SIN ALMA
Capítulo XXXVIII
"Ser Pegasus Sade"
En ocasiones deseaba haber escuchado a Jared y haber huido con él. Ahora no era más que el prisionero, el juguete sexual de un psicópata obsesionado con hacerlo suyo.
Habían transcurrido varios meses desde el funeral en Eurasia. Una semana de infructuosa búsqueda de la pequeña Alma, más tarde, Lázarus había vuelto a América llevándose consigo al "desconsolado" padre de la niña secuestrada al que todos los medios de comunicación, en un "encomiable" gesto de sensibilidad, dejaron en paz.
Convencer a Lázarus Stark de que seguía siendo Pegasus casi le volvió loco. Tragarse las ganas de machacar su rostro moreno, hasta sacarle los putos ojos plateados por el cogote, mientras se dejaba usar por el maldito Primero, le agotaba tanto que llegaba a olvidar quién era y y porqué seguía allí.
La estúpida cara semiadolescente de Jason Burton, con su oreja reconstruida genéticamente, le devolvía a la realidad. Estaba allí para encontrar la forma de acabar con ellos y evitar el "Control de Plaga" cuyo pistoletazo de salida sería en dos días, el 1 de enero de 2820.
Llevaba dos horas despierto, el relieve del cabecero de madera se le clavaba en la espalda, sus manos se habían quedado dormidas sujetas con las abrazaderas del dosel. Era igual que uno de los recuerdos de Pegasus, todo había sido igual, las súplicas de Lázarus acompañadas de golpes, las caricias humillantes, la pregunta "Sabes dónde está, dime dónde está Ángelo" su respuesta también era la misma, "no lo se, no se de qué me hablas".
Lázarus también despertó "Ya despertaste mi amor, ¿por qué no has dicho nada?" se arrodilló sobre él, besándole posesivamente sin apreciar su asco, sin esperar ser correspondido. Después lo desató. "Vamos a desayunar", como si no hubiese nada más que decir, como si lo más normal del mundo fuera golpearlo, torturarlo, violarlo y que él encima debía agradecer la "atención" del líder mundial.
Jensen reactivó la circulación de sus manos moviendo sus dedos, imaginando que estrangulaba al odiado Primero con sus propias manos una y mil veces. El dichoso parche de su sien, levantó la mano para quitárselo.
- ¿qué crees que haces? - Las manos de Lázarus se cerraron como cepos alrededor de sus muñecas impidiéndole acercar las manos a la cabeza – No Pegasus, hemos quedado que para que yo vuelva a confiar en ti, tu dejarás ese parche dónde está.
- Lo siento, yo... - se tragó las ganas de rebelarse una vez más, gimió – sólo me picaba, no he podido rascarme en toda la noche
- Oh, vaya, he sido demasiado duro contigo, ven aquí
Lo sentó junto a él, al borde de la cama, abrazándolo y rascándole la cabeza. Jensen no pudo evitar un sollozo por el esfuerzo inhumano que le suponía dominar las ganas de abalanzarse sobre el líder mundial y machacarlo a golpes allí mismo.
- Ya, ya, mi amor, tranquilo, ya ha pasado – el Primero malinterpretó el gesto del que creía su pareja – confío en ti, se que no pretendías disgustarme – le levantó el rostro admirando cada rasgo perfecto, cada peca, cada pestaña – nadie nos va a separar ahora que por fin eres mío solamente.
El fingido Pegasus suspiró, "Un poco más, sólo un poco más y todo habrá terminado", dejó que le besara. Al menos hoy tenían algo que hacer, hoy saldría de aquella habitación.
SA-SA-SA
Los habitantes de la aldea de la montaña habían vuelto a las cuevas. Eso sí, mejoraron la seguridad y la vigilancia, excavando nuevas cuevas y túneles e incorporando un sistema de comunicación que si bien, era demasiado antiguo para ser detectado por los canales de las ciudades de hielo, era bastante efectivo.
Los fugitivos fueron acogidos sin preguntas, Ángelo se encargó de ello, aunque no fuera necesario, pues como le advirtiera el pecoso, Jared era considerado un habitante más del bosque.
Jane y el hombre de pelo blanco establecieron una sólida amistad, aunque ambos tendrían la misma edad, más de sesenta años, el guía espiritual de las gentes de los bosques tomó a la veterinaria bajo su tutela, tratándola como a una aprendiza e instruyéndola en todos sus conocimientos sobre la historia, la cultura, la medicina y la religión de los "sin alma"
Karen, volcada en aliviar el dolor de su hijo y en cuidar a la pequeña Alma, se recuperó con rapidez. Como Misha le decía a la pequeña "Tu abuela es una tía dura". Así habían transcurrido esos meses que los acercaban al día del "gran ataque".
Los que no habían logrado adaptarse eran Jared y la niña. El cazador localizó la cueva que había compartido con Jensen y no consintió en alojarse en otro sitio. Y aunque todos pudiesen contar con él para cualquier tarea o para el colegio, también sabían, sólo con su presencia, que el muchacho tenía su mente muy lejos de allí.
Alma, en contra de lo que se podía esperar por su corta edad, también echaba mucho de menos a su padre. A pesar del tiempo transcurrido, aún había días, en que sin motivo aparente rompía a llorar llamándolo. Entonces, sólo los brazos de su "tistán" acunándola mientras le contaba la historia de los tiempos antiguos, lograba calmarla.
