Capítulo 3: "Horas para recordar"
"Solo de esto se ve privado hasta Dios, de poder hacer que no se haya producido lo que ya está hecho." (Agatón)
Llamó al timbre de la puerta cuatro veces seguidas, creando una suave melodía que evidenciaba que era ella. Suspiró mientras esperaba que la puerta se abriera, tenía la llave, desde luego, pero nunca le había gustado presentarse en aquella casa sin avisar, no al menos mientras tuviera tiempo para hacerlo.
Esperó mientras escuchaba pasos acelerados desde el interior y sonrió cuando con un movimiento rápido la puerta se abrió dejando paso a un chico rubio, alto y de cuerpo atlético. Su edad, dieciséis años.
-¡Madrina! -exclamó al ver a la mujer morena situada frente a él mientras se acercaba para abrazarla.
-Hola Scopius -saludó devolviéndole el abrazo -¿está tu padre, cariño?- preguntó mientras entraba por el hueco que su ahijado había dejado para que entrara.
El joven asintió mientras la conducía hacia el gran salón de la mansión donde su padre se encontraba leyendo unos informes mientras bebía de vez en cuando un poco de café de una taza que tenia sobre la mesa, frente a él.
Sonrió al ver al frío Draco Malfoy, educado para mantener siempre unos modales exquisitos, sentado con una pierna debajo del trasero, rodeado, casi ahogado por la cantidad de pergaminos que había sobre el sofá de cuero y en los que intentaba concentrarse, a juzgar por su ceño fruncido, sin demasiado éxito.
Una vez Scorpius hubo desaparecido, tosió para captar su atención, dándose por satisfecha cuando él alzó la mirada y sin decir nada apartó algunos pergaminos para que pudiera sentarse.
Pansy Parkinson lejos de sentirse molesta por el saludo, o mas bien por la falta de él, se sentó con las piernas cruzadas elegantemente y tras darle un suave beso en la mejilla y comprobar tras unos segundos que Draco no iba a ser el primero en hablar decidió comenzar ella misma con la conversación que la había llevado hasta allí.
-¿Y bien? -al ver que el hombre alzaba la cabeza y la miraba sin saber a qué se refería con aquella pregunta continuó- ¿Qué vas a hacer? -
Draco rodó los ojos con exasperación.
-Haré lo mismo que he hecho los últimos dieciséis años, Pansy. -Dijo con voz cansada.
La morena parpadeó dos veces sin saber a que se refería.
-Me quedaré aquí, trabajando e intentando olvidar que hoy es su cumpleaños y negando el hecho de que mi hijo, se haya tenido que enamorar de su hija - dijo con frustración y sin llegar a entender del todo como su hijo podía haberse fijado, no en la hija de Hermione, sino en la hija de Weasley, de ese maldito pobretón que le había robado a la persona a la que más había querido en toda su vida, exceptuando a su hijo.
Suspiró y apoyó la cabeza sobre el sillón cubriéndose con el brazo derecho los ojos, cansado. Estaba cansado de los recuerdos, del pasado ese en el que había sido feliz a pesar de las discusiones con su padre, a pesar de Voldemort, de los mortífagos, de todo... A pesar de todo había sido feliz porque tenía lo único que le importaba, lo única persona por la que en aquel momento hubiera dado su vida si con eso conseguía que ella fuera feliz.
Sonrió interiormente con ironía. Y lo había hecho. Había sacrificado su felicidad, su vida para que ella no tuviera que enfrentarse a sus amigos. Ella le había pedido que se alejara y él lo había hecho, por primera vez en su vida no había pensado en él primero.
Posteriormente había seguido con su vida. Se había casado con la mujer que su padre había buscado para él; Astoria Greengrass, una mujer fría, calculadora, una descendiente de mortífagos. Una mujer incapaz de amar a su propio hijo. Por eso se habían divorciado cuando Scorpius apenas había cumplido los dos años, él se había quedado con el niño y ella había regresado a Francia sin preocuparse nunca más por el hijo de ambos.
Aún recordaba a aquella mujer, no porque la hubiera amado, jamás lo había hecho, sino porque era todo lo opuesto a Hermione. Él sabía que Hermione era una buena madre, lo había comprobado la primera vez que había llevado a Scorpius al andén. Hablando con su hija, abrazándola y acariciándola con cariño.
Por eso siempre había intentado demostrarle su amor a su hijo. Scorpius, a pesar de tener el amor de su padre, de su abuela Narcissa y de su madrina Pansy, ademas del que algunos de los, todavia, amigos de su padre como Blaise y Nott le demostraban, jamás había sentido un abrazo, una caricia de su madre y Draco sabía que nunca la sentiría.
Pensó en Rose Weasley, la chica de la que su hijo había tenido que enamorarse, todavía no lo creía, era algo demasiado extraño, demasiado irreal. Recordaba a la perfección el momento en el que Scorpius se lo había confesado. Había necesitado sentarse de la misma incredulidad que lo había embargado, creía que era una broma, pero cuando había mirado a los ojos grises del chico y éste le había repetido sin reparos que quería a la chica pelirroja, lo había comprendido, y muy a su pesar, él no iba a ser como su padre. No iba a ser como Lucius Malfoy; lo había jurado en el momento en que había perdido a Hermione y lo había vuelto a jurar cuando se estaba casando con Astoria, él no iba a interferir en una relación que solamente concernía a su hijo y a la mujer que eligiera, él no iba a provocarle a su hijo el dolor que él había padecido por culpa de su padre y de sus ideales.
Sin embargo, Pansy no estaba allí porque Scorpius la hubiera llamado, Pansy en aquel momento estaba allí por él, porque a pesar de todo, a pesar de los años que habían pasado, la necesitaba. Pansy desde siempre había sido su mejor amiga, su hermana, una hermana en la que poder confiar, a la que poder pedir consejo siempre. Aquel día era el cumpleaños de Hermione y Pansy lo sabía, al igual que él, por eso no había querido dejarlo solo.
Habían pasado ¿cuantos? ¿quince? ¿veinte años? desde la última vez que había celebrado un cumpleaños junto a Hermione y en todos y cada uno de esos años Pansy se había presentado en su casa por la mañana temprano exigiendo que la invitara a pasar el día allí porque quería disfrutar de su ahijado. Sin embargo, él sabía la verdad, Pansy no quería dejarlo sólo aquel día y era algo que sinceramente agradecía mucho.
Pero aunque agradecía su compañía odiaba el momento de la pregunta, esa pregunta que le hacía cada año, cada cumpleaños; ¿Qué vas a hacer?. Con aquella pregunta su amiga no quería saber que iba a hacer durante el día, no. Con aquella pregunta Pansy pretendía saber si aquel año, como todos los anteriores iba a enviarle algo a Hermione y a pesar de que la respuesta siempre era la misma, también sabía que terminaría haciendo totalmente lo contrario a lo que había pensado en un principio, siempre terminaba enviándole algo, y Pansy lo sabía, así que no necesitaba contestar nada más, no necesitaba especificarle que sí iba a enviarlo, y no necesitaba decirle qué era; porque ni siquiera él lo sabía hasta el momento en que llegaba la hora, su hora, la hora de ambos, la hora en la que se permitían pensar durante unos segundos en el otro. Recordaba perfectamente como habían llegado a aquel acuerdo.
"-No quiero que te vayas -
Hermione bufó fastidiada. Era la décima vez que Draco repetía aquello.
-Voy a irme, quieras o no, Draco, necesito ver a mis padres, ya sabes que mi madre me mandó una carta en la que decía que mi padre estaba algo extraño y si podía ir estas Navidades haber si así conseguía que se relajara un poco. No puedo quedarme -explicó la castaña de nuevo, estaba cansada de tener aquella conversación y estaba cansada de discutir aquello, porque cada vez que lo hablaban terminaban enfadados.
-Pero... -Intentó continuar el chico pero un dedo de Hermione en sus labios hizo que se mantuviera callado.
-Escúchame... -le interrumpió y al comprobar que Draco se mantenía callado, continuó. -Voy a estar de vuelta antes de que te des cuenta. ¿De acuerdo? -preguntó a pocos centímetros de los labios del joven.
Draco bufó. Hermione sabía jugar muy bien sus cartas, sabía como convencerlo y utilizaba la intimidad y la protección que les otorgaba la habitación de los premios anuales, para ello.
-De acuerdo... -aceptó el chico de mala gana mientras alzaba su mano hasta rozar la mejilla de Hermione, sonriendo cuando ella cerró los ojos ante el contacto.
-De acuerdo... -repitió ella mientras se acercaba para besarlo. -Quiero que hagamos algo... -murmuró cerca de sus labios.
Draco alzó una ceja mirándola.
Hermione negó con la cabeza para despejarse al sentir como la sangre se agolpaba en sus mejillas.
-Quiero que pienses a las doce del mediodía en mi... yo pensaré en ti... -Draco entornó los ojos - sé que es una tonteria... pero... -dijo con la mirada gacha.
Draco la sujetó por la barbilla para levantarle la cara y hacer que lo mirara.
-Tú nunca dices algo que sea una tonteria, preciosa... -Hermione parpadeó dos veces antes de sonreír y pasarle las manos detras de la cabeza.
-Te quiero... - susurró con una suave sonrisa.
Draco no contestó, sólamente se dedicó a besarla. Hermione no dijo nada, no necesitaba que le dijera que la quería. Se lo demostraba todos los días."
-¿Me estas escuchando? -Draco parpadeó saliendo de sus pensamientos. Pansy suspiró mientras negaba con la cabeza. -Te estaba diciendo que si quieres otro café, ese debe estar helado... - dijo con una mueca.
Draco asintió, y mientras Pansy desaparecía por la puerta que daba a la cocina, como si realmente estuviera en su casa no pudo evitar sonreir. A su amiga lo que menos le importaba en aquel momento era si a él le apetecía un café, lo que realmente había preguntado era si se encontraba bien, bien como para desear tomar un café.
Suspiró, Pansy Parkinson tal vez no iba a cambiar en la vida, pero sinceramente eso era algo que tampoco le importaba demasiado.
Cogió el cepillo de encima del tocador y comenzó a pasárselo por el cabello con movimientos lentos. Ensimismada fijó su vista en una fotografía que se encontraba justo al lado del lugar donde momentos antes había estado el cepillo. Suspiró. En ella aparecía ella misma junto a Ron, ambos vestidos elegantemente, ambos vestidos de novios.
Cerró los ojos momentaneamente. Siempre había escuchado que una boda era el momento más feliz que vivía una persona hasta ese momento, sin embargo para ella había sido un día más. Un día en el que había tenido que luchar con todas sus fuerzas para no salir corriendo de la pequeña iglesia y dejar allí plantados a todos, especialmente a Ron.
Desde pequeña había estado soñando con el día de su boda, y siempre había imaginado que sería en un lugar en medio del campo, en una ermita con olor a sacristía y a azahar, una boda íntima, con muy pocos invitados, los amigos íntimos de toda su vida...
Había imaginado a Harry bailando con Ginny, a la Señora Weasley nerviosa correteando de un lado a otro, a su padre emocionado, con la mirada fija, los ojos brillantes y aguantando el tipo... A Ron, con un par de copas de más y repartiendo abrazos...
Y había visto al novio aguardando nervioso delante del altar con miedo a que ella no llegara. Había soñado que Draco ocuparía ese lugar, pero todo había sido de forma totalmente diferente...
Abrió los ojos. Draco no había ocupado el lugar reservado para el novio en el altar, Ron no había sido el padrino de la boda y la celebración no había sido realizada en una pequeña ermita en el campo, sino al lado de la Madriguera.
Todo, absolutamente todo había resultado distinto. Su madre alguna vez le había dicho que cuando soñabas con una boda significaba que se acercaban tiempos de prosperidad... Negó con la cabeza. Ella nunca había creido en los refranes...
Observó a través del espejo como la puerta de su habitación conyugal se abría dejando paso a su marido. Sonrió tratando de mostrar una alegría que no sentía, cuando él la miró.
-Cariño, nos están esperando abajo... -Dijo Ron mientras se posicionaba detrás de ella y colocaba sus manos en los hombros de la mujer, observándola a traves del espejo.
-En seguida bajo... -contestó Hermione levantándose inmediatamente del sillón, impidiendo que Ron la siguiera tocando. -Baja tú primero, por favor... -
-De acuerdo... -aceptó el chico mientras volvía a acercarse a ella para darle un beso en los labios pero Hermione giró la cabeza hacia la derecha provocando que el beso se lo diera en la mejilla.
-No tardo... -dijo la castaña antes de que a Ron le diera tiempo a decir algo.
Ron tomó aire con pesadez y sin decir nada salió de la habitación cerrando la puerta al salir.
-Maldita sea... -susurró tirando el cepillo sobre la cama, nada más cerrarse la puerta.
Se sentó en la cama, con pesadez y se pasó la mano por la frente en un vano intento para despejarse un poco y alzó con rápidez la cabeza al escuchar un suave picoteo en la ventana cerrada.
Se acercó con paso ligero al ver lo que llevaba el animal y, echando una rápida mirada a la puerta para comprobar que estuviera cerrada, abrió la ventana, dejando entrar a la pequeña lechuza rojiza, que se posó sobre su mesilla de noche y estiró la pata para que cogiera la rosa blanca que llevaba.
Sonrió con tristeza mientras cogía con delicadeza la hermosa flor acercándosela a la nariz para olerla, y despacio la pasó por su mejilla hasta alcanzar los labios donde la besó con suavidad mientras cerraba los ojos para impedir que las lágrimas salieran. Sabía de quién era el regalo. Draco siempre le enviaba algún regalo por su cumpleaños y sólo él sabía que las rosas blancas eran sus favoritas, ni siquiera Ron, ni sus hijos sabían que adoraba aquel tipo de flor.
No lo había dicho jamás, pero aquellos regalos eran el recordatorio que le quedaba para demostrar que alguna vez había tenido una relación con Draco Malfoy.
Aún recordaba las palabras que le había dicho la primera vez que le había regalado una rosa de aquel tipo, después de que ella le preguntara por qué era blanca.
"Es blanca porque el blanco representa la luz, y tú eres mi luz en medio de la oscuridad en la que vivo. Cuando me siento perdido o solo, sé que solamente tengo que observarte para saber que estás conmigo, para saber por quién debo aguantar..."
Cerró los ojos fuertemente mientras sentía como las lágrimas se deslizaban por sus mejillas, respiró hondo para tranquilizarse y fijó su vista de nuevo en la flor que sostenía entre sus manos.
-¿Por qué no apareciste el día de mi boda y me pediste que no lo hiciera? -
Sintió como otra lágrima se deslizaba por su cara. Sabía la respuesta. Si Draco hubiera aparecido en su boda, ella no habría dudado un segundo en irse con él y dejar a Ron plantado. Y Draco sabía que si hubiera hecho aquello, ella posiblemente hubiera perdido a sus amigos y eso era algo para lo que no estaba preparada.
Hermione se pasó la mano derecha por las mejillas para secar las lágrimas. Draco Malfoy, que se suponía que era una persona fría y calculadora. Una persona que hacía lo que fuera para conseguir sus planes, un Slytherin traicionero; había demostrado con hechos y no sólo con palabras que la amaba, que lo que más le importaba era que ella fuera feliz y eso era bastante más de lo que había hecho ella por él.
Se sentó de nuevo sobre la cama sabiendo que haría esperar todavía más a los invitados cuando escuchó las campanadas del reloj antigüo de su bisabuela que se encontraba en la planta de abajo, marcando una hora en punto, marcando las doce del mediodía.
¡Fin del tercer capítulo!
Como siempre espero que os haya gustado, o por lo menos entretenido : )
Como avance puedo decir que próximamente sabremos algo más de la relación de Scorpius y Rose.
Y solamente me queda dar las gracias a esas maravillosas personas que consiguen que sonría solamente por escribir un review
Muchas gracias a: Amil-aiel, Ami Malfoy, Amia, crazy grils, Pao Malfoy Cullen Uchiha, Abril, MakiMalfoy.
¡Un besito!
