Capítulo 8: "Siempre contigo"

"El amigo ha de ser como la sangre, que acude luego a la herida sin esperar que le llamen." (Francisco de Quevedo)

Intentó moverse, estaba incómoda y el cuerpo le pesaba. ¿Qué había pasado? Tragó saliva. Tenía la garganta seca y la cabeza le dolía. Intentó abrir los ojos pero los párpados le pesaban demasiado. Dios, aquello no estaba bien…

Respiró hondo pero el aire que le llegó a los pulmones era el justo para poder sobrevivir. Se encontraba tendida, atada a un camastro, con las muñecas atadas y juntas, los brazos estirados por encima de la cabeza y atados al respaldo del camastro. Intentó mover los tobillos pero también se encontraban unidos y atados al camastro. Soltó un quejido involuntario. El hombre que la había secuestrado no estaba allí, por lo menos no en aquella habitación. Sintió como una lágrima se escapaba de su ojo izquierdo y rodaba por su sien. Maldita sea, ni siquiera le había visto la cara al energúmeno que le estaba haciendo aquello. Tenía la boca tapada con algún tipo de cinta adhesiva; ya había intentado quitársela pero todos los esfuerzos habían sido inútiles.

Miró alrededor de nuevo. Nunca había sido demasiado creyente pero en aquel momento rezó con todas sus fuerzas.

"Por favor, por favor, que alguien la estuviera buscando."


Abrió la mano para ver el reloj que en ella llevaba guardado. Hacía tres días que lo había encontrado debajo del cajón del escritorio de su madre, alejado de cualquier mirada indiscreta. El día anterior había decido aprovechar esa mañana que sus padres se habían ido temprano a trabajar para ir a casa de tío Bill a ver si él podía decirle el significado de las palabras grabadas en la parte posterior de la esfera.

Estaba emocionada; llevaba días queriendo obtener respuestas y por fin una puerta se abría ante ella, aunque claro no podía estar segura de que Bill le diera todas las respuestas que necesitaba.

Negó con la cabeza. No, no iba a ser pesimista, la abuela Molly siempre decía que si deseabas algo de verdad terminaba haciéndose realidad, que eso era autentica mágica, no hacer conjuros con varitas. Sonrío al pensar en su abuela pero automáticamente desechó la idea de la cabeza. Debía darse prisa, sus padres podrían aparecer en cualquier momento.

Se acercó a la chimenea y cogió una pequeña cantidad de polvos flu. Arrugó la nariz, nunca le había gustado viajar de esa manera. Se mareaba demasiado y el hollín con el aparecía a la llegada era bastante engorroso. Inhaló aire preparándose para el viaje y pronunció las palabras que la llevarían a casa de Fleur, después de introducirse en la chimenea.

-¡Shell Cottagge! –gritó y al segundo fue engullida por una gran cantidad de llamas verdes.


Harry miró las pistas de nuevo, llevaban tres días viendo a Mia Meyers a través de una cámara de video, cada día estaba más demacrada, mas desesperada y posiblemente más desconcertada. Necesitaba ayuda rápido y ellos no podían hacer absolutamente nada más que mirar. No habían podido localizar las llamadas que el secuestrador había hecho; sólo habían localizado el móvil en un cubo de basura en el centro de Liverpool. Era un tipo demasiado listo y por lo que sabían podría haberse acercado desde cualquier otra ciudad.

Harry levantó la vista un momento de su escritorio y su mirada se encontró con la fotografía que siempre tenía allí situada. En ella aparecían Ron, Hermione y él mismo sonrientes poco después de terminar en Hogwarts.

Sus amigos estaban extraños, hasta él se había dado cuenta de que tenían problemas. Ron se encontraba la mayor parte del tiempo disgustado y cuando no lo estaba, podía percibir cierta tristeza y pesar en su forma de comportarse.

Tendría que hablar con Hermione. Había escuchado sin querer la conversación que había mantenido con Malfoy hacía tres días en la que ella le exigía que se mantuviera callado. Sólo le había hecho falta sumar uno y uno para saber que su sobrina estaba saliendo con Scorpius Malfoy. Chasqueó la lengua, Ron no lo aceptaría, catalogaría al hijo de la misma manera que al padre.

Miró la hora, eran las 11 de la mañana, su amiga estaría saliendo de su despacho para ir comer algo, siempre lo hacía a esa hora. Con un movimiento de la varita, todos los papeles que estaban esparcidos por la mesa de cerezo se fueron introduciendo con rapidez en la carpeta del caso Meyer. Se levantó del asiento de cuero cogió su abrigo y se encaminó hacia el pequeño restaurante al que Hermione siempre iba.


Se dirigió hacia el ascensor de esa planta del Ministerio y pulsó el botón de llamada, observando cómo se arremolinaban a su alrededor distintos memorándums voladores que también esperaban que las puertas del ascensor se abrieran.

Fijó la vista en uno de ellos. Sonrió levemente, tenía toda la pinta de ser un vociferador. Aún recordaba el su madre le había enviado en su segundo año en Hogwarts. "¡Cómo para olvidar sus gritos!" pensó con cierto humor.

Pulsó el botón de nuevo impaciente por llegar a la planta baja donde lo esperaba Tonks para enseñarle en qué estado se encontraba Mia Meyers. Bufó fastidiado cuando la conversación que había tenido con su madre le vino a la mente.

"-Vas a decirme de una vez que te pasa, Ronald Weasley –le ordenó Molly a su hijo cuando se sentó delante de él y puso entre sus manos un gran tazón de chocolate.

-¿Estás sola? –Preguntó él antes de comenzar a hablar.

Molly frunció el ceño; a Ron nunca le había importado hablar abiertamente con ella y no solía preguntar quién había en casa.

-Si, -asintió -tu padre ha ido a enseñarle a Xenophilius el nuevo juguete que se ha traído a casa, una cosa llamada tosta... no sé el nombre – negó con la cabeza –un aparato que lleva una palanca que si la aprietas durante unos segundos desprende calor y de repente salta y deja de desprenderlo –explicó sin entender, después de tantos años, el interés que sentía su marido por aquellos artilugios. –No sabe para qué sirve, tal vez Hermione… - calló cuando vio que su hijo negaba con la cabeza.

-Hermione y yo no estamos en nuestro mejor momento, mamá, y tal vez nunca más lo estemos. -

-¡Paparruchas! –exclamó quitándole importancia al asunto -todos los matrimonios pasan por malas rachas, la luna de miel no puede durar siempre. –dijo como si fuera obvio.

-Draco Malfoy ha vuelto al trabajo –dijo con frialdad –y ya sabemos todos como le afecta a Hermione la presencia de Malfoy –

Molly abrió la boca sorprendida. Draco Malfoy hacia demasiados años que no trabajaba junto a sus hijos. Poco antes de que se celebrara la boda de Ron y Hermione y libre de toda sospecha había desaparecido de la faz de la tierra sólo para aparecer años después en la estación de King Cross con un niño idéntico a él. A ella siempre le había sorprendido que justo en el momento en que sus nietos, Rose y Albus empezaban Hogwarts el hijo de Draco Malfoy también lo hiciera.

-¿Por qué dices eso? –preguntó Molly sorprendida –estoy de acuerdo contigo en que Hermione lleva unos días extraña, siempre ensimismada y metida en sus pensamientos pero no creo que tenga nada que ver con Draco –

A Ron siempre le había resultado extraño que su madre no mencionara al heredero de los Malfoy con repulsión y odio, cosa habitual entre los hermanos Weasley. Una vez le había preguntado por qué hablaba de él de esa manera y ella le había contestado que el "chico" no era responsable de los errores de sus padres. Él no estaba del todo de acuerdo con eso.

-Incluso cuando estábamos en Hogwarts, Malfoy siempre tuvo una gran influencia en Hermione –Molly alzó las cejas, incrédula –sí, no me mires así, mamá. Era como si… -negó con la cabeza –le afectaba demasiado lo que Malfoy dijera, recuerdo que una vez incluso le dio un puñetazo en la cara –concluyó sonriendo.

-Ron a nadie le gusta que la llamen sangre sucia… -dijo Molly condescendiente. –No le preguntes, dale un tiempo. Hermione solo necesita tiempo para adaptarse –"

Salió de sus pensamientos cuando un memorándum le dio en la cabeza al introducirse en el ascensor que acaba de abrir sus puertas.

Asintió medio convencido. Tal vez Hermione solamente necesitara un poco de tiempo.


Paró de escribir y miró la muñequera de cuero negra que siempre llevaba en el brazo izquierdo. Esa muñequera era parte de su atuendo habitual a pesar de que la odiaba con todas sus fuerzas casi más que la marca que ocultaba; esa que no le había dolido en todos esos años.

Aún recordaba la primera vez que Hermione había visto la marca tenebrosa en su brazo, había sido en sexto curso...

"Ni siquiera sabía por qué estaba haciendo todo aquello. Sonrió fríamente. ¡Oh claro! Su padre. Lucius Malfoy había ofrecido a su propio hijo como solución a todos sus problemas. "Mi hijo Draco puede encargarse de matar a Dumbledore, mi señor" Esas habían sido sus palabras exactas. Apretó el puño izquierdo mientras se encaminaba hacia la sala de los Menesteres, le escocía y le dolía a partes iguales. Hermione en tal que lo viera sabría que le pasaba algo y si intentaba mentirle lo descubriría al segundo. Negó con la cabeza, cansado. Había intentado esconderla mediante hechizos pero era magia demasiado negra como para poder ocultarla. Llegó al séptimo piso y mientras observaba que nadie lo viera dio tres vueltas a lo largo del pasillo hasta que apareció ante él una gran puerta de madera tallada.

Sin detenerse entró a la habitación que se había formado. No le extrañó que Hermione estuviera ya allí, se encontraba de espaldas a él, abrazándose a sí misma. Le asombró que no se girara para mirarlo pero le sorprendió aún más el sentimiento que lo embargó al verla tan desprotegida.

-¿Qué está pasando? –la voz de la chica le llegó alta y clara.

La observó aún de espaldas a él, quería abrazarla pero decidió que era mejor sentarse en una silla situada al lado de una pequeña mesa en la que a juzgar por los libros que había encima, Hermione había utilizado para hacer los deberes que Severus les había mandado esa misma mañana.

-No sé a qué te refieres… -dijo desinteresadamente mientras pasaba las páginas de "Moste potente potions" con tranquilidad.

-Sabes de sobra a que me refiero, Malfoy – Draco alzó una ceja al escuchar como lo había llamado y la miró.

-Es posible –Se encogió de hombros con aparente indiferencia.

Hermione se giró para encararlo con los ojos centelleando de rabia.

-¡Vaya pero si tienes cara y todo! –exclamó con socarronería provocando que ella muy a su pesar formara una pequeña sonrisa.

-Quiero saber lo que está pasando. Harry desaparece durante horas. Tú desapareces durante horas y estoy casi completamente segura de que durante ese tiempo no estás en la sala común de Slytherin, precisamente. –

-¿Potter también desaparece? –preguntó interesado.

Hermione se encogió de hombros pero no contestó a la pregunta.

-Así que no niegas que tú desapareces para hacer no se sabe qué en no se sabe dónde –

-¿Para que voy a engañarte si de todos modos no voy a decirte lo que hago? –preguntó el joven retóricamente.

Hermione cerró los puños. Era un maldito altanero, un absoluto fanfarrón. Entrecerró los ojos al ver como Draco cerraba el puño izquierdo y en su cara se reflejaba un pequeño atisbo de dolor.

-¿Qué te pasa en el brazo? –Preguntó acercándose inmediatamente a él.

Draco negó con la cabeza.

-Nada –contestó con voz desinteresada como si su cuerpo no hubiera reaccionado a la cercanía de la chica. -¿Por qué lo dices? –

-Te duele el brazo, acabas de hacer una mueca de dolor – contesto totalmente convencida señalándole el miembro en cuestión.

-Son ideas tuyas, ¿Me ayudas con Pociones? –Preguntó mientras fingía poner toda su atención al libro que tenía entre las manos.

-¿Por qué? –

-¿Cómo dices? –Draco alzó la cabeza para mirarla.

-¿Por qué piensas que me voy a poner como una histérica si me dices que llevas la marca en el brazo? –preguntó dejándolo totalmente descolocado.

Draco suspiró, cansado.

-Eres amiga de Potter, Hermione, eres de la parte buena… -

Draco la rodeó por la cintura cuando Hermione se acercó a él obligándolo a separar la silla de la mesa para poder sentarse sobre su regazo.

-Tú no eres malo, no eres como ellos…- dijo mientras le tocaba con suavidad el contorno de la barbilla.

Sonrió con falsedad.

-Lo que llevó en el brazo no dice lo mismo y lo que estoy haciendo tampoco –

-¿Qué estás haciendo, Draco? –preguntó de nuevo sin dejar de acariciarle la cara.

Apoyó la frente sobre el hombro de la chica.

-Para empezar estoy aquí contigo –dijo desconcertado –y para continuar… -comenzó a decir pero no continuó.

Hermione le pasó la mano por la nuca con suavidad.

-¿Draco? –

-No te lo puedo decir… -dijo abatido para después levantarla sin esfuerzo de encima de él y dejarla de pie antes de acercarse a la ventana por la que antes había estado mirando ella. "No te lo puedo decir por si te pasa algo" esas fueron las palabras que le faltaron por decir pero que Hermione entendió a la perfección.

Se acercó a él de nuevo, lo abrazó por la espalda y apoyó la frente en su espalda ancha. Draco le envolvió las manos con las suyas en un gesto tan intimo como prohibido a ojos de los demás.

-Saldremos de ésta –murmuró.

Draco se giró y Hermione tuvo que alzar la cabeza para mirarlo.

-Gracias – y entonces la besó con suavidad primero, para, poco a poco, ir aumentando la intensidad del beso haciendo que la chica gimiera dentro de él. Se separó despacio cuando sintió como Hermione temblaba. Siempre temblaba cuando la tocaba, cuando la besaba como si le fuera la vida en ello. Era algo que le encantaba porque ciertamente la vida se le podía ir en cualquier momento"

Aún se sorprendía al recordarlo. Hermione no había gritado, no se había enfadado, no había dicho absolutamente nada al respecto salvo decirle que no era como ellos. Le entendía sin palabras, nunca había necesitado darle mil y una explicacion sobre su comportamiento. Sabía cómo era y con eso le bastaba, por eso se había enamorado de ella.


Se estremeció al sentir la corriente de viento gélido que se introdujo en el local cuando alguien abrió la puerta. No se giró para mirar quién había entrado, sino que se concentró en darle vueltas al café con leche que ya estaba casi totalmente helado. Por eso se sobresaltó cuando alguien le pasó la mano por la espalda con tranquilidad, sin querer alterarla y se sentó a su lado.

Giró la cabeza y sonrió levemente al comprobar que se trataba de Harry. Lo miró haciéndole una muda pregunta. El hombre sólo sonrió, miró a Warren, el dueño del local, para pedirle un café, bajo la atenta mirada de Hermione.

Sólo cuando había pedido lo que quería, se giró hacia su cuñada.

-¿Sabes? el otro día escuché una conversación muy interesante –Hermione abrió la boca para reprocharle su comportamiento pero se calló cuando él la interrumpió –fue sin querer y además era tan interesante que no pude irme sin más, gracias –contestó cuando Warren puso frente a él, el café.

-¿Y eso qué tiene que ver conmigo, Harry? Te advierto que no estoy para… -comenzó Hermione decaída.

-Últimamente no estás para nada ni para nadie –la interrumpió –te pasas el día apartándote de la gente, seria y distraída. No te lo estoy reprochando –añadió rápidamente al ver que la chica iba a contestar –pero me preocupas –dijo con sinceridad –y no sabía por qué te comportabas así –Hermione apartó la vista de los ojos verdes de Harry y miró su café –no lo sabía hasta el otro día.

Terminar de decir eso y que Hermione levantara la cabeza sintiéndose descubierta, fue todo uno.

-Estas así porque Rose está saliendo con Scorpius Malfoy –afirmó.

Hermione no dijo nada. Ni negó, ni afirmó. No hizo falta, solamente le había mentido a Harry una vez y no iba a volver a hacerlo.

-¿Has hablado con Malfoy de eso? –preguntó preocupado.

-Aparte de la conversación que oíste, sin permiso –le recriminó -no he vuelto a hablar con él, ni tengo intención de hacerlo –

-¿Y con Ron? –

Hermione exhaló un suspiro.

-Tampoco. Ron no sabe absolutamente nada de Rose y Scorpius –

Harry dio un trago a su café cargado y volvió a centrar su atención en ella.

-¿No hablas con él por Rose o por Draco Malfoy? –

-¿Qué? –preguntó sintiéndose como si una bludger la hubiera golpeado en medio del estómago -¿Qué tiene que ver Draco con todo esto? -

-Eso depende del lugar que tú le quieras dar –Harry observó a Hermione escudriñando cada reacción, cada movimiento que la mujer realizaba.

-No sé a qué te refieres –contestó sin mirarlo.

-Yo creo que sí que lo sabes –contradijo –te conozco bien. Lo sé desde finales de sexto. –Hermione apartó el café y levantó la vista para mirarlo. – Siempre me había preguntado por qué te afectaba tanto lo que Malfoy te dijera. Por qué te empeñabas en decirme que no tenía pruebas de que fuera un mortífago. No me di cuenta, estaba tan abstraído con los recuerdos que me estaba enseñando Dumbledore que no me di cuenta.-dijo apesadumbrado -Sin embargo, cuando después de que él muriera me preguntaste si pensaba que Malfoy hubiera sido capaz de matarlo y te dije que no, vi el alivio en tus ojos. Era un consuelo inmenso, como si de repente te fueras a poner a saltar de alegría. -

-No dijiste nada –murmuró intentando vencer la sorpresa que le estaba produciendo aquella confesión.

-Iba a hacerlo –asintió -pero fue cuando tuvimos que escapar de la boda de Bill, y todo fue sucediéndose tan rápido que cuando me quise dar cuenta tú estabas llorando porque Ron se había ido. Luego volvió y en medio de la batalla os hicisteis novios. Yo no era quien para preguntarte nada sobre las decisiones que estabas tomando -

-Eres mi amigo, Harry… - musitó

Harry asintió sin estar del todo convencido.

-Supongo que me pareció bien que te decidieras por Ron, era lo que siempre se había esperado y tú parecías feliz con esa decisión –Hermione asintió.

-¿Por qué me dices todo esto ahora? –preguntó confusa. No entendía nada, necesitaba tiempo para asimilar que Harry siempre había sospechado y nunca había dicho nada.

Harry sonrió sutilmente.

-Desde que sabes lo de Rose, tu matrimonio se está yendo a pique, sé que es algo en lo que quizás no debería meterme, de hecho lo más probable es que esté metiendo la pata hasta el fondo –dijo convencido –pero creo que ya era hora de que lo supieras. Nunca me ha gustado Malfoy y tú lo sabes, sin embargo creo que es hora de qué decidas lo que quieres hacer y hables con Ron. No se merece vivir engañado. –

Harry se levantó mientras la observaba, era consciente de que Hermione no lo estaba pasando bien. Se acercó a ella y le dio un suave beso en la frente antes de dejar unas cuantas monedas encima de la barra.

-Debo volver, he quedado con Luna para que me enseñe los resultados de los exámenes que ha hecho en la casa de los Meyer, si necesitas tomarte unos días… -Se calló al ver como Hermione negaba con la cabeza –muy bien… luego nos vemos. Decidas lo que decidas siempre podrás hablar conmigo. -

Harry la observó durante unos segundos. Si Hermione escuchó lo que le decía no dio muestras de ello.


Se miró y frunció el ceño, llevaba toda la capa negra llena de cenizas. Se las sacudió con fastidio y miró alrededor, nada había cambiado en aquella casa desde la última vez que había estado allí. El sofá color crema seguía estando en su lugar al igual que la pequeña mesita que a tía Fleur le había costado tanto conseguir por ser tallada por elfos.

-Tio Bill, tía Fleur –llamó al comprobar que nadie se acercaba hacia el salón. Sonrió al escuchar unos pasos que se movían con rapidez y a la vez eran firmes. Se acercó hacia el lugar de donde provenían y encontró a su tía acercándose hacia ella con una sonrisa.

Parpadeó un par de veces. Fleur Weasley seguía igual de guapa que cuando tenía dos años más que ella. Aún recordaba la primera vez que había visto las fotografías del torneo de los tres magos en las que aparecían en una tienda esperando que empezara la primera prueba, su madre le había contado que Rita Skeeter la había pillado allí cuando había ido a darle ánimos a Harry.

Sonrió cuando se acercó para darle un par de besos.

-Hola, "ma petite", ¿ha pasado algo? –preguntó frunciendo ligeramente el ceño mientras la sujetaba por los hombros con suavidad.

-Hola Fleur, espero no molestar –dijo con sinceridad – No. -negó. -No te preocupes no ha pasado nada. Vengo a hablar con tío Bill, ¿está en casa?-

-¡Bobadas¡ -dijo con un deje de acento francés – Aquí no molestas, es más, estoy haciendo chocolate, Teddy viene a "desayunarr" hoy –le confió guiñándole un ojo - Te quedas ¿verdad?. Bill, "bajagá" en seguida. -

La joven asintió con la cabeza y dejó que su tía la llevara hacia la cocina de donde provenía un exquisito aroma a chocolate. No entendía por qué tía Ginny en un primer momento no se había llevado muy bien con Fleur. Con ella siempre era un encanto. No tenía tanta relación como con su tía pelirroja pero, se llevaban bien.

Negó con la cabeza. De todos modos la relación que tenía con Ginny era especial. Siempre podía acudir a ella cuando tenía cualquier problema y sabía que no se escandalizaría como su madre. La pequeña de los Weasley era más abierta que el resto de la familia, para ella era más como la hermana mayor que nunca había tenido.

Sólo le dio tiempo a sentarse en la silla que Fleur le había ofrecido antes de que Bill Weasley con el pelo algo alborotado pero más corto que hacía apenas dos años apareciera en la cocina.

-Vaya, vaya ¿a quién tenemos aquí? Si es una de mis pelirrojas favoritas. –dijo acercándose y tirando de su mano para levantarla del asiento. – Ven aquí, dale un abrazo a tu tío preferido. –dijo abrazándola haciéndola separar los pies del suelo durante unos segundos.

Bill sonrió y la soltó al oír como la joven comenzaba a reírse.

Fleur negó con la cabeza sin poder evitar que una sonrisa asomara a sus labios y puso tres grandes tazones de chocolate encima de la mesa.

-Vamos, sentaos que se va a enfriar-

Una vez se hubieron sentado Bill prestó atención a su sobrina.

-¿Qué sucede, Rose? ¿Qué necesitas? –preguntó con preocupación.

Sin embargo, Rose no le contestó y se limitó a hacer otra pregunta.

-¿Vosotros entendéis el lenguaje de los elfos, verdad? –

Bill y Fleur asintieron con el ceño fruncido sin saber a donde quería llegar la chica.

-Para trabajar en Gringotts, te exigen saber ciertas lenguas –comentó Fleur – la élfica es una de ellas.

-Entonces me podréis traducir lo que hay inscrito aquí –dijo mientras sacaba del interior de su abrigo el reloj de su madre para ponerlo encima de la mesa, dejando a la vista las letras de la parte posterior de la esfera.

Fleur y Bill se miraron durante unos segundos pero fue Bill el que cogió el reloj con cuidado y leyó las letras que allí habían.

Rose lo observó con atención mientras su tío lo examinaba.

-¿De donde has sacado esto, Rose? –preguntó escrutándola con la mirada.

Rose suspiró vencida. Había sido una ilusa al pensar que no preguntarían nada al respecto.

-Es de mamá, lo encontré el otro el otro dís y siento curiosidad por saber lo que pone –

Fleur arqueó las cejas perfectamente delineadas y después entrecerró los ojos escéptica.

-¿Y por qué no se lo has preguntado a ella, "ma chérie"? –

-Porque probablemente no me lo diría, está muy extraña estos días. Está alterada y quiero saber por qué, no dice nada, no para de discutir con papá… -Informó –Por favor, sólo necesito que me digáis lo que pone en ese reloj, por favor…- repitió.

Rose no supo si fue obra de los planetas que se habían alineado a su favor o si la obra fue del dios muggle del que su madre le había hablado en algunas ocasiones, el caso es que cuando sus tíos se miraron y Bill centró de nuevo su atención en el reloj supo que se lo diría. Le dirían exactamente qué era lo que ponía en ese reloj de muñeca.

-"Siempre contigo" –dijo al cabo de unos segundos el hombre alzando la vista para mirarla. –Eso es lo que significa. -

Fleur miró a Rose.

-Oh es muy bonito, es un regalo precioso que seguramente le hará a tu padre en breve. –

Rose asintió a pesar de no estar de acuerdo con ella. El reloj estaba demasiado escondido y no creía que fuera por miedo a que su padre lo encontrara, su padre casi nunca entraba al despacho de su madre cuando ella no estaba. Sonrió para ocultar sus pensamientos. Ese reloj no era de su padre, ni tampoco era un regalo para él.


Se sorprendió al comprobar que se encontraba frente a la puerta de su despacho. Había comenzado a caminar sumida en sus pensamientos y ni siquiera se había percatado de que sus pies la llevaban hasta allí.

Exhaló un largo suspiro y abrió la puerta, necesitaba sentarse un momento para pensar y poner en orden la cantidad de pensamientos que cruzaban en ese momento por su mente.

No entendía nada. ¿Harry sabía que había mantenido una relación con Draco? Negó con la cabeza. No. Harry solamente sospechaba que sentía algo hacia él. En ningún momento su amigo había hablado de otra cosa. Sonrío con frialdad. Estaba furiosa con Harry, debería haberse puesto a gritar cuando sospechó algo o por lo menos pronunciarse al respecto, tal vez si él hubiera hablado ahora las cosas no estarían así. Sabía que cuando se le pasara el enfado vería las cosas de manera distinta, pero en ese momento necesitaba culpar a alguien que no fuera ella misma y Harry, en ese momento era tan buena opción como otra cualquiera.

Abrió los ojos que no sabía en qué momento había cerrado y desde el asiento dio permiso a la persona que acababa de llamar para que entrara. Tuvo ganas de gritar cuando observó como Draco Malfoy entró con total tranquilidad, como si estuviera en su propia casa.

-Si has venido a discutir… -comenzó y calló al ver como negaba con la cabeza.

-Tengo que contarte algo e importante y no puede esperar más –Hermione alzó una ceja, definitivamente hoy no era su día.

-Muy bien y qué es eso tan importante –preguntó intentando hacer caso omiso a los nervios que estaban dando vueltas en su estómago.

-Se trata de mi hijo y de la tuya –contestó Draco sin darle tregua a pesar de que nada más cruzar la puerta se había dado cuenta de que Hermione no se encontraba bien. Podría haberle preguntado. Podría haberse acercado y utilizar la influencia que sabía, seguía teniendo sobre ella para que le dijera que era lo que iba mal, pero la había visto tan exhausta cuando se había dirigido a él, que había decidido darle un poco de espacio. Sin embargo lo que había ido a decirle no podía esperar más.

-Si lo que quieres es que hable con Ron sobre eso déjame que te diga… -

-A Pansy le enviaron hace unos días una caja con una foto de ellos, amenazándolos –dijo sin rodeos con el ceño fruncido y sin dejar traslucir ninguna emoción por sus ojos grises.

Hermione se incorporó anclándose en aquellos ojos grises, como tantas otras veces había hecho en el pasado, para no perder los nervios.

-¿Es necesario que siempre seas tan directo? –Preguntó negándose a creer lo que sus oídos acababan de escuchar.


Si ya lo sé llevo casi un año sin actualizar y me merezco todo lo que queráis decirme sin embargo, os pido un poco de comprensión porque como algunas sabéis no he tenido una buena racha. No obstante en mi perfil explico porque he tardado tanto.

Tengo intención de terminar esta historia y la de "El Regreso del Pasado" que muchas me lo habéis preguntado.

En el próximo capítulo pondré los niks de las personas que me habéis ido dejando reviews en el anterior capítulo y en este.

Ya sabéis sólo hay que darle a "Review this chapter" para decirme que os ha parecido este capítulo o si lo dejo definitivamente y me dedico a otra cosa :D

GRACIAS por leer y au revoir!