Inuyasha solo esperaba que su plan saliera bien. Aunque después de todo, dar clases de Física para que la linda e inocente Ahome se hiciera pasar por su novia no había sido tan malo. Su disfraz de novio le había servido para sacar unos cuantos gozos.

Disfraz de novio

By Reina Momo

Capitulo Dieciocho

Tocar el Cielo con las manos.

Podría soportar cualquier cosa que viniera ya que ¿Qué era lo peor que podía pasar?: Que me rechace, pero yo ya estaba mentalizada sobre eso.

Si lo hacía pues…lo ayudaría a recostarse, llamaría a Miroku para que lo cuidara y luego me iría. Y no me volvería a ver jamás.

Sin atreverme a levantar la vista, me fui preparando para sacar otro tema antes de recibir el gran golpe. Alguno que quitara el sabor amargo.

Y debía hacerlo antes de que se siguiera prolongando el silencio ya que estaba apunto, yo, de tocar fondo.

Pero como siempre, Inuyasha fue en contra de mis especulaciones. Hizo presión en las manos que sujetaban mi rostro, obligándome a mirarlo. Sus ojos brillaban, parecía tan vivo.

—¿Ya ves?—preguntó como si yo fuera capaz de seguirlo—tus razones eran las mías.

Abrí los ojos todo lo que pude.

—¿Qué…quieres decir?—le pregunté con la voz cortada por la emoción. A pesar de eso, no sabía por qué me sentía triste.

—Te amo—me confesó seriamente.

Parpadeé varias veces al procesar la información.

Te amo.

No, definitivamente, esas palabras jamás podrían salir de la boca de Inuyasha.

¡Te amo!.

¿O si? Porque si fuera así sería realmente maravilloso.

¡¿Te amo?!

Bien, Inuyasha tenía fiebre, quizás…

—Estas delirando-remarqué.

—¡Por supuesto que no, Ahome!

Resbalaron sus manos hasta mi cintura, donde sus brazos se amoldaron a la perfección.

—Tú me gustas mucho…

Y sin decir más, me besó. Nuestro tercer beso, vaya…

Y en comparación con los otros, esta era suave. Nuestras bocas se acariciaban con la coordinación de dos piezas hechas la una para la otra. De verdad, era perfecto.

La cosa se puso desenfrenada cuando acomodé mis brazos en su cuello. Inuyasha me levantó del suelo y me colocó sobre el primer escalón de la escalera de madera. Aún besándonos, subimos lentamente los escalones, yo de espaldas por lo que Inuyasha me condujo con sumo cuidado.

Una vez arriba, ambos soltamos una carcajada y entonces volvió a levantarme del suelo. Enredé mis piernas alrededor de su cintura y sus manos se acomodaron sobre mis muslos, sosteniéndome.

¡Cuanta pasión podía transmitir ese chico! Y es que de verdad me había dicho que me amaba, sino ahora no estaríamos como lo estamos, besándonos con fervor. Sus manos recorrieron mis piernas mientras seguíamos avanzando hacia algún lugar que yo desconocía, chocándonos con las paredes.

Se sentían bien sus manos en mi cuerpo, muy a pesar de que éstas se encontraban mucho mas calidas de lo normal. Me hacían cosquillas, me divertían, era toda una gracia y es que todas estas sensaciones eran nuevas para mí.

Le sonreí una vez que su rostro se hubo separado lo suficiente de mí. Sus ojos dorados brillaban con un fuego que jamás antes había visto arder en aquellas orbes, y eso solo me indicaba una sola cosa.

Oh, no… ¡Quiero decir!: Oh, si…

¡Bah! Oh no, Oh si, era lo mismo en ese momento. Estaba por explotar por dos cosas.

La primera de esas malditas/benditas cosas, era que ignoraba hasta la mas puta pista sobre como iban a proceder las cosas. Mi falta de experiencia en estos casos me cortaba la respiración. Las sensaciones nuevas que me hacia sentir Inuyasha estaban fuera de riel, habían despegado y yo ya no podía manejarlas, estaban incontrolables, como él, y yo no sabia si eso era bueno o malo.

La segunda de estas malditas/benditas cosas, era que estaba demasiado nerviosa. Si esto continuaba como yo pensaba entonces tendría mi primera vez y todas las cosas que había preferido no pensar, ahora me golpeaban sin piedad en el interior de mi gastado cerebro.

¿Y si no le gustaba? Mi cuerpo no era perfecto, había dejado el gimnasio—hice un mes y dejé ¡Nadie aguanta el gimnasio hasta los resultados deseados!—, me había descontrolado con las comidas y ya no caminaba tanto como antes. No estaba gordita pero… yo no era como las mujeres que le gustaban a él…ellas eran como las de la televisión. ¡Oh malditos estereotipos!

Luego, otra oscilación cruzó por mi cabeza.

¿Y si lo hacia mal? No tenia idea de que era exactamente lo que debía hacer…o sea, si, pero en estos momentos mi imaginación estaba bloqueada. Inuyasha iba a guiarme, supuse, pero no quería ser tan patética ni tampoco tan arrebatada.

Oh, vamos Ahome deja de pensar… ¡Ahora!

.

..

...

Bien, una vez que despegaba ya nada podía detenerme así que…

¿Y si me desmayaba? Ya me había pasado una vez sobre el escritorio de mi pocilga oficina en Ingenierías, si esta vez me pasaba…¡Maldición! entonces sí iba a verme obligada a concretar mi suicidio.

¿Y si Inuyasha me estaba utilizando?Oh que mierda. Esto no lucía de aquella forma.

En ese momento, Inuyasha me dejó en el suelo. ¿Qué pasaba? Ya había descartado la opción de haber pensado en voz alta ya que él no lucía ofendido ni nada, ¿entonces qué?

¡Ah, se había arrepentido! Le había vuelto a la cabeza esa tonta idea de que yo era como una niña para él. ¡Ja! Que arrogante, solo tiene cuatro años más que yo, maldito idiota. Veamos quien es mas grande que quien cuando le de la paliza que tenia pensada ¡Desde hace tiempo! Para él.

Pero su mirada azucarada me transmitió otra cosa. ¡Bah, que cursi!

—Te quiero—dijo pausadamente mientras me tomaba ambas manos.

Yo no dudé en responder.

—Yo también…—y su sonrisa fue las mas grande que hube visto en él.

Me miró intensamente con su habitual sonrisa tentadora. Había algo que le causaba gracia y yo juraba que mi sonrojo era el motivo. Me llevó hacia una puerta tomándome ambas manos. Él caminaba de espaldas y la conexión visual se hacía, con cada paso, irrompible. Yo presentía lo que venía y no pude evitar sentirme perturbada.

—¿Vienes?—me preguntó en el mismo instante en el que empujaba una puerta con su pié. Asentí tímidamente pero mantuve el contacto visual entre los dos cuando se detuvo y me recibió contra su pecho al entrar al cuarto.

Nunca había visitado la habitación de Inuyasha y era verdaderamente extravagante. Tenia pintadas dos paredes de verde y otras dos de azul oscuro que, a su vez, estaban adornadas con cuadros, dibujos de viejísimos aviones y una gran biblioteca repleta de libros y discos que, cuando pasé por su lado, noté el Grunge prevaleciendo.

Y en el medio de la habitación, su gran cama con una colcha gris oscuro. Parecía realmente cómoda aunque todavía dudaba sobre probarla.

Sentí, entonces, sus suaves caricias sobre mis mejillas y luego sobre mi cuello. Sus labios no tardaron en besarlo lentamente y comenzar un torturante recorrido sobre él y mi clavícula. ¡Oh, claro! gracias a mi informal vestido morado mi pecho estaba a su merced.

Y a decir verdad era bastante lindo. No era demasiado corto y los breteles eran finas tiras moradas también, que se ataban sobre mis hombros. (Sango me lo había regalado).

Sujeté el cuello de su camisa con fuerza y lo atraje mas hacia mí. Me entretuve con el lóbulo de su oreja derecha mientras palpaba su cabello. Por lo menos él parecía disfrutarlo.

Puso mis manos en el primer botón de su camisa y movió mis dedos como para abrirla de a poco. No tardé en captar la señal y en cuestión de segundos, me maravillé con su torso desnudo frente a mí. Le sonreí divertida, aunque algo avergonzada y, acto seguido, le llené de besos su perfecto pecho.

Cuando me di cuenta, el vestido se había deslizado por mi cuerpo y yacía en el suelo, alrededor de mis pies. Inuyasha me miró con una tierna sonrisa y entonces yo cerré los ojos, avergonzada al encontrarme en ropa interior.

—Que linda eres, Ahome.

Me colocó un mechón de pelo detrás de mi oreja y yo abrí de nuevo los ojos lentamente. Mis mejillas fueron sacudidas por sus dulces besos al mismo tiempo que el sonrojo se acrecentaba.

—¿Si?—Le pregunté apretando fuertemente mis puños.

—Si—reafirmó dándome un corto beso en los labios—la mas linda.

Solté una suave carcajada al escucharlo hablar así. Él me copió y enseguida estuvimos ambos recostados sobre la cama, él sobre mí.

—Pensaba que jamás iba a escucharte decirme algo así a mí—suspiré manteniendo la sonrisa—debe ser la fiebre.

—¡Oye! No digas eso…—soltó simulando estar ofendido. Abrió su boca e hizo el intento de morderme el hombro cuando apoyó sus dientes suavemente sobre mi piel—yo no miento.

—Como digas pero deja de morderme, caníbal.

—No quiero—rió aun con la boca abierta sobre mi hombro derecho—tu también puedes morderme, pequeña—me insinuó.

—¡Hey que amable! Pero soy vegetariana, no como animales.

—Muy graciosa—dijo con sarcasmo (no era cierto que era vegetariana). Levantó su cabeza para mirarme y con su mano peinó mi cabello cuidadosamente—Tú sabes…que siempre voy a protegerte ¿Verdad?—preguntó seriamente concentrado en arreglar el cabello de mi frente.

—Si, lo se…—contesté de igual forma.

—Entonces ya sabes que esta noche voy a cuidarte…mucho—me traspasó con su mirada ámbar. ¡A veces podía ser tan atento!

Sonreí con ganas al sentirme librada de toda duda. Ahora estaba segura, sabía lo que quería y eso era Inuyasha.

Nos besamos febrilmente y continuamos desvistiéndonos el uno al otro.

Inuyasha era perfecto aunque no estaba segura de que el adjetivo fuera el adecuado. Quizás maravilloso era la palabra.

Y lo decía por todo en él.

Su personalidad, que siempre me hacia rabiar, también siempre me hacía reír. A veces era realmente transparente y otras demasiado misterioso, quizás por eso sea que me enamora tanto.

Además de ser un tonto infantil cuando quiere.

Su apariencia, que, sin duda, había sido lo primero en atraerme de él. El largo cabello negro, su espectacular físico, su sonrisa y sus ojos. ¡Era tan varonil! Por eso es que trae, detrás de si, una larga fila de muchachas. Por eso en las dos fiestas que habíamos compartido nunca pasaba desapercibido por el género femenino y yo no había sido la excepción.

Me sentí aún mas nerviosa cuando noté que mis piernas se separaban lentamente. Al principio pensé en resistirme, pero luego sus caricias me tranquilizaron. Él hacía un buen trabajo en estas situaciones, ya lo creía… Sus manos habían sabido donde ubicarse y su lengua pareció tener vida propia cuando arrasó en mi piel y en mis zonas mas íntimas.

Pero ahora que lo sentía dentro de mí, todo aquello había quedado atrás y nada podía compararse al placer de compartir el momento con él.

¡Lo amaba, lo amaba, lo amaba, lo amaba! Vaya, siempre tan cursi.

Ignoré el dolor de la primera embestida ya que él se estaba esforzando en dejarme todo mas fácil y por supuesto lo había hecho.

Había tocado el cielo con las manos en esta noche y ya no podía imaginármelo de otra manera y con otra persona que no fuera Inuyasha.

Cuando alcanzamos el punto máximo, él me besó de nuevo y se desplomó a mi lado, ambos cubiertos de sudor. Su sonrisa se me hizo incomparable. Me abrazó contra su pecho fuertemente y me cubrió con las sabanas azules de su cama.

Cerré los ojos, cansada, ya que él no había sido el único en trabajar, y lo ultimo que vi, antes de quedarme dormida, fue su mirada ámbar irradiándome.