SIN ALMA
Capítulo XXXIV
"El Centro de Preparación para el Cambio"
- ¡Eh! ¡Padalecki! - Jason se reunió con el repuesto Coordinador General de Extracciones en el ascensor de acceso al Centro de Preparación para el Cambio – Buena jugada tío, regresas y no sólo no te encierran sino que vuelves a convertirte en la mano derecha de Lázarus Stark.
- Eres un tipo despreciable Burton, y un incompetente. Si fuera cierto que soy la mano derecha de Stark, tú estarías en la puta calle – respondió intimidando a su subordinado con toda su estatura.
Entraron al Centro dirigiéndose a la zona de alta seguridad. Le entregaron el informe de las últimas dieciséis horas. El operario que se lo entregó parecía algo nervioso.
- ¡¿Otra vez? ¿PERO ESTOY RODEADO DE IMBÉCILES O QUÉ?
- Lo siento señor, fue un descuido imperdonable, pero el encargado lo ha pagado bastante caro ¿no cree? - se disculpó el asistente de laboratorio – según los cálculos las drogas tenían que haber hecho efecto cinco minutos antes.
La celda del salvaje era la última del pasillo. Se encaminó hacia allí "El encargado ¿vivirá?" preguntó fastidiado.
- Si señor, aunque cuando se recupere tendrá que hacer su primer cambio, ya no podrá tener descendencia.
Jason y él entraron en la celda, siendo recibidos por el odio más helado proveniente de los ojos del hombre colgado del techo por sus muñecas.
- Sigue siendo algo impresionante ¿no crees jefe? - el cazador rubio acarició el vientre desnudo del "sin alma" que lo hubiese matado si hubiera podido - ¿En serio no recuerdas lo bien que lo pasamos domesticándolo?
- Nunca me ha gustado usar"sin alma" Burton.
- Pues este te gustaba, te lo digo yo. Incluso te encargabas "personalmente" - sujetó el rostro del prisionero convenientemente amordazado – llegué a creer que te habías enamorado de él.
- Eres un imbécil. Lárgate y déjame hacer mi trabajo.
Jared no se sentía bien, desde que entrara en la celda y viera al prisionero, el dolor de cabeza se había intensificado. La culpa era del "sin alma", sabía que fue capturado y estuvo varios meses desaparecido, a saber qué había hecho ese monstruo con él para que lo hubiese olvidado.
Comenzó la rutina, descargas eléctricas, drogas, evaluación de comportamiento, tratamiento de agua y vuelta a empezar. Siempre monitorizando las constantes vitales e impidiendo que los operarios cometieran ninguna imprudencia que causase más bajas en el equipo.
No quería más accidentes, en tres días, desde el inicio del proceso, tenían diez heridos y dos muertos. Aumentó la dosis de las drogas y cuando hicieron efecto, él mismo lo sacó del tanque de agua y lo volvió a colgar del techo.
El interfono avisó de la llegada de Lázarus Stark. El líder mundial no parecía feliz con la falta de resultados. Aunque lo que realmente le molestaba era el fracaso estrepitoso de su estrategia. Había creído que el ordenar al muchacho que dirigiera el procedimiento de "desvoluntarización" éste intentaría rebelarse y rescatar al "sin alma" dándole la escusa necesaria para acusarlo de traición.
Pero, sorprendentemente, el muchacho cumplía con celo todas sus órdenes. Asistió en silencio a la nueva tanda de descargas eléctricas, leyendo el informe diario. "Está costando bastante caro" musitó "¿Qué mierda hacía el operario para que un animal drogado y atado le arrancara la polla de un mordisco?"
Se acercó al prisionero en cuanto acabó el "tratamiento". La rubia cabeza se levantó con esfuerzo considerable, enfrentándose al Líder del Mundo. Para Lázarus Stark era un misterio no poder condicionar a aquel salvaje. Quizás tuviera algo que ver con sus ojos. Los de la niña eran iguales y tampoco había podido condicionarla.
- Quiero que sea sometido Padalecki, cada vez que se le aplique un tratamiento, quiero que él mismo se coloque para ser sodomizado y en caso contrario se le da otra sesión del mismo tratamiento – exigió el primero
- ¿Cuando desea que comience señor? - preguntó el Coordinador General indiferente
- A ser posible, ahora – el Primero calculó que la voluntad del "sin alma" debía haber mermado tras la última sesión de descargas eléctricas.
Jared ordenó a dos operarios que se hicieran cargo de esa tarea. "Hazlo tú" ordenó Stark. "Pero señor, yo no..." El "¿Vas a desobedecerme Padalecki?" cortó su intento de justificar que no creía conveniente su intervención pues el salvaje lo odiaba demasiado.
Descolgó al hombre desnudo que cayó como un fardo al suelo encogiéndose en posición fetal. Se agachó a su vez "Escúchame salvaje, voy a sodomizarte quieras o no, así que será mejor para ti, más fácil, y mucho menos duro, si te pones a cuatro patas y me obedeces, si no te colgaré de nuevo y volverás a ser castigado". El "sin alma" no se movió. Uno de los operarios armó su aturdidora por lo que pudiera pasar.
El Coordinador miró al líder mundial un segundo como pidiendo instrucciones. Entonces el salvaje, haciendo alarde de unas fuerzas que ya no tenía, se enganchó a su cuello tratando de asfixiarlo en el hueco de su codo. "Yo te quería" sonó ronco y destrozado en el oído de Jared. Entre el operario de la aturdidora y su fuerza, muy superior a la del hombre torturado durante días, consiguió sacárselo de encima y volver a colgarlo, del techo.
- Parece duro de pelar ¿no? - valoró Stark
- Sí señor – Jared se llevó una mano a la frente, la migraña lo estaba matando
- ¿Te encuentras bien Padalecki?
- Hoy tengo migrañas señor, lo siento.
- Dile a Burton que se encargue de tu turno y vete a descansar, estoy muy satisfecho de tu trabajo, es intachable aunque no tengas muchos resultados. Pero en fin, sabíamos que no era un "sin alma" común, creo que permitiré a Pegasus que le haga una visita esta tarde, lo mismo sus métodos son más efectivos.
- Gracias señor
- Dígale a Burton que no dañe el cuerpo, se trata de dejarlo sin voluntad, no sin vida
- Si señor
Jared llamó a Jason Burton para que se encargase del final de su turno y darle las nuevas instrucciones. Después sin volver la vista atrás hacia los gritos ahogados del salvaje que volvía a recibir el "tratamiento de desvoluntarización" salió del centro dirigiéndose al departamento de su madre.
El condicionamiento de Misha estaba desapareciendo con la fuerte migraña, en sus oídos resonaba el ronco susurro de un Jensen que no entendía porqué lo había traicionado. Jane corrió a socorrer al muchacho que nada más cruzar la puerta, cayó de rodillas sobre la alfombra llenándola de la bilis de sus vómitos.
