Inuyasha solo esperaba que su plan saliera bien. Aunque después de todo, dar clases de Física para que la linda e inocente Ahome se hiciera pasar por su novia no había sido tan malo. Su disfraz de novio le había servido para sacar unos cuantos gozos.
Disfraz de novio
By Reina Momo
Capitulo Once
Te veo, no te veo.
El calido roce me provocó un cosquilleo en el estomago que me resultó agradable. Como si fuera vértigo. Los labios de Inuyasha se sentían calidos y suaves, cómodos y húmedos, perfectamente encajando sobre los míos. Ninguno de los dos movía su boca, ambos estábamos inmóviles esperando la reacción del otro, o quizás yo estuviera tan atónita que era incapaz de moverme. En pocos segundos, y como siempre, Inuyasha tomó la iniciativa, tomándome la nuca y obligándome a separar mis labios, y profundizó el beso.
Iba lento, muy lento y esto estaba quemándome por dentro, porque, a pesar de la lentitud, la forma en que acariciaba sus labios con los míos, era apasionada. No sabría explicar todas las cosas que pensé y sentí en ese momento. Simplemente me deje llevar.
Colocó otra de sus manos en el comienzo de mi mandíbula y juntó nuestras frentes, ahora que yo le correspondía aquel beso con la misma intensidad que ofrecía él. Por mi lado, yo solo pasé mi brazo bueno por detrás de su cuello para acercarlo a mí, aunque en realidad no hiciera falta tal agarre debido a la forma y la insistencia en la que yo era sujetada.
A decir verdad, el beso no solo me había sorprendido como tal —de parte de Inuyasha— sino que la forma en la que era besada fue la que me había desconcertado aún mas. Creí que él besaría con furia, con muchísima intensidad, o mejor dicho con violencia. Tal y como lo había visto besarse con aquella chica en la fiesta o aquí mismo con Kikyo.
No se cuanto tiempo estuvimos besándonos, pero cuando por fin se separó de mi, me regaló un fugaz beso aun con nuestras frentes pegadas. Vi sus labios enrojecidos soltar un suspiro y, luego, mostrarme una sonrisa. Triste sonrisa.
—Estoy…jugando con fuego…-susurró-
Yo no entendí a que se refería pero su expresión de culpabilidad me hizo querer abrazarlo y animarlo.
—No vas a quemarte… -dije precipitadamente. Él sonrió y abrió los ojos-
—Eso espero… -inspeccionó mi rostro y soltó un nuevo suspiro antes de ubicarse a una distancia razonable de mí- rayos…
Nos quedamos en silencio un tiempo. La alegría que me invadía no tenia explicación, o quizás si. Pero instantáneamente era opacada por la sensación de amargura que me causaba ver la culpabilidad en sus ojos, y, también, la ignorancia de su sentido. ¿Es que acaso ya se había arrepentido de besarme? Tan rápido… Verlo así me hacia sentir mal, como si yo misma fuera un completo error.
Me dije a mi misma que no iba a darle mas vueltas al asunto hasta no tener certezas. Puede que Inuyasha haya actuado por impulso al tenerme vulnerable y sin posibilidad de escapar. O puede, también, que haya respondido a un sentimiento, cosa que veía tan imposible como que un león se hiciera vegetariano. No herbívoro, vegetariano. Ya se sentía: imposible esa ultima opción.
Entonces, por primera vez desde que lo conocía, fui yo quien rompió el silencio.
— Eh… ¿Qué hacemos con mi mano? –pregunte, aunque en realidad lo que quería preguntarle era por qué demonios me había besado-
Esperaba ver a Inuyasha tan ruborizado como yo, pero, en vez de eso, solo pude verlo dubitativo pensando en algo que yo desconocía.
— Voy a llamar a alguien para que corte la mesa…
—No…-gemí- lo lamento Inuyasha…-miré el suelo aun mas abochornada- no quiero avergonzarte con tu padre… -me mordí el labio inferior sin ser capaz de establecer un lazo visual. Sin embargo él me levantó el mentón y me miro fijamente-
—Hey…jamás me avergonzaría de ti. Nunca lo hiciste.
—Pero soy un desastre ¿Qué va a pensar tu padre cuando vea que están cortando la mesa por mi culpa?
Me tapé los ojos con mi brazo izquierdo. No quería ni pensar en el momento en que llegara alguien para romper la mesa y yo pudiera sacar mi pobre dedo meñique. Mi pobre dedo meñique…
— No importa que piense él. Además, a mi me agradas siendo un desastre –miró el techo amarillo esquivando mi mirada-
Desapareció de mi vista luego de pronunciar aquello. Tardo varios minutos en regresar y cuando lo hizo, era acompañado por un hombre vestido de azul que supuse seria uno de los que limpiaban. Llevaba consigo un martillo y una especie de espátula afilada. Me largue a llorar de nuevo esta vez sin emitir ningún sonido. Si llegaba a zafarse esa cosa…mi dedo… ¡Mi pobre dedo! No me atreví en pensar un mal desenlace.
Escuché una risa que identifiqué enseguida. ¡Ese maldito besuqueador ahora se burlaba de mi! Ojala algún día sienta lo que es hacer el ridículo… yo iba a encargarme de que ello sucediera, oh si. Mientras tanto, opte por ruborizarme y fijar mi mirada en el fino suelo de madera al sentir las miradas curiosas de la gente dentro del recinto. Kurenn, Kouga, Kikyo y otras dos señoras que desconocía se acercaron a nosotros.
El hombre comenzó con su trabajo y yo no pude destensar mi postura en todo lo que duró la casi mutilación—calificativo proveniente de un Kouga divertido por mi expresión—
Al final me quedé con mis cinco dedos y con otro accidente para mi colección de papelones. Kouga me recomendó dar clases de cómo hacer el ridículo y yo, cuando Kurenn estaba ya lejos de nosotros, no paré hasta lograr golpearle en uno de sus musculosos brazos. Kouga era bastante rápido y esquivaba bien todos mis "ataques".
En cambio Inuyasha no me dijo mas nada. Ni siquiera me miró cuando jugaba a golpear a Kouga o cuando éste me hacía algún comentario. Estaba ausente.
Fue cuando se acercaban las cinco de la madrugada que Inuyasha y yo nos despedimos de todos y salimos de aquel recinto.
Suspiré de alivio cuando me senté en el reconfortante asiento del copiloto. Todo esto de la gran farsa me había dejado exhausta y realmente contracturada.
Tal y como me había enseñado Inuyasha, me coloqué el cinturón de seguridad cuando arrancó el coche. Que Inuyasha conduzca su auto a esas velocidades y a esta hora de la madrugada, y, además, con varias copas encima, era un peligro.
Inuyasha me imitó y se adentró en la autopista.
Cerré los ojos para ordenar un poco mi cabeza, que estaba demasiado desordenada. Tenia diferentes pensamientos y ninguno se relacionaba entre sí, como si se tratara de los lados discordes de dos imanes. Primero Inuyasha me besaba y luego no me dirigía la palabra. Y ni siquiera me miraba. Ahora se concentraba en la autopista, bien por él; pero anteriormente ni siquiera me había insinuado nada cuando hablábamos con Kouga. Él solo respondió las preguntas que le hacían Kikyo y su padre. Además había algo raro en aquellos dos soles que tenia de mirada. Al principio creí ver alegría, diversión y despreocupación; pero ahora solo prevalecían en ellos pequeños atisbos de culpabilidad, tristeza y arrepentimiento.
Mi corazón se contrajo en ello. Arrepentimiento, claro ¿Por qué iba a besarme alguien como él?
De la manera mas estúpida me sentí la chica mas fea del mundo y también la mas torpe. Me odie por tener que…quererlo y por que me resultara tan lindo y agradable. Si, Inuyasha, agradable.
Apoyé mi cabeza en el asiento y cerré los ojos, solo para evitar que mis bostezos, el leve apriete de mi corazón y la picazón del sueño me hicieran derramar lagrimas.
No volví a abrirlos durante la media hora en que Inuyasha manejó. Entonces, cuando lo hice, fue gracias al sobresalto que me provoco su mano en mi hombro. Fue lo mas excéntrico despertar y tener como primera vista no a un so brillante, sino a dos soles completamente apagados.
— ¿Me dormí?-pregunté abriendo los ojos con pesadez. Me incorporé enseguida y mire el coche-
—Ya llegamos…- emitió. Yo asentí y me despedí de el con un simple gracias y un adiós. Entonces salí del auto-
Subí lo mas rápido que pude hasta mi cuarto y me tiré en mi cama sin preocuparme por cambiarme de ropa o quitarme el maquillaje. O mejor dicho, si. Me senté con fastidio en la oscuridad únicamente para quitarme el vestido. Prefería dormir en ropa interior a que se estirara aquel precioso vestido.
Esta vez fui lo suficientemente astuta como para bajar la persiana de mi cuarto y que el sol no me obligara a abrir los ojos sin haber descansado lo suficiente. Cuando lo hice, miré el reloj de la video que estaba frente a mi cama que, con números rojos, marcaba las cuatro y media de la tarde. Me vestí en la oscuridad y cuando salí de mi cuarto, la luz me encegueció por unos segundos.
Rápidamente me cepillé los dientes y me lave la cara, para después bajar al living en donde mi hermano miraba una película con una muchacha.
Oh… vaya… esa chica parecía mas grande que él.
—Buenas tardes… -saludé rascándome un ojo. Miré a la niña fijamente y luego a Souta. A la niña y a Souta- ¿Tu eres…?
—Hitomi –respondió Souta antes de que la niña emitiera palabra-
Me apoyé sobre la arcada de ladrillos y los miré con cierto aire de superioridad y sospecha.
— ¿Y mamá? –pregunté-
—Se fue a visitar a una amiga –respondió y puso la película en pausa. Ambos se fijaron en mí-
— ¿O sea que estaban solos? – adiviné ignorando mi anterior sueño. Habían estado solos-
Fue gracioso cuando Souta me miró como si me estuviera arrancando la lengua con sus ojos.
—No, tú estuviste aquí siempre.
—Durmiendo –contradije-
— ¿Y? –se levantó del sillón para dirigirse hacia mi. La película volvió a rodar para entretener a Hitomi-
—Esa niña es mas grande que tu – le acusé en un susurro solo para nosotros-
—Eso no es así, es solo un año menor que yo –dijo al mismo tono-
Mi rostro se descompuso y comencé a reír, aliviada
—Oh…que tiernos… -sonreí nerviosa. Souta volvió a su sillón-
—Por cierto, te llamo Sango.
Luego no volví a escucharlo. Así que esa era su nueva novia…¡Que chico!
Me fijé en el celular. Tenia un nuevo mensaje.
¡Ahome! Voy a juntarme en la casa de Miroku con Kime y Hei. Quieren verte ¿Vienes?
Genial. Tomé mi bolso y camine hasta lo de Miroku.
Con que Kime y Hei…hacia tiempo no sabia nada de ellos, mas puntualmente, desde la fiesta. Esos dos chicos me hacían reír y eran bastante sencillos. A Sango no la veía desde hacia un tiempito, y, por ende, tampoco a Miroku. Yo no tenía suficiente tiempo y ella estaba muy ocupada con su novio.
Llegué a la casa de Miroku y dejé mi dedo en el timbre hasta que detrás de la puerta salió el rostro molesto del dueño de la casa.
Cuando pasé por su lado para entrar en la vivienda me colocó un pie con el cual yo tropecé y caí de bruces al suelo. Entonces inicio nuestra habitual pelea.
Llegamos riendo a la sala de estar y salude a cada uno de los presentes.
Me senté junto a Kime en un sillón para dos personas.
—Vaya –me miró cuando ya me había sentado- no has crecido nada de nada.
— En cambio tú – le di un codazo en las costillas- vas a romperle el
techo a Miroku –hice alusión a su enorme altura. Kime rió-
—Miroku ve a traer algo para comer y para tomar –le ordenó Sango-
El aludido se levantó de su lugar en uno de los sillones con cierta pesadez. Yo miré a todos una vez mas. Era el mismo grupo de amigos de la fiesta pero faltaba algo. Un pequeño detalle. Inuyasha.
Me pregunté si estaría por llegar. Que yo sepa, ellos —Kime, Hei, Miroku e Inuyasha— se llevaban excelente. No había peleas entre ellos, solo las que iniciaban por diversión. Se conocían desde la secundaria, y, justamente eso, se conocen muy bien.
Aunque quizás Inuyasha no haya querido venir. ¿O es que no lo habían invitado?
Escuchamos el sonido de bandejas al caer. Sango amago para levantarse pero yo fui mas rápida al levantarme del sillón.
—Yo voy.
Conocedora a la perfección de la casa —Miroku y yo éramos amigos mucho antes, incluso, de que se pusiera a salir con Sango— llegué a la cocina doblando un solo pasillo. Allí encontré a Miroku recogiendo las cosas. Yo tomé una escoba y comencé a barrer dos tazas rotas.
Tranquila y lentamente ordenamos la cocina. Entonces él tomo una bandeja y coloco cinco vasos sobre ella y dos budines de chocolate.
Yo saqué el jugo de naranja de la heladera y llene lentamente cada uno de los vasos.
Cinco vasos pero Inuyasha seríamos seis.
—Miroku…-dejé la jarra sobre la mesada antes de llenar el tercer vaso- ¿Inuyasha va a venir?
Miroku vaciló antes de contestar. Se sentó sobre la mesada donde tenía yo apoyada la bandeja y tomó el primer vaso para hidratarse la boca.
—No…
—¿No lo invitaste?
—No.
—¿Por qué? –pregunté extrañada-
—No iba a venir de todas formas. En realidad, supongo que hoy no será un buen día para él…
Automáticamente miré el calendario que estaba imantado a la heladera. Trece de diciembre. ¿Entonces?
—¿Por qué?- Miroku suspiró. Yo estaba dolida porque le dejaran de lado-
—Eso deberías preguntárselo a él…
—No va a decirme nada –confesé malhumorada- él no me habla.
Miroku no hizo preguntas. Eso era lo que amaba de él: su entrometimiento nulo. Me subí a la mesada y me senté junto a él.
—Anda…dime… -le tiré del brazo como si con ello él fuera a soltar palabra alguna. Yo tenia esa esperanza-
—Todo esto…tiene que ver con Lime, ella…
— ¿Lime? –le interrumpí-
Otra vez aquel nombre. Otra vez el rostro de la niña pelirroja que había visto en aquella foto volvía a mi mente, y, otra vez, la incertidumbre retornaba, torturándome a preguntas.
—Si, Lime –concluyó- creo…creo que él sufre por ella…no lo se… rayos. Solo digo que hoy no debe ser un buen día para él y no quería molestarlo –bajó de la mesada y en un rápido movimiento, que incluyó tomar la bandeja, salió disparado de la cocina-
Yo me quede allí, absorta ante lo dicho por Miroku. Él sufría por esa tal Lime. Yo no podía entenderlo. ¿Justo él? ¿Por qué? ¿Qué es lo que había pasado que el sufría por ella? Ni siquiera sabía quien demonios era Lime, pero estaba segura de que iba a averiguarlo.
El corazón volvió a estropearse. De solo pensar la razón por la cual él podría estar sufriendo me sumergía, sin reparo, en la mas profunda tristeza. ¡Maldición, no podía estar enamorada de él! Simplemente, no podía.
Pero la realidad era que lo estaba. Caí enamorada febrilmente de Inuyasha Taisho, y quería morirme. La respuesta era simple, sin embargo, estaba compuesta por varias razones.
La primera de ellas era que él no podía estar con una sola mujer, o, por lo que yo sabía, él siempre tenía a alguien por ahí. Como Kikyo.
La segunda era que yo no debería atraerle ni por asomo. Yo era el tipo de chica con las que él no salía. Sin muchas curvas, lenta, atolondrada y para nada delicada. Él no se fijaría en mí.
La tercera razón era la más significativa y reciente: Inuyasha sufría por alguien a quien yo desconocía. Por Lime.
Entonces me dieron ganas de conocerla, de saber de ella, de su carácter, su personalidad y su relación con Inuyasha. Por lo que tenía entendido, él no tenía novia. Quizás ella lo hubiera dejado o directamente no le habría dado ninguna oportunidad.
Luego recordé la foto en la billetera de Inuyasha y el enojo que le provoco que yo la hubiera tomado. ¿Acaso la extrañaba?
Por Dios, esto de no saber me estaba matando…
Me pase una mano por mi frente, barriendo mi oscuro flequillo. Para evitar ser cuestionada sobre mi tardanza en la cocina, bajé de la mesada de mármol de la gloriosa cocina y salté hasta el living, intentando enmascarar mi desasosiego con un manto de alegría.
Allí Hei y Miroku jugaban con la PlaySation II, un juego de autos que desconocía, pero, que, parecía divertido. Cuando llegara a casa se lo contaría a Souta…
Yo me sente en uno de los sillones y me debatí internamente.
Sufrimiento, Inuyasha, Lime.
Capitulo de relleno, absolutamente aburrido para mi me acuerdo que viene en el proximo capitulo pero les aseguro que va a ser mucho mejor, y voy a tratar de actualizarlo mas rapido!! Eso si llueven los reviews como la ultima vez... =)
Gracias por eso! parece que un beso activa los dedos de muchas (?)
Ah! Ahora que me acuerdo les tenia que decir algo...miren: la personalidad de ahome es como la mia (practicamente, se mehace mas facil manejarla si la escribo parecida a mi) por eso JAMAS FUE MI INTENCION PONER COMEDIA EN EL FIC. Como se atrevieron uds?? XD (no, mentira). Nah...hablando en serio, me encanta si las hago reir con lo que escribo, de verdad. asi que... nada, les dejo un beso gigante! el priximo capitulo, pronto, pero COMENTENME gr =)
Adieu
