"Historias que con el lento paso del tiempo se convierten en leyendas."
39. El secuestro
Serena se sentía extraña desde hacía unos días, como si no fuera ella. Echó la cabeza hacia atrás escuchando a Amy explicarle sobre la bolsa de valores. En unas horas más tendría su examen pero ella solamente podía pensar en Kared, Darien, hacía frío y tenía hambre. Escuchó de nuevo a su amiga pero esta vez le preguntaba si se sentía bien. Negó con la cabeza y se frotó el arco de la nariz
-Darien pedirá mi mano
-Algo así había escuchado ¿Qué has decidido?
-No sé… ¿Puedes amar a dos personas al mismo tiempo?
-Sí pero no de igual manera ni con la misma intensidad
-No lo sé – sonrió – tengo hambre ¿Y si vamos a comer?
No podía creer fueran de nuevo amigas y aunque su amistad llevaba un toque de duda y recelo esperaba un día fueran las mismas de siempre. Serena aún se preguntaba qué diferencia había entre ser de uno u otro Dios, Amy se veía como siempre, hasta un poco más feliz que cuando fue Scout.
-Niñas – saludó Mitche – ¿Ya terminaron?
-Vamos a comer ¿Nos llevas?
-Qué guapo es tu novio – le susurró la rubia niña y como en los viejos tiempos la peliazul se sonrojó para terminar escondida entre uno de sus libros
-Ya va-vamonos – tartamudeaba
No podía estar más feliz por su amiga, encontró el amor y sabía que Mitche la hacía feliz. Él la cuidaría siempre y nunca permitiría que ese mal que se apoderó de sus vidas la absorbiera con totalidad…
-Que te vaya muy bien – le deseó Amy al dejarla en la universidad – y recuerda que…
-Sí, sí, sí – contestaba con cierto nervios esperando no olvidar todas las recomendaciones para su examen
Ocupó su lugar en el aula y sin mirar a otro lado que no fuera su butaca esperó por el examen. El profesor daba las indicaciones en inglés y ella temblaba. Quién iba a decir que la niña tonta de secundaria, la que por error terminó siendo Sailor Moon asistía a la más prestigiosa Universidad de Japón y muy pronto se convertiría en princesa
-Es el destino – musitó para sí misma pero esta vez lo decía por Darien
Tantos años la idea de casarse con él le robaba una cálida sonrisa, hacía que las ilusiones volvieran a su ser con tanta intensidad que podía pararse en la cima del mundo para gritar lo amaba. Hoy era diferente, pues la idea la turbaba a tal extremo que no podía concentrarse ni en su importante examen. Quería llorar, salir huyendo y no detenerse hasta estar en brazos de Kared… Kared… Kared…
Y el corazón late con fuerza, ruega por el amor que se esfuma, por una mirada donde la pasión devuelva un poco la calidez que se perdió por culpa de la amargura. Michiru recibió su examen y de reojo observó a la rubia, la joven tenía una pequeña herida en su mejilla, lo que quedó de la última batalla. Se sentó en su lugar e inclinó la cabeza esperando que la agonía sucumbiera en muerte.
-Mira – se sentó Haruka a su lado – saqué un siete
-Saqué ocho – sonrió con un dejo de tristeza
-No es mala nota, sé que siempre sacas mejor calificación – acarició su mejilla – no hice trampa, estuve estudiando con Amy… Y…
-Está bien… en realidad no me importa, tú sabrás que haces
Y el corazón de la rubia latía desenfrenado mientras sus pensamientos iban en revuelo buscando ese momento en que el amor se esfumó. Rozó la mano de Michiru hasta que la apretó con fuerza como si quisiera mostrarle que aún la amaba. Amy se lo dijo, ésta era su oportunidad, podía fingir volvió a ser Haruka y entonces… Podría tenerla de nuevo, amarla sin miramientos ni contradicciones…
-Ven conmigo – susurró cuando escuchó al profesor dar por terminada la clase
-Tengo clases – musitó
-No tardaremos – le dijo a su oído
-No puedo – se marchó a prisa
La rubia soltó una gran carcajada, si no se equivocaba la estaba evitando. Frunció el ceño mientras pensaba en lo que Amy le dijo, tal vez debía emplear un poco más la sutileza y aparentar era de nuevo Haruka, y la pregunta crucial era cómo lo haría si ella ni siquiera dejaba que se acercara. Tomó su mochila y salió del salón. En cuanto estuvo afuera el hechizo impuesto al recinto fue retirado y sus dos ángeles la custodiaron de nuevo
-¡Haruka! – corrió Joan a ella al verla llegar a casa
-Preciosa – besó sus labios con esa pasión que esperaba ser desbordada desde la mañana – ¿Sucede algo? – se asombró que la jovencita no contestara al beso, se había quedado tan pasmada y sus ojos llenos de terror
-Regresaste – se escuchó una voz un tanto familiar
-Padre… – y la corredora dejó caer la mochila de la impresión
Hito Tenoh era mucho más alto y fornido que su hija, sus ojos azules contenían un toque espectral que llenaba de temor a quien lo mirara. Se llevó la mano al cabello para acomodarlo, extendió la otra invitando a la jovencita a tomar asiento. Haruka no parecía intimidada sino sorprendida.
La gata estaba convencida que algo más sucedió esa noche para que las fuerzas del Palacio de Dios fueran desatadas y como siempre culpó a los Sinclair de tal acto. Había entrado en una caja de correspondencia y ahora paseaba libremente entre las oficinas preguntándose dónde podían esconderse tantas abominaciones. Escuchó ruidos y se escondió en un pequeño agujero pero algo allí chilló
-Me pisaste mi colita – salía Orión
-Cállate – y a empujones lo regresó al escondite
-Es raro – decía Melissa acompañada por el príncipe – pero era de esperarse esa niña no domina nada…
-Le regalaré una moto a tu hijo – cambió el tema abruptamente
-Estás loco – rió la mujer
Orión asomó la cabeza observando que la pareja se había marchado y de nuevo quedaba el camino despejado. Suspiró y se frotó su colita pisada. Luna lo golpeó en la cabeza, aún no se le olvidaba la engañó.
-No fue así – masculló el animalito – el que le diera un cristal a Lita fue para protegerlo
-¡Querías se cargara con su energía!
-Ella se benefició – y paró sus orejitas percibiendo pasos – silencio
Se quedaron juntos, demasiado en ese pequeño agujero escuchando pasar a la gente. Estaban por salir cuando vieron transitar a Kared y Lindsay en patines. Gritaban y entre risas subían los peldaños de las escaleras.
-Son ellos – salió Orión disparado detrás
-Espera… no he terminado de… ¡Orión! – corrió detrás del gato
Lindsay había ganado. Entre jadeos reía. Kared dio un brinco en el aire y al caer el piso de la azotea se llenó de césped, dos frondosos árboles crecieron en la esquina derecha y un arbusto de rosas pobló la izquierda. Tronó los dedos y dos copas de licor aparecieron en sus manos
-No hagas eso – masculló la niña desapareciendo la ilusión – alguien puede subir
-Y qué – masculló asomándose al precipicio – Serena se va a casar… Y no conmigo
-Eso no es cierto – rió animada la chiquilla – que escucharas a sus amigas opinar eras el peor partido de la niña no significa que eso piense ella
-Pero es cierto
-Y qué… Piénsalo ¿cuántas veces me has dicho que Michiru no es para mí? Y eso no quita siga amándola… ¿Ves? Importa lo que ella piensa… y te ama
-¿Tienes el dibujo? – cambió de tema
-Sí… – y con un gesto le invitó a guardar silencio
Orión espantado vio cómo la niña se aproximaba a ellos, su corazón latió desbordado de pánico. Antes que se acercara más echó a correr y Luna detrás de él. No se detuvieron hasta estar lejos del edificio Sinclair. Ambos jadeaban.
-¡Qué pretendes! – gritó la gata
-No lo entiendes… Lindsay… Lindsay… Ella es quien ha estado creado esas monstruosidades
-¿Cómo? Pero ella no es el Heredero
-Por alguna extraña razón… Es algo muy semejante… Atacó a Natalie en la fiesta
-El mismo día que las bestias atacaron… ¡Ella lo causó!
La extrañaba. Su recuerdo venía a ella en sus dulces sueños que terminaban siendo verdaderas pesadillas. Algunas de sus memorias eran muy confusas como si parte de su vida se hubiera mezclado con vidas pasadas. Se acostó en su pupitre deseando un solo instante de paz. Poco a poco las voces de los condenados cesaron, el dolor de cabeza era tan intenso que no pudo evitar emitir un pequeño quejidito
-¿Te encuentras bien? – se acercó Michiru preocupada
-Sí, estoy cansada – contestó con el rostro oculto entre los brazos
Miles de imágenes venía a su mente, entre ellos el recuerdo de su padre. No conoció la felicidad hasta que conoció a Michiru. La amó de verdad, con toda la pasión que un mortal puede dar.
-Haruka – la despertó – tienes una pesadilla – dijo al ver sus hermosos ojos azules
-No me siento bien – se secó el sudor de su frente – ¿Me puedes llevar a casa?
Visiones tenebrosas que relatan un mundo perverso en el que no se desea vivir. El momento exacto en que la vida cambia, ese instante en que una sola acción cambiará el rumbo de nuestras vidas pues nos hemos adelantado por un segundo al destino. Hacía tanto tiempo de esas leyendas que la rubia lo había olvidado… Fue en los tiempos en que aún no descubriría era una Sailor guerrera.
-Otra vez – se frotó el arco de la nariz
Y esa pesadilla de su juventud hoy revivía más clara que en esos tiempos. El cielo entero se habría, la tierra se partía en dos expulsando de sus entrañas las almas de los condenados, lo que la primera guerra de los dioses dejó. La naturaleza los creó, dos almas gemelas tan iguales y tan distantes. Uno antagónico del otro y condenados a esa lucha sin igual por preservar su propio ser y a la vez el equilibrio natural.
-¿Haruka? – musitó Michiru descendiendo la velocidad del auto
-No me siento bien – musitó antes de desmayarse
-¡Haruka!
Estaba frente a un hermoso jardín, la calidez en ese sitio era tal que no inspiraba otra cosa que no fuera la paz. Se quedó quieta observando a la bella mujer. Sus cabellos largos rubios caían hasta el piso y en su rostro se dibujaba una tranquilidad nunca vista. Esos ojos azules la hipnotizaron por completo.
-Éste es tu destino… Lo que eres
Y entonces vio en qué se convertiría pues por su sangre corría la sangre de los dioses, ella era más que una Sailor, ella era el Heredero. Pero no era el único, el equilibrio llamaba a otro más. Las imágenes se volvieron difusas, recuerdos perdidos de esos antepasados y su futuro. El Dios vencido de la nueva guerra atado al pilar mayor de Tokio de cristal, en la cima, protegiendo al mundo de la devastación Sailor Moon. El amanecer inicia en medio de esa sangrienta escena en que las bestias del otro Dios devoraban al alma de los condenados. Entre jadeos despertó la rubia aterrada.
-Tranquila – limpió Michiru el sudor de su frente – ya estás a salvo conmigo
-¿Dónde estoy?
-En casa… te desmayaste
-Soñaba…
-Lo sé, cierra tus hermosos ojos, yo te protegeré – la besó con ternura y entre sus brazos la arrulló hasta que la rubia se quedó dormida
Rei encontró la puerta abierta de la casa de Natalie. Entró sujetando con fuerza su pluma transformadora temiendo lo peor. La casa de los Castelo parecía vacía, escuchó un leve llanto proveniente de una de las habitaciones. Abrió la puerta despacio y con cautela encontrando una conmovedora escena. Natalie atendía con ternura la pequeña herida de la pierna de su hermana. A veces no la entendía parecía aborrecer a todos y todo pero cuando se trataba de Lindsay o ella misma su manera de ser se volvía tan dulce y tan tierna que llegaba a igualar la calidez e inocencia de Serena.
-¡Rei! – se asustó la jovencita al verla
-Lo siento, la puerta estaba abierta y creí que
-Olvidé cerrarla – se acomodó el cabello detrás de la oreja – es que la mensa ésta se cayó de la escalera – dijo con cierto acento despectivo – ¿Qué quieres?
-¿Sigues molesta? – sonrió con burla – creí no eras rencorosa – le recordó
-Ah, no es eso… Me extraña vengas, es todo
-Te extrañaba – esquivó sus ojos marrones – y quería invitarte a una exposición de antigüedades
-Sí, estará bien – guardó su botiquín – no creo regrese mi madre – le dijo a la niña – pero igual mejor vete a casa de los Sinclair a jugar con tu tonto amiguito, yo te recogeré en la noche
De nuevo volvía a ser la Natalie que conoció y hasta parecía un poco más animada y espontánea que antes. Luna estaba equivocada, nadie la atacó. Se colgó de su brazo y la jovencita respondió con un cálido beso en su mejilla.
-Me encanta cuando eres tan dulce – murmuró Rei
-¿Dulce? Ah – rió animadamente – lo dices por Lind – meneó la cabeza en negativa – eso no es dulce, esto lo es – y al oído le susurró uno de sus bellos poemas
Después de la exposición fueron a cenar. El restaurante lo escogió Rei, uno muy elegante donde alguna vez fue con Mina. Estaba tomando la mesa del rincón cuando la morena se dio cuenta en qué se entretenía tanto Mina como para haberla olvidado.
-Tu amiguita – reía la niña de ojos marrones – y un galán
-¡El príncipe!
-¿Cómo? – la miró asustada
-Es que le pusimos el príncipe porque es muy guapo y… rico – se sonrojó
-Ah – respiró aliviada
Los ojos de la morena se encendieron de odio descomunal observando cómo su amiguita rubia besaba y acariciaba al elegante hombre ¡Le doblaba la edad! Podía se su padre y al final se trataba que ella se atrevió a olvidarla ¿No lo hizo también Rei?
Le suplicó porque se quedara a su lado pero ella se fue apenas la vio mejor. Jugueteaba con una pelota en la sala de su casa pensando en ello, creyó que esta vez lo había hecho bien y por fin Michiru sería suya… como alguna otra vez lo fue. Oyó a Amy carraspear buscando tener su atención. Dejó por la paz su juego y volteó
-No sabía que tu padre estaba aquí
-Si quiere quedase no me importa – musitó la rubia recargándose en el brazo del sillón
-¿No ha funcionado lo de Michiru?
-Ah – contestó con un gesto de desdén – no le presto mucho interés… Pero – bajó la mirada – y si no estuviera funcionando ¿Crees se de cuenta la engaño?
-Conociéndola la respuesta es sí… pero el amor puede más y si fue capaz de atacar a Setsuna por protegerte aún a sabiendas en lo que te estabas convirtiendo entonces no escuchará mucho a su razón
-¿Y qué seguiría?
-Finge, dale la historia de amor que tanto espera ¿O me dirás que no has entrado en sus sueños?
-No puedo… es peligroso ¿Y si se da cuenta? La perderé para siempre
-¿Te importa?
-No – contestó de inmediato frunciendo el ceño
-¿Y entonces? Nada que perder
-Sí – desvió la mirada a la ventana – nada que perder…
¿Cómo iba a perderla si ella ya no quería estar a su lado? ¿Por qué eligió ser un Dios y peder al amor de su vida? No, ella eligió defender a la mocosa esa sobre su propia vida y la condenó. Se incorporó del sillón, no perdería sin pelear, no se convertiría en el Dios caído, el alma de los condenados. Supervivencia.
-Cariño – saludó Joan – ¿Cómo te fue en el examen?
-Bien, mira, es un siete pero no está mal
-Creí pensabas sacar diez…
-Ah – se rascó la cabeza inquieta – decidí no hacer trampa y estudié… ¿Te disgusta?
-No – la besó en las mejillas – al contrario me encanta la idea. Saldré en la tarde ¿Quieres venir? Iré a tomar un café y de allí a Insomnio – le susurró al oído
Ya iba en la puerta cuando vio a su padre salir del estudio con el príncipe negro. Haruka gruñó y maldiciendo salió de la casa. Odiaba a su padre, odiaba lo que implicaba tenerlo de regreso porque de nuevo eran la misma familia: él aferrado a sus negocios, a su mundo donde no cabía anda más allá del poder y el dinero y ella solitaria intentando vivir en un mundo que no la comprendía.
-Te amo – le musitó a Joan.
-¿Cómo? – Por primera vez le decía estas dulces palabras, no le molestaba sino le asombraba porque a pesar en lo que ella se convirtió, el amor por Michiru no se desvaneció, o por lo menos eso creyó
-Llegamos – señaló el famoso antro
Amy logró recuperar Insomnio y qué más le quedó a Melissa que vendérselo pues cada noche los ángeles de Dios lo atacaban y por el día los grandes abogados de Tenoh imponían su ley con demandas y multas sin razón.
-Bienvenidos
-Tomaré la mesa de siempre
Ruido, música, personas, segundos de placer, instantes en que la humanidad entrega su energía para el nuevo Dios, para el renacer de esa era en que ella gobernaría. Tomó de la mano a Joan para llevarla a la pista.
-No hay mejor lugar que estar aquí
-Ya lo creo – sonrió la chica – tengo sed , traeré las bebidas – y entre risas escapó a sus besos
Cerró los ojos unos instantes dejando que el ruido de su mente fuera apagado por la música del antro. Una vocecita que la llamaba la obligó a abrirlos de nuevo. Su mirada se topó con esos enigmáticos ojos verdes.
-Qué quieres
-Nada – masculló Lindsay tomando asiento frente a ella – decirte un par de cosas… No me parece juegues con Michiru, es algo demasiado vil y bajo hasta para ti
-¡La defensora de los condenados!
-Como quieras – rió alegremente – creo que no te has dado cuenta pero ella no te ama… No igual, sabes el amor es algo muy delicado y fácil de extraviar
-¿Qué quieres decir?
-Nada – sonrió con cierta picardía – Déjame explicarte: Tú le pediste se quedara contigo esa noche y yo le pedí viniera a quedarse conmigo ¿Qué eligió?
-¿Cómo? – levantó la ceja divertida – ¿Crees me interesa lo que esa niña haga con su vida?
-Entonces deja de jugar al romance con ella… Me ama y prueba de ello es que se quedó conmigo esa noche y no contigo, qué triste es saber perdiste al único amor real de toda tu existencia
-¿Qué es lo que quieres?
-Ya te dije que la dejes en paz… ¿O qué más me puede ofrecer un Dios insípido como tú? ¿La gloria, el amor, eternidad? Todo lo que deseo lo tengo – y su mirada se desvió a la barra donde estaba Kared tomando una cerveza – todo… Ni tú ni Natalie pueden darme nada porque yo también soy un Dios
Kared corrió sin detenerse y con toda la fuerza que la adrenalina del momento le proporcionó. Con furia y rabia golpeó la reja en espera de que alguien acudiera a la puerta. Pronto los perros comenzaron a ladras y dos escoltas de la familia Tsukino habían ya salido. Por suerte para el chico Serena alcanzó a llegar antes que el susto pasara a mayores.
-Yo atiendo – dijo Serena y los hombres se marcharon – qué pasa, es de madrugada
-¡Dios se llevó a Lindsay!
-¿Qué?
-¡Se la llevó!
Comenzó su relato con torpeza. Estaban en el famoso Insomnio y aunque se resistió a ir cedió porque era una noche especial. Ya iban a casa, él abrió la puerta del auto y ella esperaba observando el cielo, Kared la golpeó en el brazo tratando de llamar su atención pero la niña parecía preocupada.
-Dijo que algo había en el ambiente y luego…
Aparecieron los ángeles de Dios, los dos muchachos que protegían a Haruka, uno más que estaba seguro de haber visto cuidando a Joan y finalmente el hombre rubio…
-Hito… no sé que más porque Lindsay parecía conocerlo… Gritó y él la tomó del cuello.
Kared intentó detenerlos usando sus poderes de Dios pero no tenía gran experiencia en ello y pronto con un golpe Hito lo noqueó. Cuando despertó estaba tirado aún en el estacionamiento y Lindsay al igual que los hombres se habían esfumado
-Dijeron algo
-No, solo tomaron a Lind – se soltó a llorar – Sailor Moon rescátala… Dios la necesita… para matarla
-¿?
-Es el alma de los condenados y las bestias la devorarán todos los días hasta la eternidad buscando restaurar el orden
-Espera aquí – corrió a su habitación – iremos a casa de Haruka, si Dios se la llevó allí estará
Hito tomó asiento en el estudio, respiraba con cierta dificultad mientras el príncipe negro lo observaba con cautela. Con una seña el hombre rubio le pidió lo dejara solo. Tenía mucho en qué pensar y cómo manejar la situación que tenía frente a él. Hacía unas horas había regresado con Lindsay pero ahora no tenía una idea clara de qué hacer, en unas horas más llegaría su hija y no le tomaría mucho tiempo averiguar lo que hizo.
-Mátala es sencillo – sonrió la jovencita
-No puede pedirme que me arriesgue a desatar la ira de mi propia hija… Sé que esa niña le interesa
-¿Lindsay? – rió animadamente – como quieras – y entre el humo rojo se esfumó
Avisó a los ángeles para que en cuanto su hija llegara le avisaran, él mismo le diría lo que sucedió y si conocía bien a Haruka tenía una oportunidad para manipular su humanidad y sería ella misma quien acabara con la niña
-Veo que te diviertes padre – entró la joven al estudio
-Ya te enteraste… Lo he hecho por nosotros – sonrió – por ti ¿Quieres que tu dulce Michiru siga teniendo motivos para desencadenar la guerra de los Dioses?
-¿No los tiene ya?
-No, puedes culparme a mí… te manipulo y maltrato, tú sin salidas no has podido llegar a tiempo para detenerme y ella…
-No me interesa lo que hagas – se metió las manos a los bolsillos – sal de mi casa y llévate a esa mocosa
Haruka se tiró en la cama. Joan se estaba duchando. Cerró los ojos para dormirse, estaba muy cansada pero tal parecía que ésta sería una noche muy larga, alguien llamaba su habitación
-Qué quieres
-Su padre se va… con esa niña
-Sí y qué – contestó enfadada – no me molestes con trivialidades
-No puedes permitirlo – dijo el príncipe negro autoritario como siempre
-¿Por qué no?
-Porque esa niña puede serte más útil de lo que esperas
-Alardeó de ser un Dios que se libre sola del problema… Si puede – rió a carcajadas
-¿Y si te dijera que ella puede enseñarte a ser Dios? Hasta podría devolverte el amor de Michiru
-¡No me interesa! ¡Lárgate! ¡Lárgate!
Y aunque el príncipe negro se marchó su descanso no duró mucho. Acaban de llegar Serena y Kared implorando por verla. Enfurecida se levantó para recibir a sus no gratas visitas.
-No está aquí – bramó la rubia – fuera… ¡Fuera!
-Se la llevaron tus ángeles
-¿Ves alguno? – lo tomó de los cabello para que viera el enorme sitio y lo vacío que estaba – no la tengo… ¡Para qué la quería yo!
-Porque es tu sangre – musitó el niño entre llantos
-¿Cómo?
-Ella también es parte de la herencia del Dios que te parió y…
-Ella se atrevió a decir que era más que un Dios, no necesita de mí ni de nadie así que si está en problemas es por la sarta de estúpidos juegos que realizan… ¡Ahora fuera!
-Por favor Haruka ayúdanos por favor… Si nos pudieras decir
-¡Cabeza de bombón no tengo ni idea! Aquí no están
No acaban de irse cuando su móvil ya estaba sonando, ahora Michiru exigiéndole verla. Seguramente ella también creería que estaba detrás del secuestro de esa niña. Entre pétalos de rosas desapareció para reaparecer frente a la joven de cabellos aguamarinos
-Qué quieres – la falta de sueño le afectaba a su humor ácido
-¿Por qué te llevaste a Lindsay?
-Yo no fui. Lo que hacen o no mis ángeles no es mi asunto ¡Y no me molesten con estupideces! Si ella dijo ser Dios que se defienda sola de la ira de mi padre
-¿De la ira de quién? – pero ya Haruka había desaparecido
Miles de pesadillas la acecharon esa mañana. Despertó más cansada que cuando se fue a dormir, Joan la atendía como si fuera un niño pequeño, la amaba con todo el corazón a tal grado de no importarle nada más allá de su felicidad. Emitió un suspiro y se recostó en su regazo, la joven la besó con pasión.
-Debes rescatarla – le musitó al oído
-¿Por qué? No es mi asunto – luego rió – no prefieres algo mejor – la besó con esa misma pasión que Joan desató primero. Poco a poco la recostó en la cama, delicados besos se disiparon a lo largo de su cuerpo – podemos hacer algo mejor… ¿O prefieres me vaya?
-Sabes no – rió sintiendo su aliento en el cuello – pero debes ir a trabajar. Así que no me uses de pretexto
-¿Prefieres me vaya? Qué mal… Creo he perdido el toque – sonrió separándose de ella
-Espera – la sujetó con fuerza de la camisa para unir sus labios a los de ella hasta dejarla sin aliento. Fue un beso tan intenso y largo que cuando se separó de Haruka la rubia se sentía desfallecer de pasión. Antes que reaccionara e intentara un beso igual Joan agregó – si te tardas en regresar me quedaré dormida y…
-Voy y vengo – dijo sin dejarla terminar – no te vayas… No tardaré – en la puerta le lanzó un beso
Hizo la mitad de tiempo a la casa de su padre. Sabía que ahí debía tener a Lindsay y seguramente se disponía a matarla, si ya todo mundo la culpaba de su secuestro nadie dudaría ella encargó la mataran. Invocó al viento que con su furia rompió cualquier barrera que le impidiera entrar a la residencia
-¿Dónde está? – le preguntó a uno de su ángeles
-En el sótano mi Dios – cayó de rodillas temeroso de esa fiera mirada
-No te atrevas – se escuchó la voz de su padre detrás de ella
-No he venido a verte – contestó con ironía – ella viene conmigo…
No terminó de decirlo pues su padre se había transformado en una de las bestias de Dios. Sus ojos azules resplandecían en aquel grotesco rostro negro, las dos alas negras que se desplegaron de su espalda comenzaron a crear un viento poderoso pero Haruka logró retener el impacto. La rubia rió pensando en lo ingenuo que se veía el hombre intentado retar a un Dios
-¿Crees estoy solo? – se mofó de ella
Así era, allí mismo estaban dos bestias más. Una de ellas tenía la impresión de haberla visto antes, sus ojos tenían un brillo magistral y enigmático, muy parecido al de los ojos de Lindsay. Desplegó una ola de fuego impresionante. La otra bestia agitó sus poderosas alas negras para generar varios rayos eléctricos. La rubia no pudo hacer mucho, cayó al piso por el impacto. Las bestias se disponían a arrancarle la piel pero un tremendo impacto las dejó fuera de combate. Haruka ya no pudo ver quién la salvaba, su sangre le escurría por el rostro nublando su vista, escuchó la voz cavernosa de su padre y después todo fue confusión.
