"Historias que con el lento paso del tiempo se convierten en leyendas."
38. Ángel Sagrado de Júpiter
Lita estaba convencida que ella podría lograr hacer que Haruka volviera a ser ella, aunque no encontraba gran diferencia entre un Dios y Haruka Tenoh. Mina levantó la ceja divertida escuchando sus locos planes para terminar estallando en carcajadas y es que su amiga se ensoñaba creyendo que podía lograr aquello que Michiru no alcanzó
-Me subestimas – se levantó de la mesa bastante indignada
-No es eso – la sentó de un fuerte jalón – es que debes comprender que no es tan fácil… Y para serte sincera ni siquiera entiendo de lado de quién debemos estar
-¡No hay lado! Solamente debemos cuidar a Serena
-¿Cuidarla? ¿Cómo? Ya ni la vemos – y antes que Lita pudiera contestar algo más Mina gritó – debo irme o no lo alcanzaré a ver…
-A quién
Como en los viejos tiempos. Se quedaron escondidas observando al elegante y fornido hombre. Lita comentó le recordaba al chico que la dejó y por primera vez en esos años de amistad Mina frunció el ceño ¿Cómo podía ser eso? Él era moreno, demasiado para un color que hubieran visto en algún japonés, demasiado alto, demasiado fornido y tan perfecto… Sí, el ensueño, un príncipe…
-Es tan – exhaló un suspiro la rubia
-¡El qué! – gritó Serena detrás de ellas buscando qué las ensoñaba
-¡Ah! – gritaron las jovencitas – Serena casi nos matas de un susto – se quejó amargamente Lita
-Qué guapo hombre – observó al espécimen que les robaba el corazón
-Sí… El príncipe… Aylat Hotch
-Ya veo por qué de repente te interesó la computación y la física
-¡Es tan guapo!
Dejó a sus amigas aún suspirando, conociéndolas se quedarían allí para después seguirlo hasta perderlo en el anonimato de la gente. En su rostro se dibujó una bella sonrisa, ella tenía algo más que sueños, un amor real que día a día crecía…
-Lita – saludó Haruka sorprendida de verla en el autódromo – qué linda te vez hoy – y no sólo era su belleza sino ese aroma celestial que la enloquecía: El mismo que Michiru… o casi
-¿Y si vamos a tomar algo? – musitó acomodando su cabello suelto en un movimiento más que seductor
-Claro
Serena se sentía tonta escapando de su propia casa o lo que se suponía lo era. Odiaba ser princesa, más de lo que llegó a imaginar. Sus amigas la envidiaban pero ella solamente pensaba en cómo salir de allí, y al final el día valía la pena por el solo hecho de ver a Kared. Ya habían hablado sobre una propuesta de matrimonio para su padre pero necesitaban esperan un poco, lo suficiente para que el muchacho heredara la empresa Sinclair…
-Casi llego – decía bajando lentamente por el árbol
Hacía unos días encontró la manera perfecta de huir, el árbol la acercaba lo suficiente a la barda y de allí era cuestión de suerte, la pluma transformadora y un buen salto para ser libre. Sólo que esta vez le falló el cálculo, resbaló. Cerró los ojos esperando el impacto final pero éste jamás llegó pues alguien la había atrapado. Abrió lentamente los ojos encontrándose con los negros ojos de Darien
-Hola
-¡Darien! – se bajó de sus brazos
-¿Qué haces?
-Practico… quiero convertirme… en – qué pretexto tenía – una gran Scout
-¿De verdad? – ¿Se notaba tanto metía? – Te estaba esperando – sonrió mostrando esos dientes hermosos y perfectos – quería platicar contigo… Antes de hablar con tus padres…
-¿El qué?
-Quiero pedir tu mano para que nos casemos…
-¡Qué! – gritó al punto del desmayo – pero… pero terminamos… y Darina… y Darina… ¡Dijiste ya no me amabas!
-Espera un poco Serena – la tomó del mentón pues la niña enloquecida esquivaba esos ojos negros – tú y yo sabemos que a veces las parejas pasan por rachas malas… Sé me amas… eso no me lo puedes ocultar, eres tan transparente para mí y sí – agregó al ver esa mirada aterrada – sé que sales con ese niño pero es sólo un amor pasajero… ¿o me dirás de verdad lo amas?
-¿Ah no?
-Dímelo tú – y sin más besó sus labios
El impacto fue tal que la joven rubia no se movió. Poco a poco su corazón latió con mayor frenesí hasta que se perdió en ese mar de emociones y sumido en la embriaguez de la desolación y confusión contestó al beso. Sus labios succionaban los de Darien
-No puedo – se separó de él – tú me dejaste
-Esto no es cuestión de amor – dijo el gato entrando a escena – princesa está decidido… El mundo está a punto de convulsionar y la historia de ser cambiada abruptamente…
-Déjame arreglarlo yo – sentenció Darien molesto por su intromisión
-Como quieras – chistó el gato y dio la vuelta yéndose
-Te amo Serena y si me dieras otra oportunidad… Pero yo entenderé si lo quieres pensar
… Darien sonrió pues sabía que la jovencita estaba muy turbada, eso significaba una oportunidad para él. Serena se rascó la cabeza sin entender por qué contestó al beso., se separó de él y entró a la casa aún perdida en sus sentimientos
No tenía ganas de ir a otro evento social en el que se aburriría pero Haruka le había enviado una nota en clase donde le pedía de favor asistiera pues aprovecharían la confusión para hablar con ella. Tenía la impresión era una trampa, sobretodo por las miradas que la rubia le dirigió todo ese día. Emitió un suspiro, nada perdía con ir, terminó de acomodarse el vestido y se observó al espejo dándose cuenta que había adelgazado mucho, se colocó el antifaz y se sonrió.
-Talalala – saltó Kared – iré disfrazado del Zorro – agitaba el delgado palito que recogió en la calle
-¿Ya está mi madre?
-Sí… iremos con el baboso ese… ¡Atila! ¡Salve Atila! – ironizó – lo único bueno es que veré a Serenita… Se disfrazará de princesa…
Pero Michiru ya había planeado la manera de escapar y evitar un trayecto de media hora con el famoso príncipe negro. Tomó a su hermano de la mano y corrió por los pasillos hasta llegar a los límites de la casa. Entre la maleza estaba escondida la pequeña motoneta de Lindsay
-Urra – gritaba Kared probándose el casco – ahora seré un zorro moderno
-Anda – se acomodó a delante subiéndose las enaguas de su vestido – sube – le animó al ver que se quedaba parado como tonto
-Yo quiero conducir
-De eso nada – se ajustó el casco
-Quiero conducir
-Bueno pues entonces dile a Atila… Me voy – dicho esto encendió la motoneta
-¡No me dejes! – gritó desesperado y de un brinco se subió atrás del pequeño vehículo
Y el viento rozaba sus rostros. El chiquillo gritaba y saludaba a cuanta persona veía en el trayecto encantado del escape… por fin llegaban
-¿Su auto? – miró el chico del estacionamiento la moto
-Cuídela – dijo Michiru corriendo al salón – anda es tarde
-¿Tarde para qué?
Kared se quedó boquiabierto mirando a todos lados, debió suponer que una fiesta de disfraces implicaba todos disfrazados ¿Cómo encontraría a su amada Serena? Se perdió entre la gente mientras Michiru buscaba a la rubia.
-Es tarde – musitó Haruka sujetándola por detrás – ¿Me concedes una pieza?
Y como en otros tiempos causaban admiración. Michiru se dejó llevar por el momento, cerró los ojos transportándose a ese lugar de ensueño, sus pies flotaban sobre la hermosa bóveda celeste, miles de estrellas formaban una alfombra y a su paso el cielo se volvía líquido espeso. Haruka la tomó de la mano para ejecutar con maestría una vuelta.
-Dilo – musitó la rubia mientras su cuerpo se estremecía sintiendo el calor de Michiru
-¿El qué?
-Que me amas
Como respuesta la joven recargó su cabeza en el pecho de la rubia.
Las chicas se quedaron pasmadas al ver a Lita. Ya no cabía ninguna duda, era el clon de Michiru Kaioh. Serena se rascó la cabeza inquieta y Mina soltó un comentario bobo que por suerte para todas, la aludida no oyó. Y fue Rei quien rompió con la tensión
-¿Y con quién viniste? – preguntó la morena – dijiste que ya alguien te había invitado
-¡El príncipe! – gritó Mina y Lita suspiró al ver se salvaba de responder
-Así que ese es el hombre que tanto han perseguido – lo analizó minuciosamente – pues es guapo
-Rei te quedas corta – volvió a suspirar
-No debí – se reprochaba Serena – nunca debí invitarlas
-Princesa – musitó una voz familiar
-¡Darien!
-¿Bailamos?
-Bien – tartamudeó inquieta
-¿Qué le pasa a esa tonta? – interrogó la dama del fuego
-¿No te has enterado? Pues donde vives – masculló Mina molesta al ver cómo su príncipe desaparecía – pues bien – por fin veía a la morena – resulta que Darien pedirá la mano de Serena
-¡Cómo! – gritaron Lita y Rei atrayendo miradas – eso no puede ser… pero lo de… y Darina… y Kared – tartamudeaba la joven alta
-Pues yo que sé clonecito… eso me chismeó Artemis a quien se lo dijo Andrómeda y a su vez se lo dijo el gato feo eso de Orión…
-¡Cómo me llamaste!
-A ver – intervino Rei esperando ya no dar más realce al parecido que Lita tenía hoy con Michiru – no se casará con Darien
-A mí no me mires… él ya fue a pedir su mano y tú sabes las ganas que tiene el padre de Serena por hacerlo su yerno…
-Yo prefiero a Darien – musitó Lita con cierta saña – digo Kared… Qué le vio Serena
Kared bajó la mirada, ya no necesitaba escuchar más, se encaminó a la salida del recinto sin fijarse por donde iba. Sí, a él su suegro no lo quería porque era sólo un niño y uno muy tonto… Tal vez Sami ya le hubiera contado que era retrazado.
-No deberían decir tantas bobadas tan alto – musitó el pequeño astronauta
-¿Qué bobadas? – renegó Mina
-Kared las escuchó – se quitó Amy el casco
-Ah eres tú – musitó con desdén la rubia
-Sí, ¿no sabes que ya no soy cualquier persona?
-¿Ya eres de la realeza? – se mofó Rei – mejor vete, debes estar con los tuyos…
-¡Traidora! – y antes que los impulsos de Mina actuaran Lita la sujetó con fuerza – ¡Traidora!
-No soy la única – musitó dedicándole una mirada reprobatoria a la Michiru clonada
Lita respiró ya que la vio lejos y a Mina de nuevo ensimismada en su príncipe. Se despidió de las chicas para ir con su pareja y fue entonces que se dio cuenta hacía mucho no la veía. Salió al balcón para buscarla pero ni allí la encontró… Siguió por el gran salón hasta las demás salas
-¿Dónde está Haruka? – bramó el príncipe saliendo de la nada
-¿Cómo? – la miró asustada la jovencita
-¿Dónde está Haruka? Venía contigo niña
-No sé – tartamudeó
Natalie le dedicó una mirada reprobatoria a su hermana pero a ella no se intimidó nada pues siguió atarragándose de panecillos. Se separó de ella para buscar a Rei, le avisó asistiría y esperaban poder escapar de la fiesta para estar un momento a solas. Aunque a esas alturas no estaba tan segura de quererlo. Salió al balcón a tomar aire, se sentía mareada y un tanto fuera de control.
-¿Buscas a Rei?
-Algo así
-¿Te cuento un secreto?
-No
-¿Alguna vez has pensado en el suicidio?
-Dije que no quiero saber ningún tonto secreto
-No es un secreto – renegó la niña – es más como un… es una pregunta… ¿Has pensado en morir?
-No – y el silencio que vino fue demasiado para ella, disimuladamente volteó a verla encontrando esos ojos verdes impregnados por el dolor y la melancolía – ¿Por qué lo preguntas?
-A veces pienso en la muerte – exhaló un suspiro observando el cielo – y en ti… Te has portado muy rara ¿te sientes bien?
-La rara esta noche eres tú… ¿A qué vienen tantas idioteces? – de nuevo silencio. Profundo silencio – ¿Me dices tu secreto?
Lindsay se acercó a Natalie para susurrarle al oído lo que con tanto recelo pretendía guardar. La joven se quedó a la expectativa, contuvo la respiración y cerró los ojos sabiendo más o menos qué le diría. Ya no podía más, algo dentro de su alma brotaba y la devoraba con una descomunal fuerza que ya no podía controlar. Imágenes veían a su mente, esos momentos de crueldad en el que la bestia le arrebataba el alma a su hermana. Esos ojos rojos la observaban, la devoraban cada noche para la amanecer dar equilibrio al universo… su condena… Su corazón palpitó con más fuerza mientras las lágrimas brotaban pues era un humano… un ser mortal capaz de sentir amor.
-Te quiero – musitó Lindsay – te quiero…
Y lentamente hundió la daga en el cuerpo de su hermana. Los ojos de Natalie se abrieron desmesuradamente. Su cuerpo se hizo hacia atrás, observó la mirada fría de esos ojos verdes. Quiso decir algo pero ya Lindsay le había tapado la boca. La niña la tomó entre sus brazos calvando más profundamente la daga mientras sostenía ese cuerpo que se quedaba sin vida.
-No podemos ir contra nuestro destino – susurraba la niña – pero nada quita lo intente… De verdad te quiero pero ya no lo puedo permitir… es tiempo del cambio…
-Lind…
Se sentía tonta escapando en una motoneta, se soltó de la cintura de Michiru y extendió las manos sintiendo ese elemento que dominaba. La joven de cabellos aguamarino descendió la velocidad, habían llegado a la playa. Aparcó lo más cerca que pudo y se bajó descalza sintiendo la suave arena entre sus pies. Con una seña invitó a Haruka para que la acompañara pero la rubia solamente reía observando cómo su amante perdió la razón
-¿Me amas? – preguntó la joven pintora acurrucándose cerca de la rubia
-No… me diviertes es todo
-Qué honesta – rió animadamente – viniendo de ti lo creo
-Dímelo… Dime que me amas y – guardó silencio temerosa de confesar que necesitaba de ella
La conversación terminó con esa risita burlona por parte de Michiru. Haruka se levantó, echó a caminar en dirección a la casa gritando que hacía demasiado frío para querer continuar a la intemperie. Había avanzado un buen trecho cuando la cabeza comenzó a dolerle con intensidad, una parte de su ser se desprendió con fiereza de su cuerpo y la vista se le nubló.
-¡Despierta Heredero! – gritó una voz dentro de su cabeza
Tenía siete años. Su cuerpo convulsionó y al abrir los ojos se encontró en un lugar demasiado cálido para ser real. Sus manitas de niña rozaron la fresca hierba y su vista se clavó en esas rosas que despedían un olor majestuoso. Se incorporó lentamente pensando que soñaba así que quería prolongarlo tanto como le fuera posible…
-Haruka – musitaba una voz de mujer
Y un nuevo dolor penetró en sus sienes haciéndola gritar, cayó muy cerca de las rosas pidiendo clemencia mientras se sujetaba la cabeza. Abrió los ojos. Recordaba esa escena con claridad, sonrió de forma espectral. Éste fue el momento que marcó su destino, el asesinato. Y al final las explicaciones no existían, no había disculpas ni razones que no fueran venganza y odio. Pero esta vez, observando la escena desde afuera vio la enorme cantidad de energía que absorbía…
-Haruka – musitó Michiru regresándola al presente
-Lo siento ¿me decías algo?
-¿Siempre eres un Dios tan distraído? – sonrió – anda vamos a casa – la tomó de la mano
Michiru se acomodaría en la habitación de huéspedes y la rubia se quedaría con la que fue su habitación. La pintora se despidió, era tarde y estaba cansada pero antes que saliera Haruka la sujetó de la mano con delicadeza
-No te vayas… quédate conmigo
-No – tartamudeó – no es buena idea
-¿Por qué no? No te haré nada – se burló de ella – ¿Tanto miedo me tienes? ¿Acaso alguna vez te hice algo malo?
-No es eso – desvió la mirada
Salió de la habitación casi huyendo de ella. Necesitaba respirar, calmar a su destrozada alma que pedía por un instante. Se quedó recargada en la pared escuchando al mar. Necesitaba saber que esto no era un engaño, que después de convertirse en Dioses Haruka no pereció… su alma se quedó con ella pero… ¿Cometería los mismos errores de sus padres? Ya no podía vivir así, destrozaba su alma, con esas miradas de indiferencia, las palabras hirientes y despectivas… esa guerra silenciosa sin cuartel para después pedirle y suplicarle por ese amor que aniquilaba ¿Qué se proponía la rubia?
-Lo siento – musitó Haruka acariciando sus hombros desnudos – Lo siento – la besó en el cuello y Michiru se quedó inmóvil sintiendo esa calidez que se esfumó
-Ya voy para allá
-¿Dormirás conmigo?
-¿Por qué no? – la miró con picardía – ¿Acaso el gran Dios me tiene miedo?
-De eso nada – frunció el ceño
La bestia despertó de su letargo. Lentamente abrió sus ojos rojos mostrando esa fiereza que impactaba a propios y extraños. Dormía en lo profundo del Palacio, custodiando la tumba de los Dioses. Emitió un sonido gutural cruel y temerario que despertó a los condenados. Miles de almas se congregaron a su alrededor suplicando por su favor… por venganza…
-¡Heredero! – gritó
Sus alas rojas por primera vez se extendieron y la fiera criatura abrió el techo del Palacio de Dios para escapar hacia el mundo mortal. Con agilidad surcó los cielos mientras la tierra gritaba y exigía la sangre del Heredero.
-¡Te encontraré!
Natalie lo vio pasar, apenas podía incorporarse. Se sujetó con fuerza la herida pero ni así dejaba de emanar tanta sangre. Éste sería su fin. Una lágrima brotó y su rostro se marcó por una mueca diabólica y aterrante. Alzó la mano pidiendo por el retorno de la bestia pero ya era tarde para ella, ni siquiera podía hablar. Cayó hincada observando su propia sangre
-Nadie te oye – resonaban aún estas palabras de Lindsay en su cabeza
Escupió sangre y con la última gota de energía que le restaba a su cuerpo se puso en pie. Caminó un par de pasos falsamente esperanzada a encontrar ayuda. Miles de voces vinieron a su mente, los lamentos de aquellos que subyugó, los ruegos de Lindsay que cada noche hacía a su Dios para que detuviera la tortura… la misma que Natalie causó…
-No puedo – Serena corría por los pasillos escapando de Darien y Kared
La jovencita alcanzó a ver a la princesa. Su mirada cambió y una sonrisa de placer se dibujó en su rostro.
-¡Estás bien! – gritó la rubia niña observando el pequeño hilo de sangre
-Lo estaré – y dicho esto de su mano destelló una pequeña luz pero Serena creyó escuchar pasos y sin más empujó accidentalmente a Natalie. Ambas quedaron tendidas en el piso. Dos energías corrieron por el suelo confundiéndose entre ellas.
Y la bestia había llegado a su destino, volteó atrás sintiendo la descarga de energías que se producían en la fiesta. Estuvo tentada a regresar pero algo llamó su atención, una fuerza descomunal que venía contra ella
-¿Me buscabas? – musitó Haruka
-¡Heredero! – gritó – no robarás mi gloria
-Ah veo que no te refieres a mí… Lo siento Michiru duerme y no puede venir
-¡Heredero!
Extendió sus alas dejando que todo su poder se desplegara. La tierra se partió en dos emanando las almas de los condenados. Una a una salió de la oscuridad sujetando el cuerpo de Haruka, pidiendo y gritando por piedad, por un poco de paz.
-¡Morirás!
La bestia lanzó una gran bocanada de fuego. El infierno se tornaba una realidad en la tierra. Y de la Tumba de Dios escaparon cuatro de las nueve bestias que todos los días devorarían al Dios caído. Haruka ya no podía detenerlos. Y a su llamado acudieron sus ángeles, entre ellos Sailor Mercury
-¡Agua Cristalina de Mercurio!
-¡Sailor Marte ha llegado! Sailor Marts ¡Ángel Sagrado de Marte!
-¡También Júpiter!
Y el universo se convulsionó sintiendo la batalla desatada ente ángeles y bestias. Una de las mortales fieras alcanzó a Haruka destrozándole dos costillas.
-¡Detente! – suplicaba Júpiter impotente observando a la rubia caer
-¡Conviértete en Ángel Sagrado! – le gritó Orión. Júpiter lo miró dubitativa pero no había tiempo para explicaciones
-Sailor Júpiter ¡Ángel Sagrado de Júpiter!
Pequeños lazos color verde se entrelazaron entre su cuerpo dando forma al nuevo traje de Scouts. Dos lazos se extendieron a lo largo de sus piernas hasta lograr un color transparente. Su tiara brilló y la luz de su pecho se convirtió en una estrella. Los pliegues de su falda se agitaron con el viento mientras se volvían de un color verde transparente. Y finalmente de su espalda surgieron dos enormes alas blancas que al igual que las de Mercury se tiñeron de negro con destellos verdes dejando solamente las puntas en su color original
-¡Tormenta de Júpiter!
Y la bestia fue arrasada. La tierra se sacudió con brutalidad. Del pecho de las Scout del trueno se expulsó también el pequeño cristal que voló hasta las manos de Michiru
-Es tiempo de detenerlo…
Melissa emitió un pequeño quejidito juguetón y el príncipe negro sonrió sujetándola con fuerza para que no escapara. El pequeño juego terminó al escuchar los gritos de agonía. Aylat maldijo por lo bajo mientras se levantaba de la cama pero la mujer lo detuvo y con un movimiento de cabeza le indicó un no
-Debo proteger a mi Dios… de sí mismo – renegó – y tú deberías ver que a tu hija no se la devoren las bestias
-¿Por qué despertarían?
-El balance – contestó el príncipe – ya hay equivalentes divinos para cada cristal, tanto para un Dios como para otro… Lo malo es que nuestros críos no se han definido ¿Quién es quién?
-No hay Dios a quién obedecer
-Exacto – se abrochó la camisa
-Déjalo – lo sujetó con fuerza y terminó mordiéndole una oreja aún jugando – que se las arreglen sin nosotros – pero él negó con la cabeza – Está bien – masculló molesta – es la última cita que tendré contigo… eres una pérdida de tiempo…
-Si no toma mucho tiempo podemos regresar y continuar donde nos quedamos – le susurró para terminar besándola con pasión en el cuello
-Que esperen un poco más – repetía entre besos
Cada uno se separó, él iría a sacar de allí a Haruka pero Melissa tenía un mejor plan que hacer acto de presencia. Argumentando no ganaría haciéndoles frente se fue. Aylat algo intrigado decidió rescatar primero a su Dios y después asegurarse de sacar al crío de Melissa
-Odio no me diga qué planea
Levantó la cabeza, algo más sacudió al universo. Dos energías que desaparecían al mismo tiempo podían ser la respuesta. Iba a ir a ver de dónde se originaban pero los gritos de auxilio le advirtieron el deber era primero.
-Cómo detesto mi trabajo
Melissa por su parte tenía una mejor idea. Se posicionó en lo más alto del edificio Sinclair, con una daga se cortó la mano y dejó que la sangre cayera al piso. En menos de tres minutos las bestias acudieron al llamado natural
-Yo soy el Ángel de Dios – decía elevándose – el alma de los condenados
Y las bestias se abalanzaron para devorarla
La habitación marcada con el 406 era ocupada por Hito Tenoh. Había ingresado hacía meses, herido de gravedad y hasta la fecha, se encontraba delicado y en estado de coma. La única visita que recibía era de su hija pero hoy era un día extraordinario, alguien más lo visitó. Dos pequeños ojos rojos brillaron en la oscuridad de la habitación. La silueta caminó hasta la cama del enfermo dejando un rastro de sangre. Atenta observó la figura que yacía allí. Con una sonrisa le saludó.
-No cabe duda – musitó con la respiración entrecortada – son idénticos
Extendió la mano dejando que la energía necesaria emanara de su ser. Poco a poco el cuerpo del hombre recobró color, sus mejillas se volvieron rosadas y sus labios tomaron vida, emitió un suspiro tan profundo que parecía sería el último. Hito lentamente abrió los ojos observando los ojos marrones de la persona que lo devolvió de las tinieblas
-No más tonterías – masculló para sí la sombra
Se inclinó para susurrar a su oído el por qué lo despertó… por qué recibió el favor de los dioses…
-Mátala
