Inuyasha solo esperaba que su plan saliera bien. Aunque después de todo, dar clases de Física para que la linda e inocente Ahome se hiciera pasar por su novia no había sido tan malo. Su disfraz de novio le había servido para sacar unos cuantos gozos.
Disfraz de novio
By Reina Momo
Capitulo diecinueve.
Tú, Yo, Nosotros.
Cuando estuve conciente me resistí a abrir los ojos porque sabía que si lo hacía la luz del sol no me permitiría volver a dormir. Fue al instante que reconocí una cama que no era mía y que, además, me hallaba completamente desnuda. Recordé todo enseguida y, al hacerlo, miré a mi lado para observar a la persona que apoyaba su boca, placidamente, sobre mi hombro. Inuyasha durmiendo parecía un niño. Sus brazos me abrazaban la cintura, por debajo de las sábanas y su respiración me hacia cosquillas en el cuello. Sentí su mejilla caliente así que supuse que la fiebre no se había esfumado en toda la noche.
Y claro ¿Cómo iba a bajarle mientras…?
Oh…Ma-ra-vi-llo-so.
Giré un poco mi cuerpo ya que el pensar en que debía estar quieta, me hacia sentir mas incómoda. No tuve el éxito que la sutileza me hubiera proporcionado en mis movimientos, cuando Inuyasha abrió lenta y tiernamente sus ojos. Bostezó y se rascó un ojo con su mano.
¡Ay, iba a comérmelo…!
—Hey…—emitió él con una sonrisa—¿Cuándo te despertaste?
—Recién, ¿Cómo te sientes? Todavía tienes fiebre—pregunté poniendo una mano en su frente, mientras él se acomodaba sobre su almohada y me miraba con expresión adormilada.
—Es su culpa, enfermera, por hacerme trabajar toda la noche—me sonrió con su habitual cara de pervertido, y quitó mi mano de su frente. Me pasó un brazo por lo hombros y yo me acomodé en su pecho evitando cualquier contacto íntimo.
—Idiota—reí. Su sonrisa se fue desvaneciendo paulatinamente y su rostro adoptó una expresión pensativa.
—¿Y tú como estás?
—Bien…—respondí quedamente. En realidad, no podía estar mejor— ¿Qué pasa? ¿Por qué tienes esa cara?—él abrió los ojos aparentando estar sorprendido— No me digas que te arrepentiste…
Me senté en la cama procurando estar tapada y busqué con la mirada por toda la habitación, mi ropa interior. ¡Estúpido, te odio!
—¿Qué?—preguntó él— Nada de eso ¿Cómo podría arrepentirme?
Me coloqué mi ropa interior debajo de las sabanas para que él no me viera. Cuando se percató de lo que hacía se colocó rápidamente su boxer y luego se lanzó encima mió, sobre la cama.
—¡NO! No te vistas Ahome…—me reprochó con una expresión lastimera— No me arrepentí. Solo estaba pensando en…—se detuvo y me dio un corto beso en los labios— en nada.
—¿En qué?
—¡En nada!
—¡Inuyasha! ¡Dime…!—grité.
—Esta bien, pero con una condición…—me insinuó el muy idiota.
Comenzó con un recorrido de besos por mi clavícula y con su mano intentó desabrochar mi corpiño. Oh, ya sabía cual era su condición…
Lo empujé y me senté en el borde de la cama, ya mas tranquila de llevar mis zonas íntimas cubiertas. Tomé mi vestido y lo ajusté a mi cuerpo. Le saqué la lengua cuando salí corriendo de la habitación.
Me detuve cuando hube bajado las escaleras y él no tardó en aparecer usando solo unas bermudas.
Sus mejillas rojas me recordaron su actual estado de salud y le sonreí tiernamente.
—Inuyasha debes tomar mucho líquido ¿Sabes?
—¿Vas a ponerme paños como anoche?—tomó mi mano y me condujo hacia su lujosa cocina. Yo lo ignoré.
—Anda, ve a sentarte, yo te cocinaré algo.
—Te espero aquí—contestó simplemente sentándose sobre la mesa, a mis espaldas.
Me sentía tan extraña. Parecía una esposa recibiendo a su marido; aunque en realidad, yo no sabía que éramos exactamente ahora nosotros dos. Esperaba que él hubiera sido lo suficiente atento como para considerar lo que significaría la primera vez para mí y, mas aún, cuando él ya sabía que lo amaba. Claro que jamás me animaría a preguntarle. Él era muy cambiante, quizás y no había significado mucho para él.
Y por otro lado… ¿En que demonios había estado pensando esta mañana? ¡Ja! Idiota, ya iba a sacárselo por la fuerza.
Abrí la puerta del refrigerador con la intención de prepararle algo liviano, pero la realidad fue que no encontré nada allí dentro.
—¿Inuyasha?—llamé mirando el refrigerador.
—¿Qué?
—¿Qué has estado comiendo estos días?—pregunté volteándome hacia él?
—Chicas—contestó. De seguro habrá sido me expresión lo que lo hizo estremecer porque enseguida arregló lo dicho—¡Era una broma! Eh…estuve pidiendo pizza.
—Ya lo veo…¡No tienes ni un poco de comida!—expresé frustrada.
—¿Y por qué no vamos a comprar?—sugirió.
Le insistí por que vayamos caminando hacia el supermercado ya que era una mañana preciosa. Me sentí llena cuando él me tomo de la mano para caminar juntos, a pesar de que su roce quemara tanto. Entonces recordé que deberíamos pasar por una farmacia si es que esa fiebre no le bajaba.
De vuelta en la calle principal nos metimos dentro del supermercado. ¡Y lo que lo añoraba! Porque sería el único lugar que visitaría con aire acondicionado, y el calor en la ciudad era sofocante. ¿O era yo la que estaba acalorada?
Inuyasha me hacía estremecer y sentir mil mariposas en mi estomago, la piel arder y mi cabeza perder pero ¿Qué demonios éramos en estos momentos? Mi persecuta me obligó a preguntarle sobre lo que él no había querido decirme en la mañana cuando observábamos los lácteos.
Le interrumpí cuando tomaba con una gran sonrisa, montones de postrecitos de chocolate.
—¿Vas a decirme en que pensabas esta mañana?
—Mmm… no—respondió mientras tomaba varios saches de leche.
—¡Anda Inuyasha, dime!—le rogué tirándole del brazo como una insoportable niña.
—Ya dije que no—rió y encaminó el canasto hacia las góndolas de dulces.
—Para cocinar no necesitas dulces—observé.
—Pero sí para vivir. ¿Oye te gustan los Nerds?
Me reí.
—Mmm…si, me gusta un nerd en particular—contesté con una sonrisa atravesando mi rostro.
Sus ojos centellearon solo para mí y entonces dejó el canasto en el suelo y me acorraló contra unas heladeras.
—¿Lo dices por mí?—preguntó sonriente, observando mis labios.
—¿Tú que piensas?—le contesté siguiéndole la corriente.
—No quiero pensar en Kouga.
—¡Oh…no me gusta Kouga! O por lo menos…no como tú crees—aproveché en aclarar nuestro asunto pendiente—para mí es solo un…chico o amigo…apuesto. Nada más—reí.
—No mas lindo que yo—alardeó—Pero ¡Oye, yo no soy nerd!—se quejó y me rompió los labios con sus besos.
De nuevo el dulce sabor de su boca penetró en la mía y por primera vez dejamos nuestras lenguas libres para hacerse lo que quieran, aunque solo duró unos segundos. Una voz carraspeó detrás de la espalda de Inuyasha y entonces él giró su rostro para observar a un hombre de seguridad observándonos.
¡Estúpido vigilante…! Cortar un momento así con mi algo empezaba a dejarme los cables pelados.
Noté como con mucha vergüenza el hombre miraba el suelo y se movía inquieto antes de volver a fijarse en Inuyasha que, seguramente, lo estaría maldiciendo internamente y clavándole agujas con la mirada.
—Chicos, aquí no…por favor—soltó una nerviosa carcajada antes que Inuyasha le contestara con impertinencia.
—¿Usted no tiene mujer, verdad?
—¡InuYasha!—susurré e intenté sonreírle al hombre por arriba del hombro de Inuyasha cuando me puse en puntitas de pié.
—¿Qué…? No se lo voy a permitir—contestó el hombre, claramente ofendido.
Tiré de las ropas de Inuyasha en un intento para frenarlo, pero él movió sus hombros y dio un paso hacia el señor enfrente nuestro. ¡No…No quería acompañarlo a una comisaría! ¿Por qué tenía que ser tan impulsivo?
Tanteé a mis espaldas, la góndola de dulces, con el inocente propósito de encontrar algo con lo que entretener a Inuyasha, pero yo no veía nada y sentía demasiadas cosas en mi mano con formas notoriamente extravagantes.
—Le agradecería mucho que me dejara solo con mi…
¿Con mi que?
¡¿Con mi QUE?! ¡¡MALDICIÓN!! ¡Tonta, tonta, tonta, idiota, idiota, idiota! ¿Por qué debía ser yo así? ¿Estaba mal que se me otorgara un poco de suerte? Porque tirar al suelo media góndola de dulces justo en el momento en que un chico importante está por decir algo como: "mi novia",era una cruel demostración de que sí. Siempre había pensado en que era injusto que hubiera gente con mas suerte que otra, mas aún, cuando yo misma pertenecía al grupo de Gente Otra.
Bien, se podían ir todos bien a la…
—¡Señorita!—Gritó el señor de seguridad.
Yo me sobresalté y fue cuando me percaté de la mirada curiosa de los demás clientes sobre mí, la cara de desaprobación del señor, y la sonrisa divertida de Inuyasha.
—¿Qué…? Yo no dije nada…—me apresuré a responder con rapidez, con la ligera sospecha de haber pensado en voz alta. Inuyasha soltó una carcajada y entonces yo me apresuré a lanzarme al suelo, a levantar los dulces, algunos con las cajas abiertas y desparramados por el suelo y otros en perfecto estado.
—¡Ja! Ordenen eso ahora mismo—dijo el hombre con suficiencia al vernos a mí y a Inuyasha juntando los dulces. Al parecer le causaba cierta satisfacción el creer darnos un castigo luego de su anterior reproche.
—¡Lo lamento!—grité frustrada, aunque en realidad el grito venía de la mano con la mirada de los clientes. ¿Qué miraban? Tontos…
—Con eso no alcanzará, jovencita. Quiero suponer que van a consumir todo lo que estropearon ¿Verdad?
—¿Qué?—volví a gritar, horrorizada por lo que me saldría pagar la inmensa cantidad de dulces rotos.
—Por supuesto que vamos a comprarlos, idiota—Terció Inuyasha con tranquilidad. Claro…luego de conocer su casa, su auto y su futuro trabajo, me sentía segura al sospechar que un montón de dulces no serían demasiada molestia para su bolsillo.
—Oh…pues…eso espero ¡Y sigan juntando!
.
..
...
De regreso a la casa de Inuyasha, caminamos atestados de bolsas, aunque la mayor parte de ellas las cargaba él con sus fuertes brazos, ya que solo me había dejado llevar una bolsa que contenía dos latitas de cerveza.
—Lo siento—dije por tercera vez en nuestro regreso.
—Ya no te disculpes, Ahome—volvió a decirme con pesadez—de todas formas iba a comprar una cantidad parecida, por lo menos tengo caramelos para los próximos…tres meses—calculó luego de echarle un vistazo a sus cinco bolsas.
Bufé enfurruñada cuando traspasamos el umbral de la puerta de entrada. Inuyasha me ayudó a encontrar los lugares indicados para guardar las cosas que habíamos comprado y luego él se sentó sobre la mesada y me miró con cierto interés.
—Oye Ahome…
—¿Qué sucede? ¿Te sientes mal?—pregunté aunque él no me respondió enseguida.
—¿Qué vas a hacerme de comer?—preguntó seriamente. Yo entorné los ojos con astucia.
—No voy a hacerte de comer—mentí siguiendo mi plan.
Él bajó de la mesada como si algo le hubiera quemado y en menos de tres segundos estuvo parado frente a mí con su, últimamente habitual, cara de súplica.
—¿Cómo que no vas a hacerme de comer…? ¿Quieres que me vuelva a enfermar, a intoxicar con comida comprada? Eres cruel, Ahome…
—De todas formas cocino mal—le expliqué en tono conciliador.
—No te creo.
—Esta bien, hagamos un trato: yo te cocinaré luego de que tú me digas en que pensabas esta mañana.
Inuyasha pasó su brazo por encima de mis hombros y me atrajo hacia su cuerpo. Enseguida comenzamos a dar vueltas alrededor de la cocina. Mientras hacíamos el trato él bajaba la cabeza para ponerla a mi altura.
—¿Tanto interés, pequeña?
—Si, viejito.
—Está bien…te diré.
—¡Pero no me mientas!
—No es mi culpa si eres ingenua—dijo por lo bajo mientras se sentaba, otra vez, sobre la mesada.
—¡Inuyasha!—él suspiró.
—Está bien… cuando me desperté y te vi esta mañana… verás, Ahome, no podría explicarte lo feliz que me sentí. Hacía tiempo no me sentía así de competo. Ya sabes, desde…
—Si, lo se…—Lime.
—Lo sabes…claro—se recordó—Nunca había tenido la oportunidad de verte…así—expresó con una sonrisa. Mi sonrojo fue inminente y él pareció divertido con la idea—eres muy linda.
—Gracias, tú también—respondí con timidez.
—Pues, supongo que ya sabes que para mí eres una personita muy importante.
Personita, repetí en mi interior. Oh ¡Que tierno!
—Y que por eso desde que desperté, y también mucho antes, cuando creía imposible esa oportunidad contigo, estuve inseguro…pensando si te habrá gustado—bajó la mirada hacia sus pies que jugaban solos a centímetros del suelo. Yo no pude evitar sonreír al tener a Inuyasha, desnudo completamente para mí— Si pude llegar a lo que tú seguramente habrás soñado para tu primera vez—terminó y con un sonrojo, esta vez despojado de toda fiebre, enfrentó mis ojos.
Cuando quise responderle comencé a tartamudear de la manera mas patética que se pudiera imaginar, a pesar de no sentirme nerviosa, solo sorprendida y feliz.
—Eres…impresionante—reí.
Cerré los ojos cuando comprendí lo que él realmente había dicho.
¿Qué si había cubierto mis expectativas para la primera vez? ¡Por supuesto que si! Inuyasha no pudo haber sido mas tierno la noche anterior, ya sea por la fiebre o por cualquier otro factor.
Él no estaba arrepentido.
—Soy lindo.
Reí y me mordí el labio inferior. No había necesidad de afirmar lo que él me había confesado, o por lo menos, yo no lo hubiera necesitado; no obstante, le tiré un beso con la mano y me giré para prepararle algo de comer.
Aunque en realidad no sabía que era lo que a él le gustaba, me decidí por hacerle una comida liviana, como pollo y ensalada o algo por el estilo. Todavía no entendía como era que no supiera cocinar si vivía solo. En fin, Inuyasha nunca dejaría de ser un idiota.
Un idiota lindo—abarcando todos los sentidos de las palabras Idiota y Lindo—.
Nos sentamos a la mesa a pesar de que yo no iba a comer, puesto que no tenía nada de hambre—raro en mí—. Y debió ser por eso que Inuyasha me miró tan extraño antes de arremeter contra su plato.
—¿Por qué no comes? ¡No me digas que tienes desórdenes alimenticios! Ahome, no te hará bien.
—¿Qué estupideces estás diciendo? No tengo hambre.
—¿Segura?
—Si, ya come—me reí.
—Esta bien. Oye, esto sabe bien—me dijo aunque tardé en entender lo que decía, debido a la cantidad de comida que tenía en la boca.
Obligué a Inuyasha a que lavara los platos una vez que terminó de comer. Estaba loco si pensaba que iba a atenderlo tanto; después de todo, si era un inútil no era mi culpa. Entonces mientras él limpiaba, yo le mandaba un mensaje de texto a mi madre para que supiera que iba a ir mas tarde—y que, supuestamente, me había quedado a dormir en casa de Sango—.
Aprovechamos el momento para que él me explicara un poco mas de física, aunque poca atención le estaba prestando debido a las preguntas que atestaban mi mente.
Todas ellas tenían se relacionaban con cierta persona que, últimamente, venía carcomiendo mi pobre y sobreexplotado cerebro.
¡LimeLimeLimeLimeLimeLimeLimeLimeLimeLime!
¡Yo no era curiosa! Kouga se había callado en la parte mas intrigante el día de la fiesta y ahora ya no podía dejar de especular y pensar sobre ello.
¿Que las cosas terminaron terriblemente mal? ¿A que se refería?
Hice un recuento sobre los datos que me había brindado Kouga.
Inuyasha y Kouga eran amigos, bien. ¡Pero Kouga se había metido con la novia de Inuyasha! Lime estaba ebria, Kouga también, Inuyasha enojado y… ¿Y pelearon? ¿Y Lime?
¡Maldición! ¡Y después dicen que las mujeres somos complicadas!
—Ahome, tonta, no me estás escuchando.
—No me digas tonta, tonto—hablé saliendo de mi periplo.
—¿En que piensas?—preguntó, dejando a un lado sus libros de física junto con los bonitos dibujos que había hecho para explicarme.
—¿Quieres saber?
—Si te estoy preguntando…—insinuó como si le hubiera dicho que la luna era fucsia.
—Kouga me contó algo… la noche de la fiesta y no comprendí nada.
—De seguro te habló de números—se burló.
—¡Inuyasha, hablo en serio!—le recriminé exasperada.
—¿Qué te dijo?
—Me habló de ti, y de él… y de Lime—solté.
Inuyasha endureció su expresión. Apretó sus ojos y después los liberó, dejando escapar un suspiro.
—Todo salió porque…yo le pregunté por que tú y él se llevaban tan mal…—Evalué el rostro de Inuyasha para prepararme ante su enojo, pero sus ojos ahora observaban los dibujos anteriormente hechos— y me contó lo que pasó…entre ustedes tres.
Luego de un penoso silencio, Inuyasha dejó escapar una única carcajada que me hizo saltar en mi silla.
—Ya veo…bueno, no fue la mejor noche y él no ayudó en nada.
—¡Pero…! ¿Qué pasó?
—¿Que no me dijiste que te había dicho todo?
—No terminó de contarme—repuse haciendo un mohín— Solo me dijo que tú los viste…ya sabes, besándose, y que luego…—callé, sin saber que decir. No era mentira, era todo lo que sabía.
—Luego peleamos, si, obvio—contestó como si nada— ¡Fue la pelea mas dura que he tenido jamás! Muy a pesar de que Kouga estaba ebrio y yo no—aclaró mirándome por fin a los ojos— Fue la misma noche en la que murió Lime.
Me hice para atrás en un leve movimiento, sin dar credito a lo que decía Inuyasha. ¿Qué? ¿Mientras ella moría, ellos dos se peleaban? No, eso no podía ser. Entonces ¿Lime había salido lastimada en aquella pelea? ¡¿La mataron?! No, no…
Quité todas las posibilidades que se habían amontonado en mi cabeza en solo medio segundo, y escuché atenta a Inuyasha, que tocaba el tema como quien habla del clima.
—Eh… recuerdo que era una noche espantosa. Había llovido todo el día pero la tormenta se largó a la noche. ¿Te acuerdas? Esa, la que voló árboles y dejó cientos de destrozos, hace dos años—Me recordó y yo asentí rápidamente— Lime se echó a llorar cuando nos vio pelear, siempre había sido muy sensible—explicó— entonces tomó las llaves de su auto y… se fue.
Supe de inmediato que el Se fue había significado mucho mas que la acción de salir de la casa. Ella se fue. Ella no volvió.
Inuyasha comenzó a doblar un papel que se hallaba sobre la mesa y entonces yo decidí no preguntar mas.
La tormenta había destrozado casas, derribado árboles, y provocado mas de un accidente de tránsito. El saldo de muertos no había sido muy elevado, pero tampoco insignificante, y más ahora que sabía de Lime.
La forma tan simple de explicar que tenía Inuyasha me dejó estática; no obstante, yo no esperaba mas de él. Era usual que demostrara restarle importancia a las cosas, pero yo no era quién para obligarlo a hablar. Simplemente me recosté en su brazo y cerré mis ojos, intentando olvidar la insatisfactoria explicación de hacía un rato.
Él no tardó en pasar un brazo por mis hombros y estrecharme contra él.
* * *
El pasar de los días no me respondió la pregunta sobre qué éramos Inuyasha y yo por el momento, y eso no era algo que me dejara muy cómoda. Digo, no éramos exactamente novios; sin embargo, él me llamaba todos los días a mi casa, se la pasaba conmigo en mi "papelería" cuando no tenía clases en Ingenierías, salíamos juntos a distintos lugares y siempre nos quedábamos hablando en la puerta de mi casa cada noche que él me traía desde la facultad.
Aunque la incertidumbre me matara, yo no estaba dispuesta a presionar las cosas, si es que era posible aquello.
Y fue una de esas noches en la entrada de mi casa que Inuyasha me lo contó.
—Este sábado asumo la presidencia—dijo esbozando una amplia sonrisa.
—¿En serio? ¡Que bien!—contesté sin saber que decirle.
—Si…Vas a venir, ¿Verdad?—preguntó con cautela.
—Por supuesto, ya que…tu padre debe pensar que…—me callé, ya que si continuaba difícilmente podría completar la idea.
—¿Qué nosotros…?
—Que nosotros somos…—empecé sin ninguna intención de proseguir.
—¿Novios?—terminó. Yo asentí como si aún dudara de ello—Digo, nosotros somos…algo. ¿Verdad que sí? Saliendo de la farsa—aclaró.
—¿Tú que calificativos abarcas con algo? Digo, somos dos personas, dos conocidos, dos…
—¿Amigos?—preguntó y yo jamás en la vida me había sentido mas ofendida ¡Es que Inuyasha sí que podía ser tonto!
—¿Amigos?—pregunté intentando disimular mi enojo. Si las cosas eran así, no quería que supiera cuanto me había ilusionado. Pero exploté— ¿O sea…que soy como Kikyo y Yura?—rolé mis ojos— soy de esas clases de amigas tuyas con las que te acuestas—afirmé y me levanté del suelo.
—¿Qué?—preguntó divertido él— No quise decir eso.
—¿Entonces? Sabías desde un principio que yo no era como esas idiotas con las que sales. ¡Aun así me usaste! ¡IDIOTA!—grité.
Esperé a que Inuyasha cambiara su expresión seria y pensativa para decirme como es que eran las cosas precisamente ahora. Pero a cambio de eso soltó una carcajada profunda.
—¡¿De que te ríes?!
—De ti—contestó dando un paso hacia mí— De lo tonta que eres.
—Eso ya lo se…—contesté. ¡Por supuesto que era una tonta!
Pero tú eres el mas tonto. Un idiota, manipulador, insensible.
—No. ¿Ves que no entiendes?—dijo con cierto tono dulce en su voz, aunque, obviamente, no me iba a engañar.
—¿Qué cosa?
—Kikyo y Yura no son nada para mí. ¡No les diría que las amo pero ni que estuviera ebrio!—dijo horrorizado con la simple idea— En cambio tú eres algo mas.
Mmm…Algo mas, interesante.
—Te escucho—dije manteniendo mi orgullo en alto. Él volvió a dejar escapar una carcajada.
—¡Maldición, Ahome! ¿Qué no te das cuenta? ¡Lo que te estoy diciendo es si…te molestaría salir conmigo!—a pesar de lo forzada que salió su vos, Inuyasha mantuvo su vista fija en mí, cosa que me costó sostener.
—¿Salir…salir?—le cuestioné con sorna.
—Si. Salir…Salir. Como…—me insinuó algo con la mirada que yo no tardé en entender. A pesar de estar familiarizado con el tema sobre como conquistar chicas, parecía hacérsele difícil decir aquello.
—¿N…novios?—tartamudeé. Inuyasha se limitó a sonreír y a rascarse su envidiable cabellera negra—Oh…bueno…, no me molestaría en absoluto—dije tímidamente.
—Ya veo. Entonces…¿Somos novios ahora?
—Eso creo—me mordí la uña del dedo pulgar y lo miré con ojos cautelosos.
—Oh, que genial…
—Eres malo para esto ¿Sabes?—me reí, acto que él imitó.
—Y tú eres lenta. Pero…por eso solo me limito a llevarlas a la cama. Quedan satisfechas sin ninguna clase de explicación—su cara adoptó el gesto de alguien que recuerda un buen momento, yeso no me agradó nada.
—Idiota.
—¡Bien! Ya que somos novios… ¿Vas a darme un beso antes que regrese a mi casa?
Fue lo ultima charla que tuvimos esa noche antes de rompernos los labios a besos.
Yo soy tú gatita, tú gatita (?) eh? XD wacala.
Si me demoré fue porque estoy haciendo el capitulo 20 ( que aproposito, tengo que ver si es el FINAL o el anteúltimo capitulo) pero sepan que mas de dos capitulos no le quedan a la historia!
Entocnes, no me gusta la idea de publicar sin tener lista la continuacion xD porque ya me pasó y terminé dejando las historias por la mitad! xP
Y gracias por sus lindos comentarios, me gusta ese 300 ¬¬ ta gueno.
Creo que no tengo que aclarar nada mas...
Adieu!
