Capítulo 2: "Comenzando a despertar"
"Cuando el sol se eclipsa para desaparecer, se ve mejor su grandeza" (Lucio Anneo Séneca)
Observó como la puerta que daba al patio delantero de la casa de sus abuelos se cerraba con un golpe seco. Suspiró no pudiendo evitar que la culpa le envargara cada célula de su cuerpo, cada poro, cada centímetro de piel.
Habían ido a comer a la Madriguera con sus abuelos y el resto de la familia, como todos los domingos, cuando en medio de la comida su tío George le había preguntado si ya tenía novio. Las diferentes reacciones se habían ido sucediendo.
Había mirado a su madre que se había quedado totalmente pálida, esperándo su contestación. Había sentido la mirada interrogativa y casi furiosa de su padre y había escuchado la intervención de su primo Albus alegando que si ella tuviera novio él lo sabría, y puesto que él no sabía nada, ella no tenia pareja.
Tendría que darle las gracias a Albus por aquello.
También había escuchado, posteriormente, como su padre se interesaba por el cambio repentino de humor de su madre y tras no recibir una respuesta concreta había preguntado tres veces más provocando que su madre se enfadara y diera aquel portazo al encaminarse hacia el pequeño lago que tenían sus abuelos; dejando a todos los presentes desconcertados.
Cogió la servilleta de tela y se limpió la boca con ella y tras pedir permiso a su abuela para levantarse, subió despacio las escaleras hasta llegar a la antigua habitación de su tía Ginny.
Entró y cerró la puerta. Sonrió levemente al ver el viejo poster de las Holyhead Harpies pegado en la pared del fondo. Inspiró hondo. Siempre le había gustado la habitación de su tía, en especial el olor que allí había: una mezcla entre lilas y ese ambiente a antigüedad.
Contuvo una carcajada. Si su tía la escuchaba decir que su habitación olía a antigüedad estaba segura de que la mataría, la cortaría en trocitos para luego tirarlos al pequeño lago y que se los comieran los animales extraños que veía su amiga Luna; o eso era lo que le había dicho una vez a su padre cuando se había metido con ella.
La alegría le duró poco, sólo lo que tardó en venirle a la mente lo que había sucedido durante la comida. Bufando se tiró sobre la cama y cerró los ojos recordando la conversación que había tenido con su madre hacía más de una semana. Tragó saliva ruidosamente, conteniendo las ganas de llorar. No podía alejar la culpa que sentía. Desde que su madre se había enterado de que estaba enamorada de Scorpius, actuaba de manera extraña. Se mostraba esquiva con la mayoría de la gente, como si no quisiera que nadie la mirara a los ojos durate demasiado tiempo, por miedo a que descubrieran un secreto, y estaba segura de que no era el secreto que ella le había confesado. No, era algo mucho más profundo, más hiriente, era un secreto suyo, su secreto. Pero sobre todo aquello, lo que más la hacía sentirse culpable era que su madre pagaba su preocupación con la persona que más cerca se encontraba: su padre.
Escuchó como la puerta se abría pero no hizo caso y continuó con los ojos cerrados.
-Lárgate, Albus... -murmuró cuando escuchó como la puerta se cerraba de nuevo.
-Vaya... Es la primera vez que alguien me echa de mi propia habitación -dijo la persona que había entrado, divertida.
Abrió los ojos para mirar a su tía más pequeña, su tía favorita. Ginny Weasley, ahora Ginny Potter seguía conservando la figura que había encandilado a demasiados chicos para gusto de su padre. El cabello pelirrojo, recogido en una coleta que no llegaba a atrapar todos los mechones, le daba un aire alegre a su cara y los ojos marrones seguían conservando el brillo alegre e ingenuo de la niñez.
Sonrió levemente desde la cama y se movió hacia un lado para dejarle espacio y que pudiera sentarse.
-Todo esto es por un chico ¿no? - preguntó mientras se tumbaba al lado de su sobrina.
-No es sólo un chico... -murmuró con la vista fija en el techo.
-Oh. ya veo... - murmuró sorprendida Ginny -te has enamorado...-
Rose giró la cabeza para mirarla con los ojos abiertos desmesuradamente.
-Cariño, sabes que nos parecemos más de lo que la mayoría de la gente cree - explicó Ginny dándole con su dedo índice un golpecito en la nariz, provocando que Rose sonriera -y sabes que no me refiero solamente al físico, soy tu tía pero te pareces más a mi que a tu propia madre, el color del pelo, de los ojos... pero también nos parecemos muchísimo en la manera de pensar, puede que tengas la inteligencia de tu madre, pero la forma de pensar es sin duda de los Weasley.-asintió convencida -Bien, ahora dime ¿De quién te has enamorado? -
-Antes quiero que me prometas que no le dirás nada a papá, ni a Harry... - pidió la joven.
-Prometido -Aceptó Ginny poniendo una falsa mueca de seriedad y alzando la mano derecha.
-Es Scorpius Malfoy... -Susurró temiendo que Ginny tuviera la misma reacción que su madre.
-Vaya... así que es eso... -Murmuró Ginny pensativa.
-¿El qué es eso, Ginny? - preguntó Rose extrañada.
-¿Ehh? -preguntó abstraida -No, nada, nada... -dijo con rapidez. -Creo que será mejor que bajemos, estarán preocupados por ti. - añadió incorporándose.
-Tía Gin, -la llamó mientras se levantaba de la cama. Continuó cuando vió que la mujer se giraba para mirarla con una sonrisa -¿Por qué no estás enfadada? -
Ginny alzó las cejas.
-¿Debería estarlo? -preguntó sonriendo.
-Bueno... -dijo la menor pensativa - todos los demás pondrían el grito en el cielo si se enteraran y en cambio tú... tú te ries...- dijo desconcertada.
Ginny estalló en carcajadas.
-Rose, eso es porque yo sé lo que es sufrir por amor, si es a él a quien tu corazón quiere, no podrás hacer nada para cambiarlo. Podrás intentar amar a otras personas, podrás incluso casarte con ellas pero ese amor, si es verdadero, no desaparecerá ni siquiera cuando tú, después de años, creas que ha desaparecido, sólo necesitarás una mirada, sólo una, y volverás a quererlo más que a tu propia vida. -
-¿Tío Harry, es tu amor... es tu amor verdadero? -preguntó emocionada.
Ginny sonrío y le tocó con la mano la mejilla.
-Sí, yo tuve suerte -al ver como su sobrina se emocionaba ante la idea añadió -pero debes entender una cosa, Rose. No siempre se consigue estar con esa persona toda la vida,y no tenerla te puede causar un dolor y un sufrimiento mayor que si te enviaran un arsenal de crucciatus, sin embargo si es esa persona la que tiene que estar contigo, tarde o temprano regresará a tí de eso puedes estar segura. -Sonrió al ver los ojos iluminados de Rose. -¿Bajamos?- preguntó tendiéndole una mano.
Cuando Rose la tomó, salieron de aquella habitación abrazadas.
No muy lejos de la Madriguera, Hermione se encontraba sentada sobre una roca situada en las orillas del pequeño lago.
Inspiró hondo. Estaba nerviosa, demasiado nerviosa. No quería volver a ver a Draco Malfoy, le daba miedo verlo por si volvían a aflorar los sentimientos olvidados, no estaba preparada para encontrarse cara a cara con él, lo había evitado durante años, sonrío con irónia, y sin embargo ahora su hija mayor venia a enamorarse de su hijo. Negó con la cabeza, aquello era una locura, sí, una auténtica locura, pero no por eso iba a dejar que su familia se rompiera.
Los recuerdos pertenecían al pasado, a un pasado que ella había enterrado bajo una gran losa, y a los que no se permitía acceder jamás.
Miró hacia el cielo. Hacía sol de nuevo...
"Sonrió al escuchar la puerta de la sala común de los premios anuales cerrarse, pero no apartó la vista de la ventana que daba a los terrenos.
Sonrió aún más y cerró los ojos al sentir las manos de él apresando su cintura y un beso detrás de la oreja.
-¿Qué haces, preciosa? -Escuchó que preguntaba en voz baja.
-Observando los terrenos, me gusta el reflejo del Sol sobre el agua del lago -murmuró no queriendo romper el momento.
Draco con un movimiento rápido la giró para quedar cara a cara.
Hermione sonrió y posó sus brazos en su cuello paseando sus dedos por su nuca sintiendo como a cada caricia el chico se estremecía, y antes de que él dijera algo, como que mirar el sol era algo absurdo, se puso de puntillas y lo besó lentamente. Sin embargo él no tenía en mente un beso precisamente casto.
Sonrió dentro del beso cuando escuchó como Hermione emitía un gemido ahogado de sorpresa. Le gustaba besarla hasta que las mejillas le quedaban sonrojadas y terminaba jadeando por la falta de aire.
Sólo cuando consiguió aquello se separó con besos suaves de sus labios, sin distanciar sus cuerpos más de lo necesario.
-¿A qué ha venido eso? -Preguntó Hermione una vez hubo recuperado el aliento.-
-A que te quiero y quiero que cada vez que mires el sol me recuerdes y recuerdes este momento... -dijo con la voz algo ronca.
Hermione lo miró sorprendida. Era la primera vez que le decía que la quería, se lo había demostrado, cierto, pero nunca se lo había dicho. Sonrió y se puso de puntillas para alcanzar los labios de Draco. Fue un beso mas suave que el anterior, un beso en el que él la dejaba guiar, en el que se dejaba guiar por ella.
-Yo también te quiero, Draco -murmuró a unos milimetros de sus labios con su frente apoyada en la de él.
Y así en aquella posición se prometió a sí misma que cada vez que viera el Sol se acordaría de él y de que la amaba."
Se levantó con rapidez de la roca, no queriendo recordar nada más. Debía pedirle perdón a Ron, después de todo él siempre había estado cuando lo había necesitado, amándola sin saber que aún luchaba contra él, contra su recuerdo, contra el pasado de su esposa que desde hacía algo más de una semana había comenzado a despertar.
¡Hola! Aquí teneis un regalito que para algo es mi cumpleaños, espero que os haya gustado el capítulo ;D
Otra cosa: Muchas gracias por todos los reviews recibidos, si tenéis cuenta os contestaré con un replay porque va contra las normas contestar por aquí...
Y ya sabéis, dejad reviews si queréis que la historia siga su curso
Con cariño.
**Silver Princess**
