"Historias que con el lento paso del tiempo se convierten en leyendas."
37. Tiempo…
El príncipe negro, más conocido como Atila el sucio en la residencia Sinclair. A Kared le pareció gracioso llamarlo así, él provenía de Asía, de un país pequeño donde se creía había estado parte de los nómadas Huno, los que alguna vez comandó el poderoso guerrero Atila. Opinaba adecuado el apodo, le intimidaba tanto, no parecía cohibirse ante el hecho de ser descubierto acortejando a su madre y para rematar tenía costumbres extrañas, pero debía darle un toque cómico, esa definición perfecta a su bello tono de piel moreno: el sucio…
-Eres malo – le reprendía juguetonamente Lindsay terminando de colorear
-No gastes mis crayones – se los quitó. Llevaba media hora hablando de él tan acaloradamente que ni siquiera se había fijado en qué hacía la niña – Estos me los regaló mi papá… usa otros
-Y luego dices que Michiru es la maniática
-No es lo mismo… mi papá me amaba… ¿Has visto que venga por aquí Saytori a saludarla?
-¿Qué papá te gustaría más?
-¡Ninguno! Bueno – se rascó la cabeza – que tal ese señor peloncito de la televisión
-¿Cuál?
-El hombre chaparrito con cara de chiste que sale en los comerciales del pescado
-¿Cómo? – saltó impresionada pro la elección – quieres un papá pescado
-Sí, es gracioso y me gusta ir al mercado a comprar allí pescado… es cierto, es fresco Huele y sabe a pescado
-Bueno sí huele a pescado – reía animadamente – no creo sea el tipo de tu madre
-¿Y si sí?
-Búscale mejor novia a Atila así la dejará en paz
No había acabado de decirlo cuando reaccionó. Acaba de darle una magnífica idea al chiquillo. Se dio de golpecitos en la frente, la próxima vez se guardaría sus ideas. Y Kared ya tenía prospecto para ello
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Comenzaron su proyecto ese mismo fin de semana. Haruka procuró no llevar a su séquito de ángeles, así que escapó por la ventana. Hubiera podido pedirle ayuda a Amy pero no quería escuchar más comentarios burlones acerca de su amor por Michiru y su imaginación nula no le daba ideas para mentirle al príncipe negro
-Llegas tarde – le reprendió la joven
-Pero llegué – masculló un tanto hastiada
-Bien pues a trabajar
-Espera – la detuvo antes que terminara de extender todo el material – vamos a nuestra… digo – se rascó la cabeza inquieta – a la casa de la playa… Estaremos más tranquilas
-Bien… pues vamos
Era la primera vez desde el inicio de la guerra que se subía al auto con ella. Se sentía un tanto incómoda allí a su lado. Intentó fingir un poco de indiferencia pero tal parecía que a Michiru no le costaba esa proeza. En la media hora no la volteó a ver ni una sola vez, ni siquiera de reojo. Maldijo por lo bajo sintiéndose estúpida
-Llegamos
-Baja todo –le ordenó
-Sí patrona – contestó molesta la rubia
Aventó el material al piso y se tiró al sofá no sin antes destapar la primera cerveza del día. Michiru la miró con enfado pero se resignó pues ya se daba una idea de la nueva y arrogante Haruka.
-¿Y qué hace un Dios normalmente los fines de semana?
-No sé los demás – sonrió la rubia – yo tomo cervezas, voy a fiestas y de vez en cuando juego arrancones
La joven corredora la observaba con atención, no necesitaba disimular porque Michiru ni siquiera parecía querer notarla. Prendió el televisor para mitigar la tensión del ambiente. Durante una hora la jovencita trabajó afanosamente en los planos, realizó cálculos y borró tanto que se acabó dos borradores y tres paquetes de puntillas. No pudo evitar reír
-¿Te parece gracioso? – y sin más le arrojó una hoja arrugada
-Más o menos – la esquivó con maestría – ¿no quieres una cerveza?
-No ¿Pretendes embriagarme?
-Para qué… no creo ni así seas divertida
-¿Qué?
-Y sorda de remate – reía
Cambió la televisión por la radio. Subió el volumen a su máximo y comenzó a canturrear metida en el refrigerador. Preparó un emparedado y se sentó frente a Michiru. La joven la miró con cierto odio pero era tal su berrinche que no le pediría o reclamaría el emparedado que no le dio.
-¿Quieres uno?
-No – contestó con petulancia
-Bueno
Llegó la noche y nada había avanzado del proyecto. Haruka volvía a empezar a cantar, ahora tomaba tequila y un poco de vodka que encontró. Michiru la miró de reojo. De seguir así terminaría por reventar su paciencia. Ahora bailaba parecía tan feliz y tan… Haruka… como si nunca hubiera sucedido ese asesinato, tal y como la recordaba antes que el mundo se viniera contra ellas.
-Una nada más – rió Haruka ofreciéndole un vaso lleno
-Como sea – lo recibió con desagrado
La rubia se sentó cerca de ella, tomó las hojas revisando los cálculos y las operaciones, encerró en círculos todos los errores que tenía que más o menos equivalía a la mitad de su trabajo, dibujó un nuevo esquema y trazó un gigantesco asterisco en el problema del diseño
-No esta mal para un principiante – La abrazó y sin más la besó en el cuello con esa pasión que tantas veces culminó en amor
-No me dejas trabajar – la separó de ella
-Te quiero – la besó en una mejilla con furia como si pretendiera con ello demostrar la cantidad de cariño que le guardaba
-Estás ebria
-No es cierto – renegó – No has comido nada… ni siquiera me aceptaste un vaso de agua… Puedo hacer algo de cenar… o pedir una pizza
-Te acepté el vodka cargadito que me diste
-Ese no cuenta
Se quedó fijamente mirando los ojos verdes de Michiru. La joven pintora parecía adivinar lo que seguiría pues esquivó esa penetrante mirada, entre risas nerviosas recogió sus cosas y luego se acomodó el cabello detrás de la oreja. Levantó la vista descubriendo que Haruka la miraba con esa ternura que sólo ella le dedicaba. Ya no lo podía resistir más, no había nada más encantador que escucharla cantar en susurro.
-¿Ya te vas?
¡Qué más daba! Lentamente Michiru se acercó a su rostro. Cerró los ojos y con ternura rozó sus labios. Haruka estaba tan asombrada que no pudo reaccionar y la joven aprovechando su desconcierto la besó con mayor pasión hasta que la razón regresó y se separó.
-Me voy a casa
-Te llevo – le cerró el paso
-No – y la rubia al ver esa mirada retadora entendió estaba por echarlo a perder todo así que se hizo a un lado
-Puedo por lo menos pedirte un taxi
-Ya llamé a casa, vendrá mi hermano por mí, gracias de todos modos
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Su mano extendida soltó el pequeño dibujo. El viento se lo llevó y dos energías lo alcanzaron para darle un toque de realidad e inmortalidad. Sintió una nueva presencia en casa, descendió las escaleras y prendió el televisor buscando disimular su crimen
-Quítate – gritó Natalie
-El que tengas un mal día no te da motivos para que te desquites conmigo – musitó la niña masticando sus palomitas
-Sí, lo sé, lo siento – y Lindsay abrió grandes los ojos sin poder creer lo que leía en sus labios – dije lo siento – repitió molesta por lo boba que podía ser su hermana
-Ah, me iré a un lugar donde no interrumpa tu neurosis
-Oye – la sujetó con fuerza del cuello de la blusa – quieres… salir
-¿A dónde?
-Iremos a nadar o a donde quieras…
-Si quieres
Natalie empezaba a aterrar, era extraño verla intentando ser buena hermana. A veces Lindsay creía que intentaba congraciarse con ella, como si pretendiera subsanar heridas pasadas o apagar algún tipo raro de remordimiento. Kared creía que se trataba de la adolescencia y que por su bien no debía permitirle mucho acercase
-Hace mucho no hacemos nada juntas ¿Verdad? – comentaba la joven
-Sí – contestó la niña sin darle importancia
-Tal vez podamos ir de vacaciones… juntas o… ¿Qué te regalé en tu cumpleaños?
-Nada – sonrió – ¿Eso te preocupa? No te apures ya viene el número quince
-¡No! No quiero… te compraré algo antes… podemos festejar el catorce y…
-Estás bien loca – reía quitándose la blusa
-Qué – se quedó observando su brazo, temía tanto preguntar por la herida
-¿Qué me ves?
-Nada – y se volteó evitando verla – anoche llorabas…
-Debí tener una pesadilla
-¿Y tu novio Kared?
-No es mi novio
-¿Te gusta alguien entonces? – como a ella le gustaban muchas personas esperaba una larga lista pero la niña solo se limitaba a mover los ojos curiosamente intentado encontrar alguien que le agradara
-No
-Sí – esquivó su mirada – debí suponerlo, eres una niña – masculló
-¿Y si fuera sí? – Natalie volteó, levantó la ceja extrañada de tal respuesta pero Lindsay ya se había echado a correr gritando que llegaría primero que ella a la piscina
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Volvió a reír y Tomoe sonrió pues le encantaba cómo se escuchaba su risa, hasta le gustaba ese profundo silencio que guardaba. Emitió un suspiro dándose cuenta que estaban por llegar a casa. En esos meses algo cambió en él, ese vacío se llenó y de alguna forma todos los días encontraba una razón para levantarse y luchar por ser feliz…
-¡Papá Tomoe! – gritaban los pequeños de Juret
-Buenas noches – se despidió Setsuna siguiendo de largo mientras escuchaba las eternas quejas contra Hotaru
-Qué noche – sonrió la niña – ¿La han pasado bien?
-Fuimos a una cena de negocios – comentó interpretando que la chiquilla estaba celosa
-Ah, yo lo decía en serio – rió animada por la situación y la joven morena se sonrojó – a mí me da igual a qué cena van sólo pregunté si se la pasaron bien… creo se llama ser atento – volvió a reír
-Algo… Y parece que tú te has divertido más – miró a los pequeños arremolinados a Tomoe
-¿Es eso un regaño?
-¿Te gustaría tomar clases de equitación?
-No – se lo pensó por un rato – bueno, sí
-Hablaré con tu padre…
Esperaba que ocuparla la mantendría lejos de problemas y tal vez calmara esa ansiedad que mostraba, parecía disfrutar tanto molestar al resto de seres humanos que la rodeaban que daba miedo. Si lo pensaba bien sólo se vengaba de tantas que ella sufrió.
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No le interesaba lo que Haruka hiciera, después de todo era su vida y su problema si creía que el ser Dios le daba derecho a tener todo lo que quería aunque fuera a la fuerza. Terminó de guardar sus útiles y de reojo observó que la rubia la esperaba ansiosa.
-Espera – la detuvo en su graciosa huída
-Grito si no me sueltas – amenazó Michiru
-Espera por favor… no te haré nada
-¡Gritaré si no me sueltas!
-Hazlo – sonrió amenazante al ver que todo el recinto se había quedado vacío
-¡Auxilio me quieren violar! – gritó a todo pulmón.
Haruka inquieta por sus gritos le tapó la boca y la sujetó con brutalidad de la cintura y las manos para que no se le escapara. Michiru forcejeó unos instantes hasta que se rindió y se quedó tranquila sintiendo el roce del aliento de Haruka en su cuello.
-Escúchame… Siento haberte robado tu tarea – decía con un tono que denotaba arrepentimiento – pero de verdad estaría en problemas si no la entregaba… Además te dio oportunidad de entregarla después
-¡Toma! – y la pisó con furia
Salió huyendo mientras la rubia se quedaba ayudando del dolor.
-Bu – le susurró Lindsay al oído haciendo que Michiru saltara gritando del susto
-Demonios – respiró tranquila – creí eras Haruka ¿Qué haces aquí?
-¿Lo olvidaste? Iríamos a comer… Digo iríamos porque por tu mirada sé lo olvidaste
-Lo siento tanto… Y – posó su dedo sobre sus labios – no cancelaré
Fueron a comer hamburguesas. Estaban tomando asiento cuando escucharon esa voz y lloriqueos que tanto conocían. Michiru buscó con la mirada a Kared pero no lo veía por ningún lado aunque seguía escuchándolo
-Allí – señaló Lindsay el cristal de enfrente donde estaba untado el chiquillo
-No es cierto – ojala no entrara o le haría pasar una vergüenza
-¡Por qué nunca me traen! – chillaba Kared – has espacio – empujó a la niña para quedar en la misma banquita – quiero una hamburguesa con juguete
-Ya estás grandecito para eso – murmuró Lindsay
-De seguro como quieres quedar bien no lo pediste, ah pero si hemos venido los dos…
-Ya cállate – le metió una papita en la boca – ve y pide tu estúpida hamburguesa de niño – aventó un billete a la mesa la niña
-¡Viva! – gritaba feliz
Kared regresó a la mesa con su juguete en mano y la hamburguesa en la boca. Michiru rió. A veces, la joven se preguntaba cómo, hubieran sido si Dios no hubiera tocado sus vidas, tal vez Kared sería un muchacho galán como muchos que estaban allí. Siempre estaría rodeado de bellas jovencitas y hasta hubiera tenido una mejor vida y qué decir de Lindsay. Pero al final, ellos eran felices, más que cualquiera en ese sitio.
-Lo tengo – reía Lindsay con el juguete en mano
-Buenas tardes – saludó Setsuna – me gustaría hablar contigo Michiru…
-Siéntate – le invitó Kared recorriéndose en el estrecho sillón.
Lindsay había quedado junto a la pared por no decir totalmente aplastada a ella, después Kared y al final Setsuna. La situación era un tanto extraña, los chiquillos peleaban por el juguete, las papitas y cuanta tontería encontraran lo suficientemente divertida para tal caso.
-No les prestes atención – reía Michiru
-Es sólo que… me preguntaba si tú tuviste algo que ver en el ataque… y con los poderes de Sailor Marts
-No – sonrió – y te puedo asegurar que tampoco fue Haruka… Algo más está atacando la ciudad
-Podría tratarse de tu padre… digo Isaac
-Sí, lo mismo he pensado… pero es difícil saberlo ¿Has intentado hablar con Haruka? Entre seres opuestos es más fácil sentir la presencia del otro
-No es prudente acercarse a ella… no con el príncipe custodiándola
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Setsuna Se quedó pasmada observando el telescopio que Tomoe le había obsequiado a Hotaru. De alguna manera le daba la razón a Setsuna, la niña necesitaba un pasatiempo para así olvidarse de ese odio descomunal que les profesaba a sus hermanastros.
-A que es hermoso – brincaba de un lado a otro la chiquilla buscando cómo armarlo
-¿Ves? – sonrió el profesor Tomoe – sí te escucho
Y la joven se sonrojó un poco pues recordaba muy bien que le gritó al ver que él la ignoraba. Acarició la mejilla de Hotaru y se hincó en el piso para ayudarla a armar su telescopio.
-¡Miau! – gritaba el gato corriendo de un sitio a otro
-Creo hasta al gato le emociona el telescopio – reía el profesor
-No es eso – musitó para sí Setsuna observando que Artemis moría por hablar – ven – lo llamó para llevárselo lejos
-¡Atacan la ciudad! El cristal apareció
-¿Dónde?
-¿Dónde qué?
-¡Pues dónde ocurrió eso… el ataque y el cristal
-¿Dónde qué?
-¡Eso! El ataque…
-Ah el ataque en el centro de Tokio… pero el cristal… el cristal – y se desató el pañuelo azul que llevaba en el cuello dejando caer el preciado cristal que resplandecía como nunca
-¡Te siguieron!
-No sé – miró asustado detrás de sí porque no entendió bien si afirmó o preguntó
Un fuerte viento sacudió las ramas. Del cielo cayó la pequeña monstruosidad que con fiereza se dejó ir sobre la joven. Setsuna apenas pudo trasformarse. Giró la vara del tiempo y la bestiecita se echó para atrás mostrando sus filosos colmillos.
-¡Grito Mortal!
Pero la creación alcanzó a saltar, mostró sus garras y con maestría logró herir el abdomen de la joven. Entonces Artemis entró en acción y unos segundos después la poderosa Sailor Saturn golpeó al demoníaco ser.
-¡No podremos con él! – gritó la niña observando que aquella bestia parecía indestructible
-¡Pide ayuda Artemis!
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Otro día más en la casa de la playa. No recordaba las razones por las que compraron la finca pero supuso debió ser idea de Michiru, aún recordaba amaba el mar. Cerró los ojos escuchando el agua golpeando las costas. Respiró profundamente y casi pudo aspirar el aroma de la joven. El timbre sonó, por fin había llegado y parecía que de nuevo la traían ¿Le tendría miedo? Por suerte para Haruka Kared le tenía el suficiente temor para salir huyendo despavorido… ni siquiera se bajaba del vehículo
-Hola – la saludó
-Espero hoy terminemos
-No lo creo – rió la rubia – es un poco largo… ¿ya resolviste las ecuaciones?
-No del todo
-Qué mal – se fue a la cocina – hice palomitas… en media hora empieza una película muy buena…
-¿Vamos a ver televisión?
-No, yo voy a ver la tele… tú supongo trabajarás – soltó una gran carcajada para plantarse frente al aparato – pensé no vendrías… no por como me has estado evitando estos días
-No tenía ganas de verte, es todo… Así que hoy tampoco me ayudarás
-No necesitas de mí, lo haces muy bien sola
-¿Es una venganza por lo del pisotón?
-Ah eso – dijo sin darle mucha importancia – no, cuando acabe la película te ayudaré
La película llevaba ya una hora y Michiru media de haberse levantado del escritorio donde la dejó trabajando. Quería irla a buscar para saber qué tanto hacía pero temía fuera una treta de la jovencita. Estaba por ponerse en pie cuando escuchó la voz de su sirena llamándola
-Lo preguntaré una vez – la miró con un toque furioso – ¿Por qué alardeas sobre sacar Diez en física?
-Porque estudié…
-Has reprobado todos los exámenes rápidos, ni una bien
-Bueno – sonrió – es que ya me puse a estudiar
-¿Qué es esto? – le mostró la hoja de respuestas del examen que la rubia había obtenido de forma truculenta
-Eh… ¿Una hoja?
-¿Por qué te empeñas en hacerme creer que eres alguien diferente? – renegó – que eres Haruka…
-No pasaré – bramó la chica – no puedo reprobar y… ¡Cómo carajos quieres apruebe! Tantas veces que me obligaste a seguir estudiando y ahora que pretendo hacer algo con mi vida me lo reprochas
-No es la forma… podías pedir ayuda…
-¿A quién?
-A mí por ejemplo – esquivó su mirada – será mejor me vaya
-¿Si te pido ayuda me la darás? – reía encantada por cómo se escuchaba la frase – quédate conmigo… esta noche – suplicó sujetándola del brazo – podemos estudiar juntas…
-No lo creo – se soltó – me voy
-Dijiste que podía pedírtelo – musitó viendo cómo se marchaba – además qué hacías hurgando en mis cosas – pero ella ya se había ido
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La próxima vez no saldría con ellos. Serena empezaba a creer que tal vez no tenía nada en común con Kared. Como el chiquillo había quedado de salir con Lindsay y Serena pedía a gritos atención pactaron entonces fuera una cita de tres. Para la hora la pobre rubia se sentía de sobra.
-Muy bien entonemos – decía Kared tocando unas notas desabridas en su guitarra
-No sabía tocaras – musitó la niña de coletas
-Bueno algo debo hacer con el tiempo libre… con eso que siempre tienes ocupaciones de princesa… ¡Ahora te puedo llevar serenata!
-¡Y yo tocaré las maracas! – dijo Lindsay sacudiendo el botecito de aluminio lleno de piedras – ¡Y dice uno, dice dos…!
Su canción, una que Serena no conocía, su chiste, su mundo, y ella sobraba. Terminaron en Sinclair Corp jugando a encontrar formas a las estrellas. Kared estaba sentado en la bardita y Lindsay parada a su lado sujetándolo con fuerza de la puntita de su camisa mientras Serena se mantenía a salvo observando que ellos hacían mejor pareja…
-Corazón – musitó el chiquillo – qué quieres hacer. Es tu turno de decidir
Quiero ir a casa – musitó Serena
-Bueno… eso no es divertido pero…
-¡Soy divertida! – gimoteó – lo que pasa es que entre tantas responsabilidades… y eso de…
-No he dicho nada – masculló el niño un tanto preocupado por sus constantes cambios de humor – solamente digo que si estás cansada podemos ir a descansar… eso es bueno…
-¡Pero no divertido! – lloraba a mares
-Creo mejor me voy – y Lindsay se escabulló graciosamente antes que tuviera que intervenir en lo que parecía pleito seguro
-¿Qué tienes chiquita? – la tomó del mentón
-Soy aburrida… ahora soy aburrida
-No – y con el dedo índice levantó su mentón para observar eso ojos azules tan hermosos – eres una niña llorona ¿lo sabías? Es lo único en que no se equivocó mi madre – besó sus labios – mi niña llorona… Eres una muñequita ¿lo sabías?
-¿Una muñequita muy bonita? – se acurrucó entre sus brazos
-Hermosa… ¡Ya sé que te hará feliz! ¡Comida!
-Ahora crees que soy una glotona – lloraba de nuevo
-No chiquita – la abrazó con calidez para terminar besándola – nos quedaremos aquí – se sentó en el suelo con Serena en sus brazos – contemplaremos las estrellas y cuando te sientas mejor decidirás a donde iremos, porque si no te has fijado nos hemos quedado solos – le musitó con un tono seductor que sonó demasiado provocativo para ser propio de Kared
-¿?
-Te amo tonta – rió a carcajadas
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¿Cómo se llega a ese punto? ¿Cómo los juegos se convierten en más que eso? Sus labios rozaron delicadamente los de Serena, la anhelaba, por instinto se guiaba sin entender mucho de lo que hacía pero a quién le interesa pensar en esos momentos sublimes. La tendió en el piso dejando que ella siguiera jugando a hacerle cosquillas. Pronto esos roces se convirtieron en besos que subieron de intensidad hasta convertirlos en desalientos. Ella lo retiraba de vez en cuando intentando tomar un poco de aire, y hasta de volver a la calma.
-Hace frío – musitó Serena observando esos ojos que tanto amaba – tus ojos son idénticos a los de Michiru
-Será porque somos hermanos – rió el chico y con torpeza se asió a su cintura para comenzar a besar su cuello – te deseo…
-¿?
-No habrá nadie más en este mundo que ame como a ti… Nadie…
Serena cerró los ojos dejándose llevar por esa ola de caricias y pasiones que estremecían su cuerpo. Un brillo espectral iluminó el cielo. Lejos de allí, en la casa de Tomoe la guerra continuaba, la bestia parecía indestructible. Setsuna había sujetado con fuerza el cristal pero éste parecía estar reaccionado a algo más que simples energías mortales
-Ven a mí – musitó entre besos Kared
Dos segundos después en su mano apareció el cristal del tiempo. Abrió lentamente los ojos observando ese rostro dulce y tierno. Serena acarició su mejilla y él besó su mano
-Te amo – susurró a su oído la muchacha
-Tiempo – masculló con un hilo de voz
Y el mundo dejó de existir. Nadie más vivía en ese perfecto universo que creó para ella y él. Nada detendría su amor. Una lágrima escapó y Serena apaciguó su tristeza con un dulce beso. Emitió un fuerte suspiro que sacudió al universo dormido
-No me dejes – pidió la rubia – no me dejes
Setsuna sintió cómo el tiempo cesaba y aunque no pudo saber cuánto estuvieron así sabía de donde vino. Ya era tiempo de detener a aquellos que se creían con el poder divino. Levantó la mano derecha sabiendo que nadie sería testigo de lo que vendría ya que Hotaru y Artemis estaban inconscientes.
-Sailor Plut – murmuró – Ángel Sagrado de Plutón
Destellos azul opaco y negros corrieron desde el piso hasta rodear su cuerpo entero, largos listones negros se dibujaron a su alrededor vistiéndole su nuevo traje de Scout. Las cintas de sus moños se alargaron y aquellos lugares de su traje que tenían color ahora brillaban para terminar en tonos cristalinos. La tiara resplandeció dejando que la estrella de su pecho fuera expulsada y dos enromes alas blancas surgiera de su espalda.
-Tiempo – musitó y al momento la criatura se destruyó
Sailor Plut recogió la hoja, negó con la cabeza y la guardó. Levantó la mirada al cielo pensando si era tiempo de parar los juegos tontos de los críos de Dios. Sus alas se tiñeron de un color caoba en sus puntas que le dieron un toque aún más majestuoso y divino.
-¡Nunca! – escuchó gritar y apenas alcanzó a esquivar la colosal energía que se desató sobre ella
-¡Muéstrate! – gruñó Plut. No, ya no había tiempo para enfrentar un nuevo enemigo, acaba de perder su transformación.
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El sol brillaba. Serena despertó un tanto asustada. Pegó un grito tremendo que despertó a Kared de su hermoso sueño. La rubia niña no podía dar cabida a lo que veía, amaneció y ella seguía allí. Tomó sus ropas del suelo y como pudo se vistió mientras el joven se rehacía del impacto.
-Es tarde – gritaba – muy tarde – musitaba abrochándose los zapatos – me matarán… debí volver anoche… no hoy
-Y qué – se frotó los ojos – tengo sueño
-¡Levántate debes llevarme! – lo sacudió con fiereza
Kared se quedó pasmado, miró con terror a Serena pero ella no parecía percatarse de ello, buscó en el piso el cristal que anoche tuvo en sus manos… Y entonces lo vio, estaba a un lado del pie de su novia, ella estuvo en dos ocasiones a punto de pisarlo. A gatas corrió a recogerlo.
-Qué haces – lo miró confundida
-Nada – se quedó quieto y a gatas. Con su mano cubrió el cristal – es tarde – le recordó
-¡Me matarán!
La dejó en la universidad y se fue a su casa, él también tendría problemas por no llegar a dormir. Pero antes hizo una rápida parada en la escuela de Lindsay, debía mostrarle lo que consiguieron…
-Nadie dirá que Kared Sinclair es un inútil – reía
-¿Y por qué traes la misma ropa de ayer? ¿A qué hules? – lo olfateó como si fuera un perro
-No he ido a mi casa – se disculpó el chiquillo – A que es bonito – contemplaba maravillado el pequeño octágono – … y sé como funciona
-¿Quieres un premio por eso? – contestó al ver cómo se hinchaba de orgullo
-No
-Plut… Plut lo sabe
-¿Sobre nosotros? – la miró con duda – no puede ser…
-Se transformó en Ángel Sagrado… Y tengo la impresión hace mucho puede hacerlo
Si es así… demonios – se rascó la cabeza – hoy será un día difícil
-Tienes la camisa al revés ¿te habías fijado? – lo sujetó de la etiqueta de la prenda – y te falta un calcetín
-¿Te divierte fastidiarme? – estaba tan sonrojado que Lindsay no pudo evitar reír a carcajadas
¿Y qué pasó aquí? Pues lo obvio no? Serena... Kared... Kared... Serena... solos.... XDDDD
Ahora empezarán a aparecer los cristales que restan para la batalla final.
