Capítulo 12: "A cien kilómetros por hora"
"Dios castiga en los hijos las culpas de los padres, porque sabe que no hay mayor dolor para los padres que el dolor de los hijos." (Jacinto Benavente)
Necesitaba estar sola y aclarar sus ideas. Tenía miedo. No. Tenía auténtico pánico a que a alguno de sus hijos le pasara algo y a Rose le había pasado. La habían atacado y todo por su culpa. Cerró los ojos con fuerza durante unos segundos en un intento por aclarar sus ideas. Debía centrarse en lo que sabía. Analiza las pruebas, se dijo.
Sabía que a Pansy le habían enviado una caja amenazando a Rose y a Scorpius. Caja que debería ir a ver cuanto antes. Había alguien al que le había molestado la relación que tiempo atrás había mantenido con Draco. Y que, desde luego, les estaba haciendo pagar por ello. Debía averiguar si esos dos hechos estaban relacionados, y qué tenían que ver con la familia Meyers.
Suspiró pero no se giró sabiendo que Draco estaba allí mucho antes de que él hablara.
-¿Qué haces aquí? –preguntó sin girarse para encararlo. No necesitaba hacerlo para saber que posiblemente estaría con los brazos cruzados sobre el pecho, las piernas cruzadas a la altura de los tobillos y escrutándola con aquellos inquietantes ojos grises.
-Lo mismo que tu, supongo –contestó. Y Hermione se lo imaginó encogiéndose de hombros aparentando total indiferencia.
-No sabes que hago aquí… -contrarrestó sin poder evitar que la pesadumbre que sentía se reflejara en su voz.
Draco resopló con cierta burla y alzó los ojos, exasperado.
-Estás así porque han agredido a tu hija, has discutido con Weasley, has estado a punto de saltar por los aires por culpa de un cabrón que se esconde tras una cámara y que está jugando con nosotros como si estuviéramos bajo un Imperius. Pero lo que más te ha afectado ha sido escuchar que llamaban a Rose, sangre sucia –Entrecerró los ojos intentando comprenderla. – ¿Por qué? –preguntó al fin.
Hermione se giró con los brazos cruzados para mirarlo mientras sus labios se estiraban hasta formar una sonrisa fría, sin una pizca de alegría.
-Soy bastante inteligente –Draco arqueó una ceja ante aquella afirmación pero no dijo nada – No estoy presumiendo, simplemente es un hecho –dijo encogiéndose de hombros como si estuviera mencionando que fuera de aquella sala estaba lloviendo.- Sabes que con dieciséis años me dejaba los codos estudiando; ayudé a Harry cuanto pude; soy una buena madre ¡maldita sea! –exclamó tragando saliva.
Draco que la observaba desde su posición, al lado de la puerta vio como Hermione comenzaba a caminar, frustrada y dolida pero a pesar de que lo que más deseaba en aquellos momentos era abrazarla y reconfortarla, se mantuvo quieto en su lugar. Los nervios de la mujer pendían de un hilo y lo último que necesitaba era que él invadiera su espacio.
-Hermione… -comenzó a decir Draco.
Ella continuó hablando como si no lo hubiera oído.
-Intento ser una buena persona y bien sabe Dios que he intentado ser una buena esposa – Se detuvo con los ojos abiertos desmesuradamente al darse cuenta de con quien estaba hablando. Observó como Draco alzaba las cejas con cierto aire burlón y negó con la cabeza. – Da igual… - Cogió la chaqueta que al llegar había dejado tirada en medio de la gran sala de baile.
Aquel lugar se había creado para impresionar a altos cargos de distintos países. Había ido allí porque necesitaba espacio y la sala era enorme, que tuviera unas vistas de Londres estupendas, sólo era un plus añadido.
Iba a salir de allí cuando una pregunta de Draco la detuvo.
-¿Y? –
Hermione se giró con el ceño fruncido.
-Y aún así a mi hija siguen llamándola sangre sucia porque yo soy su madre. Estoy cansada Draco…- Bajó la mirada hacia la muñequera negra que cubría la marca tenebrosa. – Tú tienes que vivir con tu marca y yo con la mía – dijo en tono quedo.
-Hermione… -la llamó de nuevo, pero ella siguió caminando hacia la salida y Draco supo que la puerta que daba a sus sentimientos volvía a estar cerrada.
-Quiero ver esa caja cuanto antes – dijo como última palabra.
Y sin decir más la mujer comenzó a caminar de nuevo hacia el exterior de la sala dejando a Draco con más de una pregunta por responder.
Intentó llenar los pulmones de aire pero hasta eso le costaba un esfuerzo sobrehumano. No sabía cuánto tiempo llevaba allí encerrada. Ni siquiera si era de día o de noche. Tenía que conseguir salir de allí como fuera, era demasiado joven y no estaba dispuesta a morir tan pronto.
Levantó la cabeza del sucio camastro un par de centímetros y solamente pudo ver lo mismo que llevaba viendo durante horas o quizá días; una cámara situada sobre un trípode que tenía una luz apenas visible roja que parpadeaba.
"Dios mio, ayuda… por favor necesito ayuda…" Quería gritar, sin embargo ni una sola palabra salió de su boca. Había conseguido quitarse la cinta adhesiva de la boca pero conseguirlo le había costado una gran rozadura en la muñeca a causa de hacer fuerza para que la mano le llegara hasta la boca.
Hacía tiempo que aquel cabrón no iba hasta allí. Cerró los ojos. Sabía que era un hombre y que estaba amenazando a algunas personas; según podía recordar a un tal Malfoy y a una tal Weasley. Pero ella no conocía a nadie que se llamara así. Había estado haciendo memoria desde que había escuchado los nombres al otro lado de la habitación.
"Mierda" pensó cuando escuchó como el cerrojo de la puerta cedía con un chirrido. Él había vuelto y por lo visto tenía preguntas por hacer...
"Ayuda, por favor. Que alguien me ayude"
Tonks llevaba exactamente dos días sin conseguir pegar ojo. Se había ido a dormir la noche anterior, dejando a una compañera de guardia, porque Harry se lo había ordenado. Sin embargo, que no se encontrara en aquel cuarto oscuro repleto de ordenadores no significaba que hubiera dormido. Se había ido a casa, sí, pero se había dedicado a dar vueltas en la cama mientras las imágenes de Mia acudían una y otra vez a su cabeza.
Entrecerró los ojos al ver que en la habitación en la que se encontraba la chica, había movimiento. Apartó la mirada sólo un segundo para comprobar que el programa de grabación que había instalado para que se grabara todo lo que la cámara del secuestrador retransmitiera, seguía haciendo su función.
Observó como un sujeto con pantalones vaqueros y camiseta blanca se acercaba hasta la cámara con la cara cubierta por un pasamontañas negro y desviaba el objetivo de ésta hacia un montón de cosas de distinto tipo situadas unas encima de otras. Tonks agudizó la vista, allí había desde un par de mesas rotas cubiertas de polvo, hasta libros ajados y algo que parecía tela totalmente rota.
No comprendía por qué el secuestrador había girado la cámara hacia aquel montón de basura hasta que escuchó un primer ruido sordo, como de un golpe, seguido de un pequeño jadeo de dolor y una pregunta.
-¿Sabes qué se siente cuando un coche que va a cien kilómetros por hora te golpea? –
Scorpius formó una sonrisa cansada sabiendo que su madrina se quedaría cerca de la casa de los Weasley hasta que su padre o la madre de Rose aparecieran por allí. No la había visto seguirlos hasta las chimeneas del Ministerio pero de manera automática supo que ella se encontraba cerca, no en vano era la que lo acunaba de pequeño.
Cerró la puerta de la casa de Rose sin soltar a la chica en ningún momento y después la llevó hasta un cómodo sillón color crema que había en medio de la sala de estar. Miró a su alrededor. La casa era bastante grande aunque no podía compararse con la suya propia o con Malfoy Manor, no estaba mal. En el exterior había un pequeño y bonito jardín y por lo que podía ver del interior, la casa estaba decorada con bastante acierto. Los colores cálidos predominaban en la sala de estar invitando a las visitas a relajarse allí.
Cesó su escrutinio cuando escuchó como Rose soltaba un suspiro. Estaba cansada, había tenido un día horrible; cualquier chica normal habría estallado en lágrimas en el momento en el que hubiera estado a salvo pero ella no era cualquier chica. Rose era terca y orgullosa y en momentos como aquel, en los que el miedo había cubierto por completo su mirada, aquella cualidad era lo único que la mantenía serena.
Y él no sabía que era peor; si que estuviera totalmente serena después de un día semejante o que llorara a lágrima viva. Se acuclilló delante del sillón donde Rose estaba sentada y le tomó las manos entre las suyas; tenía las manos tan frías como si hubiera estado jugando en la nieve sin guantes.
-¿Quieres que te traiga algo? ¿un tazón de té? ¿un libro? –Sonrió haciendo que Rose entornara los ojos -¿El pijama? Si quieres te ayudo ponértelo… -
Rose sonrió que era lo que Scorpius pretendía.
-Estoy bien –dijo Rose de manera automática.
Scorpius la había escuchado repetir lo mismo unas diez o doce veces a lo largo del día, cuando alguien la miraba con preocupación o cuando le preguntaban si necesitaba algo.
-No estás bien –afirmó de manera contundente –Puede que con todas las personas a las que has visto hoy te funcione pero conmigo no. – Poniendo dos dedos en su barbilla hizo que lo mirara a los ojos y se acercó para darle un suave beso en los labios. Cuando se separaron Scorpius volvió a enfocar sus ojos grises en los de ella. – Ahora dime ¿Qué necesitas? –preguntó con una sonrisa.
- Abrázame –dijo en un tono apenas audible, evitando mirarlo a los ojos. Odiaba pedir algo – Sólo abrázame, por favor Scorpius… -susurró de nuevo.
Sin decir nada, el chico se puso de pie y tironeó de ella. Rose se levantó del sillón y lo miró sorprendida cuando vio que él se sentaba en el lugar que antes había ocupado ella. Frunció el ceño sin entender nada pero Scorpius no le prestó atención y tiró de nuevo de ella para que se sentara en su regazo.
Rose se dejó hacer y soltó un suspiro de alivio cuando él la abrazó por la cintura y la instó a que apoyara la cabeza en su hombro como si fuera una niña pequeña. Y así, en aquella postura, ciertamente novedosa para ella, Rose se sintió segura por primera vez desde el ataque.
Miró a Hermione de reojo mientras caminaban por el camino de acceso a su casa. Habían salido del Ministerio poco después de que la encontrara en el salón de baile y desde ese momento no la había escuchado pronunciar ni una palabra. Hermione estaba tensa. A pesar de que cuando fue a comunicarle el asunto de la caja se había mostrado conforme ante la idea de acudir a su casa, Draco podía percibir con claridad la tensión que invadía su cuerpo y que aumentaba a cada paso.
Entrecerró los ojos. Se sentía estúpido. Era obvio que ella estaba así porque a su hija la habían agredido, no tenía nada que ver con el hecho de encontrarse a pocos pasos de su vivienda.
-La caja sólo la hemos tocado Pansy y yo –Hermione lo miró sorprendida por el brusco inicio de la conversación pero no dijo nada al respecto –y siempre ha sido con guantes o mediante magia, es muy difícil que haya quedado alguna huella nuestra en la ella.
Hermione asintió brevemente pero no dijo nada. Draco a su lado, suspiró frustrado antes de abrir la puerta que daba acceso a la casa.
Hermione se detuvo en la entrada, maravillada. Era la primera vez que entraba en casa de Draco, sabía donde vivía, por supuesto, pero por razones más que justificadas nunca había estado allí. La casa era enorme; por lo que podía ver hasta donde le abarcaba la vista, estaba decorada con un gusto sofisticado y lujoso que parecía proceder de otra época.
Se preguntó quién se habría encargado de decorarla. Pensó en Astoria y sintió como si le dieran un golpe justo en el centro del estómago.
-Hermione- la llamó desde unos pasos por delante. La mujer cesó en su escrutinio y lo miró –¿qué pasa?-
Ella negó con la cabeza y sonrió levemente.
-Tienes una casa muy bonita –
Draco miró a su alrededor con satisfacción palpable. Aquella casa era lo que siempre había querido.
-Quería una mansión –se encogió de hombros con sonrisa burlona – siempre he estado acostumbrado a moverme por habitaciones grandes –hizo una mueca –las pequeñas…
-Los lugares pequeños te agobian, lo sé –lo interrumpió Hermione sin ser consciente de lo que esa simple afirmación demostraba.
Draco la miró sorprendido y asintió.
-Pero tampoco quería una casa grande y austera… -añadió. - ¿Vamos a ver la caja? Está en mi despacho, no quería que Scorpius la viera por error-
Hermione asintió pensando que en otro tiempo no le habría importado vivir junto a Draco Malfoy aunque fuera en una pequeña tienda de campaña muggle.
-¿Un accidente de tráfico? –preguntó Harry mirando desconcertado a las personas que lo acompañaban.
Tonks no cesaba de teclear en su ordenador portátil buscando información sobre un posible accidente en el que pudiera estar implicada Mia Meyers.
Ginny, a su lado, negó con la cabeza.
- No tiene sentido. El secuestrador ha tenido mucho tiempo para planear todo esto y a no ser que con nueve o diez años ya condujera un coche, dudo mucho que todo esto le esté sucediendo por algo que ella misma haya hecho. –
Tess, la psicóloga que había estado casi todo ese tiempo con los padres de Mia, asintió.
-Harry, estoy de acuerdo con Ginny. No obstante –miró a Tonks –mira si hay algo sobre el padre, Patrick Meyers. –se levantó de la silla en la que había estado sentada hasta el momento. –Chicos, llamadme si necesitáis algo. Me marcho, tengo pacientes a los que atender -
Mientras escuchaban el sonido de las teclas al ser golpeadas, una vez Tess se hubo marchado. Harry suspiró.
-Genial, ¿Y ahora qué? –dijo frustrado – Tonks en cuanto puedas quiero que me mandes al despacho los videos que has grabado, con suerte en el montón de porquería que se ve en ellos, podamos identificar algo que nos de alguna pista sobre donde la tiene retenida –
La mujer alzó la cabeza sin dejar de pulsar las teclas y frunció el ceño.
-¿Y yo mientras qué hago? –preguntó.
-Quiero que busques información para ver si algún mortífago se ha escapado, si queda alguno vivo en libertad, lo que sea… Quiero que te centres en eso. Ginny y yo nos encargaremos de los videos. –
Tonks entrecerró los ojos que emitieron un centelleo y asintió. Se había enterado de lo que le había sucedido a Rose y tenía las mismas ganas que todos los demás de pillar al que se había atrevido a amenazarla, sin embargo debían ocuparse también del caso Meyers.
-De acuerdo, nos vemos aquí mañana a las ocho de la mañana. ¿Podrías avisar a los demás, Tonks? –preguntó mientras se levantaba. –Quiero que todos, absolutamente todos estén aquí mañana, me da igual si tienen problemas matrimoniales o no, yo llamaré a Ron y a Hermione, ¿Podrías encargarte de los demás? –
-Está hecho –sonrió la mujer.
Rose se removió incomoda por tercera vez, entre los brazos de Scorpius.
-¿Qué sucede, preciosa? –preguntó el chico -¿Estas incómoda? –
Rose parpadeó y frunció el ceño. Posteriormente apartó la mano derecha del chico que la rodeaba por la cintura y metió la mano en el bolsillo delantero de la cazadora que llevaba puesta desde esa mañana. Scorpius la miró sin decir nada y alzó las cejas cuando vio que del interior del bolsillo sacaba un reloj de oro blanco de hombre.
-Vaya –exclamó – pensaba que me lo regalarías al cumplir los diecisiete – dijo en tono burlón.
Rose sonrió y le dio un golpe con el codo en las costillas.
-Es el reloj que encontré en el despacho de mi madre –explicó.
Scorpius frunció el ceño y miró el reloj con mayor atención.
-¿Me lo dejas? –preguntó.
Rose se lo tendió y el chico lo examinó con cuidado. El reloj le llamaba la atención. No era sólo el hecho de que hubiera sido creado por elfos. Ni siquiera que fuera un reloj tan inmensamente caro. Esa joya la había visto antes…
Apretó la mandíbula al recordar donde lo había visto… Su padre… Su padre aparecía con ese reloj en algunas fotografías que tenía de cuando él iba a Hogwarts. Se negó a aceptarlo. No podía ser. Debían haber varios modelos como ese deambulando por ahí, sin embargo sabía que un reloj así no era fácil de conseguir y era raro que los elfos hubieran tallado dos obras iguales. En cuanto llegara a casa volvería a mirar las viejas fotografías a ver si era el mismo y si lo era, le haría unas cuantas preguntas a su padre. Mientras tanto, Rose no tenía por qué hacerse la misma pregunta que se estaba haciendo él en aquellos momentos.
"¿Por qué demonios tenía Hermione Weasley el reloj de su padre?"
-Es bonito –dijo encogiéndose de hombros como si fuera la primera vez que lo había visto y mostrándose totalmente sereno.
Rose iba a decirle algo cuando un sonido ensordecedor les hizo dar un respingo. Ella se levantó del regazo de Scorpius con rapidez, seguida de cerca por el muchacho y volvió a guardarse el reloj en el bolsillo. Por la chimenea del segundo piso acababa de llegar alguien. No les dio tiempo más que a sacar las varitas cuando Molly Weasley igual de robusta y con el mismo gesto amable de siempre aparecía en lo alto de las escaleras cargada con dos cestas grandes de mimbre.
Rose sonrió, su abuela lo arreglaba todo con comida. En opinión de Molly, cualquier noticia buena o mala sentaba mucho mejor con el estómago lleno. No sabía que había dentro de las cestas pero se jugaría toda su colección de libros sin miedo a perderla a que en ellas había comida para todo un curso de Hogwarts.
No se sorprendió cuando su abuela miró a Scorpius, situado a su lado, con el ceño fruncido.
-Abuela, te presento a Scorpius Malfoy –suspiró – Scorpius te presento a mi abuela, Molly Weasley-.
-¡Paparruchas! –exclamó Molly haciendo que Rose diera un respingo pensando que se iba a negar a hablar con él –como si hiciera falta que me lo presentaras… - la mujer bajó las escaleras con agilidad, mandó las cestas a la concina con un gesto de la varita y se situó delante del chico. Para sorpresa de ambos Molly le dio un abrazo como sólo ella sabía darlos. –Eres idéntico a tu padre- dijo cogiéndole la cara por las mejillas como siempre hacia con sus nietos.
Rose los miró boquiabierta. Scorpius no era especialmente cariñoso con la gente que no conocía, sin embargo se había dejado abrazar por su abuela y no le había parecido que estuviera incómodo.
-Bueno y yo qué ¿eh? –preguntó falsamente indignada y con los brazos en jarras – ¿qué pasa? ¿tu nieta soy yo, recuerdas, abuela?
Molly desechó el comentario con un gesto de la mano y se acercó a Scorpius para decirle un secreto murmurado lo suficientemente alto como para que Rose también lo oyera.
-Siempre será como una niña pequeña… - le dedicó una sonrisa a Scorpius y le guiño un ojo a su nieta. Al instante abrió los brazos para abrazarla.
Sólo cuando la tuvo entre sus brazos, Molly se permitió respirar tranquila. Se había asustado en extremo cuando Hermione la había avisado y le había pedido que fuera hasta allí.
-Bueno –dijo apartándose de su nieta y encaminándose hacia la cocina -¿Quién viene a ayudarme a hacer galletas?
Rose no pudo evitar estallar en carcajadas cuando Scorpius la miró con los ojos abiertos como platos. Lo cogió de la mano y tiró de él hacia la cocina.
-Te lo pasarás bien… -afirmó antes de seguir a su abuela.
Hermione repasó por tercera vez el contenido de la caja. Una foto y unas líneas en un trozo de papel. Sólo con eso podías asustar a una persona. Perfecto, pensó con sarcasmo. Se pasó la mano por la nuca. Había tenido un día horrible y las horquillas se los estaban volviendo aún peor.
-A lo mejor Luna puede averiguar algo por la letra, pero sin algo con lo que compararla… -dijo desanimada.
Draco apoyado en el borde de la mesa entrecerró los ojos.
-Quítatelas –
Hermione frunció el entrecejo, sin comprender a que se refería.
-¿cómo dices? –preguntó
-Que te quites las horquillas. Te molestan, te dan dolor de cabeza. No es la primera vez que te veo sin ellas, Hermione –añadió al ver que ella iba a protestar.
-Estoy bien así –afirmó ella, pese a saber que era mentira.
Draco formó una pequeña sonrisa.
-Eres una cabezota –sacudió la cabeza – Te duele la cabeza y la nuca pero prefieres eso a admitir que tengo razón. Quítatelas aquí no va a venir nadie. –
Tras un momento de vacilación, Hermione le hizo caso. En silencio, extrajo una gran cantidad de horquillas y su mata de pelo calló sobre los hombros. Antes de que fuera consciente de que Draco se había movido de su sitio sintió sus manos enredándose en su pelo.
Hermione suspiró. Había serias, grandes y buenas razones para apartarse de él, sin embargo, allí seguía disfrutando de la sensación que le producía el contacto de sus manos. Debía apartarse enseguida pero en vez de hacerlo apoyó la espalda en el pecho de él y cerró los ojos.
Draco le paso una mano por la cintura mientras con la otra seguía masajeándole el cuero cabelludo. Sólo tenía que bajar un poco la cabeza para posar sus labios en su cuello. Estaba planteándose si ella lo rechazaría cuando el teléfono móvil de Hermione comenzó a sonar haciéndola despertar de golpe.
Hermione dio un respingo y parpadeó para librarse de la ensoñación que momentos antes la envuelto. Se apartó de Draco con rapidez y contestó al teléfono.
-Dime Harry –
-Mañana quiero que estéis todos a las ocho en mi despacho, hay nuevas cosas respecto al caso. –
-De acuerdo –contestó ella evitando mirar a Draco a los ojos.
-He puesto a Tonks a buscar información sobre antiguos mortífagos. ¿Has visto la caja ya? –escuchó Hermione desde el otro lado de la línea.
-Sí, gracias Harry. Mañana nos vemos -contestó y un segundo después cortó la conexión. Sin mirar a Draco y sin decir nada volvió a guardar el teléfono móvil el bolsillo delantero del pantalón y se acercó para coger su bolso.
-Hermione… -
Ella sacudió la cabeza.
-Me marcho, esto no ha sido una buena idea –dijo con pesadumbre. –Mañana llévale la caja a Luna, ¿vale? – Forzó una sonrisa triste –Hasta mañana, Draco. –
Draco suspiró.
-Te echo de menos –murmuró él en voz baja, a su espalda haciéndola detenerse un par de segundos.
-Yo también –dijo ella. Después abandonó el despacho, fue hasta la puerta y se desapareció en el gran jardín.
Sí, hola, buenas, soy yo de nuevo. Siento muchísimo el retraso, espero que os haya merecido la pena y que os haya gustado el capítulo.
Daros las gracias a todas las que me dejasteis un review en el anterior capítulo que sois: khpmi, Aby-Penita, paolismalffo, Princessmalfoy10, Lizzy (Gracias por el review y por la enhorabuena por el capítulo anterior. Aquí tienes el nuevo capítulo. ¡Un besito!), Yooo (Gracias por comentar. Me alegro de que te guste la historia. ¡Un saludo), y Princess ansly.
¿Y bien? ¿Qué os ha parecido el acercamiento entre Draco y Hermione? Ahora se nos plantea otro problema ¿Qué es eso del accidente de coche? ¿y lo del reloj de Hermione? ¿Draco le dirá la verdad a su hijo?
Jajaja ¿Cuántas incógnitas no? Si queréis descubrirlas dejad un review.
¡Nos leemos!
¡Un saludo!
