Inuyasha solo esperaba que su plan saliera bien. Aunque después de todo, dar clases de Física para que la linda e inocente Ahome se hiciera pasar por su novia no había sido tan malo. Su disfraz de novio le había servido para sacar unos cuantos gozos.
Disfraz de novio
Capitulo Dieciséis
Inuyasha
—Que yo también te quiero. Esa podría ser la categoría en la que tú estás. Y créeme: no hay muchas personas en ella.
No pudo evitar sonreír. Rodó una última lágrima por su mejilla al momento que soltaba una risita irónica.
—Y ya no llores—le pedí.
Siempre me había costado ver a las mujeres llorar, y cuando se trataba de alguien que me importaba de verdad, la tarea se hacía aún mas difícil.
Porque si: Ahome me importaba mucho.
Sin que ella se diera cuenta, tomé lentamente su chop y lo quité de entre sus suaves manos. Aun tenía la mirada perdida, así que aproveché su letargo para beber un poco.
De repente bajó su mirada a donde antes estaba su cerveza y entonces yo supe que iba a ser mi sangre la que correría en cuestión de segundos.
—¡INUYASHA!—Gritó furiosa— ¡Este es mi vaso! –me lo arrebató de las manos deseosa de que todavía conservara la espumita.
—Convídame, yo ya terminé…—le supliqué.
—No —me sacó la lengua claramente divertida.
Por un momento quise atraparla entre mis labios pero me contuve, simulando estar ofendido y levantándome de la mesa. Ella se apresuró a vaciar el vaso y levantarse también.
—¿Oye no crees que ya es tarde? Mejor te llevo a tu casa, digo: para que no se preocupe tu mami —expliqué burlándome de ella.
—Te enojaste por la cerveza —rió y no pude evitar contagiarme de su sonrisa.
La miré detenidamente por unos segundos haciendo mas ancha mi sonrisa al ver el detalle en su rostro. La espuma había quedado sobre su labio superior, imitando un bigote.
—Hey… —acerqué un dedo hasta su boca y quité algo de espuma sobre su labio superior— es muy de hombre ese bigote de espuma—Bromeé.
Su cara adquirió un color escarlata que le llegó hasta las orejas. Aun avergonzada levantó una mano para quitarse los restos de espuma que quedaban. Pero yo fui mas rápido y la atrapé en el aire, antes de que llegara a su destino. Por último, pasé mi lengua por sobre su labio superior para deshacerme de su no convencional bigote.
Y me reí de ella, de su cara roja.
—Andando.
Empujé la pesada puerta de roble para salir al exterior. A lo lejos, muy a lo lejos, en el cielo, vislumbré una línea naranja que marcaba el próximo amanecer.
No sabía por qué, pero una punzada de dolor venia a mí cuando recordaba al sucio de Bankotsu y a sus hermanos intentando algo con ella, y ¿Por qué no incluir, también, a Kouga y al niño Houyo?
No tenia claro cual era el motor de aquella oleada de dolor y eso me inquietaba. O sea, si, Ahome era la causante pero ¿Por qué? Indagando en mis propios recuerdos supe que solo con una persona me había sucedido y esa persona era Lime. La pequeña Lime. La diferencia era que yo era muy celoso con ella pero ¿Y con Ahome? ¿De verdad me importaba tanto como para ponerme celoso? Asumí la realidad que me golpeaba ya que había solo una respuesta que enmarcara mis reacciones con Houyo y Kouga y esa necesidad de cuidarla todo el tiempo.
Ahome me gustaba mucho.
Aunque en realidad yo no entendía por que. Era caprichosa y torpe, y, además, me gritaba y se avergonzaba con frecuencia. Sin embargo a veces era tan perfecta…
Todo el tiempo me pugnaban las ganas de besarla. Porque era dulce y yo no podía evitar quererla. Amarla. Aunque al principio me había resistido al sentimiento solo por lealtad a Lime, ahora la situación se me iba de las manos. Antes desaparecía días, semanas, solo por pensar en Lime, y ahora no aguantaba no verla diariamente, como venia ocurriendo desde que empezó a trabajar en mi facultad.
Besarla, tocarla, mirarla todo en ella era efusión. Las ganas de besarla, por momentos, eran vencidas por verla reír y, también, hacerla solo mía.
No se, debería ser maravilloso hacer el amor con una mujer así. Dulce, inocente y virgen. Solo quería saber que se sentía, porque ella era tan distinta. Tan solo eso, por una vez.
¡Oh si! Además, provocar un sonrojo en ella era arte.
Nos metimos en la calle principal y caminamos en dirección a la plaza.
—Espero que esta vez no tengamos que toparnos con tus amigos—comenté con sarcasmo.
—A estas alturas deben estar tirados en el suelo durmiendo y/o vomitando—disertó con la misma calma.
—¿Ahome?—Le llamé una vez que pisamos el pasto de la gran plaza.
—¿Qué pasa?
—¿Puedo hacerte una pregunta?
Escruté su rostro en la oscuridad con la intención de percibir alguna pista sobre lo que estaba pensando en aquellos momentos. Si iba a mentirme o qué.
—Suéltala…
—El otro día, cuando nos quedamos atrapados en el ascensor…
—Oh, no me lo hagas recordar…
—…tú me ibas a preguntar algo y…parecías algo nerviosa, pero luego me hiciste una pregunta completamente normal…¿Lo recuerdas?
Me di cuenta, en ese momento, que Ahome estaba dispuesta a engañarme con tal de no decírmelo. Era una chica muy orgullosa.
—No recuerdo eso…
—Justo lo que pensaba…—susurré—pues yo te haré recordar. Me estabas preguntando sobre Lime, eso si lo recuerdas ¿Verdad?—asintió—bien, luego ibas a hacerme otra pregunta, pero terminaste por preguntarme cuanto tiempo me parecía a mí que íbamos a quedarnos a allí.
—Ah…si—reafirmó a secas— ¿Y?
—¿Qué era lo que en verdad querías preguntarme?
Su mirada se volvió hostil y solo fue capaz de emitir un fuerte bufido. Caminó mas adelante que yo con los brazos cruzados. ¡Maldita niña siempre hacía lo mismo! Y ahora me hace quedar como el malo que la ofende…
—¡Era eso! Si no me crees no es mi problema.
—¡Ahome!—grité indignado y me coloqué a su lado, igualando el paso.
—¿Qué? ¡No lo diré!
—¿Por qué no? ¿Es que acaso era tan malo? ¿O demasiado vergonzoso? ¡Ya dime!
—¡Pareces un niño!—se quejó— Y déjame en paz.
Giró bruscamente en dirección opuesta dejándome completamente desconcertado. Sus pasos iban en dirección a la calle principal, otra vez.
—¿A dónde crees que vas?—Les espeté desde atrás.
—Me voy a mi casa. Eres un idiota.
—¡Oye yo solo te pregunté! No seas maleducada, Ahome, y responde a mi pregunta ya que yo respondí a las tuyas—discutí indignado.
—¿Para que quieres saber? No es información para ti. Solo tendrías que responderme a mí y no estoy muy segura que te agrade.
En aquel momento me vi obligado a regresarla por la fuerza, levantándola en el aire con mis brazos. La recosté sobre mi hombro, de modo que su cabeza descansaba en mi espalda. ¡A mi nadie me dejaba con la duda sin pagar por ello! Y ya que no podía mover sus piernas…
Fue cuando sentí un dolor punzante en mi espalda. ¡Tonta! Me estaba pellizcando y dolía, si que dolía…
—¡Ay! Ahome no seas niña ¡duele!
—¡Tu eres el niño y bájame ahora mismo!
—No lo haré hasta que me digas que era lo que me querías preguntar.
—Pues entonces vas a cansarte de llevarme así—Se quedó quieta.
Yo continué caminando en busca del auto con un agradable costal de papas sobre mi espalda. Lo encontré en seguida bajo un árbol de la plaza.
Con mucho cuidado la senté en el asiento del acompañante. Ahome aun conservaba su cara de enfado, aquella que tanto me gustaba. Oh bien: quizás no tanto ya que siempre que ponía esa cara era presagio de que mi integridad física corría un gran riesgo, o por lo menos mi capacidad auditiva…
Rápidamente me situé a su lado y encendí el motor. Noté mis ojos rojos cuando me vi reflejado en el espejo retrovisor, y cierta pesadez en la garganta, pero le resté importancia. Hice andar el auto lentamente y, una vez doblada la esquina, observé a mi compañera.
Parecía una niña cuando se mordía el labio inferior por adentro y desviaba la vista ¡Era yo quien debería estar frustrado! ¡No ella!
—Ya quita esa cara—dije.
—¿Qué cara? Esta es mi cara de siempre—replicó sin ni una pizca de su habitual alegría.
—Mentira—contradije—no me gusta.
Me encanta.
—Pues no me mires.
Imposible.
—Como quieras…¡Ah! Por cierto…¿Dos míseras clases?—cité—puedo darte mas clases hasta que tengas el parcial—ofrecí intentando ser lo mas amable que se me era posible—mira, mañana tengo que revisar unos diseños de una nueva maquina, pero supongo que luego de las siete de la tarde voy a estar libre ¿Quieres que pase por tu casa? ¿O prefieres venir tú a la mía?—sugerí, aunque si aceptaba venir a mi casa, yo estaba dispuesto a darle clases pero de otra cosa…
La tomé por sorpresa y su rostro me lo confirmó. No entendí por que tardaba en responder y me tocó de cerca la necesidad de saber que se estaba enrollando en su cabeza en estos momentos, ya que cuando por fin me contestó, su voz denotaba cierto nerviosismo.
—Mañana no puedo, es que…que…que mi mama tiene que…—sacudió su cabeza e hizo un ademán con sus manos muy gracioso— quiere que la ayude con algunas cosas, al anochecer—respondió. Yo tuve la leve impresión de que me mentía—además, haz tus cosas tranquilo, no te preocupes por mí.
—Eh…bien, si tu lo dices…
Las cosas concluyeron como siempre lo hacían. Yo llevándola hasta su casa, esperando que cerrara la puerta de su casa una vez dentro y marchándome hacia la mía luego de esto.
Después me desvestía, me tiraba en mi cama y dormía, aunque últimamente me llevaba cierto tiempo para que mis ojos se cerraran y siempre que sucedía, lo ultimo que veía en mi mente era la sonrisa de Ahome.
¡Me enferma pensar tanto en esa niña! Ni siquiera me dejaba dormir en paz…
Esta fue otra noche en la que soñé con ella ¡Ja! Claro que esta vez ninguno de los dos se hallaba desnudo…
Sin llevar lógica alguna, de repente me encontraba abrazando a Ahome en un desconocido lugar, repleto de escaleras que se dirigían hacia distintas direcciones.
Me sentía muy cómodo y tibio estrechándola contra mi pecho frío.
Extraño que esa pequeña torpe me hiciera sentir tan tranquilo. Siempre que estaba su lado la sentía como un volcán a punto de erupcionar. Aunque debía reconocer que con sus besos me había hecho tocar el cielo con las manos
Pero cuando miraba a mi alrededor y veía esa cara de llena de pecas se me venía el mundo abajo. Lime me sonreía sentada en el ultimo escalón de una corta escalera. Sus ojos verdes me devolvían al pasado de hace dos años, pero yo no quería, ya no quería mantener una falsa lealtad y una efímera fidelidad.
Todo lo que oí en ese silencio sepulcral fue su risa y sus palabras. Como una sentencia
Son una linda pareja.
Simplemente desaparecía.
—¡NO!
* * *
Nunca me gustó bañarme en las mañanas, pero cuando te despiertas empapado de sudor, ¡Viejo!, eso es mas desagradable. Aunque para mí las mañanas son los momentos cuando recién te levantas, las primeras horas, y en estos momentos, esas primeras horas eran las cuatro de la tarde. Sueño pesadito…
¡Hey, viejo, que buena onda! Noté mas definidos los músculos de mis hombros en mi reflejo. También observé las ojeras que se me habían formado junto a mis enrojecidos ojos ¿Y por que no decir que la pesadez de mi garganta no había mejorado?
Mientras me observaba en el espejo me pasé distraídamente la loción por mi pecho.
Mi día no fue muy divertido. Había apreciado el diseño de un nuevo avión pensado por uno de los mejores ingenieros del taller.
Que envidia, yo debía esperar a graduarme para pensar y poner las manos en tremendas maquinas, aunque mi padre me había asegurado que estaba en condiciones para dirigir el taller.
Un prometedor trabajo me esperaba, lastima que la vicepresidencia fuera tan detestable.
Desde hacia años mi padre trabajaba junto a Kimitaro Kun, actual vicepresidente, quien iba cederle el cargo a su maravilloso hijo: Kouga Kun. Imbécil, creído y traidor. Parecía que en estos dos años no había cambiado nada ¡Perseguir a Ahome! ¡Ja! Jamás iba a perdonarle lo de hace años…
Pero Ahome se había fijado en aquel tonto sucio. Le gustaba y hasta se habían besado.¡Oh Kouga besa tan bien!- Ay, es lindo, y bla bla bla. Vamos, nadie podía igualar al gran Inuyasha en el arte de besar —y en tantas otras cosas—. Obviamente, no iba a permitir que ella me comparara con ese y me rebajara, porque nadie podía tocarla.
Además, una pequeñuela no iba a aplastar mi orgullo.
Tomé el teléfono en el tercer pitido, cuando pasaban las once de la noche.
—¿Hola?
—Hola, niño bonito—Oh Dios, lo que añoraba esa voz tan sensual.
—Yura—dije—¿Cómo estas?
—Extrañándote.
—Oh, no me digas—en ella todo era placer.
—Así es ¿Sabes porque te llamo?
—no lo se, cuéntame.
—Hay una fiesta esta noche ¿Te gustaría ir conmigo? Anda, vamos a pasarla bien.
—Pues…no me parece mala idea—acepté.
—Perfecto. Prepárate, ya mismo voy para tu casa—rió—adiós querido.
—bien, te espero bebé.
Por suerte los hombres no teníamos tantos complejos a la hora de escoger la ropa, como tenían las mujeres. Me quedé con el jean gris oscuro gastado que llevaba puesto pero me coloqué una camisa marrón con los puños arremangados hasta los codos. Ni me preocupé por mi cabello, solo me puse perfume y salí a abrir la puerta, donde una morocha infartante me esperaba con el vestido mas ajustado, escotado y corto que había visto jamás en una mujer.
Ahome…
Bah, parecía idiota pensando en una chiquilla inocente—que ahora estaría ayudando a su mama con quien-sabe-qué—con tremenda chica delante de mis ojos, lista para ser devorada.
Yura no lo pensó dos veces para arrastrarme hasta su auto.
—Te ves in-far-tan-te—admiré.
—tú mejor—me dijo con su típica tonada sensual.
—Hey, yo manejo—pedí. Ella no se negó. A mí velocidad llegamos rapidísimo a la casa donde se realizaba la fiesta. Durante el corto viaje pensé ¿Por qué no me atrevía a ponerle ni una mano encima al fuego de mi lado si con ella el placer venia regalado?
Ahome…
Bah, pequeña tonta.
—¡Ven, te presentaré a los que organizaron la fiesta!—exclamó. No pude evitar mirarle las largas y bien formadas piernas cuando me tomó la mano y caminó delante de mío.
Oh si, a ella la acorralo en el primer rincón oscuro que encuentre ¡Genial!
Me relamí los labios ante la suculenta idea. No seria la primera vez con Yura y ella era sabrosa.
Me dejó parado frente a dos muchachos que aparentaban tener mi edad. Uno de cabello marrón con una extraña tintura en un mechón. El otro con una cresta estilo punk color blanco. Ambos altos, felices y con caras familiares.
—Ellos son Ginta y Hakkaku—nos presentó Yura—chicos, él es Inuyasha.
Los muchachos me miraron de la misma forma que yo a ellos. Ambos altos, felices y con caras y nombres extrañamente familiares.
Entonces escuché su risa y todos los deseos sexuales que se me pasaban por la cabeza para con Yura se esfumaron de repente. Ahora solo me importaba ella.
¡Ahome…!
¡Un momento! ¿Qué hacia Kouga haciéndola reír? ¡Ese es mi lugar! Y se supone que ella es mi novia. Mía. Y se supone, también, que Ahome esta en su casa, ayudando, inocentemente, a su madre.
¿Qué hacia aquí? Y ¿Qué diablos hacia con Kouga Kun?
