"Historias que con el lento paso del tiempo se convierten en leyendas."
36. En el principio…
Michiru estaba un poco engripada y la pastilla le causó sueño así que decidió no entrar a la siguiente clase, se fue al único lugar donde Haruka no la encontraría o por lo menos hasta entonces no lo había hecho: la biblioteca. Tomó la mesa del final y se recostó quedándose al instante dormida. De nuevo soñó con el principio del tiempo.
-No aprendes – decía uno de los ángeles observando cómo el bello y favorito ángel de Dios emprendía el vuelo de descenso al inframundo
Nunca en su vida había sentido un dolor tan insoportable. Se quedó quieta en brazos del Dios del pilar dejando que ese Dios sanara su lacerada espalda. No podía creerlo, a pesar del amor que Dios le tenía se ensañó con ella cuando descubrió jugaba en el inframundo, casi la mata. Se rió pensando en cómo le iría cuando supiera con quién jugaba. Emitió un pequeño quejido y el Dios del pilar la miró a los ojos
-No puedes seguir viniendo
-Pero sigues atada… Además más vale pedir perdón que permiso – rió animadamente – mientras no se entere
-Eso yo te lo dije y deberías olvidarlo…Te prohibió bajar al inframundo
-Y qué… me gusta estar aquí
-Te volverá a flagelar si sabe desobedeciste
-Yo no se lo diré
-Te despedazará las alas para que ya no puedas bajar
-Me tiraré al vacío, la gravedad hará al resto
-¿Y cómo volverás?
-No sé… ¿Crees que la gravedad se invierta si se lo pido con delicadeza?
-No – rió animadamente – eres un bello ángel, dulce, tierno e inocente… no debes andar aquí, te corromperás y te volverás maldito… No es que Dios no te ame es solo que no puede dejar que todo su séquito de ángeles termine volviéndose un montón de perversiones
-No me interesa
Pero el presagio del Dios del Pilar no era tan errado. Poco a poco el Ángel comenzó a tener un toque siniestro y escalofriante. Dios se ensañaba con él, buscando detener esa ansia de libertad lo mandaba a las peores tareas, lo enclaustró en la rutina y monotonía. Y la guerra resultaba cómica pues por un lado Dios hacía lo imposible para que el Ángel volviera a amarlo, cesara sus ansias de independencia y apagar el fuego que se encendía en su alma: pasión. Por otro lado entre más se sentía acorralado, más escapaba, anhelaba con fervor que Dios se fuera para escapar al inframundo. Llegó a un punto en que cada uno vivía aferrado a eso que tanto defendía y Dios ya no pudo resistirlo, descargaba sobre su más bello ser toda su frustración y dolor, el odio que acumulaba al sentirse desdichado y perdiendo lo único que de verdad amó.
-Quiero liberarte. Así jugaremos en el inframundo juntas… Podemos jugar en la cascada o ir a explorar el lago… los pantanos…
-No puedes desatarme olvídalo, son cosas de dioses
-¡Yo quiero! ¿No dijiste que podía tener lo que yo anhelara si me esforzaba?
-Mientras no sea de Dios – masculló con cierto dejo de dolor
-¿Cómo puedo liberarte?
-Con un soplo divino
-No creo que Dios me de algo así sólo porque se lo pida ¿oh si?
El Dios del pilar sonrió pensando que la ingenuidad del Ángel superaba por mucho cualquier otra creación en ese basto universo. La tomó de la mano y la jaló hacia sí para susurrarle al oído lo que significaba engañar, manipular, controlar…
-Olvídalo – sonrió al observar la mirada un tanto aterrada del Ángel. Besó sus labios con ternura y dijo – eres mi tierno y dulce Ángel
El Ángel se enamoró perdidamente del Dios de Pilar, la amó desde ese primer instante que la vio pero hasta ahora se daba cuenta que esas pasiones que corrían por su ser las generaba un amor puro y noble, algo más fuerte de lo que sentía por su Dios, de lo que nunca pudo sentir. Una mañana preguntó por ese concepto sobre manipular y engañar.
-Ya te dije lo olvidaras – y su mirada severa se clavó sobre ella
-Es que… es raro… por qué hay criaturas que conocen sobre cosas
-¿Cómo cuales?
-El bien y el mal
-Son tonterías – rozó con un fugaz y pasional beso sus labios – no existe tal cosa… nadie es bueno… nadie es malo… solo somos… Solo existimos
-Existimos – emitió un pequeño suspiro sintiendo esas caricias que desataban crueles instintos en ella. Se asió con fuerza a su cuerpo divino mientras entre respiros cortantes escuchaba el latido desenfrenado de su alma despertando
-No te preocupes más por mí… No vengas – se separó del Ángel
-Quiero ser tuyo… Quiero me ames… Muéstrame amor… Enséñame a amar
Los ojos del Dios del pilar destellaron una ternura sin igual. Con delicadeza acarició ese bello rostro y por primera vez fue el Ángel quien comenzó el largo y profundo beso. Cada caricia penetró en lo profundo de su alma despertando a al bestia que dormía en ella. Emitió un pequeño suspiro al que continuó un leve sollozo mientras el dios del Pilar la hacía suya.
-¿Dónde estabas? – le interrogó Dios al verlo llegar
-En ningún lado – musitó con la mirada perdida
-¿Te sucede algo mi bello Ángel?
Se veía tan extraviado, su mirada ausente, su voz casi inaudible y esa respiración tan lenta no presagiaba nada bueno, la tomó con delicadeza examinándola para ver si se había enfermado o en sus juegos tontos en el inframundo alguna bestia la habría lastimado
-¿Quién te arañó?
-Nadie – masculló retirando sus manos de su cuerpo – ¿Me amas?
-Como a nadie en este mundo mi Ángel
-También yo te amo… extraño tu esencia cuando te vas…
Se abrazó a su Dios y sus ojos verdes, esos ojos inocentes destellaron una chispa de maldad y arrogancia tenebrosa. Miró de nuevo a su Dios para besarlo con esa misma pasión que vivió en el infrmaundo. Lentamente lo llevó a la dicha completa, le mostró cómo aman los mortales, la entrega en un acto de amor y el arrebato de una pasión.
-Mi Ángel – y un suspiro divino profundo escapó de su ser.
El pequeño angelito sonrió, con una mano cerró los ojos de Dios y con la otra capturó lo que tanto necesitaba para guardarlo muy cerca de su corazón
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Natalie no lo entendía, fue como un instinto, parte de esa hermandad que conservó con Lindsay, aún temblaba al pensar que pudieron morir y sobretodo que se interpuso para salvar la vida de esa mocosa. Cerró los ojos pero los abrió pronto al sentir la respiración de alguien más en esa habitación
-Lárgate
-Gracias
-¡Lárgate Lindsay!
Despertó cerca de una hora después a causa de un fuerte golpe en su estómago. Su gata estaba encima y tal parecía que estaba muy molesta. Hizo una seña de indiferencia pero el animalito no parecía estar contento con eso
-¡Te pusiste en peligro por esa niña malcriada! – gritó furiosa Andrómeda
-Y qué querías… el que sea… el alma de los condenados no le quita aún sea mi hermana
-Sabes perfectamente como yo que no puedes ayudarla… ella deberá sufrir y perecer… ¡No es Lindsay!
-Lo fue en ese momento para mí – cerró los ojos – juro que no sé que me pasó
-¿Estás bien? – bajó su tono, ahora sonaba preocupada
-Sí… No es nada
No podía explicarlo. Tal vez era que se sentía muy sola, la extrañaba, necesitaba un poco de amor en ese mundo siniestro y… Estaba harta de esconderse, de vivir en espera que los otros causaran las reacciones o provocaran caos. Quería libertad, quería sentir que todo lo que hacía tenía un sentido de ser ¿Qué le sucedía? De un salto salió de la cama
-Voy a salir – informó a su gata – mi madre no tarda en llegar, vigila a Lindsay
-Sí
Estuvo dando vueltas por allí. Pedía explicaciones a su corazón y a su razón pero todo pareció como una reacción sin control. Se sentó en la banca del parque sollozando como tonta
-Qué he hecho – decía entre lágrimas
-¿Natalie? – escuchó la voz de Mina
-¡Qué! – gritó exasperada y sin más le dio tremendo empujón que la dejó en el piso – lo lamento
-¡Eres una niña loca! ¡Loca!
-¡Cállate! – gritó echándose a correr
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Lentamente abrió los ojos, su pequeño reloj de pulso había comenzado a sonar avisando que era hora de su siguiente clase. Casi muere del susto. Saltó de su silla al ver que a su lado estaba Haruka, la observaba con cuidado y atención.
-¿Soy tan fea? – susurró la rubia al ver al expresión de terror de Michiru
-¡Qué haces aquí!
-Nada – musitó recargando su cabeza en sus manos – reprobaremos si no hacemos ese tonto proyecto juntas
-¿Hablas sobre el taller de mecánica?
-Sí… Me gusta esa materia. Es lo único que me gustaba cuando venía a clases… Cuando era sólo Haruka
-¿Te interesa pasar la materia?
-Sí, así que quiero hacer tregua contigo… Por lo menos un tiempo
-Debe ser muy importante para ti… Por mí no hay problema
-¿Te alivio la gripa?
-No, déjalo es solamente una gripa
-Como quieras – se recostó en la mesa – qué haremos… No creo sea muy fácil hacer un diseño
-Ya veremos – sonrió con cierto agrado
Pidió unos libros sobre mecánica, otros de física y al final estaban sumidos en pilas de libros, revistas y papeles. Cada una tomaba notas, Haruka estaba muy concentrada y aunque se veía tranquila había algo en su energía que seguía siendo envolvente y a la vez atemorizante. Meneó la cabeza. Una imagen en un libro la hizo recordar parte de ese sueño que tenía… La historia de los dioses
-¿Puedes ver los sueños ajenos?
-A veces – sonrió la rubia – ¿Quieres te enseñe?
-No
-Puedo hacerlo como agradecimiento…
-Lo pensaré
-Y luego dices que yo soy la arrogante y altanera – rió con ánimo
Haruka se echó a caminar en dirección a la salida, estaba cansada y algo aburrida de la escuela. A pesar que era todo un Dios seguía teniendo las mismas notas escolares que cuando fue un mortal, quizá porque seguía sin entender por completo cómo usar su divinidad.
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Amy despertó emocionada pues sabía hoy era su día, el momento que tanto tiempo ansió para que todos sus sueños se hicieran verdad, aunque nada de eso incluía un ascenso en su trabajo. Ahora estaba en su nueva oficina disfrutando de la computadora nueva y moderna que los laboratorios le otorgaron. Sonreía como tonta sin dejar de pensar que este día iba demasiado bien
-Felicidades – escuchó a Mitche decir en la puerta
-¿Te gusta mi oficina?
-No, sólo tu computadora ¿Me la cambias?
-Lo pensaré… además me darán una portátil para eso de los trabajos de campo… ¡Es un buen día!
-Siempre lo son – sonrió el chico acercándose al escritorio – es solo que te habías vuelto tan pesimista que ya no puedes ver ni lo bueno que hay en vivir
-Como sea… Hoy será el mejor día de mi vida
-Siempre lo pueden ser – acarició su mejilla – y hoy te cocinaré
-Perfecto ¿Ves? Mi día va de bien a fantástico
-Siempre te cocino – contestó con cierto dejo de tristeza pensando que el comentario llevaba un tono sarcástico – debo volver a mi trabajo… que tu día siga siendo lindo mi niña
-Lo será – y Mitche no pudo evitar mirarla con cierto recelo ¿Qué le pudo haber pasado para que cambiara tan abruptamente su estado de ánimo?
Su nuevo puesto también le otorgó beneficios adicionales como un lugar de estacionamiento y aunque no tenía auto lo pudo cambiar por un iPOD nuevo, un mejor lugar en el comedor, descuentos, pases gratis a eventos, amistades importantes…
-¡Una cena en Lemon's! – gritaba
-Es para festejar – la veía Arlet con cierto desconcierto pues la jovencita brincaba de un lado a otro enloquecida – lleva a…
-¡Se lo diré a Mitche!
Pero la reacción del hombre no fue exactamente muy buena parecía un tanto irritado por su euforia y de nuevo comentó algo que Amy no comprendió del todo y sí ignoró. Ya no quedaba más tiempo para él, tenía una llamada en su móvil
-¿Henok?
A las dos y media tuvo la mejor comida de su vida. Su madre, por primera vez en diez años le cocinaba. Se sentó a la mesa encantada de sentirse de nuevo en familia, sonreía y contaba a su madre lo espléndido de su día, hasta la invitó a festejar con ella en Lemon's
-Es un restaurante muy exclusivo – comentó Clarissa
-Sí y apuesto nos divertiremos mucho…
Le pidió la disculpa que por tanto tiempo esperó, imploró porque regresara y entre lágrimas pidió perdón por tanto tiempo de abandono. Amy sonrió, era cierto si algo estaba mal en ella, si se alió con seres demoníacos y perversos la única culpable era su madre por dejarla en el olvido y a la deriva ¿Qué más podía hacer? Solo intentaba ayudar…
-¿Me dejarás ser novia de Mitche?
-Si el señorito es tan atento como para venir y pedirlo decentemente por supuesto
-Lo hará… Hoy es un día perfecto
-Si yo te extanaba
-Se dice extrañaba – le corrió su madre entre risas
Día más que perfecto. No podía ser más feliz. Eso hasta que vio a Serena en la biblioteca. Quién diría que la encontraría allí estudiando, soltó una risita burlona y la joven de coletitas volteó. Ambas se quedaron quietas en espera de lo que la otra haría. Fue Amy la primera en reaccionar, dio la vuelta para salir de allí antes que todas aparecieran para defender a la princesa…
-Espera – la detuvo Serena – no te vayas por favor
-¿Qué quieres?
-No debiste robar el cristal de plata… Si lo querías te lo hubiera dado con mucho gusto
-¿Y si te dijera que lo quiero ahora me lo darías?
-Sí – extendió la mano entregándole el pequeño objeto causante de sus disputas
-Eres muy ingenua Serena… Por eso siempre corremos peligro y…
-Te quiero – dijo silenciando sus hirientes palabras – eres mi amiga… Y no quiero ser tu enemiga… Por favor… Por favor – entre súplicas comenzó a sollozar como un niño pequeño
-No podemos – musitaba sintiéndose incómoda por su llanto – es que
-¡Qué importa que Dios elijas!
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Natalie se quedó quieta en su escondite observando la saña con la que su hermana despedazaba a un animalito. Sintió un dolor indescriptible en el alma pues sabía que ella contribuyó a robarle la nobleza e inocencia de su ser. Se escabulló de allí para volver a casa.
-¿Dónde te metiste? Debemos preparar…
-No importa – gritó exasperada retirando a Andrómeda de la cama – tengo tarea
-¿Cómo?
-Algo está mal – se tendió en la cama – todos somos unas monstruosidades horrendas… Somos seres tan abominables que no hallamos como inventar algo más demoníaco que nosotros mismos… ¿Qué pasaría si logras tal cometido?
-¿De qué me hablas? – se rascó la cabeza la gatita
-Nada
Algo parecido pasó en el inicio de los tiempos. Entre más Dios se aferraba a proteger a su Ángel del mal más éste se apoderaba de su inocente ser. El Ángel gustaba mucho de molestar a sus demás hermanos y hasta parecía adquirir un toque maléfico y sombrío en sus ojos.
-Le diré a Dios sobre lo que haces – le amenazó otro ángel aún sobándose su alita maltratada
-Ya veremos si te atreves – y esa mirada siniestra que nunca antes vio lo dejó helado
Nadie lo contradecía. Él era el Ángel perfecto, el eterno amor del Divino. Por la noche alababa y amaba a su Dios y por el día jugaba y hacía latir esa pequeña alma de la que fue dotado con el Dios del pilar.
-¿Qué eso? – le preguntó su compañera al ver en su pecho desnudo ese brillo celestial
-Dios me lo regaló – musitó – soy más especial que cualquiera
Y de eso ya no había duda pues poco a poco el resto de ángeles entendió que su Dios no tendría ojos, oídos ni amor para nadie más que para el bello Ángel. Habían tolerado mucho la predilección que sentía por él, los regalos excesivos y en fin, todo para él era en extremo. Hasta los castigos lo eran, a tal punto que la mitad sentía lástima por él y la otra lo aborrecía.
-No te pudo dar Dios un soplo divino
-Por qué no – sonrió con malicia – ¿Lo compartimos? – y el titubeo de su compañera le hizo adivinar que sentía algo más que envidia – ¿Lo quieres todo? Te lo puedo obsequiar… todo
-¿De verdad? – sus ojos brillaron con ese toque avaricioso que sólo el Ángel había visto en los mortales
Engañaba, mentía y manipulaba con una destreza sin igual, no había nada que no pudiera tener o hacer. No tenía límites. Pero la pregunta obligada era por qué aún no entregaba ese soplo divino al Dios del pilar y la respuesta era sencilla, descubrió que éste sin duda era el objeto más valioso que había tenido en su vida así que aprovechó esos días para que todos en el paraíso lo vieran, supieran que él ya no era uno más, ni siquiera era el Ángel más amado de Dios sino eternidad… un ser tocado por la divinidad, tan especial…
-Lo he traído – dijo esa tarde al Dios del Pilar
-¿Lo conseguiste? ¿Y cómo haz hecho eso?
-Truco barato… como la magia…
Y aunque el Dios del Pilar ya era libre todas las noches regresaba a ese lugar maldito, el Ángel preguntó tantas veces el por qué que se cansó de ello así que decidió espiarlo. Escondido en la oscuridad observó ese perverso y sangriento amanecer, el momento en que las bestias devoraban al Dios caído para con su sangre teñir el cielo y así dar inicio a un nuevo día, otro más en el que el equilibrio era restaurado
-No puede seguir siendo así – lloraba inconsolable el pequeño angelito ante el cuerpo inerte del Dios del Pilar
Antes que despertara regresando a la vida él voló de regreso al paraíso. Entró hasta el salón de armas tomando la espada de Dios para con furia colosal lanzarse contra él
-¿Te has vuelto loca? – la sujetó con fuerza
-No – tartamudeó pero pronto el coraje regresó a su ser – te odio
-Has estado desaparecido ¿Dónde estuviste mi bello Ángel? ¿Por qué me miras con tanto odio?
-No sé – se separó de él sin entender por qué Dios le decía que desapareció, sólo estuvo fuera una noche
-¿Qué has hecho?
Y el terror se había apoderado del cielo, Dios había alertado a sus creaciones para que no se acercaran al inframundo ni al mundo mortal pues entonces jamás podrían volver allí. Las bestias que devoraban todos los días al otro Dios al ya no tener de quién alimentarse había enloquecido atacando a cuanto ser encontraban. Dios llevaba la cuenta: quince mortales y cuatro seres celestiales en dos días.
-¿Dónde está? – gritó enfurecido
-No sé de qué me hablas – contestó el Ángel sin inmutarse a la fiera mirada de Dios
-¡Tú liberaste al otro Dios!
Por todos los medios intentó le confesara dónde se escondía pero entre más se ensañaba con él más aferrado parecía a defender el secreto. La amenaza seguía en pie, si descendía al inframundo jamás lo dejaría volver pero el Ángel no quería estar allí, así que voló en busca de su eterno amor…
-Dios – musitó observando al Dios del Pilar sano y salvo – creí estarías…
-No sucede nada estoy bien
-Así que no me equivocaba – se escuchó la voz de Dios resonando por aquel inmundo sitio – me traicionaste por ella – bramó y con fiereza se abalanzó contra su bello Ángel
Lo maldijo para toda la eternidad y le mostró el terror que había desatado en el universo. Hasta uno de los amigos del Ángel había muerto sin embargo a él no le importaba, nació para amar al otro Dios y entre gritos confesó que toda la pasión que le entregó fue siempre pensando en su verdadero amor… Dios furioso cumplió la sentencia y con ira le arrancó sus bellas alas al Ángel, lo tiró al piso, lejos de su presencia
-¡La guerra ha dado inicio! – le gritó a su contraparte
-¿La guerra? – musitó el Dios del Pilar – ¿No te das cuenta que esa hace mucho la gané?
-¿A qué te refieres? – retrocedió sabiendo que algo estaba mal
-Te he quitado lo que más amabas, seduje a tu bello angelito con el afán de arrebatare la única verdadera felicidad que tenías… pero lo mejor fue ver cómo tú mismo contribuiste a volverlo una abominación… Tú lo torturaste hasta el cansancio, lo querías para ti y olvidaste que él tenía albedrío: derecho a decidir a quién amar ¿O no me dirás que eso fue lo que tanto te enfureció? Porque antes que te dijera me amaba a mí y no a ti estabas dispuesto a perdonarlo
Dios titubeante observó lo que había hecho, despedazó por amor a su bello Ángel, lo condenó a la agonía sin entender que él solo amó de verdad… Lo abrazó a su cuerpo esperanzado porque esa calidez regresara pero era demasiado tarde. Las risas perversas del Dios del pilar sacudieron al inframundo, las bestias habían llegado dispuestas a alimentarse de otro más… de una creación divina
-No lo harás – musitó
-Hacer qué… Tú provocaste esto
Con un soplo divino restauró la divinidad del angelito pero ya era tarde y sólo le restó fortalecer su alma marchita. El Ángel se elevó y entre luces se cubrió para dar forma a ese ser que reflejaba lo que quedó de su alma: El Ángel Negro. Abrió sus ojos verdes que ahora irradiaban un brillo espectral y hechizante con el dedo índice señaló a Dios y furioso invocó a esa misma espada con la que intentó anteriormente aniquilarlo
-Debes venir conmigo – rogó Dios – sino jamás podrás volver a ser quien eras
-¡Esto es lo que he sido siempre! Ahora soy yo – y Dios escapó presa del remordimiento
Aunque el Dios del Pilar le repitió que solamente jugó y lo utilizó para ganar la guerra el Ángel empecinado le pidió lo llevara con él. El Dios del Pilar un tanto cansado de ese ciego amor que le tenía lo tomó de un ala y se la despedazó para evitar así que lo siguiera cuando se fuera. Pobre Ángel, cruel destino que lo llevó a la perdición por nada, se quedó tendido en el suelo sollozando por lo que perdió, su tristeza era tal que dejó a las bestias devorarlo pues mañana renacería de nuevo… él era el Inmortal… la pequeña divinidad que alcanzó la gloria.
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Lindasy extendió las manos al cielo y los pequeños copos de nieve comenzaron a caer. Ahora nevaba sólo para ellos. Kael gritó enloquecido de emoción, se tiró al piso para hacer un ángel en aquella espesa nieve. La niña hizo una bola de nieve que lanzó contra el chico empezando el juego.
-Te tengo – la tomó de la cintura y entre jugueteos besó sus mejillas – tienes la carita fría – reía encantado
-Y cómo quieres esté – ahora lo miraba atenta a sus labios – hace frío, es noche y está nevando
-Sólo para nosotros – miró aquella espectral oscuridad – esto es mejor que un viaje en helicóptero, pero puedo mejorarlo – susurró a su oído a sabiendas ella no lo escuchaba
-¿Qué haces? – dijo al sentir su cálido cuerpo sobre el suyo
Kared extendió la mano generando una hermosa luz brillante que rodeó el sitio, diversas flores brotaron entre la espesa nieve, hasta rosas multicolores de las cuales resaltaban más las rojas.
-Es hermoso – contemplaba la niña aquel ensueño – ¿Cómo haces eso?
-Con magia – se sentó sobre la barda
-Bájate, te matarás, estamos muy alto
-Es raro – musitó para sí mismo
-¿El qué?
-Nada – y cortó una rosa roja que le obsequió – cuando mi hermana estaba triste le llevaba rosas de éstas… las del jardín del edén… pero ella no parece notar la diferencia entre unas y otras… En realidad soy tan mal hermano que nunca he logrado reanimarla…
-Ya somos dos malos hermanos… A mí me odia
-Es diferente… ella es tan – y de verdad no hallaba la forma de definirla – rara… creo que esa es la palabra… Natalie me caía bien cuando éramos niños
-A mí también – lo sujetó con fuerza del cuello de la camisa la ver se balanceaba hacia atrás – rosas del edén – musitó observando su obsequio – ella lo nota…
La felicidad dejó de existir, su risa se desvaneció y su tristeza se convirtió en odio. Por mucho tiempo vagó solitario y convertido en el Ángel Negro sobre la faz de la tierra. Causaba destrucción, dolor y desolación a su paso, él era ahora el alma de los condenados, el Ángel que llevaba la muerte y el olvido…
-Debes detenerlo – suplicó Dios de rodillas ante su contraparte
-¿Detenerlo? Puedes hacerlo sin mí
-No lo lastimaré – renegó Dios – no me escucha, y si sigue así se lastimará… de nuevo… por favor habla con él… detenlo
-No es mi guerra – sonrió su contraparte y entre nubes celestiales se desvaneció
Pero el Dios del pilar había contemplado ya la desdicha y la condena del bello ángel, conmovido por su semblante triste y sus ojos melancólicos lo buscó para darle refugio en la oscuridad, allí donde el otro Dios vivía…
-¿Crees me interesas? – rió el Ángel
-¿Ah no? – se asombró de ser rechazado por quien tantos milenios lo adoró – y entonces qué harás
-Conquistar el universo – musitó con un dejo de sarcasmo – no te interesa… no mientas ni finjas te importo
-Como quieras – se dio la vuelta – pero eso no quita podamos hacer algo divertido un tiempo… ¿Te gusta estar solo?
-Sí
-Ven conmigo – extendió la mano – solo por un tiempo…
Por un tiempo estuvo con el otro Dios, hasta que un día ese algo lo llamó, el instinto por buscar y sobrevivir a la tempestad, por contestar a esas voces que cada noche entraban a sus sueños y le pedían regresara. Nunca entendió bien qué salía a buscar pero al otro Dios nunca le importó pues siempre volvía… Y si no era así ya Dios se lo diría, regresaría suplicante y arrodillado pidiendo por un poco de clemencia para el Ángel que él condenó. Pronto la guerra perdió su sentido, uno de los dioses se arrodillaba ante el otro suplicando por quien amó. Al correr del tiempo la cruenta batalla continuó mas sin embargo los protagonistas cambiaron: Dios contra su Ángel.
-¡Madre! – gritaba eufórico Kared
-Qué tarde regresas a casa – y antes que pudiera decir algo más él la besó en la mejilla con esa espontaneidad y salvajismo propios de él – Y apestas a alcohol ¿Quién te dio permiso de tomar?
-Nadie – gritó dando de saltos – y te traje algo
-¿Una rosa? ¿Crees que con esto me contentarás?
-Quien sabe – rió – se hace el intento – subió las escaleras saltando los peldaños de dos en dos – quien sabe – gritó ya en la planta alta
Melissa olió la bella rosa mientras su cerebro desempolvaba esos recuerdos olvidados por tantos milenios. Estaba de nuevo en ese hermoso paraíso, Isaac sonreía y ella jugaba en una fuente. Después vino ese olor a sangre y muerte, los bellos ojos azules de esa mujer que la seducían. Perdición.
-Qué extraño… es el amor lo que nos condenó – le habló a la foto de su difunto marido
Dos dioses que se contemplan perdidos en ese mar de pasiones que jamás debieron nacer en ellos. Dos divinidades tocadas por algo más que la perfección, solitarios vagando, luchando por sobrevivir a tempestades incontrolables, sedientos de dulzura, anhelando a ese Ángel que se esfumó por la crueldad de una guerra.
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Haruka sonrió al ver la felicidad que se dibujaba en Amy. Se sentó cerca de ella y le pidió le contara lo maravilloso de su día. Al escucharla recordó las palabras de Michiru, sí algún día las personas volvían a sonreír pero se equivocó porque de nuevo alguien sonreía por una ilusión.
-¿Y a ti cómo te fue con Michiru? ¿Hiciste lo que te dije?
-¿El qué? – disimuló lo mucho que Michiru le importaba
-Anda dímelo ¿Resultó? ¿O será más difícil de lo que parece?
-¿Enamorarla?
-No, que confíe en ti… vamos debe hacer caso a su corazón y no a lo que dicta su razón
-Michiru es pasional. Así que deja de pensar implica un reto para mí
-¿Pasional? En todos los años que llevo de conocerlas la única pasional eres tú… ella es inteligente piensa y luego actúa y es tan audaz… ¡De seguro resulta lento! – gritó creyendo saber qué había pasado ese día
-Olvídalo ya – rió animadamente
-Dios – musitó Aylat
-Nos veremos después – se despidió Amy
-La asustas – rió Haruka – veo que hiciste su día maravilloso – musitó hojeando un folleto – Supe la ascendieron en su empleo… gracias por el favor
-Debes de dejar de interesarte en ella o en cualquier humano
-¿Eso te incluye?
-Sí – contestó molesto el hombre – entiéndelo, cometerás el mismo error que tu madre
Y después de aquel desastroso principio de los tiempos no quedaba más que restaurar el orden. Dios descendió al inframundo a esa parte de su castillo que llamó su tumba donde los murales le mostraron su destino, el precio que pagaría por su pecado. El Ángel concebiría a su primogénito que presa del odio y furor del Ángel lo mataría para ocupar su trono… Por amor nacieron los herederos, aquellos que restaurarían el orden pues observarían con repugnancia y arrogancia en lo que el amor convirtió a sus padres. Pero nadie contó con que los vástagos, a diferencias de los primeros dioses se convertirían en amantes ¿Y entonces?
-Solo queda elegir – musitó Lindsay observando el amanecer
Un beso, una caricia, un detalle, una mirada, el deseo, la vida, la muerte, un profundo sentimiento que se albergará eternamente: amor.
Notas finales:
En lo personal me encanto como me quedo ok ok se vale echarse porras no?
El otro Dios era la mamá de Haruka, el ángel negro(Melissa) se enamoró de la mamá de Haruka y las cosas fueron de mal a peor. En pocas palabras fue culpa de los mismos dioses todo lo que ahora Michiru y Haruka están pagando, fueron sus padres los que iniciaron esa guerra. La mamá de Haruka enamoró al ángel sólo por fastidiar a Dios Issac y al final destrozaron a un ser bondadoso. A veces buscando cobrar venganza no nos fijamos que lastimamos a otros que ni la deben ni la temen.
Creo fielmente que las cosas y situaciones en nuestras vidas nos ayudan a definirnos, nuestras decisiones nos dicen el que seremos o en que nos convertimos. No sé, hasta la fecha, qué es lo mejor, y alguien por allí me dijo que lo importante es sobrevivir pero también es importante ser felices con las decisiones que tomamos.
