Inuyasha solo esperaba que su plan saliera bien. Aunque después de todo, dar clases de Física para que la linda e inocente Ahome se hiciera pasar por su novia no había sido tan malo. Su disfraz de novio le había servido para sacar unos cuantos gozos.

Disfraz de novio

By Reina Momo

Capitulo Quince
Como la cerveza: Dorada.

—Inuyasha –llamé con suavidad—

Ellos se observaron por otro largo instante y luego Inuyasha, tras soltar un bufido, dejó caer a Bankotsu. Suikotsu ayudó a levantar a su hermano y miró a Inuyasha con toda la paz del cosmos.

A lo lejos vi dos figuras grandes y corpulentas caminar con tosquedad. Tiré del brazo de Inuyasha quien se seguia matando con la mirada con Bankotsu.

—Vamos.

Jacotsu se despidió de él, aun sujetado por su hermano, tirándole besos. Inuyasha solo volteó para hacerle fuck you y pasó su brazo por detrás de mis hombros .Noté, por como respiraba, que seguía enojado.

El silencio fue inminente cuando salimos de la plaza. En la calle principal, las aceras estaban atestadas de jóvenes, todos bebiendo, fumando y divirtiéndose. En una banca pública lo obligué a sentarse y no entendí porque no me miraba a los ojos. Parecía muy interesado en mirar pasar los autos desde donde estaba sentado.

—Lo siento…—dije luego de unos minutos. Sus ojos me perforaron.

—¿Uh? ¿Que…qué?

—Dije que lo siento…-repetí- lamento haberte involucrado en esto, de seguro estarás enojado conmigo —esta vez fui yo quien bajó la mirada.

Escuché el sonido de una risita burlona saliendo de sus propios labios.

—Yo me metí solo en esto porque estabas ahí –levanté la vista y percibí su mirada firme en mí- y por supuesto que no estoy enojado contigo. En todo caso…estoy enojado con ese…¿Bankotsu? –yo asentí-

Se movió inquieto sobre el banco de piedra en el que nos encontrábamos. Luego se estiró para hacer sonar su espalda con un sonido espeluznante.

—Ahome, dime algo… —evaluó mi mirada como si buscara algo en ella. No se que habrá encontrado que lo hizo bajar la suya— ¿Esos tipos…te hicieron…algo?

Yo negué.

—No…porque llegaste –Solté un suspiro y él cerró los ojos. No supe si estaba aliviado o si sentía rabia— gracias.

—Ya… lamento lo de tu pulsera –entonces me sonrió— no sabía que Miroku tuviera dotes artesanales, vaya, vaya…

Rei y me erguí orgullosa de mi amigo.

—Solo para porque soy su mejor amiga.

—¿Ah si? Pues yo soy su mejor amigo y lo conozco antes que tú –me peleó.

—¡Mentira! Yo lo conozco desde los quince… o… -dudé.

—yo desde los cinco años –alardeó. Me reí ante la idea que cruzaba mi mente.

—¿Me estas peleando a Miroku? No sabía que tenias ese lado celoso para tu amigo, eh –bromeé- aunque pensándolo bien, que lastima que todo haya terminado asi, quien te dice que Jacotsu… -le insinué lo que quería decir guiñándole un ojo.

—¡Ahome! –dijo molesto.

Me reí por su humor. Busqué en mi bolso el pañuelo rosa que siempre llevaba. Cuando lo tuve ya en mi mano me acerqué a un bebedero y lo humedecí, entonces volví a ubicarme junto a Inuyasha.

—¿Me permites? –pregunté. El asintió.

Le corrí el flequillo con cuidado. Luego me arrepentí porque estábamos demasiado cerca y podía sentir su respiración encima de mis labios. Además, parecía estar muy entretenido mirándolos.

Entonces carraspeó mientras yo continuaba limpiándole la sangre de la frente.

—¿Aun quieres salir? –me preguntó.

—Eh…si. Si tú quieres –coloqué una curita en su frente y sonreí al verla cubriendo la pequeña longitud del corte-

—Si, quiero ¿Vamos? –me preguntó. Me alejé de él, quien me sonrió y emitió un débil y obligado Gracias. Hizo un ademán indicándome el camino y yo lo seguí sin vacilar.

Ya no tendría de que preocuparme estando él a mi lado. Cruzamos la calle principal para meternos en otra menos solicitada. No tenía la menor idea donde me llevaba Inuyasha. La calle sinuosa estaba desierta, morada solo por enormes árboles. Inuyasha me miró con desinterés las dos veces que tropecé. Por suerte ninguna de ellas me tiró al suelo.

—¿Quieres una silla de ruedas?—preguntó Inuyasha— Porque con muletas me parece que…-hizo una mueca- ¿No, verdad? Sería el doble de peligroso.

Lo maldije por lo bajo y no me di cuenta, cuando lo pasé varios pasos, que Inuyasha ya no caminaba a mi lado. Él estaba entrando, distraídamente, por una puerta de roble. Me apresuré para seguirlo y entré en el recinto.

Adentro estaba oscuro. Las pocas, y tenues luces, que había eran de colores como el rojo y el amarillo.

Reconocí el lugar como un bar ya que, obviamente, no había gente bailando; y esta se encontraba dispersa en mesas de distintos colores. Me gustaba el lugar y, además, la música estaba bien.

Inuyasha me hizo caminar delante de él y, con una mano en mi espalda, me guió hacia la barra. Me apoyé en ella y miré al muchacho que servia los tragos. Era alto y de piel morena. Su cabello negro y largo estaba atado en su nuca. Le dio la mano a Inuyasha en un típico saludo de jóvenes y luego fijó su mirada en mí. Me guiñó un ojo amistosamente e hizo una reverencia con su cabeza.

—Maron—se nombró. Yo solo le sonreí y le dije mi nombre.

—¿Qué vas a querer, idiota?—le preguntó Maron a Inuyasha.

—Fichas y dos cervezas ¿Te parece bien? —me preguntó.

—Claro.

—Escoge una mesa, yo enseguida voy.

Inuyasha tomó las fichas de la barra y desapareció entre la gente—el lugar estaba atestado de gente parecida a Maron—. Supuse que debería de haber ido hacia la rocola ya que reconocí el comienzo de una canción de Pearl Jam, su banda predilecta. Yo tomé con cuidado los gigantescos vasos, abracé las dos botellas de cerveza y busqué una mesa.

Me senté a esperarlo en una de color verde que estaba en el medio del lugar. A mi lado, en la mesa contigua, un grupo de amigos reía estrepitosamente y cantaban la canción que se oía en el ambiente.

Llené mi vaso de de aquel enloquecedor liquido dorado y espumoso.

Di un sorbo profundo de él.

Miré a mi alrededor y no vi volver a Inuyasha. Asumí que quizás estaría eligiendo mas canciones o que se habría encontrado con algún amigo.

Bien: me sentía una idiota esperando y bebiendo sola ¡E Inuyasha que tardaba tanto!

Me sobresalté cuando el hombre que estaba en la mesa junto a la mía dio un golpe sobre la madera con la palma de su mano. Su risa fue lo único que oí.

—¿Sola? ¡Ven a divertirte con nosotros!—me propuso alegremente mientras señalaba con su enorme mano la mesa de amigos que cantaban y reían tan alevosamente. Y él estaba tan borracho…

—Muy amable de tu parte pero estoy esperando a alguien.

Sonreí a forma de disculpa.

—¡No esperes sola!—rió—mi amigo cumple años—explicó. Otro hombre levantó su vaso hacia mí con toda la felicidad del mundo.

—Hey amigo, feliz cumpleaños —grité. Entonces empujé suavemente al hombre de mi mesa para que se sentara en su silla y junto a sus amigos—¿Qué pensaría tu mujer?—bromeé.

—Que gran amiga eres, me caes bien.

Cuando me giré, el treintón ya se había olvidado de mí. Inuyasha estaba sentado frente a mí, con tal cara de suficiencia, al escuchar su banda favorita en el ambiente, que casi me hace reír.

—Veo que puedes lidiar con cierta clase de hombres.

—Claro, no por nada todos mis amigos lo son—justifiqué recordando mis últimos tres cumpleaños con la casa atestada de muchachos simpáticos y amorosos, y con unas pocas amigas alrededor, que, sin duda, eran las mejores ¡Sobre todo mi linda Sango!

—¿Enserio?—preguntó juntando sus cejas.

—Si, la mayoría—sonreí—Al igual que tú ¿Verdad? Rodeado de mujeres, seguramente –dije cuando me ponía cómoda en mi silla.

—Eso era antes—bebió un poco de su cerveza y me pareció que miraba su vaso con cierto interés— Ahora estoy rodeado de pocas y con eso me alcanza.

Por supuesto que ambos nos referíamos a amistades distintas.

—Vaya… ¿Y yo estoy entre esas pocas?—me atreví a preguntar. Él rió.

—No lo creo…no podría ubicarte junto a Kikyo o incluso Yura—dijo mas para si mismo que para mi; pero yo no lo pase por alto.

—¿Yura?

—Oh…si, es una…chica—describió—lo que quiero decir es que…bueno, tu y yo…—entendí por su balbuceo que se trataba, de seguro, de algo que no sabría explicar o que no se animaría a decir. Bah ¿Qué no se animaría a decir Inuyasha Taisho?—tu y yo no tuvimos ninguna relación. Es por eso que no te consideraría dentro de esa…categoría.

Así que como él y yo no nos acostamos…¿Qué? ¿No entro en su vida?

¡Estúpido Inuyasha, que se explique ahora mismo!

—¿Estoy en alguna categoría?

—Eso no lo se…—confesó notoriamente disgustado. Yo me desilusioné—Supongo que si, pero tampoco voy a decírtela—contestó con desdén.

—¿Por qué no?—chillé—¡No me digas que te da vergüenza!—reí.

—¿Qué cosa?—se defendió—¡Por supuesto que no!

Solté una carcajada que resonó en todo el lugar.

—¡Te da vergüenza!—canturreé.

Inuyasha bufó resignado y bebió otro sorbo de la rubia dócil entre sus manos.

—Ni que fueras alguien tan importante para mi—terció con calma.

Yo lo miré claramente ofendida por su comentario hiriente. A veces podría ser tan desconsiderado. Odié su indiferencia cuando lo vi terminar su cerveza con su típica expresión de niño arrogante. Tuve que aferrarme a la silla fuertemente para no agarrarlo de los pelos en ese mismo instante. Aunque pensándolo bien, luego de haberlo visto pelear esa misma noche, estaba segura que si se lo proponía me dejaría hecha harina. Pero yo sabía que él no me haría daño.

Ya basta, otra vez pensando bien de él cuando en realidad era un idiota desconsiderado que no tiene en cuenta los sentimientos.

Ojala que te ahogues con la cerveza, maldito Idiota. Pensé con la vista fija en su odioso —hermoso— rostro.

—¿Qué?—inquirió sorprendiéndome mientras lo imaginaba prendiéndolo fuego— ¿Qué? –insistió.

—¿Podrías ser un poco mas considerado verdad?—solté— cuando me pediste que me hiciera pasar por tu novia no pensaste que no fuera importante.

Me crucé de brazos sin siquiera proponérmelo, era un reacción automática cuando estaba ofendida y molesta. Él volvió a llenar su chop con cerveza y le dio un largo sorbo en el que vació la mitad del vaso. Parecía que todo lo hacía para hacerme enfadar. Se tomó su tiempo para tragar la bebida, suspirar, relamerse los labios y mirarme con una mirada completamente penetrante.

—¿A que te refieres? –preguntó por fin.

Mi rabia aumento tanto que no pude contener las lagrimas. Evité su mirada y bebí de mi cerveza para aplacar el nudo en mi garganta.

—Tu solo me quieres para que te ayude con el asunto ese de tu estúpido taller ¿Verdad?

Me rasqué los ojos con mis puños en un intento para disimular las lágrimas, pero Inuyasha no era tonto y yo ya podía ver aquel atisbo de culpa tan familiar en él cuando me hacía llorar, o creía hacerlo.

—Pues si ¿Para que mas?

—¡Eres un desconsiderado!—chillé—y yo que…y yo…—sin poder hablar, o sin atreverme a proseguir, me termine mi cerveza de un solo sorbo. Sabía que Inuyasha no dejaría pasar por alto ello.

—¿Y tu qué? ¿Qué ibas a decir?

—Nada. Solo eran tonterías…

—Estoy acostumbrado a escuchar tonterías —sonrió— Dime, anda…y no llores.

—¡¿Cómo no quieres que llore?! ¡Eres tan insensible, Inuyasha!—grité— Pensé que podíamos ser amigos, pero eres tan idiota, y yo encima que te quiero…

Me detuve en ese mismo instante. Había hablado de más ya que Inuyasha no tenia porque saber que lo quería. Nada de sentimientos, prefería que creyera que lo odiaba por ser un idiota, pero no que lo amaba. Aunque en realidad no habia sido tan explicita… a los amigos tambien se los quiere.

Sus ojos se cerraron por un instante, entonces creí que iba a volver a desmayarme. ¿Volvería a estar enojado? ¿Acaso me rechazaría pensando en Lime? Yo no quería eso, tan solo estar a su lado.

Me serví en mi chop lo último que quedaba en la botella de cerveza y jugueteé con el líquido fermentado, exquisito. Me hechizaba el sabor y el helor que bajaba por mi garganta con cada trago que daba, arrasando con la sed y la ansiedad. Su color, la espuma, el sabor, el olor, todo en aquella rubia era encanto.

Entonces volví la vista a Inuyasha y cuando lo hice éste me regalo una leve sonrisa. Tocó con sus dedos la mano que sostenía el vaso a pesar de que yo estaba completamente hipnotizada por su mirada. Dorada, como la cerveza e igual de encantadora. Exquisita, profunda e insaciable: siempre se quería más. Mas tiempo para perderme en sus ojos, mas garganta para beber; mas miradas que me regale, mas infusión entre mis manos.

—¿Era esa la tontería que ibas a decirme? Porque si es así a mi no me parece para nada tonto —pronunció. Lo miré expectante.

—Claro —dije con recelo— Por supuesto que sí, si tu solo me utilizas. ¿Y yo a cambio que recibo? ¡Dos míseras clases para aprobar un estúpido e inútil parcial, que, para colmo, es la semana que viene!

Inuyasha soltó una carcajada y desprendió mis dedos de alrededor del súper vaso. Jugueteó un rato con ellos mientras yo continuaba hablando sobre el profesor, completamente desviada del tema.

—…da la fecha y luego no va nunca ¡Y yo no entiendo nada! Sería mas fácil planear su asesinato que…

—Te quiero —me interrumpió.

Me congelé en mi lugar. Su mano jugueteaba con mis dedos, doblándolos, quitándome el esmalte rosa de las uñas o simplemente acariciándolos.

—¿Qué dijiste? —mi pecho subía y bajaba rápidamente a causa de la tensión.

Repítelo por favor…dilo.

Su media sonrisa cruzó su rostro. Entonces supe que si él fuera solo un ángel, moriría por verlo.


¡Buenas! Eh, gracias por sus recomendaciones, ya me decidi con respecto al lemon asi que proximamente verán..

Cuando hice este capitulo me costo un poco pero salió x). El que sigue va a ser desde la perspectiva de Inuyasha!.

Bien, me voy! diganme que onda!

Adieu