SIN ALMA

Capítulo XXXVI

"¿Eres tú?"

Se ahogaba en aquel sitio oscuro, dónde apenas podía moverse, y mucho menos escapar del agua que cubría su cabeza durante interminables segundos. Dos operarios lo sacaron de allí y lo dejaron tirado en el suelo, sin fuerzas.

- Déjame a mi Lázarus, por favor... - el Primero rubio y de cálidos ojos verdes besó fugazmente los labios del líder mundial.

- Vale, pero quiero ver cómo se corre.

Jared temblaba de frío sobre las baldosas del Centro de Preparación al Cambio cuando Pegasus le dijo con su eterno tono suave y cálido "Vamos pequeño, se que lo vas a disfrutar, sé que ésto te encantaba cuando eras su siervo en los bosques"

Con todo cuidado comenzó a dilatarlo, un dedo, juguetón, cariñoso, delicado. El muchacho lloraba porque, aunque ya no fuera Jensen, sí eran sus manos. Lloraba porque quería sentirlo y sabía que sólo sería un mal sucedáneo.

El Primero se introdujo en él, profundizando despacio, sin causarle el más mínimo dolor físico. "Así pequeño, ¿ves?, sí que te gusta" Se movía lentamente, dentro de su culo, con suaves y largas embestidas, llenas de calor, como la primera vez en la cueva. Se sentía igual, igual de excitante, igual de desesperante. Se mordió con fuerza los labios para no pedir más.

"Quieres más ¿verdad pequeño?, pues vas a tener que pedirlo". El cuerpo del hombre que había amado más que a su vida le hizo tumbarse en el frío suelo sin salir de él, penetrándolo, ahora sí, con fuerza, llegando a su próstata, haciéndole gemir de placer, sin poder ocultar más su excitación, hasta hacerle llegar al orgasmo.

_._

Jared despertó bañado en lágrimas, excitado y sintiéndose el ser más miserable de la Tierra. Se sentó en la cama, aún no había amanecido. El sueño había sido tan vívido, tan real...

Su corazón latía desbocado en su fuerte y bien formado pecho. Se mesó los cabellos con desesperación. Quería odiar a Pegasus y no podía. No podía porque a veces le sorprendía un gesto, una mirada. Sobre todo cuando lo veía con Alma, escondido, se reía igual, tenía la misma risa. Cuando lo veía reír era como si, por un momento, pudiera recuperarlo.

Se vistió y fue a dar un paseo por la Torre. En pocos días tendría que asistir al funeral de Alezeia Verne, en su calidad de Coordinador General de Extracciones. También se cremarían los restos del cuerpo anterior de Pegasus, para el cazador, sería como incinerar a Jensen.

Salió a la terraza este, el cielo comenzaba a aclararse en lo que parecía iba a ser un día gris.

- Nada que ver con los amaneceres de los bosques ¿verdad? - dijo una voz ronca a su espalda, tan cerca de él, que le hizo aferrarse a la barandilla para no volverse y buscar la mirada de Jensen en los nuevos ojos de Pegasus – Aquí son grises, como si hubiesen perdido el color.

Jared apretó los labios intentando contener el torrente de sentimientos contradictorios que se agitaban en su pecho. Pero no pudo evitar un gemido al sentir su mano en el hombro.

- Necesito que me perdones Jay, por no ahorrarte todo este dolor, por no haber sabido explicarte ésto antes.

- No me llames Jay, tú no eres Jensen – se revolvió como si le hubiese picado un escorpión – si lo fueras, sería yo el que tendría que suplicar perdón y no tú.

- No tenías elección Jay, y yo tampoco – Su mirada, triste, enamorada, era tan de él.

El más alto cogió su cara entre sus enormes manos "No me estás condicionando" murmuró sorprendido. "No se puede condicionar a quien se ama Jay" ¿era él? ¿de verdad? ¿no era otro de esos sueños fabulosos que acaban con la amargura de un despertar sin esperanza?

- ¿Eres tú?

- ¿Quién si no hombre de hielo? O a lo mejor debería decir hombre de gelatina – bromeó el rubio intentando paliar la intensa emoción del más joven.

- ¿por qué? - el reproche se mezclaba confusamente con la sensación de felicidad - ¿por qué has tardado tanto en decírmelo?

- ¿Porque no me has dejado, pedazo de cacho de trozo de mula tozuda? - gruñó el pecoso pensando que como siguiera cogiéndole la cara así lo dejaría desfigurado para los restos.

Aunque pronto dejó de temer por su cara y comenzó a temer por sus costillas al ser abrazado tan fuerte que hasta creyó haber oído un crujido sospechoso. El castaño lo besó con desesperación entre los rayos dorados y rojizos de un amanecer sin nubes "¡qué gris tan bonito!" pensó incoherentemente Jensen.

- Entonces ¿Pegasus?

- Murió – estaba tan a gusto entre los brazos del chico – no podía vivir sin Alezeia, tenías razón en que no era mal tío. Guardó en su implante toda la información que podíamos necesitar para huir o para acabar con Lázarus.

- Quieres hacerlo ¿verdad? - acusó dolido Jared – quieres vengar a Pegasus y a la mujer que se quedó el cuerpo de tu esposa.

- No sólo a ellos Jay, tengo en mi cerebro seiscientos años de recuerdos e información que no son míos. Lázarus Stark es el mayor tirano de la historia de la humanidad. Ha causado tantas muertes, tanto dolor y seguirá haciéndolo si no lo detenemos

- ¿quieres que nos quedemos aquí? ¿quieres que descubra a Misha? ¿o que averigüe que tú no eres Pegasus?

- No, no, vosotros tenéis que iros, huir al bosque y llevaros a Alma.

- ¿Y tú? - A Jared le dolía el corazón por haberle recobrado y darse cuenta que no estarían juntos pronto - ¿tú que vas a hacer?

- Lo que sea necesario – respondió con temor y determinación.