Inuyasha solo esperaba que su plan saliera bien, aunque, después de todo, dar clases de Fisica para que Ahome se hiciera pasar por s novia no havia sido tan malo. Su disfraz de novio le habia ayudado a sacar unos cuantos gozos.

Disfraz de Novio.

Capitulo Diecisiete

Revelaciones.

Fue inevitable la carcajada que salio de mi boca al oír el comentario de Kouga sobre el cabello de aquel muchacho. Oh…este chico sí que sabía hacerme reír. Desde que paso a buscarme, hacia media hora, no paraba de reír junto a mi.

Buena dupla humorística.

De repente sentí el frío en mi nuca y la extraña sensación de ser observada por unos ojos nada cariñosos. A mi lado Kouga carraspeó significativamente y cuando giré para saber de que venia la cosa, solo vi el color marrón ante mis ojos. Claro que si levantaba la vista iba a descubrir porciones de piel, un cuello, unos suculentos labios, una bien formada nariz y, por ultimo, el sol multiplicado por dos.

—¿Qué haces por aquí, Taisho?—Increpó Kouga.

—Vine a pasar el rato ¿Qué haces tú con mi novia?

—Lo mismo—contestó—veo que saliste con Yura—volvió a decir. De repente me había quedado atrapada entre los pechos de ambos chicos.

—solo está de acompañante ya que no sabia donde quedaba esta fiesta—replicó Inuyasha cortante—¿Y tú amor? Pensé que estabas con tu madre.

—Eh…si. Bueno, no. Ven ¿Por qué no charlamos?—Lo empujé lejos de Kouga y una vez establecida la distancia lo miré suplicante—¿Estas enojado?

—No—Suspiró.

—Enserio, lo siento. Temía que te enfadaras conmigo si te decía a donde iba esta noche…

—Haz lo que quieras, no tienes que rendirme explicaciones de nada—repuso con indiferencia— solo…me molestaba la manera en la que te mira ese idiota, como si fuera a saltarte encima en cualquier momento.

Me enternecí. Inuyasha rara vez expresaba con palabras lo que pasaba por su corazón, como hacia en estos instantes. No podía pelearme con él…

—¿Tu lo crees?

—Claro, te lo dice un experto en seducción.

Ya…tenía que arruinar todo con su arrogancia.

—Por ahí es paranoia tuya ¿No crees?—dije molesta.

—¡Ja! No tiene sentido que discutamos esto, después de todo es el chico que te gusta ¿O me equivoco?

Si, mucho. Tú me gustas.

—En gran parte si…—Admití obligando a Inuyasha a abrir sus ojos realmente sorprendido.

—¡Inuyasha!—llamó una muchacha. Supuse que sería Yura a penas la vi.

—Vaya…veo que tú no te quedas atrás—solté.

—En mi caso es distinto—se apresuró a decir—ella no me gusta de la forma en la que a ti te gusta Kouga.

—No me interesa—repliqué con frialdad—Que te diviertas.

Me alejé lo suficiente como para ignorar el hecho de que Yura se le tirara encima como si fuera su presa.

Lo detesto, lo detesto, lo detesto, lo detesto. Maldito idiota, mujeriego, celoso y sexy.

Enfurruñada me refugié en el buen humor de Kouga, quien se rió de mi cara pero no hizo ninguna pregunta. Kouga era un buen amigo y lo cierto era que no entendía por que se llevaba tan mal con Inuyasha. Kouga era divertido, amable, sincero y buena persona, seguramente, un amigo estupendo.

De vuelta me llevó con su junta de amigos que, a pesar de ser casi la única mujer en mis usuales grupos de amigos, me sentía extrañamente incomoda. Todos ellos eran muy amables y graciosos conmigo pero…¡Me trataban como a la novia de un amigo!

Estábamos ocho personas paradas conversando—y riendo a carcajadas—, de las cuales solo conocía a tres: Kouga, obviamente, y a sus dos mejores amigos, Ginta y Hakkaku.

Y sinceramente esos dos chicos si que eran extraños. Me hacían reír todo el tiempo y sin proponérselo. Raro.

—Oye…Kouga…—me giré solo para él y hablé para hacer una conversación mas bien privada en ese círculo de muchachos.

—¿Qué sucede?—preguntó.

—¿Por qué Inuyasha y tú se llevan así de mal?

La cara de Kouga se endureció unos instantes, pero luego se relajó y me mostró una de sus mejores sonrisas, haciendo que sus perfectos dientes contrastaran con su piel trigueña.

—Asuntos del pasado.

—quiero saber—exigí, entonces Kouga supo que no tenia escapatoria al suspirar resignado.

—tuvimos un problema hace unos dos años con una chica, ya sabes, cuestiones confusas que hicieron que él pensara cualquier cosa.

—¿Hace dos años? ¡No me digas que estas hablando de Lime! –chillé.

—¡Hey!—exclamó sorprendido—¿La conoces?

—Eh…no, pero un amigo sí…e Inuyasha me habló de ella una vez…¿Qué sucedió?

—Bah…tonterías.

—Kouga…

—Escucha…solo quiero que sepas que las cosas no sucedieron tan dramáticas como él cree.

—no se de que me hablas. Te escucho –puse mis manos en mi cintura como jarra. Al parecer esto divirtió a Kouga.

—Luego de una fiesta Lime y yo estábamos ebrios y…nos dimos un beso—Entorné los ojos confundida ¿Era eso?.

—¿Un beso?

—un…GRAN beso…la cuestión es que Inuyasha nos vio y pensó cualquier cosa al encontrarme a mí sobre Lime.

—¡Pero eran amigos! ¿No es así?

—Si…pero luego las cosas se desataron y terminaron realmente mal.

—¿Que…? Pero…

—Hey ¿Qué te parece si vamos con los chicos?—sugirió cortando definitivamente con el tema.

Y la noche la pasé así. Inuyasha ni se dignó a hablarme, a pesar de que Kouga estaba seguro que le quitaría su novia. La última vez que lo vi, fue cuando entró al baño con una expresión extraña y las mejillas rosadas. Bah, de seguro alguna jovencita le habría dado una bofetada ¡Lo que hubiera pagado para verlo! ¡Ja!

—A ver, a ver ¡Oigan!—llamé la atención de los siete muchachos que me miraron expectantes con sus grandes vasos recién llenos de cerveza— ¡Hagamos fondo blanco! El primero que llega…—pensé.

—¡Se lleva los dos barriles de cerveza!—gritó Hakkaku realmente emocionado muy a pesar que ese barril lo había comprado él.

—Fondo, fondo, fondo, fondo ¡Fondo!—gritamos los ocho y, al ultimo grito, todos nos arremetimos a nuestros propios vasos.

Yo no tuve ningún problema en tragar el preciado líquido en un instante. Otro muchacho se rió tanto que se atragantó y abandonó al igual que otros que no llegaron a terminar. El primero en vaciar el vaso fue un muchacho amigo de Kouga que yo no conocía ni me interesaba conocer.

¡Salí segunda!

—¡Muy bien Ahome!—me felicitó Kouga. Enseguida se dirigió a su amigo ya que, seguramente, él también disfrutaría de aquel barril.

Entonces me vi siendo arrastrada hacia el interior de la casa por unas manos sujetas a mis brazos que yo conocía muy bien. Me asombró lo calientes que se sentían sobre mi piel, pero entonces caí en la cuenta de que yo había estado al aire libre durante la noche y él… no quería ni pensar las razones por las cuales él se quedo dentro con Yura como acompañante…

Inuyasha se dejó caer sobre uno de los mullidos sillones. Entonces pude verle con claridad su rostro. Sus mejillas estaban sonrosadas y el resto de su piel se hallaba pálida. Tenia ojeras, los labios secos y , además, temblaba como si tuviera frío. Sus ojitos se veían mas cansados que de costumbre.

Me invadieron las ganas de mimarlo y abrazarlo para protegerlo de cualquier cosa. Enseguida me arrodillé frente a él para estar a su altura.

—¡Inuyasha!¿que tienes?

—Nada…estoy bien—dijo con cierto jadeo—¿Y tú? Te he visto tomar unos cuantos litros de alcohol y encima haciendo fondo blanco con los muchachos ¿no estas ebria?

Oh…Inuyasha me había estado observando…¿Seria por eso que me había separado de Kouga? ¿Para no embriagarme? Que dulce…

—No. Hey, todo el mundo se asombra por mi gran resistencia alcohólica—expliqué con orgullo.

—Ya veo…

—Mira como estas…—dije. Corrí su flequillo para tocar su frente y recorrí su rostro de la misma forma, con el dorso de mi mano—¡Inuyasha estas volando de fiebre!

—tonterías…estoy bien…

—Nada de eso. Voy a llevarte a tu casa ahora mismo.

—¡No!—tomó una de mis manos cuando yo me levanté decidida a despedirme de Kouga. La expresión del rostro mas lindo era suplicante—quédate conmigo…por favor.

Inuyasha no solo jadeaba sino que transpiraba. Hasta con la cara demacrada él era hermoso.

—Voy a quedarme contigo—susurré—solo quiero que me aguardes un segundo para despedirme de Kouga ¿Si?—dije con dulzura. Era obvio que Inuyasha comenzaba a delirar. Además, cuando estaba a unos pasos de él me pareció oír algo así como "No le des un beso".

Agilicé mi despedida con Kouga para pedir un remis y atender a Inuyasha. Él se ofreció en llevarme pero lo convencí para que no se preocupara y que siguiera disfrutando de la fiesta. Antes de darle tiempo para reprochar, yo ya había desaparecido.

Le pedí a un muchacho que levantara a Inuyasha y lo metiera en el auto. Yo me senté a su lado, ya que no paraba de pedir por mí.

Me lo comería cuando delira…

Al llegar a su casa, lo arrastré como pude hasta la puerta, busqué las llaves de entre sus ropas y lo entré a la casa. Esa lujosa casa…

No iba a subirlo hasta su cuarto, que durmiera en ese reconfortante sillón…

Corrí hasta la cocina y mojé mi pañuelo una vez recostado el enfermo. Enseguida estuve sentada en el suelo junto a su cabeza. Le aparté el cabello y coloqué el paño húmedo sobre su frente. Al instante y cuidadosamente, le hice beber un poco de agua.

—Tengo frío…—susurró volteando su rostro hacia el mío.

—¿Quieres que te busque un cobertor?—Le pregunté.

—Quiero que me abraces…

—Oh… esta bien…

Inuyasha se reincorporó un poco, lo suficiente como para que yo me siente en el lugar donde antes se hallaba su cabeza. Lo hice recostar sobre mi regazo y me abracé a su espalda, de la misma forma que él me había tranquilizado en el ascensor.

Froté mis manos por sus brazos con el fin de aliviarlo y cada tanto iba cambiando el paño frío de su frente.

No era que me estuviera aprovechando de su ataque de cariño…

¡Es que se veía tan indefenso! Por lo menos ahora ya no jadeaba ni temblaba, ¡Pero ese rubor en sus mejillas era tan adorable! Y no estaba del todo segura si seguía delirando o no.

—Ahome…—me llamó.

—¿Qué sucede?

—No soy idiota… ¿Sabes?—explicó con pesadez.

—Oh, vamos. No estoy tan segura de ello—bromeé.

—¿Sabes a lo que me refiero?—me preguntó con sus ojitos cerrados.

—No lo se…dime.

—Yo se que era lo que ibas a preguntarme aquella vez…

Me quedé quieta en mi lugar sin saber que responder. ¡¿Cómo que lo sabía?! Yo no le había dado ni una pista como para que ahora viniera con esa certeza ¡Ya se! Me estaba tendiendo una trampa…

—Y…¿Cómo lo sabes?

—Porque… todo el tiempo… lo están cuestionando tus ojos, y…seria una pregunta bastante lógica de hacer que tú no has hecho.

—Ya me enredé… ¿De que me hablas?—pregunté con dulzura mientras acariciaba su rostro caliente.

—Tú…quieres saber por qué te besé…

Permanecí en silencio esperando a que continuara con su teoría, que, en realidad, era cierta. Era la pregunta que no me había atrevido a hacerle aquella vez en el ascensor.

La luz que entraba desde los postes de luz de la calle me bastaban para admirar el rostro que acunaba en mis brazos. No parecía Inuyasha, parecía la persona en él despojada de orgullo y arrogancia.

—¿Es así verdad?—insistió.

—Si…

—¿No vas a formularla?

—¿Para qué si ya la sabes?

—Quiero escucharla de ti. Si lo haces te prometo que te diré la verdad…

—Oh, vamos—me reí nerviosa. Inuyasha no estaba bromeando pero…— Estas delirando ¿Sabes? Si me lo dices…mañana te arrepentirás.

—No importa…—se incorporó con algo de esfuerzo y se sentó bien pegado a mi lado. Con sus manos calientes acunó mi rostro y me obligó a mirarlo— Ahome tú…yo…

—¡Hey! ¿Por qué no vas a darte un baño? Así te bajará la fiebre…

Una excusa estúpida para zafarme de un infarto. Inuyasha no iba a hacérmela tan fácil y yo lo sabía, pero estaba tan nerviosa…

Me levanté rápidamente del sillón y encendí un velador. Inuyasha me siguió pero se detuvo al aferrarse la cabeza con ambas manos.

—¡Maldición, Ahome!

—Tú dime donde está el baño y yo te ayudo a llegar ¿Vale?—Pasé uno de sus brazos sobre mis hombros y comenzamos a caminar, aunque mas bien Inuyasha caminaba solo ya que a duras penas yo podía resistir su peso.

—Dilo…no seas cobarde.

Me detuve en seco con la paciencia por los suelos. Solté a Inuyasha y puse mis brazos como jarra, sobre mi cintura.

—¡Bien! ¿Quieres oírlo?—él asintió— Entonces dime Inuyasha ¿Por qué demonios me besaste la primera vez?

Esperé a que se decidiera a hablar y no entendí por que rayos no lo hacía. ¡Lo detesto, y esta vez va en serio!

—Por las mismas razones por las cuales tu me lo correspondiste…

—¡Oh genial! ¡Eres admirable!—dije con rudeza— ¿Esa es tu respuesta? ¿Acaso estas burlándote de mí?

—¡Por supuesto que no! Si no te gusta mi respuesta lo lamento, ahora tendrás que responderme una ultima pregunta tú a mí.

—¿Qué no tenias fiebre?—ironicé.

—No importa si me arrepiento mañana…dime porque me correspondiste el beso…

—Te lo diré…solo… te advierto que no serán las mismas razones por las que…tu me besaste…

—Todavía no sabes—con desesperación volvió a tomar mi rostro. Me pegó contra la pared y con todo el poder de su mirada me obligó a hablar, casi contra mi voluntad.

—¡Rayos! Te detesto…—me mordí el labio inferior sin atreverme a mirarlo.

—Eso lo sé. Continúa.

—Si te correspondí el beso fue porque…¡Porque me gustas mucho!

Luego de eso, solo atiné a cerrar los ojos con fuerza.


Vaaaaamonos.

Me cansé de estos dos idiotas. Que te quiero, que no te quiero, te amo, te odio y bla bla bla. No es que yo quiera hacer su relacion "lenta" es que no lo pude evitar, me obligaron sus personalidades. Pero ahora si..y en el capitulo qe viene, mandan todo a la mierda :D (Lemon)

Y despues me empiezo a despedir!

Muchas gracias por sus reviews! me ponen feliz! Gracias, gracias, gracias,gracias...y mas.

Adieu!