Inuyasha solo esperaba que su plan saliera bien. Aunque después de todo, dar clases de Física para que la linda e inocente Ahome se hiciera pasar por su novia no había sido tan malo. Su disfraz de novio le había servido para sacar unos cuantos gozos.
Disfraz de novio
By Reina Momo
Capitulo Ocho
Preparativos.
Pensé que en ese momento Inuyasha era vulnerable. Y lo hice por el simple hecho de haber presenciado la más sincera sonrisa que había visto jamás en él. Era como la de un niño: completamente pura. No lo había visto reír con tanta efusión y sin carga alguna de arrogancia. Evidentemente había bajado sus defensas. Y yo como ignorante del motivo por el cual había construido semejante muro.
Lo observé mientras andábamos de vuelta a nuestra ciudad, cuarenta minutos de donde nos encontrábamos. Hizo el recorrido con una leve sonrisa en su rostro. De seguro estaría de buen humor y eso me alegró.
Por lo general, Inuyasha no era un joven que mostrara sus verdaderos sentimientos, me había dado cuenta en este tiempo y además recordaba yo una charla telefónica con Miroku, quien me había contado un par de cosas sobre él. Me contó, ente otras cosas, que Inuyasha había sido un buen chico dulce, pero que de pronto cambió. No me dijo el por qué y yo tampoco pregunté. Entonces pensé en la relación que podría tener su enfado, la foto, el nombre Lime y el helamiento; obviamente en el marco de estos últimos días.
Llegué a mi casa a las once de la noche. Luego de evadir las preguntas de mi madre acerca de mi novio con simples "Entendiste mal" o "Era un broma" , me dirigí a mi cuarto y me acosté a dormir — sin comer— puesto que estaba sumamente cansada.
Esa noche tuve otro sueño con Inuyasha como protagonista. Esta vez lo recordé a la perfección. El y yo bailando abrazados en medio de un salón. No podía ver a nuestro alrededor puesto que estaba oscuro, pero aún así, sabía que había gente junto a nosotros. Era como en las películas que se ilumina un sector, nuestro sector.Fue extraño por que de repente me llamó Lime y en su mirada descubría otra faceta de él. Que raro. Entonces lo miraba confundida y cuando iba a preguntarle simplemente alguien me alejaba de él.
Así que de verdad el rostro de Kouga se me había quedado grabado, oh si.
Cuando comenzábamos a bailar me desperté. Entonces la luz del sol me quitó por completo el sueño.
Luego de desayunar viajé hacia mi trabajo como hacía todos los días. Creo que llegué algo tarde en un mal día puesto que cuando vi mi oficina tuve que enfrentarme a una fila de chicos esperándome.
Corrí hasta la puerta y sonreí apenada.
—Lo siento, lo siento… -rápidamente saqué las llaves. No se por qué motivo me había puesto nerviosa, pero las llaves resbalaron de mis manos mas de una vez. Pude oír varios suspiros de frustración- ¿Por qué…? –Susurré para mí al no poder abrir la puerta con ninguna de las llaves-
— ¿Te molestaría apurarte? –preguntó un muchacho detrás mío con cierto enojo ¿Pero que se pensaba? ¿Qué me gustaba hacer el papel de inútil? Idiota-
— Lo estoy haciendo ¿No ves?
Intenté con todas las llaves pero ninguna funcionaba. Oh no, ¿Es que las había olvidado en mi casa? Trague saliva de espaldas a los, creo, ocho estudiantes. Me pasé la mano por la frente y puse mi mejor cara de… ¿Azafata…? Cuando giré para verlos.
— ¿Adivinen que? ¡Olvidé las llaves! –Me reí sin ganas para probar si eso les quitaba la molestia, pero encontré que mi sonrisa era la única en el pasillo- Oh, que plato…
Sonreí nerviosa. Los muchachos comenzaron a quejarse y yo no supe que responder. De repente vi pasar a Miroku. Oh, él estudiaba la misma carrera que Inuyasha solo que un año menos. Le grité para que me rescatara.
— ¿Qué sucede aquí? –Alzó la voz para que todos lo oyeran y puso su mejor cara de malo- Todavía no es el turno de la señorita, faltan cinco minutos. Pueden ir a hacer sus cosas, no se queden esperando aquí.
Los muchachos le discutieron mientras yo continuaba buscando las llaves esta vez en los bolsillos de mi pantalón. El ruido me sacó una sonrisa y alcé las llaves triunfantes.
Abrí la puerta y rápidamente busqué los programas y calificaciones de los estudiantes con la ayuda de Miroku y cuando por fin nos deshicimos de ellos abrí las persianas y las ventanas para que corriera aire.
Me senté en mi silla y Miroku me imitó a través del escritorio.
— Gracias, Mirulino –sonreí-
—De nada, eres tan…despistada –sonrió pero no me miró- creo que puedo entender porque le g…- se interrumpió-
Lo miré completamente confundida. Lo había escuchado ¿Qué iba a decir?
— ¿Por qué que? –su cara de poker me indicó que no iba a responderme, así que cambió de tema-
— ¿Qué? Oh, hace calor aquí –fue hasta una de las ventanas y re apoyó en ella con la brisa pegando de lleno en su cara-
— si, si. ¿Qué ibas a decir?
— ¿Yo? ¿Cuándo? Nada…
— ¿Miroku acaso piensas que soy tonta? –pregunté. No me gustaba que se echaran atrás cuando estaban por decirme algo. Cuando vi que abrió la boca para responder me apresuré a decir- ¡No me contestes!
Miroku rió.
—Iba a decir que ahora entiendo por que le ganas a todos en…eh… ingeniosidad.
— ¿Y eso que tiene que ver…?
Entorné mis ojos y fruncí mis labios. Algo me decía que Miroku no estaba siendo del todo sincero, pero aún así decidí que no iba a insistir sobre ello.
— El viernes necesito que me prestes a Sango- cambié radicalmente de tema recordando aquella maldita fiesta-
— Oh…Inuyasha mencionó algo …-soltó una carcajada- de verdad él es un suicida ¡Tu no sabes mentir!
Su risa me rompió los tímpanos y entonces yo abrí desmesuradamente mis ojos chocolate. Oh, rayos…es cierto, yo no se mentir. Además Inuyasha me había dicho poco sobre nuestro supuesto noviazgo. Mi corazón comenzó a latir incluso cada vez mas deprisa conforme los segundos pasaban con el simple hecho de imaginarme conociendo a su padre.
—Dime… ¿Qué tal es su padre?
—Oh…bueno, despreocúpate, no tan es malo…
¡¿Cómo que no es tan malo?! Cerré los ojos y me levanté de donde estaba. Me coloqué frente a él con una mano sobre mi boca y la otra en la cintura. Miroku llevaba razón con respecto a que aquí hacia demasiado calor.
—La verdad –supliqué. Miroku resopló profundamente y me miro con la burla instalada en sus ojos-
—Va acribillarte.
Yo asentí. Supongo que debería ser valiente. Después de todo ¿Qué sería lo peor que podría pasar? Que nos descubrieran y que, por lo tanto, Inuyasha perdiera su puesto como presidente. Si nos descubrían por mi culpa, entonces tendría que revivir del ataque de su padre para que Inuyasha repitiera lo mismo. Oh, no era tan malo…
Abracé a Miroku y sollocé. Claro que las lágrimas no salían de mis ojos, pero tenia miedo.
Los días entre ese miércoles y viernes pasaron increíblemente rápidos. Pensaba día y noche en ello y cuando me di cuenta tenía el encuentro encima. Inuyasha me había dado unos consejos de último momento como para facilitar las cosas con su padre. Femenina, sonriente y por sobre todas las cosas me pidió que no hablara tanto. Oh, me había ofendido. ¿Ese Inuyasha que se pensaba al pedirme que no hablara tanto…? Creo que había logrado cierto avance en nuestra extraña relacion ya que estaba mas charlatana con él. Bueno, después de todo, las cosas serían mas fáciles si él le explicaba las cosas de entrada. Quizás le quitaba todas las dudas que pudieran surgirle y no tendría que preguntarme nada.
¿Pero que pasaba si le caía mal? ¿Y si no era de su agrado? ¿Y si no me consideraba una mujer apta para su hijo? Tenía miedo, y mucho.
Decidí que mis especulaciones iban a quemarme el cabello como que siguiera con ello, así que luego de la ducha, y de ponerme mi vestido y zapatos verdes, me entregué al arte de maquillar que practicaba Sango.
Me recogió el cabello con unas simples hebillas que, realmente, me daba un aire despreocupado y atractivo. Me coloreó los parpados de un color verde oscuro, no muy recargado, en realidad, era algo bastante sutil que me agradaba. Mis labios los pintó de un color apenas mas oscuro que el natural y colocó brillo labial sobre él. Oh, también me colocó un líquido ardiente que hacía que no se me saliera el labial.
A pesar del maquillaje, lucia muy natural.
—¿No soy genial? –Preguntó sango- ¡te ves preciosa! –Me depositó un beso en la frente y me miró sobre el reflejo del espejo-
— Gracias, te amo –fruncí el ceño preocupada por lo que se avecinaba y me levanté del asiento-
Juntas salimos de mi habitación y nos dirigimos al living de mi casa. Mi madre estaba cocinando y Souta me miró de reojo cuando entre en la habitación. De nuevo jugando con esa cosa.
— ¿Ya te vas…? –Preguntó con cautela-
—Si –me senté a su lado y le quité el joystick para jugar un poco-
Esos zombies eran demasiado rápidos, malditos. A mi lado, Souta protesto por mi mala habilidad para jugar. ¿Qué pasaba? Yo no era tan mala jugando…
— Esta en Experto –me aclaró adivinando mis pensamientos. Hey, había algo raro en su voz-
—Ya decía yo que no jugaba tan mal- Saque un pedacito de lengua y la apreté entre mis dientes formando una imagen de niña concentrada- ¡Ponme mas vida, rápido! ¡Oh! ¡Rápido! –Grité Souta tomó el joystick y con rápidos movimientos colocó spray al personaje-
—Eh…¿A que hora vas a volver? –me preguntó dejando el juego en pausa-
—no lo se, tarde supongo –Souta observó la mesita ratona que separaba los sillones. Oh esa carita- ¿Qué pasa? –le pregunté- No me digas que estas celoso –le sonreí y lo abrace. Ambos caímos sobre el sofá, yo encima de él-
— ¡Mentira! ¡Sal de encima, Ahome! –Echó su cabeza hacia atrás cuando iba a darle un beso en la mejilla-
— ¡Estas celoso! –me reí. Ese chico era una dulzura- ¿Se puede saber por qué? Pensé que sabías que tu eras mi hermanito pequeño, hermoso y preferido.
— Pues ahora pasas tanto tiempo con Inuyasha… - Hizo esfuerzos y logró sentarse, yo aún seguía colgada de su cuello-
Sango me miró sonriente. Siempre le había caído bien Souta. Era un chico muy perceptivo con respecto a lo que sucedía a su alrededor, era amable y un amor de persona. Además me divertía demasiado con él y, obviamente, lo amaba por sobre todas las cosas. Intenté ponerme en su lugar y de echo no me costo nada. Aun recordaba la niña que salía con él meses atrás. Una tonta en regla, no se que le había visto Souta siendo tan perfecto, mi pequeño lindo de catorce añoss.
—Pero es por un tiempito –sin quejarse ni alejarse me dejo darle otro beso en su mejilla. De verdad la sustancia que me había colocado sango era milagrosa. No tenía ni una marca de besos en su rostro- Además, si es eso lo que te preocupa, yo te quiero mas a ti.
Con rápidos movimientos de mis dedos en sus costillas le saqué varias sonrisas. Me detuve cuando escuché el timbre de mi casa sonar.
Fue Sango quien abrió la puerta y le depositó un beso en la mejilla a Inuyasha. Ellos ya se conocían gracias a Miroku. Souta se paró de golpe y miro fijamente a Inuyasha, este le extendió su mano en forma de saludo. Miré a Inuyasha estupefacta al verlo por primera vez en traje. Rayos, se veía tan sexy…
O sea, no. Inuyasha no se veía sexy, se veía mas que eso. Oh Dios, ¿Que me estaba pasando…? Supuse, entonces, que el pasar "tanto" tiempo con él me había contagiado de Pervertinitis, nombre inventado por mí, claro está.
Oh, bien, siendo sincera, ni que fuera pecado pensar así de un hombre como él…
Lucía el mismo traje negro que había comprado en aquella tienda de ropa y se le veía efectivamente bien. Llevaba el primer botón de la camisa blanca desabrochado y la corbata suelta alrededor de su cuello.
Fue cuando lo miré a los ojos que me percaté de su mirada. Me miraba de la misma forma en que yo lo miraba a él y parecía sorprendido también. Con su mirada cargada de seducción me mostró una leve sonrisa.
— ¿Vamos? –me extendió una mano. Yo me levanté del sofá y la tome sin vacilar. Me reí no se de que-
—Si, adiós Sango –Souta me soltó un leve golpe en mi espalda y rió- adiós Souti.
De seguro Sango se quedaría un rato mas charlando con mi madre y mi hermano. Yo, me deslicé por el asiento del acompañante cuando Inuyasha me abrió la puerta y anduvimos rápidamente — de la manera que Inuyasha amaba conducir— los treinta minutos que nos separaba del salón donde se llevaría a cabo la cena. Cuando llegamos, Inuyasha aparcó el auto frente al recinto y antes de bajar del auto me miró intensamente.
—Hey, pequeña, estas linda –tomó uno de mis rizos y jugueteó con él cuidadosamente- necesito que me anudes la corbata.
Me sonrojé pero me giré para anudarla. Lo acerqué a mí para poder hacerlo bien y mientras lo hacía él parecía divertirse soplando aire en mi rostro.
—Ya deja de hacer eso –ajusté fuertemente la corbata. Me reí cuando creí que iban a salírsele los ojos por la presión que había puesto en ella- Ups, lo siento.
—Asesina –expresó con la voz entrecortada- te va a salir muy caro si sigues intentando liquidarme.
— ¿Ah si? –sonreí de costado. Aun seguíamos cerca y en verdad me agradaba aquella cercanía, aunque jamás iba a admitirlo-
Me pregunté si a Inuyasha le sucedía lo mismo.
—Oh si –me miró los labios. Entonces fue cuando tomé conciencia y me alejé de él con el carmesí en mis mejillas. Hasta el tabique era de ese color- ¿Es que siempre vas a sonrojarte cuando me acerque? –rió-
—Últimamente te comportas de otra manera –dije completamente avergonzada- no se si estarás bromeando o que. Oh si, creo que es eso…
—Puede ser, puede ser… ¿Por qué lo dices exactamente?
Tragué saliva. Se me hacía difícil confesarle las causas por las cuales yo pensaba eso. Me daba vergüenza, pero tomé coraje y hablé.
—Primero me dices, prácticamente, que parezco un chico –hice sobresalir mi labio inferior levemente- que no soy femenina y bla, bla, bla. Ahora me dices que estoy linda y te comportas…-me interrumpí. No era necesario que le recordara lo que me había dicho sobre el escritorio de la oficina en la facultad. Yo sabía que eso no podía ser cierto-
—¿Crees que cambié? Pues a decir verdad yo me siento distinto… y no me agrada tanto el hecho -miró hacia delante con la mirada ausente por unos cuantos segundos, luego giró y con una sonrisa pronuncio- Por cierto, siempre me pareciste linda.
—Oh…
Fui yo quien miro al frente esta vez y sentí mis mejillas arder con fogosidad. ¿Por qué tenia que ser tan tonta! ¡Dios!
—Y otra cosa…-siguió- ¿Comportarme como? Siempre me comporto de la misma forma con las mujeres…
Oh si, idiota, yo era una mas.
—¡Conmigo no!-chillé- Eres diabólico y grosero. Además te gusta avergonzarme.
El soltó una carcajada.
—Eso es por que tú te avergüenzas de todo. Pero si lo deseas puedo darte el mismo trato que a Kikyo –me guiñó un ojo y puso una mano sobre mi muslo. Instantáneamente se la golpeé y la aleje de mí-
Hablé con notoria molestia en mi voz.
—Mejor bajemos ya.
Abrí la puerta del coche y la cerré suavemente. Sabía lo histérico que se ponía cuando maltrataban a su auto, eso incluía portazos, rasguños, leves empujones y boberías como esas. ¡Yo no tenía uñas! ¿Con qué iba a rayárselo? Supuse que sus gatitos si las tendrían…
Entonces entramos al recinto.
El lugar estaba pintado de un color rojizo bien oscuro y tenía grandes tablones de madera cubriendo la mitad de los muros, además de numerosos y costosos cuadros y una horripilante cabeza de búfalo frente a la puerta de entrada.
Había mucha gente allí con lujosos trajes y vestidos. Mas de la mitad tenían de treinta y cinco años para abajo y el resto superaban los cincuenta.
Caí en la cuenta de que nuestra actuación había comenzado cuando Inuyasha, seriamente, me tomo de la mano.
—¿Lista? –preguntó observando el lugar.
Esta sería nuestra primera prueba.
