Capítulo 7: "Llámame Garret"
"El corazón de una madre es el más hermoso lugar para un hijo y el único que no puede perder aún cuando él lleve ya canas. En todo el espacio del Universo sólo hay un corazón como éste." (Adalbert Stifter)
Quince segundos… Faltaban quince segundos para que dieran las seis de la tarde. ¡Dios! Odiaba aquella espera. Tess acababa de terminar de dar las pautas que Draco y ella debían seguir al hablar con el sujeto. Echó una rápida ojeada a la habitación y a las personas allí congregadas. Harry y Ginny estaban sentados en la mesa que el pequeño hotel había dispuesto en la habitación de los Meyer.
La madre de la chica, Jennifer Meyer, se encontraba sentada en una esquina de la cama, encogida, sollozante y con los brazos cruzados como si intentara protegerse del dolor que todo aquello le producía.
Por otra parte, el señor Meyer no cesaba de dar vueltas por la habitación y de mirar a todos ellos como si tuvieran la culpa de que su hija hubiera desaparecido. Cerró los ojos un segundo con pesar, tal vez ella sí que tenía la culpa de lo que estaba sucediendo.
Suspiró. Después de todo Ron también estaba desaparecido desde la discusión que habían tenido esa misma mañana. Desechó esos pensamientos cuando el teléfono comenzó a sonar.
Los movimientos se fueron sucediendo. Miró a Draco mientras el teléfono dejaba de sonar durante dos segundos para volver a sonar de nuevo. Apretó el botón de manos libres cuando observó como Draco asentía en un gesto casi imperceptible. Inspiró antes de comenzar a hablar.
-Soy Hermione… -
-Hola Hermione… ¿cómo estás? –preguntó cordialmente la voz distorsionada procedente del teléfono-
-Estoy preocupada… ehh… - titubeó falsamente -¿Cómo puedo llamarte?-preguntó.
-Llámame Garret –contestó simplemente.
-Bien Garret, estoy preocupada… por Mia… -Hermione miró a Tess, que asintió diciéndole en silencio que lo estaba haciendo bien.
-¿Has cumplido tu parte, querida? –Hermione alzó la mirada enfadada y se encontró con los ojos grises de Draco que negó con la cabeza, recordándole que no era el momento de sacar a relucir su carácter.
-Sí. –contestó la castaña escuetamente. –Draco Malfoy está aquí. –
-Bien… volveré a llamar en media hora, y para cuando lo haga deberéis estar los dos solos –lo próximo que escucharon en la sala fue el sonido que avisaba que la conexión se había perdido.
-¡¿Qué? –gritó el padre de la joven acercándose a Hermione a una gran velocidad, en opinión de Draco, para la barriga que tenía que mover al mismo tiempo que las piernas. –¡¿Ese loco tiene a mi hija y a usted lo único que se le ocurre decirle es que él se encuentra aquí? – La sujetó por los brazos y la zarandeó mientras Hermione quedaba paralizada por la sorpresa.
La reacción de los miembros del grupo no se hizo esperar. Harry y Ginny se levantaron al momento pero Draco fue el que habló con voz gélida.
-Suéltela ya… o le enviaré al calabozo por agresión hasta que encontremos a ese maldito maníaco… -El hombre miró a Draco que entrecerró los ojos retándole y soltó a Hermione con un gesto rápido.
-Lo siento… -se disculpó el hombre.
Hermione asintió y dio unos pasos hacia atrás.
-Si me disculpáis… - y con el asentimiento de Harry salió de la habitación.
Tonks miró a su alrededor y sonrió. Siempre había sido una patosa, sonrió levemente, una patosa muy buena con los ordenadores. Desde pequeña le había divertido jugar con ellos, a pesar de ser hija de una Black. Le encantaba el sonido que hacían las teclas al golpearlas, el mundo que se abría ante sus manos simplemente sabiendo que tecla debía pulsar. Por eso cuando, después de recibir un hechizo que la había dejado al borde de la muerte, Remus le había propuesto dejar el trabajo de campo y dedicarse a los ordenadores del Ministerio, no se lo pensó dos veces.
Y allí se encontraba ahora. En el centro de información muggle del Ministerio de Magia, intentando crear una base de video con audio a partir del CD que habían recibido de parte del secuestrador de Mia Meyer.
Lo había recibido esa misma mañana de manos de una Ginny mas que enfadada, por no haber podido visionar nada del según ella misma había dicho "inútil CD muggle que no sirve para nada".
Negó con la cabeza. No, ella no diría que los CD's no servían para nada, claro que Ginny no sabía lo que ella de tecnología.
Introdujo el último código que había averiguado y esperó durante unos segundos, observando como la barra de carga iba completándose. Miró fijamente la pantalla cuando la carga se completó y se quedo estupefacta al entender lo que se mostraba ante ella.
Todo lo rápido que pudo, dio media vuelta con la silla giratoria y tras localizar el teléfono, pulsó el número uno, que la ponía directamente en contacto con Harry. Cuando escuchó que él descolgaba, habló sin darle tiempo a saludar.
-Tenéis que venir a ver esto ya…. –
Necesitaba pensar y despejarse por eso estaba allí. Alzó la vista para contemplar la destartalada casa que desde recién nacido había sido su hogar, su casa. Una casa sin lámparas de siglos y siglos de antigüedad, sin elfos domésticos ni criados que trajeran el desayuno a la cama, sin grandes riquezas ni lujos. Aquel era su hogar, La Madriguera, un lugar en el que a pesar de no estar bañado en oro, había recibido todo el cariño y el amor que todo ser humano necesita para ser feliz.
El sonido de la puerta abriéndose lo sacó de sus pensamientos. Observó como la puerta se abría y su madre, Molly Weasley aparecía por ella con los brazos abiertos y con una sonrisa en la cara.
-¡Ron! –Exclamó sorprendida- ¿qué haces aquí? ¿Dónde está Hermione? –
Se acercó a su madre forzando una sonrisa y la abrazó. Cómo se alegraba de verla.
Molly correspondió al abrazo algo preocupada. Ron nunca había sido de esos que constantemente están dando abrazos, eso era trabajo de los gemelos, Ron siempre había optado por los regalos sencillos para demostrar su cariño. Sin embargo allí estaba, abrazándola como si no fuera a haber un mañana.
La realidad de aquel pensamiento la golpeó. Ron trabajaba constantemente con asesinos. Se separó de él.
-Cariño, ¿pasa algo? –Observó como su hijo negaba con la cabeza.
-No, yo solamente tenía ganas de verte, mamá.-
Molly suspiró aliviada.
-Está bien, vamos dentro.-
Se pasó la mano por la espesa melena.
Dios… aquello no estaba bien, pero que nada bien. Sus padres no sólo no se reconciliaban sino que cada vez iban a peor, y ella necesitaba respuestas que nadie quería darle. Le había preguntado a su tía Ginny, hacía tiempo ya, si su padre era el gran amor de su madre. "Está casado con él, cielo, y os han tenido a ti y a Hugo" había contestado ella. Aquello, que cuando era más pequeña, había comprendido como una confirmación por parte de su tía, ahora podía significar todo lo contrario.
El padre de Scorpius también había estado casado con su madre y había tenido un hijo pero por lo que Scorpius le había contado, estaba claro que Astoria Greengrass no era el gran amor de Draco Malfoy.
¿Había sido la respuesta de Ginny una forma de no contestar a su pregunta? ¿Y si lo había sido, quién era entonces el gran amor de su madre? Tal vez no lo supiera en ese momento, pero por Merlín que iba a averiguarlo.
Se encaminó al despacho de su madre, tal vez en los cajones hubiera algo que pudiera ayudarla. Soltó aire con brusquedad, no le gustaba tener que hacer aquello pero tampoco podía dejar que la situación continuara así. Revisó los cajones del escritorio comprobando una vez más lo ordenada que era Hermione. Suspiró frustrada, en los cajones no había absolutamente nada, claro que tampoco esperaba que su madre escondiera algo allí. Cerró el último cajón con un golpe sordo y observó como algo caía al suelo con el golpe.
Se agachó para recogerlo del suelo enmoquetado. Miró el objeto sorprendida, un reloj de lo que podía ser perfectamente oro blanco, de hombre, se encontraba delante de ella. Lo cogió con cuidado y lo observó fascinada. Aquel reloj era precioso y algo le decía que realmente valioso. Llevaba letras élficas grabadas en la esfera pero no lograba entender su significado.
Se levantó del suelo suspirando. Tal vez tío Bill supiera que significado tenían aquellas palabras. Fijó su vista en las manecillas estaban detenidas en las doce del medio día.
Observó las diferentes caras de sorpresa y disgusto. Ante ella se alzaban seis pantallas de ordenador que mostraban desde diferentes ángulos a Mía Meyer atada de pies y manos a una cama y con los ojos ventados.
Harry fue el primero en hablar.
-Ginn, localiza a Tess –le ordenó –quiero que me diga que piensa este sujeto, que pretende, y localiza a tu hermano. – Ginny asintió mientras salía de la pequeña sala.
-Pansy ve con los padres, no quiero que se queden solos ni un maldito minuto – Esta asintió.
-Malfoy, tú te quedarás aquí analizando las imágenes a ver si se te ocurre un lugar donde pueda tenerla retenida-
-Tonks, tú le ayudarás, y llama a Hermione – bufó mientras se pasaba la mano por el pelo ya desordenado.
-Yo voy a ver si localizo a Luna quiero que me diga si hay una partícula de polvo en la casa de la chica de que está compuesta -dijo frustrado.
Tonks asintió mientras se ponía a teclear a gran velocidad en el teclado y Draco se sentaba junto a ella.
-Tenemos trabajo -
Espero que este capítulo os sacie un poco hasta que pueda recuperar el ritmo habitual.
¡Un besito!
