Capítulo 17: "Sobrepasando el límite"
"El verdadero dolor es el que se sufre sin testigos." (Marco Valerio Marcial)
Hermione logró distinguir, entre el bulto que había caído al suelo, una forma alargada y gruesa. La mujer retrocedió espantada al comprobar que se trataba de una serpiente y no fue hasta segundos después que constató que, sí, era un reptil pero estaba muerto y cubierto de sangre.
Ciertamente, era algo desagradable de ver. Se alejó del portal de la casa e intentó conjurar un patronus. Se miró la mano con la que sujetaba la varita, sorprendida. Estaba temblando y ella no temblaba nunca, jamás. La varita se movía al compás que su mano pero no lograba definir el movimiento claro para que surgiera nada más que un pequeño haz de luz que desapareció a los pocos segundos.
Frunció el ceño. Pocas veces le había pasado aquello. Se sentía paralizada, sólo quería alejarse de allí con sus hijos; huir. Cerró los ojos e inspiró un par de veces para tranquilizarse, era necesario que avisara a los demás sin demora. No sabía cuánto tiempo más iba a poder aguantar de pie.
Con un esfuerzo sobrehumano se obligó a apartar los malos recuerdos; a alejar todo lo que había sucedido en esos días y a centrarse en los recuerdos felices de su vida: el nacimiento de sus hijos, el primer día en Hogwarts, la primera vez que Draco la besó…
Se centró en aquel recuerdo, en la sensación que la embargó y casi sin pensarlo murmuró:
-¡Expectro patronum! –
Soltó aire, aliviada cuando observó como de la punta de su varita surgía una nutria plateada y se perdía en la noche. Hermione cerró los ojos un momento, en parte para evitar mirar hacia la entrada de su casa, en parte para serenarse.
Estaba agotada, necesitaba descansar un poco pero estaba segura de que en el momento en el que intentara cerrar los ojos, la serpiente, el rostro de Mia maniatada, Ginny siendo apuntada por un francotirador…. Toda aquella basura le iba a estallar en la mente y le sería imposible conciliar el sueño.
Tragó en grueso. Tenía unas ganas de llorar casi imposibles de refrenar y por primera vez en mucho tiempo sintió la necesidad de apoyarse en alguien. Alguien en quien no se había permitido apoyarse desde hacía mucho tiempo. Necesitaba a Draco, bien sabía Merlín que lo necesitaba.
Draco miró a su hijo con una ceja enarcada, esperando que lo acribillara a preguntas. Posiblemente, Scorpius estuviera a punto de estallar. A su hijo no le gustaba esperar, era impaciente por naturaleza, exactamente desde que nació. Aún recordaba lo desesperante que se ponía, inmediatamente después de obtener su custodia y de que Astoria se marchara, cada vez que quería que su padre jugara con él o que le diera de comer o le dibujara con la varita muñecos de humo.
Por eso le extrañaba tanto que Scorpius hubiera esperado hasta que Pansy se marchara o que incluso en aquel momento no hubiera comenzado ya a preguntarle todas sus dudas.
Suspiró y arqueó las cejas en su dirección
-¿Y bien, qué quieres saber? –le preguntó.
Scorpius tardó unos segundos en contestar como si estuviera ordenando las preguntas que pululaban por su mente, por prioridad.
-Tenía entendido que la madre de Rose y tú no os llevabais bien cuando estabais en Hogwarts…-
Draco formó una pequeña sonrisa. Que él y Hermione no se llevaban bien era la forma más suave de decirlo. Lo que le extrañaba a Draco era que a Scorpius nadie le hubiera dicho que su grupo de Slytherin y el de Potter se odiaban.
-La madre de Rose y yo íbamos cada uno por su lado. –comentó –Podemos decir que yo no era ningún santo cuando estaba en Hogwarts. –
Draco alzó la vista para encarar a su hijo que no le quitaba los ojos de encima.
-Yo dedicaba todo mi tiempo libre a burlarme o reírme de ella. Recuerdo que una vez Hermione me preguntó si vivía simple y llanamente para mortificarla –dijo con un tono de cierta nostalgia. –Esa chica, hija de muggles pero más inteligente que el resto de nuestra generación, me sacaba de quicio. Me resultaba desconcertante y sumamente irritante que precisamente ella supiera más que yo, que soy un sangre limpia. –
Scorpius frunció el ceño dotando a sus ojos grises de una seriedad que raramente se podía observar en un muchacho de su edad.
-Ahora prácticamente no tiene ninguna importancia la sangre que cada uno lleve en las venas pero entonces no era así. Yo he intentado educarte de una manera muy distinta a como me educaron a mí. –Scorpius formó una mueca que era casi una sonrisa pero no dijo nada –Tus abuelos creían firmemente en la pureza de sangre y aquello conllevaba ciertos ideales y ciertas maneras de comportarse que querían que su único hijo tuviera. Uno de esos comportamientos era rechazar y superar a todo hijo de muggle que estudiara en Hogwarts -
-Pero acabas de decir que la señora Weasley era la mejor de la promoción –
Draco hizo una mueca al escuchar como se había referido a Hermione pero no dijo nada sobre ello.
-Ahí quería llegar. Hermione se pasaba media vida en la biblioteca y la otra media resolviendo problemas y misterios que surgían en el castillo al lado de Potter –Draco dijo eso último con una mueca de hastío que no pasó desapercibida para Scorpius.
-¿Y cómo es que le diste tu reloj? –Preguntó Scorpius sin moverse de su lugar en el sillón que estaba situado frente a su padre.
Draco suspiró antes de contestar mientras su hijo lo escudriñaba con la mirada. Tuvo claro lo que tenía que hacer; después de todo Hermione les había contado a todos la verdad así que, ¿qué importaba que él se la dijera a su hijo antes de que se enterara por otros medios?
-Se lo di, o mejor dicho –se corrigió - lo dejé en un lugar donde sólo ella pudiera encontrarlo. Fue la última noche que estuve en Hogwarts antes de la guerra –
Scorpius lo miró a través de un mechón rubio que había caído sobre su frente. Sabía todo o prácticamente todo de la vida de su padre en Hogwarts porque él mismo se había encargado de contársela. Incluso sus peores recuerdos, lo que había hecho en su sexto año… Todo eso ya lo sabía antes de entrar en Hogwarts. Quizás había gente que habría opinado que no era bueno, ni estaba bien decirle a un niño de once años todos los disparates que su padre había cometido cuando aún era un adolescente. Su madrina Pansy, sin ir más lejos, había discutido con el hombre que tenía enfrente por estar decidido a contarle todo lo que hizo durante la guerra sin escatimar en detalles, pero a su padre no le había importado; había resuelto contarle toda la verdad a su hijo y así lo había hecho, y eso era algo que él había agradecido profundamente.
Por eso, el muchacho sabía a qué noche se refería Draco. Le estaba hablando de la noche en la que Dumbledore murió. Aquella en la que los mortífagos entraron en Hogwarts gracias a él.
-Mantuviste una relación con la madre de Rose –
No era una pregunta y, de hecho, Draco se habría extrañado si lo hubiera sido. No apartó la mirada de los ojos tan parecidos a los suyos que Scorpius tenía. No se avergonzaba en absoluto de haber mantenido una relación con Granger y sabía que su hijo lo entendería solo con mirarlo.
-Por eso te asustaste tanto cuando nos dispararon y la hirieron. Por eso te quedaste estupefacto cuando te conté lo mío con Rose. –
Draco no estaba seguro de que su hijo le estuviera hablando a él. Era como si estuviera encajando poco a poco las piezas de un puzle. Un puzle basado en sus propios pensamientos.
El hombre lo observó mientras Scorpius iba asimilándolo todo y entrecerró los ojos cuando él lo miro con los ojos desmesuradamente abiertos y casi crispados por el terror.
-Dime que no hay ninguna posibilidad de que Rose sea mi hermana –
Draco parpadeó desconcertado. Scorpius estaba verdaderamente aterrorizado con la idea.
-¡Pues claro que no! Es pelirroja ¿recuerdas? –dijo mientras le lanzaba a la cara uno de los cojines que tenía a mano.
La cara del muchacho pasó del pánico extremo al alivio en menos de un segundo.
-Gracias a Merlín –dijo apoyándose de nuevo en el respaldo del sofá como si no pudiera soportar otro susto así. –Nunca me he alegrado más de que no sea rubia…-
Draco no pudo, ni quiso evitar estallar en carcajadas al ver la cara de su hijo. Pero éstas cesaron pronto, exactamente cuando el hombre vio acercarse una bola de luz plateada rasgando la oscuridad de la noche.
El patronus en forma de nutria traspasó la gran ventana como si ésta estuviera abierta y se posó en el suelo. Scorpius miraba el patronus y después a su padre totalmente desconcertado.
Draco frunció el ceño al reconocer la nutria de Granger y esperó con la varita en la mano a que está dijera algo. No tardó demasiado en ocurrir.
-Hay otra en mi casa… hay una serpiente… Hay otra caja…-
Después se desvaneció.
El hombre se movió con rapidez mientras en su cabeza se repetían una y otra vez las palabras de Hermione pronunciadas con un hilo de voz.
-Scorpius, escúchame… -dijo moviéndose de un sitio a otro del salón. –Tengo que ir a casa de los Weasley. Aquí estarás seguro pero si quieres que te lleve a casa de la abuela… -
Scorpius lo interrumpió con un gesto de la mano.
-Me quedaré aquí, vete –
-¿Estás seguro? –
Scorpius rodó los ojos, exasperado.
-Estaré bien y si pasa algo tengo el anillo. Vete –dijo esta vez con más rotundidad.
Draco asintió y se acercó a él para abrazarlo; después se desapareció.
Pansy alzó la vista cuando escuchó como la puerta que tenía a menos de dos metros de ella se abría de un tirón. No se apartó y no se detuvo cuando vio a Blaise Zabini erguido en toda su estatura mirándola con el ceño fruncido.
-No puedes estar aquí –
Pansy alzó una ceja pero no se inmutó por el tono desagradable a la par que arisco que había utilizado el hombre.
-¿Sabes Zabini? Deberías aprender a ser más cordial con las visitas –dijo con frialdad la morena.
-Tú no eres una visita, eres un incordio, Parkinson –comentó cruzándose de brazos como si así pudiera evitar que ella entrara en la casa
La mujer sonrió con toda la frialdad que fue capaz de reunir. No en vano había sobrevivido siete años rodeada de serpientes.
-Perfecto –dijo con ligereza –Nada me agrada más que provocarte incomodidad –
Pansy sintió un hormigueo de retorcido placer al ver que los ojos de Blaise se estrechaban y se oscurecían por la ira contenida. Lo que le había dicho era verdad. La primera vez que se vieron acabaron discutiendo y aquella era una costumbre que se había incrementado en Hogwarts. Sus discusiones en la sala común de Slytherin y hasta en la propia habitación de los chicos, eran legendarias.
-¿A qué has venido? –
-La novia de Scorpius tiene problemas y por extensión también él –
Blaise no reflejó ninguna expresión en su rostro; ni preocupación, ni enfado. Sin embargo si alguien se hubiera fijado en sus ojos habría comprendido que, quien se hubiera atrevido a amenazar a su ahijado estaba en grave peligro.
Hermione no sabía qué estaba sucediendo a su alrededor y tampoco le importaba. Después de enviar el patronus a la casa de Draco había intentado conjurar otro para avisar a Harry pero había sido incapaz. No tenía la fuerza ni la alegría necesarias como para conjurarlo por segunda vez. Sintiéndose derrotada se había sentado en el suelo, en el escalón de la acera que había justo enfrente de su casa y allí se había quedado intentando respirar con normalidad.
Supo que había llegado alguien porque escuchó los pasos pero ni siquiera se molestó en levantar la cabeza.
-Vamos, levántate de ahí –
Draco.
Hermione vio una mano blanca y de dedos largos tendida hacia ella. El hombre no se había agachado para estar a su altura. Era como si hubiera decidido que no merecía la pena ponerse de cuclillas dado que ella se iba a levantar en breve.
La mujer había mirado la mano pero no la había tomado. No tenía energía suficiente para levantarse.
-Granger…-
El tono de impaciencia de Draco hizo que alzara la cabeza. Lo miró a los ojos y vio que tenía el ceño fruncido. No le importó. Hizo caso omiso de la impaciencia que reflejaba todo su semblante; desde el ceño fruncido hasta el movimiento repetitivo del pie, que golpeaba una y otra vez el suelo, y se levantó, despacio. A penas se había erguido en toda su estatura cuando, repentinamente, un mareo la asoló.
Antes de que pudiera ser consciente de que es lo que estaba pasando sintió las manos de Draco sujetándola por la cintura. Intentó respirar para serenarse pero el oxigeno no le llegaba a los pulmones.
-No puedo respirar… -logró decir con una voz tan débil que no parecía la suya.
-Claro que puedes –La voz de Draco era rotunda pero su expresión indicaba claramente lo preocupado que estaba. Sin vacilar un momento miró a Potter que hacía apenas unos segundos que se había aparecido junto a su esposa y la pareja se acercó corriendo a ellos.
A Harry solamente le hizo falta echar un vistazo para saber que estaba ocurriendo.
-Llévatela de aquí –
Por una vez en su vida, Draco estuvo de acuerdo en algo con Potter
Draco y Hermione se aparecieron delante de una verja que protegía un bonito jardín situado frente a una pequeña casa. El hombre miró a Hermione; era consciente de que ella no sabía muy bien por qué, ni que estaban haciendo allí pero tampoco parecía que le importara demasiado.
Bajó la cabeza para mirarla atentamente al comprobar que ella no se separaba de él y no se sorprendió al darse cuenta de que tenía las manos cerradas en puño apoyadas contra su pecho como si de un momento a otro fuera a comenzar a golpearlo. Así era como se habían desaparecido y así era como permanecía ella.
La situación se le estaba escapando de las manos. Si bien había intentado zafarse de él cuando la había sujetado para desaparecerse, en aquel momento lo único que quería era apoyarse contra Draco y enterrar la cabeza en su cuello. De pronto, dio rienda suelta a esa necesidad que era incapaz de admitir y se apoyó la frente en su hombro, se apoyó en él, en su cuerpo robusto y notó como Draco se contraía y medio segundo más tarde la rodeaba con sus brazos, la atraía hacia sí, la abrazaba. Aquella sensación la hizo estremecerse, se sentía totalmente a salvo entre sus brazos.
Draco en respuesta a aquel signo de vulnerabilidad le acarició el pelo con lentitud intentando tranquilizarla y mantuvo la otra mano en su cintura.
-Preciosa –susurró para llamar su atención. Hermione no se movió ésta vez pero Draco tuvo la certeza de que lo escuchaba. –Debemos entrar, es peligroso quedarse aquí fuera con todo lo que está pasando. –
Al ser consciente de lo que Draco estaba intentando decirle, se irguió y dio un paso atrás para posteriormente girarse y mirar la casita a la que debían entrar. Era como de cuento, pensó nostálgica. Relativamente pequeña si se comparaba con una casa normal y diminuta si la comparaba con la mansión en la que vivía Draco.
El mago entrecerró los ojos cuando la observó dar aquel pequeño paso que la separaba de él. Hermione no le había mirado, simplemente se había erguido levantando la cabeza con altivez como preparándose para recibir un golpe. A Draco no le gustó nada aquello, se había mostrado vulnerable y parecía que se reprendía por ello.
-¿Qué hacemos aquí? –preguntó con voz neutra casi fría mientras seguía contemplando aquella casita de ensueño. No soportaba mostrarse vulnerable y si había alguien que no quería que la viera en ese estado ese era, desde luego, Draco Malfoy.
-Necesitas descansar y dado que no quieres ir a casa de Potter y a tu casa no puedes entrar, te he traído aquí. –dijo mientras traspasaba le verja y se encaminaba hacia la puerta principal.
-No quiero estar en tu casa. Tengo que ir a ver cómo están mis hijos –
Draco se giró despacio con la puerta abierta a sus espaldas.
-Tus hijos están perfectamente bien y vas a entrar en esta casa a descansar un rato aunque tenga lanzarte un hechizo para que entres, ¿me he explicado con la suficiente claridad? –preguntó con frialdad.
Hermione retrocedió un paso como si acabara de golpearla.
-No eres nadie para decirme lo que tengo que hacer –dijo alzando la cabeza con obstinación.
Draco no se movió de su posición al lado de la puerta pero cuando habló lo hizo con la dureza característica de sus años en Hogwarts.
-Es posible, pero resulta que ahora estás aquí, conmigo, en el jardín de mi casa y puede que aun no te hayas dado cuenta, pero a la primera persona a la que le mandaste el patronus fue a mí. No se lo mandaste a Potter, no se lo mandaste a Weasley, me lo enviaste a mí y eso, encanto, piense lo que piense tu inteligente y embotado cerebro me da ciertos privilegios para decidir en estos momentos sobre cosas relacionadas con tu persona, así que deja de discutir y entra de una maldita vez en la casa –
Hermione hubiera querido golpearlo, lanzarle algo duro y pesado directamente a la cabeza y gritarle que era un estúpido que no la comprendía pero no hizo nada de eso. Primero porque no tenía energía suficiente para golpearlo, segundo porque, si le hubiera lanzado algo, posiblemente hubiera rebotado contra su dura cabeza y tercero, porque gritarle que no la comprendía sería como decirle que no existía la magia; inútil, frustrante y definitivamente falso. Por eso con pasos rápidos que evidenciaban su mal humor, atravesó el marco de la puerta golpeando a Draco en el proceso, que formó una sonrisa divertida sin que ella lo viera.
Blaise Zabini no se caracterizaba por ser una persona paciente, podía aparentar paciencia cuando la situación lo requería, podía incluso parecer indiferente pero si alguien se fijara en como mantenía el cuerpo rígido y las manos unidas, casi sin moverlas, se daría perfecta cuenta de que aquello solamente era una máscara.
Pansy había reconocido aquel silencio y aquella tranquilidad fingida prácticamente desde que lo había visto por primera vez. Aquel niño alto, de piel oscura como el ébano y carácter serio le había llamado la atención desde el primer momento y el color de sus ojos, negros como oscuros pozos la habían fascinado casi de inmediato.
Por eso, porque lo conocía, a pesar de las ganas que tenía de sacarlo de sus casillas, se limitó a contarle lo sucedido nada más entrar en la casa.
Blaise no se había alterado al enterarse de que su ahijado estaba saliendo con la hija de Granger, conociendo a Draco era normal que su hijo hubiera heredado sus gustos, lo que sí le había sorprendido era que alguien, fuera del círculo de amigos de Draco, supiera que él había mantenido una relación con Granger. Draco querría respuestas inmediatas a aquello.
Miró a Pansy que se encontraba apoyada en la amplia mesa que había decidido situar en el comedor. Conocía a aquella mujer como a la palma de su mano y por eso sabía que prefería apoyarse en una mesa antes que sentarse en un cómodo sillón de cuero. Aún recordaba cómo contestaba ella cuando, estando en Hogwarts, alguien le mencionaba que era de mala educación hacer aquello. Siempre decía lo mismo: "Fui demasiado educada cuando era niña, déjame que por lo menos apoye el trasero donde me dé la gana"
Pansy estaba preocupada. Estaba realmente preocupada, se dio cuenta Blaise, de lo contrario, no hubiera pisado su casa ni aunque su propia vida hubiera dependido de ello. Orgullosa. La morena se caracterizaba por tener un orgullo que en algunas ocasiones podía resultar desesperante.
-¿Qué sabes de Patrick Meyer? –Preguntó Pansy como quien habla del tiempo.
Blaise se encogió de hombros con indiferencia ante la mirada escrutadora de la mujer.
-En mi trabajo conozco a mucha gente, Parkinson, y no por eso me acuerdo de todos los nombres –dijo con indiferencia.
La reacción de la mujer a aquella revelación no se hizo esperar. Se incorporó alejándose de la mesa y se acercó a Blaise hasta estar frente a él. Después, con un movimiento rápido se agachó hasta quedar a apenas unos centímetros de su cara, con los apoyados en las orejeras del sillón de él.
-Escúchame y escúchame bien –dijo bajando el tono de voz hasta convertirlo en un siseo. –Si le pasa algo a Scorpius y sé que no has puesto todo de tu parte para protegerlo porque has decidido proteger tu trabajo. No tendrás si quiera que preocuparte por Draco –formó una sonrisa fría que habría hecho estremecer al más valiente –porque yo misma me encargaré de ti. –
Blaise, en respuesta, se mantuvo impertérrito y sin decir nada hasta que ella se marchó. Después de unos segundos una fina sonrisa asomó a sus labios, Pansy se ponía realmente sexy cuando se enfurecía.
No entendía porque estaba allí. Quería ir a ver a Rose y a Hugo. Necesitaba saber que estaban bien. Miró su reflejo en el gran espejo que tenía frente a ella. Sus propios ojos le devolvieron la mirada. Sin embargo aquella imagen distaba mucho de la que había visto hacia apenas unos días. Las ojeras por falta de noches de sueño estaban marcadas bajo sus ojos como si nunca más fueran a desaparecer. El pelo que antes de llegar a su casa lo había llevado recogido con una gran cantidad de horquillas ahora estaba enredado y con mechones de rizos que caían desordenados sobre sus hombros. El carmín que había usado esa mañana para cubrir sus labios hacía tiempo que había desaparecido dándole a los labios un aspecto reseco y blanquecino. Suspiro. La piel del rostro tampoco se encontraba en mejor estado que el resto de su cuerpo; pálida y sin el rubor que caracterizaba a sus mejillas.
Con una inspiración miró a su alrededor. Se encontraba en el cuarto de baño de la casa de Draco. Nada más entrarlo primero que había hecho había sido preguntar por él. Por lo menos allí él no se atrevería a molestarla. Con un movimiento mecánico abrió el grifó del agua fría y se enjuago la cara con ella. Cogió una toalla mullida blanca que había situada a su derecha y enterró la cara en ella.
Y así se la encontró Draco cuando entró en el habitáculo. Había escuchado un sollozo desgarrador desde el salón e inmediatamente después estaba abriendo la puerta del baño. Estaba seguro de que Hermione pensaba que allí no se atrevería a entrar. Bien, pensó con ironía, se había equivocado.
Se acercó a ella casi sin darse cuenta y la sujetó por la cintura, desde atrás. No dijo nada, nunca se le habían dado bien las palabras de consuelo. Siempre había pensado que eran absurdas e inservibles. Una mueca divertida apareció en su rostro cuando comprobó que Hermione no quería retirarse la toalla de la cara. Sin el más mínimo esfuerzo la instó a apoyar la cabeza en su hombro. Ella ni siquiera se resistió. Con movimientos rápidos y decididos le quitó la toalla de las manos y la dejó en su lugar para, posteriormente, sacarla de allí en dirección a la cama.
Harry Potter se estaba planteando estrangular a su mejor amigo y cuñado lentamente por tercera vez esa semana. Contuvo el impulso cuando lo vio dar otra vuelta delante de él como si fuera un león enjaulado. Miró a Ginny desde su posición, en el pequeño jardín de la casa de Ron, y supo que si no conseguía tranquilizar a Ron tendría que ir a visitar a su esposa a Azkaban.
-Es que no entiendo cómo has dejado que él se la llevara –exclamó el pelirrojo furioso.
-Ron, me da igual con quién demonios esté Hermione siempre y cuando esté a salvo. –Vio la cara de decepción de Ron y se obligó a continuar –Mira, sé que no estás pasando un buen momento, -dijo acercándose y con la voz más calmada –pero he considerado que era lo mejor. Está asustada, Ron. –El hombre frunció el ceño con cierta preocupación – Ambos hemos visto a Hermione enfrentarse a un dragón sin parpadear. Sabes que no es una persona que se asuste con facilidad. Pero este asunto la está sobrepasando. –
Ginny cerró los ojos agradecida al ver que las palabras de Harry estaban haciendo mella en su hermano.
-¿Dónde están los niños, Ron? -
-Con mamá y papá. Allí estarán bien. Bill y Fleur han ido a la Madriguera a pasar unos días. –
Ginny sólo tuvo tiempo de asentir antes de que Luna apareciera a su lado haciendo volar una carta con su varita.
-Chicos, a pesar de lo que me dijo ayer uno de mis gemelos, creo que deberías leer esta carta. –
Harry hizo que la carta de desplegara con un movimiento de varita sin prestar atención al comentario de Luna sobre uno de sus hijos. Su amiga tenía la firme creencia de que sus hijos tenían la capacidad de averiguar cosas que los demás solo podían imaginar.
Ginny entrecerró los ojos y frunció el ceño al leer la carta por encima del hombro de su marido.
"Agua que todo lo protege y todo lo destruye, a la hora del crepúsculo donde las almas aprenden, una desaparecerá"
Ron bufó irónico al leer la nota.
-Genial. Volvemos a estar otra vez en el torneo de los tres magos… -
Sé que he tardado muchísimo en actualizar está vez pero estaba sobrepasada y no conseguía que el capítulo quedara como quería. Esta vez es un poquito más largo.
Poco a poco iremos conociendo más de la relación entre Blaise y Pansy y, por otra parte, tenemos a Draco y a Hermione en una casita de cuento ui, ui, ui… :D
Scorpius por fin sabe todo, aunque es un chico listo, quiere y admira a su padre por lo que ha llegado a ser, pese a lo que en su día fue. ¿Le contara a Rose lo que sabe? :O
¿Qué es eso del agua y el crepúsculo? Se aceptan teorías, chicas.
Gracias por los reviews a: Sailor mercuri o neptune, luna-maga, Isla de Thera y a Princessmalfoy10.
Tengo que decir que los que me faltan por contestar, los responderé esta tarde sin falta.
PD: Un review siempre es bienvenido. ¿Alguna teoría sobre lo que va a pasar?
Un abrazo, nos leemos prontito.
