Inuyasha solo esperaba que su plan saliera bien. Aunque después de todo, dar clases de Física para que la linda e inocente Ahome se hiciera pasar por su novia no había sido tan malo. Su disfraz de novio le había servido para sacar unos cuantos gozos.
Disfraz de novio
By Reina Momo
Capitulo Diez
Mejor un dedo en el…ombligo.
Se habían hecho las tres de la madrugada y nosotros dos ahí, sentados a una mesa repleta de accionistas e ingenieros del taller. Cada uno con sus respectivas esposas a su lado, oyendo las estúpidas anécdotas y accidentes dentro del taller aeronáutico.
Le eché una rápida mirada a Inuyasha que estaba a mi lado y vi, en sus ojos, el reflejo de mi fastidio. Así que él también padecía este momento. Pues ya lo imaginaba a él, en sus tempranos veintidós años, dejando a un lado la cena y corriendo en busca de diversión.
Había conocido a mucha gente es estas horas, me había dejado sujetar por los fuertes brazos de Inuyasha y había oído empalagosos relatos sobre nosotros dos en las bocas de varias señoras adineradas. Pero sin duda, lo que me dejó perpleja en esta noche, había sido la inopinada presencia de Kikyo en nuestra mesa. Su rostro perfecto no dejaba de sonreírle a Inuyasha, y claro que él tampoco dejaba de mirarla. Estaba realmente preciosa con su vestido rojo oscuro. Llevaba el pelo recogido y los labios pintados de un bermellón furioso. Creí que jamás vería a alguien como ella y de verdad admiraba su belleza. En un espejo improvisado de mi imaginación, quise reflejarme como la versión verde de Kikyo, pero, obviamente, yo no le llegaba ni a los talones. Aquel vestido le remarcaba el cuerpo endemoniado que poseía y en cambio yo, con mi vestido holgado, no podía hacerle frente, y creo que aunque llevara bikini jamás me igualaría a su perfecta figura.
Seguramente Inuyasha podría ser la pareja perfecta de Kikyo. Él era muy guapo y jamás haría contraste con ella, ni le quitaría el brillo.
Al diablo ella e Inuyasha.
Por el momento, yo era su novia y el resto quedaba en la nada. Así que podía simular que él era mío y de nadie mas.
Mío.
Me atraganté con mi propia saliva cuando maquinaba aquel pensamiento. Entonces todos en la mesa me miraron preocupados y yo me puse roja, no se si de vergüenza o porque en realidad no podía respirar.
—¿Ahome? –Inuyasha reprimió una risa mientras yo continuaba tosiendo-
Kouga, que se encontraba a unas sillas de mí, se levanto de golpe y me obligo a sentarme en el suelo alfombrado para masajearme la espalda.
—Respira tranquila –me aconsejo-
— Hey –desaprobó Inuyasha y lo empujo suavemente para que se alejara de mí-
A medida que mi respiración comenzaba a fluir con serenidad, me limpie el cristal de mis ojos y abordé a reírme, solo para ellos dos.
— ¿Estas bien? –Inuyasha agarró mi mentón con su dedo índice y me limpió las lágrimas ineludibles que habían salido de mis ojos sin que yo las notara-
—Si…que vergüenza…-susurré-
—Vamos al baño –me sugirió con un tono poco confiable-
Me tomo de la mano y me guió hacia el mismo baño al que yo había recurrido horas atrás.
Entramos en él y cuando Inuyasha cerro la puerta, se apoyo sobre ella para mirarme con la burla emanando por los poros.
—¿Con que te atoraste?
—con saliva –conteste a secas-
Claro, fue eso luego de que me tomara por sorpresa un ataque celos.
Si, celos.
Si, un ataque.
—¿Acaso te entrenan para hacer el ridículo? –rió-
—Cállate –lo mojé con el agua que salía de la canilla-
—Me haces reír tanto, pequeña idiota. Por lo menos salimos de la mesa ¿Verdad?
—Si…-concordé- por cierto Inuyasha…¿Qué hace Kikyo aquí?
Levanto las cejas y suspiró. Clavo aquellos dos soles en mí y yo solo pude maldecir por dentro el que sea tan guapo. ¡Dios! ¿Qué me pasaba?
—Ella es la secretaria de mi viejo… -me miró, yo, por descarte, adiviné lo que seguía-
—¿Ella será tu secretaria cuando asumas? –pregunté, claramente molesta, y quise arreglarlo antes de tenerlo sacando conclusiones, posiblemente, ciertas- Digo, debe ser genial para ti… ¿Verdad?
Di que no, maldita sea.
—Supongo… ella se pone un poco pesada a veces…ya sabes…
—Oh si… -conteste imaginándome a Kikyo persiguiendo a Inuyasha- pobre de ti –ironicé-
—si, pobre de mi, solo falta que me acoses tú… -soltó como quien no quiere la cosa-
—No deberás preocuparte porque no sucederá ¿No es genial?
—No se, nunca lo intentaste –dio un paso hacia mí y yo con extraña habilidad abrí la puerta del baño-
—Sal, este es el baño de mujeres.
—No veo a ninguna mujer aquí –bromeó-
— ¡Inuyasha!
— ¡Esta bien! No grites…te espero afuera…
Y cerró la puerta. Yo mientras tanto me mire al espejo y recapacite sobre lo que había estado pensando antes de asfixiarme.
Celos.
Ese sentimiento espantoso que te hace pensar miles de cosas a la vez. Todas en torno a dos únicas personas y en mi caso era Inuyasha…y Kikyo. El solo hecho de pensarlos juntos en una misma cama y abrazados hacía que me hirviera la sangre. Y lo peor era que eso ya había sucedido quien sabe cuantas veces. Y lo peor, también, que ella se regodeaba de eso cada vez que me miraba, o por lo menos durante esta noche.
Y lo peor, aun peor, era que a mí me gustaba Inuyasha.
¿Por qué tenia que ser así? ¿Por qué gustar de un maldito mujeriego? Inuyasha podría ser para mi el chico mas hermoso que hubiera visto. Claro que lo era. No supe que era lo que me había atraído de él además de su perfecta figura y rostro. Era grosero, desconsiderado, idiota, inteligente, lindo, orgulloso, gracioso, protector, lindo, terco, impulsivo, lindo, lindo, lindo.
Estaba patéticamente enamorada de él. Para mal, yo estaba segura de que él no sentía lo mismo. Yo no seria jamás la mas linda para él, ni la mas inteligente, ni siquiera tenia buen cuerpo, ni tampoco era femenina ante sus ojos. Jamás le quitaría el sueño, ni lo tendría pensando en mí o preocuparse por cada cosa que yo hiciera. Era tan solo la tonta ignorante en física que una vez conoció en una estación de subte y luego en una fiesta. La que lo ayudaba a armar todo este embuste.
Una mas.
Una que le decía no a cada pequeño paso que él daba, solo para no perder su reputación de winner. No porque en verdad le gustara, no…
Gire mi cabeza hacia la puerta luego de oír unas risitas. En una última miradita al espejo me acomodé el vestido y metí un rizo detrás de mi oreja. Al instante abrí la puerta tan solo unos centímetros para espiar de que se trataba esa débil diversión.
Desagradable. Kikyo e Inuyasha besándose como si de ello fueran a salir bebés.
Menos mal que Kikyo se ponía pesada…
Salí del baño y cerré la puerta lo mas fuerte que pude para que ambos me oyeran. Aun con Kikyo besándole el rostro, Inuyasha me miro con uno de sus ojos cerrados. Solo pude hacerle fuck you y caminar lejos de allí. No sin antes oír otras cosas…
—…espera Kikyo…
— Anda, no nos ve nadie…¿Hace cuanto no te veo? Vamos a divertirnos.
— ¿Kikyo po…?
Silencio. Ya me imaginaba por que. Idiota desconsiderado. Ya iba a ver. ¡Me molestaba con toda esta farsa y luego se iba a besarse con Kikyo! Yo debería hacer lo mismo con Kouga…oh si.
Me acerqué a la mesa en donde ya casi no quedaba nadie, debido a los nuevos lentos que se escuchaban para bailar. Me senté en mi antiguo lugar y me llene mi vaso de alcohol.
— Parece que te liberaste de Taisho… -comentó su varonil voz-
Me di vuelta y note los ojos azules de Kouga a varios centímetros sobre mi cabeza. Me levanté de mi silla para estar a su altura.
—Eso parece –sonreí-
—Es una lastima que estés con él…-rió-
—¿Por qué lo dices?
—No, por nada en especial, solo que…es una lastima que estés con alguien. Comenzabas a agradarme.
Eso era cruel, ¡A mi también me agradaba Kouga!
—¿Eso quiere decir que ya no te agrado? –puse mis manos en mi cintura haciéndome la ofendida-
—Eso quiere decir que se complican las cosas –sonrió y luego me tendió una mano- ¿Bailamos?
Curve mis labios y tome sin vacilar su mano suave y calida. Su bronceado contrastaba bastante con mi piel nívea.
Sentí de nuevo las miradas sobre mí cuando nos colocamos en medio de la pista de baile y Kouga me rodeo la cintura con sus brazos. Yo rodeé su cuello con los míos y nos acercamos bastante, ambos sonrientes.
No solo bailamos esa canción, sino las dos siguientes. Al final, me percaté con satisfacción la mirada penetrante de Inuyasha puesta en nosotros. Estaba furioso, tal y como lo quería. Al parecer ya había terminado con Kikyo y se dignaba a aparecer por aquí. En realidad no me importaba.
Con paso firme, advertí como se acercaba a nosotros.
— ¡Kouga! –Gritó, no tan alto como para captar la atención de todos- Escúchame, voy a decirte una cosa y espero no tener que repetírtelo.
Kouga me soltó y enfrentó a Inuyasha con las manos en los bolsillos. Parecía tan relajado que por un momento deseé contagiarme de su estado. Fue asombrosa la rapidez con la que mis músculos se tensaron al pensar en una discusión entre esos dos. Inuyasha, al parecer, no soportaba a Kouga, y, de éste ultimo, casi ignoraba la opinión que tendría de Inuyasha.
—Habla nomás –era lindo Kouga también. Me gustaba esa paz que emanaba en una situación así, como si tuviera todo bajo control-
Caso contrario Inuyasha. Él si estaba enfurecido lo hacia saber. No disfrazaba el enojo, era explosivo, impulsivo. Por eso temía que fuera a actuar de modo incorrecto con Kouga.
Estaba bien clara la furia en sus esplendorosos ojos. Estos fulguraban cada vez que me miraba y luego el fuego ardía implacable al fijarse en Kouga.
Disimuladamente me puse en el medio de ambos para evitar cualquier agresión, pero Inuyasha se encargó de hacerme a un lado con un suave movimiento de su brazo, del cual no pude resistir.
—Ahome es mi novia –comenzó. Esas palabras quedaban bien en su boca –
—¿Entonces? –Lo desafió Kouga con una arrogante risita-
—No se que haces bailando con ella –dio un paso hacia delante situándose mas cerca de Kouga quien dio un paso también. Yo carraspeé-
— ¿Qué pasa? –Preguntó Kouga- no veo nada malo en que seamos amigos, ¿Verdad Ahome? –me pregunto-
Yo levanté la vista hacia él enseguida y asentí con la cabeza. Aun estaba enfadada con Inuyasha por lo de Kikyo. Sus ojos dorados me miraron con desaprobación. Entonces me tomo de la mano y me llevo lejos de Kouga, otra vez. Esta vez nos refugiamos en otra mesa, muy particular, debo decir. Tenía agujeros en la madera, en los cuales entraría perfectamente uno de mis dedos. Y Se veía suave, muy suave. Inconcientemente deslicé mi dedo meñique en uno de los hoyos. Estaba frío y se sentía bien. En aquel momento enfrente a Inuyasha.
—¿Qué te pasa? –increpé-
—¿A ti que te pasa? Te pido que no te vayas con Kouga y vas y lo haces –no me miró. Estaba demasiado molesto, tanto que enfocó sus ojos en el gentío delante de nosotros
—tu no eres nadie para decirme que hacer –le desafié. Entonces giró hacia mi y volvió a colocarse a escasos centímetros-
¿Pero quien se creía para cuestionarme sobre lo que hacía con Kouga? Ni siquiera él respetaba la farsa.
—Soy tu novio, pequeña –su tono acido me volvía loca y no en el sentido cariñoso-
— Escúchame, maldito idiota –con una de mis manos tome su corbata y lo obligue a acercarse a mí. Sus ojos lucían divertidos- Estoy aquí por ti ¿Lo sabias?… ¡Y tu lo único que haces es irte con Kikyo! –grité-
Una señora nos miro sorprendida. Tanto yo como Inuyasha le sonreímos falsamente y él deposito un beso en mi mejilla, haciéndole creer que mi agarre era nada mas un juego cariñoso que no tenia porque ver. Ella rió y siguió escogiendo aperitivos.
— ¿Así que te estabas vengando, pequeñita? –Susurró. Le solté la corbata y lo aniquilé con la vista-
—A lo que voy es que a ti no te importa disimular. ¡Si yo no puedo bailar con Kouga entonces tú no puedes besar a Kikyo! –me sonrojé tanto que tuve que cerrar los ojos si no quería apreciar el triunfo en sus ojos. Al parecer el enojo se había esfumado con solo descubrir parte de mis celos-
—Oh…-soltó de repente- pero si yo te amo a ti…novia -dijo-
¡Miente! Iba a matarlo, iba a tomarlo con mis manos y lo ahorcaría en ese mismo instante por ser tan cínico. Hice el intento de juntar mis manos en su cuello pero solo una de ellas llegó a su destino, situándose en su nuca. Inuyasha mal interpretó el movimiento.
— ¿Vas a besarme?
Pero yo no lo escuchaba. Tiré de mi mano derecha pero esta nunca se movió. Por un momento temí una parálisis momentánea pero luego recordé los malditos hoyos…
Si, mi dedo estaba atascado en la mesa. Me desesperé al no poder quitarlo de ahí ¿Qué iba a hacer? Ya empezaba a molestarme. Mi respiración agitada preocupó a Inuyasha, quien me sujeto por los hombros al ver que mis ojos se ponían vidriosos. No pasaron más de tres segundos cuando de éstos salieron lágrimas.
—¿Qué sucede? –me examinó rápidamente con la mirada sin lograr encontrar nada malo en mí-
—Nada… -con mi otra mano me limpié las lagrimas. No podía contarle la verdad, mi orgullo no me lo permitía-
Y mientras tanto mi dedo se ponía aún mas violeta…
— Oye…-Se rascó la cabeza con nervios, gesto que me resulto tierno- lamento…lamento…haberte hecho llorar…
En ese momento creí que iba a derretirme. Estaba bien que Inuyasha fuera rudo, pero en estos momentos se estaba comportando de la manera más infantil. De pronto, sus erróneas conclusiones lo habían llevado por el camino de las disculpas con solo verme llorar. Asumí que había pensado que mi llanto se debía a nuestra pequeñísima discusión minutos antes de que mi dedo quedara atascado y la desesperación me carcomiera.
—Esta bien…-le seguí el juego rogando que no me descubriera, pero algún momento iba a tener que moverme de allí- ya pasó…
— ¿Quieres…ir a bailar? –Su tono dubitativo me afirmó que en esos momentos estaba evaluando mi reacción-
Mis ojos volvieron a llenarse de lágrimas y negué con la cabeza sin decir nada. Era una miedosa.
—Ve tu…- hipé y me apoyé sobre la mesa-
—No, vamos juntos.
Su tenacidad me enloquecía, tanto que golpeé el suelo con mí pié. Inuyasha sonreía confundido.
—¿Sucede algo? Sabes que puedes contarme cualquier cosa, Ahome…
Dudé. ¿Debería declinar en contarle o mejor mantener mi orgullo y, en todo caso, enojarme con él para que desapareciera de mi vista y no darle oportunidad a que mida mi grado de tontes y mala suerte?
—Si te digo…vas a reírte de mí… -no me animé a mirarlo pero disfrute cuando sus manos descansaron en mi cintura-
—Te prometo que no me reiré.
— ¿De verdad? –A través de mis largas pestañas e ignorando la nubosidad provocada por mis lagrimas observé sus facciones-
—De verdad.
Paso su dedo pulgar sobre mi rostro para secar mis lágrimas, gesto que terminó por convencerme a contarle la verdad.
—Mi dedo…-hice una pausa para evaluar su expresión. Me miraba con seriedad, con una mirada que reflejaba la impaciencia y el desconcierto. Suspiré- ¡Se atascó en la mesa! –Mi llanto imprevisto lo tomó por sorpresa y fijo su mirada en el lugar donde descansaba mi mano-
Se fijó en todos los hoyuelos de la mesa y en como mi dedo se había atrancado en uno de ellos. Entonces volvió a mirarme con su mas grande sonrisa y en cuestión de segundos rompió en carcajadas. Se reía tanto, que las personas a nuestro alrededor nos miraron con cierto interés que me aterrorizó y me hizo sonrojar. No quería hacer un papelón ahí…no otro mas.
Siempre me sucedía lo mismo, siempre pasaba vergüenza en cada evento social al que iba. O me emborrachaba, o me caía, o me atragantaba ¡O se me atoraba un dedo en una mesa!
— ¡Dijiste que no te reirías! –le reproché, aunque en realidad me gustaba verlo reír así. Era algo que no hacía a menudo-
Me percaté de la mirada de Kurenn cargada de ansiedad y sorpresa, al otro lado del salón, al observar a su hijo, pero no le di demasiada importancia.
—Lo siento –sus carcajadas fueron sofocándose hasta dejar tan solo una sonrisa en el iluminado rostro del chico- es que…no puedo creerlo –le solté un golpe en su hombro y él soltó una risita. Lucía diferente-
— ¿Qué vamos a hacer? –me desesperé al preguntar- ¿Me van a cortar el dedo? –sollocé-
—Por supuesto que no, tontita…
— ¡Pero me duele! ¡Y esta morado! Mira… -Inuyasha, aún sonriendo, agachó su cabeza para observar el dedo. Sonrió de manera extraña y se acercó a mi-
Lloré aun mas con la sola idea de quedarme con cuatro dedos en la mano derecha. Parecía una niña, estaba segura, pero tenia miedo. ¿Por qué me sucedía esto? ¿Por qué fui tan tonta de meter el dedo ahí?
— ¿Por qué? ¡¿De quien fue la idea de hacerle hoyos a una MESA?! –Grité- ¿Por qué metí el dedo, ahí, dime? –Le pregunté llorando, pero Inuyasha no me escuchaba- Me van a cortar el dedo…me van a c..
Calle. No por voluntad propia sino porque tuve los labios de Inuyasha sobre los míos, y en ellos sentí, también, una sonrisa.
Inuyasha me estaba besando.
Hola!! La publicacion mas rapida del oeste (?) bueno...AHI TIENEN. un beso.. solo uno, no se hagan ilusiones xD mas adelante van a tener mas. Sigo con la idea de actualizar mas rapido. Y bue...asuntos publicos (?).
GRACIAS. que bueno superar los cien. No se si es bueno o qué XD.
AH! En el capitulo anterior queda un dialogo (luego de que inuyasha viera a ahome con kouga) asi: -¿...? ja la onda es que aome le decia algo asi como -¿s. si?- no se si me entienden... ¡No se por qué no salió!! x)
Nada, sigan haciendome engordar de reviews!
Buena vida.
Reina Momo
En un par de minutos sale el Sol
