la ligera batalla que había.

― ¡Yuki Onna! ―le llamó Sasami al ver a su enemigo destruido en un santiamén, producto de un corte letal a la altura del pecho. La guardiana ayudó a la Tengu a levantarse, sin ninguna sensación de cansancio o duda– Te lo agradezco.

―No fue nada ―respondió la guardiana.

Los ojos dorados se enfriaron, mostrando sólo su furia en contra de sus enemigos. Se mantenía de pie, esperando que se acercaran y perecieran frente al frio congelante de su miedo. Pronto, el grupo de enemigos se redujo y tanto Sasami como el rubio Tengu de su hermano tenían a un youkai revoltoso atado, listo para reprender e interrogar. Kuromaru parecía más calmado, apenas con pocas heridas, y la guardiana que no parecía muy agotada por el esfuerzo.

― Nos llevaremos a estos revoltosos donde Gyuuki-san – dijo Tosakamaru.

Los dos hermanos avanzaron un poco y al no sentir al mayor de ellos seguirle voltearon hacia atrás.

― ¿Kuromaru, no vienes? ―preguntó Sasami. El pelinegro estaba mirando a Tsurara, que desde hacía un rato se quedó mirando el horizonte, en dirección a la escuela de la que se fue.

― Los alcanzo luego —respondió, sus hermanos se miraron extrañados y se marcharon volando con los prisioneros en sus espaldas―. ¿Yuki Onna?

― ¿Eh? Kuromaru, perdón estaba pensando. ¿Ocurre algo? ¿Donde están Sasami y Tosakamaru? ―preguntó algo nerviosa, tratando de ocultar el ataque de pena que surcó sus pensamientos, recordando el preciado obsequio por el cual se esforzó y dejó olvidado en la escuela.

― Se fueron hace poco, pero ¿estás bien? Te vez algo decaída.

― No es nada, sólo… recordé que dejé algunas cosas en la escuela, nada importante.

― Podemos ir por ellas si quieres ―le ofreció el Tengu.

Ya no tiene sentido entregar mi obsequio.

― No creo que podamos, la ropa que llevas llamaría la atención, ¿no te parece?― le dijo medio en broma. Kuromaru miró su vestimenta algo confundido y levantó la mirada.

Respiró profundo y dejó atrás su forma Ayakashi para volver a una apariencia humana, con un uniforme escolar de color negro. La guardiana se sorprendió al verlo vestido así y llevó una mano a su boca para evitar mostrar su sorpresa.

― ¿Mejor así? ―preguntó el Tengu mirando a su compañera. La Oikawa rió al ver su apariencia, el hijo de Karasu podía ser bastante inocente en ocasiones, se acercó a él y retomó su forma humana. Kuromaru notó que su espalda estaba casi desnuda, a excepción de algunos retazos de tela, se sacó el saco del uniforme y lo pusó sobre los hombros de Tsurara.

― Gracias Kuromaru ―agradeció la ahora ojimorada, acomodándose el saco y pasando sus brazos por las mangas, el traje le quedaba algo grande, lo cual la hacía verse graciosa. Kuromaru se quedó en una camisa blanca delgada de manga corta, con una corbata roja a juego algo suelta.

En el camino ambos youkais se la pasaron charlando de muchas cosas, de las costumbres humanas, de la prosperidad que crecía en el Clan, de sus obligaciones y de ellos mismos, aligerando el ambiente. Tsurara agradecía que Kuromaru hiciera el esfuerzo para entablar una conversación al principio, él no era un chico muy hablador, pero había notado su estado de ánimo y se esforzó por hacerla olvidarse de ello.

Ambos venían sujetos del brazo del otro, cosa que ocurrió cuando caminando Tsurara fue vista de manera perversa por dos tipos con aspecto callejero. Estos se acercaron a lo lejos y Kuromaru la tomó por los hombros, apartando con una mirada fría a los humanos. Desde ese momento la guardiana se agarró de su brazo, marcando cierta cercanía que pasaba desapercibida por la amena charla.

Llegaron a la escuela, donde en la entrada Maya y Miyuki esperaban pacientes con las cosas de Tsurara en las manos. Al verla llegar ambas chicas se alegraron, mas la sorpresa fue mayor al verla tomada del brazo por el pelinegro Tengu.

Ellas no fueron las únicas, también fueron vistos por muchos alumnos de la escuela, incluido un lloroso Shima que pasaba justo con Torii al regresar de comprar unas banderillas.

― ¡Chicas! ¿Qué hacen con mis cosas? ―preguntó inocente la Oikawa, sin notar la fija mirada de Miyuki en el youkai.

― No te vimos en la tienda y cuando fuimos a buscarte a tu casillero Nura-kun dijo que te habías ido ―respondió Miyuki, con actitud tranquila. Maya a su lado le extendió a la pelinegra su bolso de ropa.

― Gracias, Miyu-chan, Maya-chan.

― ¡Yuki-chan! ¿Quién es él? ―preguntó Maya con mucha curiosidad. Tsurara recibió su obsequio por parte de Miyuki y volteó a ver a Kuromaru, este sólo la miro serio.

― Es un amigo cercano ―respondió con simpleza.

Miyuki se resistió un poco al entregarle el regalo de San Valentín a Tsurara, preguntando con la mirada por qué no lo entrego. La guardiana al entender sólo negó con la cabeza, se volteó Kuromaru y le extendió el paquete. Este lo tomó sin mucho interés.

― Las veré mañana ―se despidió la ojimorada, tomando de nuevo el brazo de Kuromaru y jalándolo para que se marchasen.

El Tengu no pasó desapercibido el comportamiento de su amiga y vió el paquete brillante y delicado que traía en su mano. Se detuvó en el camino, atrayendo la atención de Tsurara.

― Kejourou dijo que este era tu obsequio para el Amo Rikuo, dijo que estabas muy entusiasmada por entregárselo ―dijo neutral. La guardiana entrecerró la mirada, enfocando su vista en el objeto que sostenía su compañero. Sus ojos comenzaron a aguarse un poco y se volteó avergonzada, ocultando la lágrima que se deslizó por su mejilla.

Tsurara escuchó el sonido de su celular y lo sacó rápido, viendo el anuncio de un nuevo mensaje en la pantalla. Lo abrió y sólo apretó el teléfono al identificar el remitente.

¿Te encuentras bien? Tsurara necesito hablar contigo sobre lo que dijo Kana-chan, te veré en casa.

Rikuo.

Kuromaru se acercó a ella, al ver su cuerpo temblar levemente después de leer el contenido de su celular. La gente continuó pasando y ambos youkais seguían detenidos. El pelinegro se paró frente a ella y vió sus lagrimas caer al suelo, y como intentaba en vano ahogar su suave llanto. Cerró el teléfono que seguía abierto en la palma de Tsurara y la abrazó a manera de consuelo.

Tsurara soltó el bolso que traía y pasó sus brazos alrededor de Kuromaru, dejando ir las lágrimas saladas en la camisa del Tengu. Las personas alrededor sólo miraban sorprendidos la muestra de afecto, rememorando la fecha de parejas que se celebraba.

En San Valentín se acostumbra regalar chocolates a la persona que te gusta o te importa.

Se supone que son hechos a mano con todo tu amor… ¡Por amor!

¡Ridículo San Valentín! ¡Tonta celebración humana!

Kuromaru se quedó así un buen rato, esperando paciente a que Tsurara dejara de llorar. La guardiana agradeció el gesto y apretó el agarre que mantenía sobre el hijo de Karasu, dejando ir su tristeza de a poco.

No muy lejos de allí Shima los había seguido, viendo con cascadas de lágrimas como Tsurara era abrazada por Kuromaru. Torii y Maki veían lo mismo con corazones en los ojos, sin percatarse de que la Oikawa lloraba en brazos de Kuromaru. Maki saco rápido su teléfono, enfocó a los pelinegros a lo lejos, tomó una foto y escribió rápido en su teléfono bajo la atenta mirada de Torii.

― ¿Qué haces? ―preguntó la chica de mirada felina.

― Kana estaba preocupada de que Oikawa-san estuviera tras Nura-kun. Si ve esto supongo que estará de ánimo, ¿no? ―dijo con una sonrisa. Presionó la tecla y el mensaje de enviado brilló en la pantalla.

Rikuo permanecía en la enfermería con su amiga recostada en una de las camas. Estaba sentado a su lado y bastante aburrido, pero debía esperar a que despertara para explicarle las cosas que ocurrieron antes en la azotea.

Escuchó el sonido del celular de su amiga que dejó antes sobre el escritorio de la enfermera y fue a ver que era, quizás eran sus padres llamándola. Abrió la tapa y vió que era un mensaje, sabía que no debía verlo, pero la curiosidad y un sexto sentido le dijeron que debía abrirlo a como diera lugar.

¡Kana!

Cuando salimos vimos a Oikawa-san con este sujeto y parece que son muy unidos. Te dejo una foto de cuando los seguimos, todo fue idea de Shima. ¡Bye!

Rikuo se sobresaltó al leer el mensaje. ¿Qué Tsurara estaba con alguien? ¡Pero si la dejó con Kuromaru porque había problemas! Más bien, ¡qué rayos hacia su guardiana con un chico!

Abrió rápido el archivo y un sentimiento de posesión e ira le corrió por las venas. No era una persona violenta, mucho menos irascible, pero ver como Tsurara se aferraba con fuerza al pecho de Kuromaru le molestaba. Su cabeza comenzó a tejer mil y un explicaciones pero ninguna le traía una razonable, entonces cayó en un pequeño detalle de la fotografía. En una de las manos de Kuromaru había un paquete purpura de lazo crema, acercó la foto un poco y reconoció la procedencia del pequeño objeto. Lo vio por la mañana cuando buscando a su guardiana para que se fueran a la escuela, ella lo guardaba en su maleta de ropa. Al preguntarle por él, ella desvió el tema y se sonrojaba.

¡Esperen un segundo! Acaso Tsurara… ¿le hizo chocolates a Kuromaru por San Valentín?

― ¿Dónde estoy? ―preguntó Kana, sentándose en la cama. Giró la vista y vió a Rikuo de pie, quieto, sujetando algo en su mano― ¿Rikuo-kun?― le llamó.

El Nura sólo cerró el teléfono e intentó tranquilizarse.

Debo volver a casa lo más rápido posible.

Tsurara estaba agradecida con Kuromaru, no preguntó nada y se había quedado callado, dejándola tener un momento de tranquilidad; él cargaba su bolso y el pequeño obsequio que no pudo entregar a su querido amo.

― ¿Kuromaru te gustan los dulces? ―preguntó.

― Me gustan, Otou-san siempre trae muchos de vez en cuando a casa, aunque a Tosakamaru le caen mal ―respondió mirando a su compañera que se sostenía de su brazo.

― Ya veo… entonces comamos algunos ―respondió la chica tomando el paquete de las manos de Tengu y desatando el listón.

No tiene caso entregarlos ahora, sería un desperdicio no comerlos tampoco… además, Kuromaru me ha ayudado mucho hoy.

― ¿Estás segura? ―preguntó el pelinegro recordando que los dulces eran para Rikuo. Tsurara sólo asintió y le extendió un chocolate en forma de corazón, el abrió la boca y lo comió, dando sin querer una imagen de pareja a todo aquel que pasara.

― ¿Qué tal? ―preguntó Tsurara, esperanzada de que hubieran estado deliciosos por todo el esfuerzo que puso.

― Muy buenos ―respondió Kuromaru pasando el sabor del dulce. Los ojos de Kuromaru se fijaron entonces en el leve rubor de alegría de la dama de las nieves y se sonrojó, lo que hiso que terminara volteando a otro lado.

― ¿Kuromaru? ―le llamó Tsurara al verlo voltear de repente. El pelinegro no volteó, ella se detuvo enfrente de él y le miró curiosa, captando en leve sonrojo en su rostro– Te sonrojaste ―le dijo con una sonrisa de complicidad.

― No es verdad ―repuso el Tengu, retomando su actitud seria. La Yuki Onna rió de manera dulce, ganándose una mirada de Kuromaru, que se embelesó al ver lo linda que se veía su amiga sonriendo―. Será mejor que nos apresuremos ―replico Kuromaru poniendo su brazo para que ella lo tomara. La Yuki Onna dejó de reír y tomó su brazo, extendiéndole cada tanto una galleta o un dulce, que generaban un sonrojo leve en el rostro del miembro de Samba Garasu.

Kuromaru parece un niño pequeño cuando recibe dulces.

El camino de regreso se hizo muy ameno gracias a la plática y los halagos del hijo de Karasu por la habilidad culinaria de la Yuki Onna. Llegaron pronto a la Casa Principal, juntos, tomados del brazo y comiendo los dulces con una sonrisa en el rostro. En la entrada estaba Rikuo, esperando paciente la llegada de su guardiana. Lo que no se esperó fue la escena que vió.

Tsurara tomada del brazo de Kuromaru con una gran sonrisa, ella con el saco de él, ambos comiendo unos dulces del obsequio que ella tenía en su mano, con un ligero sonrojo en sus rostros.

¡Se suponía que esos eran mis chocolates! ―gritó de manera celosa la parte youkai de Rikuo.

El castaño se asombró ante el pensamiento que apareció en su cabeza, pero tenía que estar de acuerdo con su amigo. ¡Se suponía que los chocolates de su guardiana eran para él!

Tsurara se percató entonces de una mirada sobre ella. Se giró a ver hacia la entrada y vió al castaño, quien parecía estar molesto por algo. Kuromaru comió un chocolate y al ver que Tsurara se quedó mirando hacia la entrada miró también, notando la presencia del Tercero. Rikuo notó la tensión que crecía en el ambiente y entró a la casa; Tsurara se quedó junto a Kuromaru de pie a unos metros de la entrada.

― ¿Yuki Onna? ―le llamó Kuromaru.

― Gracias por todo Kuromaru ―agradeció la ojimorada tomando el bolso de las manos de su amigo–. Me he divertido mucho hablando contigo ―dijo, extendiéndole la bolsa de chocolates.

― Yo también, pero no te preocupes, puedes quedártelos ―respondió el Tengu devolviéndole el paquete de dulces. Ella sonrió y entró a la casa, seguida por el pelinegro.

Lo que el Tengu no percibió fue la celosa mirada del joven comandante, el cual analizaba cada gesto que tenía su guardiana para con el hijo de Karasu.

Más tarde, entrada un poco la noche, Rikuo esperaba paciente, sentado fuera de su habitación a que su guardiana volviera con su té nocturno, que pidió especialmente fuera traído por ella.

No es que le molestara o sintiera celos. No… era sólo que creía que ella confiaba más en él, como para decirle que gustaba de Kuromaru. Aún permanecía en su forma diurna y prefería que fuera así, si estuviera en su forma nocturna estaba seguro que atacaría de preguntas a la Yuki Onna. Eso sería poco, lo más seguro era que le reclamaría el no haberle dado chocolates, porque en el fondo, creía que eran para él y esperaba que se los diera.

― ¿Rikuo-sama? ―preguntó la ojidorada, viéndolo con la mirada perdida en dirección al sakura. El castaño la giró a ver, reconociendo el blanco furisode que ella llevaba, visualizando por segundos aquel traje de camarera que le quedaba de maravilla por la mañana.

Tsurara dejó el té al lado de su Amo, sirvió una taza de té y procedió a levantarse, pero terminó siendo detenida por la mano del castaño.

― Quédate a tomar el té conmigo ―pidió, apretando de manera suave la mano de su guardiana.

― C-Claro ―respondió nerviosa. Un ligero sonrojo adornó el rostro de Tsurara, y Rikuo sólo sonrió al verla.

La Yuki Onna se sentó a su lado, dejando la bandeja con el té entre ellos, sirvió una segunda taza y la tomó entre sus manos, intentando mostrarse más tranquila.

― Parece que Kuromaru y tú son muy cercanos ―comentó el castaño mirando a su acompañante.

― ¿Por qué lo dice?

― Estabas muy pegada a él cuando volvías, además le diste tus chocolates de San Valentín a él, ¿no? Pudiste haberme dicho que te atraía ―replicó en joven, intentando ocultar sus celos en un tono de voz sereno.

― Ienaga-san le dio unos a usted también ―contestó rápido. Ella no había olvidado para nada la declaración de la humana, no podría, era la causa de que su esfuerzo por hacer unos "simbólicos" chocolates fuera en vano.

― No sabía que estabas escuchando —contestó Rikuo sin dejar de mirar el rostro de Tsurara, que parecía molesta con la sola mención de Kana.

― Me disculpo, no pretendía escuchar, pero si salía quizás Ienaga-san podría malinterpretarlo –dijo enfadada, apretando su taza de té.

― ¿Te incomoda? ―preguntó Rikuo tomando la mano de Tsurara. Ella volteo a verle y dejo la taza de té en la bandeja.

―No es de mi incumbencia las cosas privadas de mi amo, si usted y Ienaga-san tienen una relación no debe incomodarme ―respondió, bajando la mirada a la mano que el castaño sujetaba.

Intentó soltarse de él, pero Rikuo no quería dejarla ir. Levantó la mirada, Rikuo veía directo hacia sus ojos, notando el enfado y el rastro de tristeza en ella.

― Si tuviera una relación con alguien… ― dijo, llevando su otra mano hacia la cabeza de Tsurara y acariciando sus cabellos―, tú serias la primera en saberlo Tsurara.

La ojidorada abrió los ojos ante la pequeña aclaración del comandante. Un sonrojo apareció en sus mejillas y dejó que Rikuo revolviera ligeramente su cabello.

― Confió en ti y si algo como eso pasara, serias la primera persona a la que se lo dijera ―continuó, soltando ligeramente la mano de su guardiana.

― Y… ¿Por qué no me lo dice? ―cuestionó ella. Retando la mirada café de Rikuo.

― ¿Decirte qué?

― Que usted y Ienaga-san ya son pareja ―respondió, mirando fijamente los ojos de su Amo.

― ¿De dónde sacas eso? ―preguntó Rikuo obviamente confundido.

― Se le confesó en la enfermería ―afirmó Tsurara.

― No lo hizo.

La voz serena de Rikuo le aclaró a Tsurara sus suposiciones, pero el hecho de que Kana no se confesara a su Amo sólo era cuestión de tiempo.

― ¿Qué tal estaban? ―preguntó Tsurara.

― ¿Eh? ¿Qué cosa?

― Los chocolates de Ienaga-san —preguntó con cierto recelo tratando de evadir la profunda mirada de Rikuo.

― Se destruyeron cuando ese youkai apareció, no pude comer ninguno ―contestó aburrido sin despegar la mirada de ella–. Y… ¿Qué dijo Kuromaru cuando se los diste? Pudiste haberme dicho que te gustaba, creí que éramos más cercanos ―reclamó celoso.

― ¿Kuromaru? Estábamos compartiéndolos… de todos modos no tenía sentido entregar mis chocolates.

― ¿Por qué dices que no tenía sentido? ―preguntó el castaño moviendo la bandeja para acercarse a ella.

― Porque, bueno… ya le dieron unos antes a esa persona y yo… ―respondió tartamudeando, nerviosa por la cercanía de su Joven Amo.

― Tsurara ―le llamó, captando la atención de la guardiana–. Esos chocolates, si no eran para Kuromaru… ¿Para quién eran? ―preguntó inocente.

― ¿Eh? ―musitó sorprendida, sintiendo su rostro arder por la vergüenza– Bueno… yo… los chocolates…― respondió tartamudeando.

― Los chocolates eran para…―continuó Rikuo, impaciente por saber quien tenía el corazón de la pelinegra.

― ¡Es un secreto! ―replicó ella, soltándose rápido y levantándose. Rikuo sonrió divertido, ella quería escapar de su pregunta y no se lo permitiría.

― No te irás si no me lo dices ―sentencio el líder tomándola en un gran abrazo por la espalda. La Oikawa giró nerviosa con el rostro rojo como un tomate. Rikuo rió al ver su rostro sonrojado y la alzó entre sus brazos―. ¿Y bien?

― ¡Rikuo-sama! ―llamó avergonzada tratando de soltarse del cálido abrazo de su joven maestro.

― No te soltaré si no me respondes ―dijo divertido.

― Pero Amo… ―musitó ella avergonzada. Al sentir que su maestro no la soltaría suspiró―. ¡Esta bien, pero bájeme!

Rikuo sonrió victorioso y bajó a su guardiana, manteniéndola entre sus brazos; ella se giró para poder ver su rostro con un sonrojo visible en sus mejillas. El castaño se asombró al ver su rostro, sonrojado y con una mirada dulce, causando un sonrojo en él.

― A usted… ―respondió, desviando la mirada de los ojos de Rikuo. Este sólo se asombro al oírla, más se resistió de alguna manera a soltarla–. Como recibió los dulces de Ienaga-san… creí que… ya no querría los que le preparé… ―respondió avergonzada, evitando por todos los medios mirarle.

¡Y entonces por qué se los diste a Kuromaru! ―gritó internamente Rikuo, recordando la feliz escena de su guardiana y el Tengu.

― Los quiero ―respondió de manera automática Rikuo. Tsurara le miró sorprendida, viendo el ligero sonrojo de su Joven Amo al decir esas palabras–. Pero… ya se los diste a Kuromaru, así que no hay nada que hacer.

― Rikuo-sama —llamó su compañera, Rikuo le miro y ella sonrió de manera dulce–, aún tengo algunos si desea ―explicó. Rikuo agradeció el gesto y la soltó.

―Te espero aquí ―respondió sentándose de nuevo para ver el sakura. Tsurara giró y se apresuró a su habitación, canturreando una melodía por la felicidad que sentía.

― ¿Estás más tranquilo ahora, nocturno?― preguntó Rikuo con gracias para sí mismo.

Cállate ―replicó su interior youkai, avergonzado por las previas palabras que dijo en un ataque de celos.

― Todo por una tonta foto.

Escuchó unos pasos venir por el corredor y vió a su guardiana con aquel obsequio de papel purpura en las manos.

Ya es mi turno, diurno.

Tsurara se sentó al lado del castaño y cuando sacó una de las galletas que había en el paquete sintió un peso sobre sus piernas. El tercer heredero se transformó en su forma nocturna y se acomodó sobre las piernas de su leal guardián, abrió sus ojos color rubí y la miró divertido.

― ¿Rikuo-sama? ―exclamó Tsurara, avergonzada por la cercanía de Rikuo.

― Me gustaba hacer esto cuando era niño ―explicó Rikuo, acomodando su cabeza por sobre las piernas de Tsurara–. Probare uno ―dijo.

Lo que vino después fue algo que Tsurara recordará por el resto de su vida. Con suma paciencia, su Amo tomó la mano en la que tenía la galleta y se la llevó a los labios, tocando con suavidad los dedos de la ojidorada al comer la pequeña galleta.

El sonrojo en Tsurara no pasó desapercibido por Rikuo, quien sólo atinó a reír al ver su expresión.

― Quiero otro ―pidió. Tsurara respiró profundo, tratando de calmar sus nervios y le dio otro en la boca, ganándose una sonrisa por parte de su señor–. Están deliciosos Tsurara.

― Me alegra que le gusten Rikuo-sama —contesto, acariciando sin querer el cabello blanco del comandante–. Disculpe… es la costumbre ―aclaró, al ver que quizás se había sobrepasado con su señor.

― Está bien, es agradable. Hazlo de nuevo ―pidió, mientras comió los chocolates que su guardiana le preparó.

El suave masaje en su cabello le causó sueño, como cuando era un niño; se acomodó un poco más en sus piernas y cerró sus ojos tratando de dormir. Tsurara se relajó, acarició sus mechones blancos y le dejó descansar un rato.

― Tsurara ―le llamó con un tono de voz adormilado.

― ¿Hm?

― Feliz San Valentín… quiero más chocolates… el próximo año… ―dijo, cayendo ante Morfeo.

Tsurara se sonrojó al sentir la mano de su Amo acariciar su mejilla mientras decía esas palabras. Al verlo dormido agachó la cabeza, dejando un suave beso en la frente de Rikuo.

― Feliz San Valentín, Rikuo-sama.

¡Final! Es el ultimo capitulo de esta pequeña historia que espero a todos ustedes les guste, en el final perdonen si parece algo salido del personaje pero bueno…quería que saliera algo romantico. Y como dijo Suki90 – Kuromaru es mio! – jeje tranquila amiga, Tsurara no te lo quitara , es por amistad! Sinceramente me alegro de finalizar esta historia y pronto tendremos la secuela de Maldicion de Hielo, cuyo nombre ya fue decidido. Recuerden que este fanfic junto con MDH están relacionados ,muchos besos y gracias a todos. Especialmente a Suki90 – mi paciente beta reader- , Tsurara12012 - :3 espero te guste ¡ - Yuuko-chan y Corazon de Piedra Verde. Hasta pronto queridos lectores y fans de esta pareja. Yuuko-chan tus canciones me sirvieron mucho y sii el nuevo opening de NuraMago jugo un gran papel para esto.

Sorpresa, pronto para los fans del NaLu publicare una historia ¡Espero verlos por allí también!