Capítulo 9: "Construirse una vida"

"Sólo temo a mis enemigos cuando empiezan a tener razón. " (Jacinto Benavente)

La miró desde su posición. Nada de gritos, nada de llantos. Hermione no se había puesto histérica al enterarse de que el peso de una amenaza descansaba sobre la cabeza de su hija mayor. Simplemente había hecho una pregunta, una qué no tenía nada que ver con lo que había ido a decirle. "¿Es necesario que siempre seas tan directo?"

-¿Querías que lo adornara con los fuegos artificiales que venden tus cuñados? –preguntó alzando una ceja y mirándola con burla.

Hermione sonrió levemente. Posiblemente la mayoría de la gente se habría tomado a mal la pregunta al comprender la dirección a la que se encaminaba, pero conocía demasiado bien a Draco Malfoy, o lo había conocido en otro tiempo, como para saber que lo único que pretendía era provocar una discusión para descargar la preocupación y el miedo que tanto él como ella misma estaban sintiendo en esos momentos.

-Hubiera sido interesante, más aún –añadió mientras se pasaba la manos por el pelo recogido de manera suficientemente tirante como para provocarle dolor de cabeza.

Draco la analizó desde la silla situada frente a su mesa. Hermione sabía cómo mantener sus nervios a raya pero no podía evitar que la preocupación se reflejara en sus ojos marrones, inundándolos por completo, o tal vez era que él la conocía demasiado bien. Se encogió de hombros mentalmente, tampoco era algo que le molestara.

Se dio cuenta de cómo se tocaba con la mano derecha la cabeza ejerciendo presión en la zona del nacimiento del cabello. Entrecerró los ojos. Más o menos a finales de quinto curso había empezado a recogerse el pelo con aquellas horquillas que a él lo sacaban de quicio, porque decía ir más cómoda sin que el pelo alborotado le cayera sobre el rostro.

Aún recordaba como en más de una ocasión él mismo se había encargado de quitárselas… Cortó la línea de pensamientos y se dispuso a escuchar lo que Hermione tuviera que decirle.

-¿Qué vamos a hacer? –preguntó centrando su mirada en él.

-En dos días vuelven a Hogwarts, supongo que podremos mantenerlos a salvo hasta que cojan el tren de regreso. –contestó diciendo lo que llevaba horas pensando.

-¿Estás seguro? –preguntó dejando de lado su aire de mujer calmada y sucumbiendo a la preocupación que le recorría todo el cuerpo.

-Somos los mejores en lo que hacemos, Granger, siempre lo hemos sido – dijo constatando un hecho.

Hermione formó una leve sonrisa antes de volver a hablar.

-¿Dónde está esa caja? –

-En mi casa, no he creído conveniente traerla aquí y que las pruebas se contaminen. Tenía pensado hablar contigo y después con Lovegood –

-¿Voy a tener que ir a tu casa para echarle un vistazo? –preguntó con los ojos entrecerrados.

-Si no quieres, no. –Negó con la cabeza - Supongo que puedo traerla aquí teniendo cuidado. –

Hermione exhaló aire. Iba a tener que contarle a Ron muchas cosas; la relación entre Rose y Scorpius, por qué llevaba días extraña y que había mantenido una relación cuando, aún estaban en Hogwarts, con Draco Malfoy; uno de sus peores enemigos, justo por debajo de Voldemort. Sospechaba que una cosa más tampoco supondría una gran diferencia.

-No, supongo que da igual. Iremos a tu casa cuando decidas… –dijo dándose por vencida.


Le había sorprendido que aceptara ir a su casa, de eso no cabía duda. De todas las cosas que podía haberse esperado que Hermione hiciera, ir a su casa no era una de ellas. No obstante, no le molestaba en absoluto que fuera. Era curioso que después de tantos años sin verse, siguieran entendiéndose sin necesidad de palabras. La conocía como la palma de su mano. Había reconocido el nerviosismo que la embargaba sólo con verla morderse el labio inferior en un gesto tan suyo como lo era el color marrón de sus ojos.

Tal vez si no hubiera ido sumido en sus pensamientos desde el momento en el que había salido del despacho de ella, se habría dado cuenta de que Ronald Weasley lo había visto salir de allí e iba detrás de él con aspecto furibundo dispuesto a decirle unas cuantas cosas.

-¡Malfoy! –

Suspiró con fastidio y se dio la vuelta, encarándolo con una ceja enarcada y la frialdad que lo caracterizaba, palpable en el rostro y en los ojos.

-Vaya, vaya si es el pobretón de cuna… ¿Qué pasa Weasley, no tienes otra cosa mejor que hacer, como por ejemplo trabajar? –preguntó apoyándose en la pared con gesto de indiferencia.

-¿Qué hacías en el despacho de mi mujer? –preguntó Ron pasando por alto el comentario de Malfoy.

Draco lo miró de arriba abajo con una mezcla de suficiencia y desprecio en los ojos grises. Si ese idiota de Weasley supiera…

-¿Por qué no se lo preguntas a ella? –preguntó en respuesta formando una sonrisa ladeada al ver como los ojos de la comadreja centelleaban de pura furia. –Oh ya veo… así que las cosas no van bien con Granger, ¿eh Weasley? –chasqueó la lengua y se dispuso a saborear cada palabra -¿Qué ha pasado? ¿Ya se ha cansado de vivir al lado de un palurdo como tú? –

-Maldito Mortífago… Te recuerdo que si estás aquí y no en Azkaban es gracias a nosotros… -Ron se acercó a Draco escupiendo las palabras, intentando intimidarlo.

Draco solo se limitó a sonreír más ampliamente sin ningun tipo de alegría, con el rostro totalmente pálido.

-Y yo te recuerdo a ti que mientras vosotros que os llamáis valientes dejásteis que Potter fuera solo al bosque, mi madre se jugó la vida diciendo que estaba muerto y es por eso que tú sigues con vida. ¿Qué se siente debiéndole la vida a un Malfoy? -

-Yo a ti no te debo nada –repuso Ron totalmente colorado por la rabia. –Mi vida me la he construido yo -

-Oh bravo, Weasley –ironizó Draco haciendo un par de palmas – Alabemos a Weasley que se ha construido una vida que él denomina decente –dijo como si hablara frente a un público numeroso.

Lo miró con seriedad.

–Tú no tienes ni idea de lo que es construirse una vida. No sabes lo que es levantarse cada mañana y tener que mirar detrás de las puertas por si hay alguien detrás que intenta matarte. De cambiarte de casa cada quince días. De no tener un maldito amigo. De no recibir una lechuza de tu madre el día de tu cumpleaños porque simplemente no sabe en qué país estás. A mi madre le debes mucho, así que asúmelo y deja de ocupar mi valioso tiempo con tus gilipolleces – concluyó con frialdad.

Sin decir nada más entró en su despacho dejando a un Ron estático y por primera vez sin saber que contestarle a Draco Malfoy.


Se encontraba rastreando la dirección que el secuestrador estaba utilizando para emitir la imagen de Mia Meyers maniatada cuando sintió como unas manos se apoyaban en sus hombros masajeándolos con maestría.

Sonrió levemente cuando Remus giró la silla para mirarla a los ojos.

-Se te ve pálida y cansada –le recriminó

Tonks lo atrajo hacia sí y le dio un suave beso en los labios.

-Es que estoy pálida y cansada –dijo bajando la voz como si fuera un secreto que no quería que nadie descubriera.

-Necesitas dormir –Tonks observó como el ceño de su marido se fruncía con preocupación. Odiaba que Remus estuviera con el ceño fruncido, le recordaba a la época en la que apenas dejaba que se acercara a él por considerarla demasiado joven. –Anoche estuviste en frente de ese maldito trasto hasta las tres de la mañana – se quejó.

Aún recordaba como él mismo se había encargado de alejarla del ordenador y de las imágenes de Mia encerrada. Le resultaba curioso que Remus se quejara de que no había dormido cuando parte de la culpa de que eso no hubiera sucedido también había sido de él.

-En cuanto pueda dormiré un poco ¿de acuerdo? –

Le acercó la mano a la cara y rozó con la punta de los dedos la frente del hombre haciendo que el ceño fruncido desapareciera. Estaba a punto de besarlo de nuevo cuando percibió un pequeño movimiento en la pantalla que vigilaba a Mia.

Se apartó con rapidez de su marido y centro toda su atención en el video. Tecleó unaS cuantas veces produciendo un suave sonido y miró a Remus, que se había sentado a su lado, sorprendida al escuchar sus palabras.

-Hijo de puta… -


-¿Se puede saber que hacía Draco Malfoy aquí? –

Hermione alzó la cabeza para asegurarse de que la persona que había entrado sin llamar y dando un portazo en su despacho era su marido. Frunció el ceño al verlo plantado prácticamente delante de sus narices, con las manos cerradas en puño apoyadas en la mesa de roble tras la cual se encontraba ella sentada.

-¿Era necesario qué dieras ese portazo y qué entraras aquí como una exhalación? –preguntó haciendo caso omiso a la pregunta.

-Contesta a lo que te he preguntado –

Hermione se levantó del asiento y alzó la cabeza con obstinación.

-En mi despacho entra quien yo quiero –dijo mirándolo con frialdad –y si Draco Malfoy entra aquí o no para tratar asuntos de trabajo, es algo que solamente me atañe a mi ¿Queda claro? –

-No me gusta que esté cerca de ti, podría hacerte daño – dijo Ron intentando calmarse.

Hermione no supo si era por el hecho de que la considerara una incompetente incapaz de defenderse o porque no le gustaba que Ron estuviera tan encima de ella, el caso es que aquella revelación lo único que hizo fue enfurecerla más.

-Sabes Ronald…. –Comenzó a decir, pero el sonido de alguien llamando a la puerta hizo que se mantuviera callada. Enfocó su mirada, que minutos antes había estado clavada en los ojos de Ron en la puerta de madera –Adelante –

Ginny abrió la puerta y sólo tuvo que echar una mirada para saber que su hermano y su cuñada estaban discutiendo de nuevo.

-Lo siento pero Tonks ha llamado, nos quiere a todos en la sala de ordenadores ya –

La pelirroja no sabía si cerrar la puerta e irse o esperarlos, sin embargo, Hermione claramente había decidido que era mejor poner tierra de por medio y con rapidez cogió su chaqueta y se acercó a la puerta, no sin antes dirigirse a Ron.

-Luego continuaremos hablando de esto -


Entró en la sala y comprobó que ellos tres eran los últimos en llegar. Su vista se desvió durante dos breves segundos en Draco. Por lo visto él no estaba de mucho mejor humor que ella.

Suspiró y sonrió con brevedad al comprobar que Remus también estaba allí.

-Hola Remus –Éste asintió con la cabeza formando una sonrisa. Después miró a Harry. -¿Qué ocurre?

-Tonks… -

-Llevo varios días intentando localizar desde donde emite por medio de magia y al estilo muggle, pero este tío es condenadamente prudente –dijo frustrada –Normalmente, cuando los muggles se meten en internet utilizan una sola línea que es la misma que la del teléfono, sin embargo, ésta pasa por varios repetidores.

-Y eso quiere decir… -acortó su explicación Pansy.

-Que es prácticamente imposible detectar el ordenador de origen. Pero no es por eso por lo que os he llamado. Sabe que lo estamos viendo porque él nos ha enviado el video y lo ha utilizado para mandarnos un mensaje. Mirad. –

Todos escucharon atentos como tecleaba y en unos segundos se escuchó la voz distorsionada de un hombre.

-Lo más probable es que hayáis descubierto lo que contenía el CD y por lo tanto podréis escucharme, si no, mala suerte para la chica. –Hermione miró a Ginny. El tono y la despreocupación que había escuchado le puso el vello de la nuca de punta. –Tengo entendido que Hermione Weasley se caracteriza por usar la lógica en los momentos más difíciles –

La castaña apartó los ojos de la pantalla para mirar su mano que era fuertemente sujetada por Tonks.

-Y Draco Malfoy por tener nervios de acero –Harry miró a ambos con el ceño fruncido por la preocupación. –Quiero que vayan al parque que tienen frente al Ministerio. Debajo del tobogán hay un chaleco especial para la señora… Debe ponérselo sin moverse de allí. Si no lo hace en un cuarto de hora la chica morirá… No hagáis ninguna tontería porque os estaré vigilando… -

Pansy miró a Draco. Remus miró a Harry. Ron centró sus ojos en Hermione que observaba a Malfoy que a su vez tenía los ojos centrados en ella.

-¿Cuánto tiempo nos queda? –Preguntó Ginny a Tonks

-Once minutos –

-Hay que ir ya –la voz de Hermione provocó en Harry una sensación idéntica a la que habría sentido si una Bludger le hubiera golpeado en medio del estómago.

-No vamos a seguirle el juego a un secuestrador –Informó Harry con tono imperativo.

-¿Tienes una idea mejor, Potter? –Intervino Draco aparentando una tranquilidad que no sentía –porque si la tienes somos todo oídos.

Ante la falta de argumento de Harry, Hermione salió corriendo hacia el parque. En busca de algo que no sabía lo que era.


Medio segundo después Draco también salió corriendo sin importarle lo que pensaran los miembros que ocupaban la sala. Después de todo él también debía estar en el parque, no creía que notaran nada extraño.

Sin embargo, no era el hecho de que un secuestrador le exigiera que debía estar allí porque así lo había decido, lo que había provocado que sus pies decidieran tomar las riendas. Había salido corriendo detrás de ella por miedo. Un miedo inmenso lo había embargado. Por lo que sabían de ese hombre, podría estar esperándola u observándola desde algún lugar para que en el momento en el que apareciera, matarla.

Ignoró el escalofrío que le recorrió todo el cuerpo. El sujeto parecía estar más interesado en jugar con ellos que en matarlos, pero claro, él nunca había confiado demasiado en la suerte.

Ese hombre parecía estar obcecado con hacerlos pagar por haber engañado a todo el mundo. Recordó como hacía apenas un día les había exigido que estuvieran solos en una sala, la próxima vez que llamara.

Entraron en la sala en la que Tonks había puesto un localizador de llamadas, los dos solos.

Se sentía un idiota por verse obligado a hacer lo que ese estúpido le dijera. Después todo, tampoco creía que él pudiera saber si estaban solos o no. Suspiró. El caso era que allí estaban Hermione y él siguiendo las instrucciones de un demente. Claro, que tampoco sería un gran sacrificio estar allí encerrado a solas con la castaña, si no fuera porque había un micrófono que hacía llegar a oídos de Potter todo lo que dijeran.

Hermione lo miró analizando todos sus movimientos mientras se sentaba. Movimientos elegantes. Draco Malfoy podía ser un creído, un egocéntrico y un fanfarrón pero la elegancia que desprendía con cada uno de sus movimientos era algo que no se podía negar. Detuvo esa línea de pensamientos. ¡Por Merlín! no podía pensar así en Draco, ella estaba casada y quería a Ron, no como había amado a Draco pero le quería.

Sonrió con tristeza mientras posaba sus ojos en el identificador de llamadas. Amar y querer, eran unos conceptos tan parecidos y a la vez tan diferentes…

Sintió los ojos grises clavados en ella como si fueran dos llamas candentes pero no levantó la cabeza para encararlo. Se negaba a levantar la cabeza para mirarlo a los ojos, no quería averiguar que seguían siendo tan atrayentes como cuando tenía dieciséis años. Le daba auténtico pavor no poder resistirse a tocarlo ahora que nadie los veía. Se sintió salvada cuando el teléfono comenzó a sonar.

Fue Draco el que descolgó.

-Garret aquí estamos –informó

Hermione miró el teléfono como si fuera una serpiente que pudiera echársele encima en cualquier momento.

-Quería que estuvierais solos por una razón. Porque vosotros sois la razón por la que estoy haciendo todo esto –

-Si nos dijeras que hemos hecho para merecernos esto… -lo indujo Hermione con voz calmada a pesar de que interiormente temblaba como una hoja.

-Engañar a todo el mundo… - Hermione levantó la cabeza para mirar a Draco con los nervios de punta. Aquello no podía estar pasando, nadie sabía lo que había sucedido entre ellos en un determinado momento de su vida.

Lo único que sintió antes de ver a Harry aparecer por la puerta pidiendo explicaciones fue la mano de Draco apretándole el hombro en una pequeña muestra de consuelo.

Después de eso, Hermione había salido con Potter y una hora después había aparecido en su despacho diciendo que Harry no sabía nada y que la había creído al decirle que no sabía de qué estaba hablando Garret. Sonrió con frialdad. Ciertamente no sabían de qué iba todo aquello. De acuerdo, habían engañado, habían mentido pero eso había tenido lugar hacía mucho tiempo y según habían creído nadie tenía conocimiento de ello…

Lo que Draco no sabía era que Harry Potter sí tenía alguna sospecha.


Llegó hasta el parque y estuvo a punto de tropezar con una piedra antes de agacharse bajo las escaleras del tobogán. Mientras se dedicaba a buscar en el hueco que había justo debajo escuchó unos pasos que se acercaban rápidamente y no necesitó más que mirarle las piernas a la persona que se había parado junto a ella para saber que Draco Malfoy estaba a su lado. Zapatos negros, pantalón negro y pose autoritaria.

Sí, era él. Y lo comprobó cuando salió de debajo del tobogán estupefacta.

Draco la miró con recelo. Hermione no solía mostrarse temerosa ante nadie, mucho menos ante él. Era demasiado orgullosa para eso

-¿Qué hay ahí abajo? –preguntó tragando antes saliva para recuperar el habla que había perdido al ver los ojos marrones llenos de pánico.

Hermione no le contestó. Se limitó a mirarlo totalmente bloqueada, sin saber que hacer. Parpadeó al sentir las manos frías del hombre en sus mejillas. ¿Cómo habían llegado allí? ¿Y por qué tenía su cara a apenas unos centímetros de de la suya?

Draco se agachó hasta quedar a la altura de los ojos de la mujer. Alzó las cejas conservando la calma.

-¿Qué hay ahí, preciosa? –

Sintió como si todo lo que había a su alrededor comenzara girar cuando escuchó la frase que pronunció Hermione casi sin voz.

-Hay una bomba con contador enganchada a un chaleco... y ha dicho que me la tengo que poner –


Hola soy yo de nuevo =) ¡Feliz Navidad y próspero Año Nuevo! Espero que en año 2011 todo os vaya de maravilla y se os cumplan vuestros deseos más profundos.

Un pequeño regalito es este capítulo, que quería subir antes de terminar el año. Quiero dar las gracias a NewBorn15, a luna-maga y a 89cheshiregracias por leer y sobre todo por comentar.

Si queréis que los Reyes Magos os traigan un nuevo capítulo, ya sabéis, dejad algún review diciendo que os está pareciendo la historia o simplemente para decir "oye Silver que yo lo leo"

Un besito y Felices Fiestas a todos.